Advertencias: Esto es un Au a la mitad dado que se mantiene en el mismo universo que todos conocemos con algunas alteraciones.
Menciones a relaciones abusivas, desconsideradas y poco productivas.
Se tocaran temas como las adicciones y menciones de intentos de suicido.
Mención sobre el síndrome Estocolmo (El síndrome de Estocolmo es una reacción psicológica en la que la víctima de un secuestro, violación o retención en contra de su voluntad, desarrolla una relación de complicidad y un fuerte vínculo afectivo, con quien la ha dañado física y/o psicológicamente.)
Entre otras cosas que quiero desarrollar como el suspenso.
Resumen: Y miró por la ventana justo cuando el arcoíris ha salido dejándolo confundido, extrañado puesto que desconoce todos esos colores, esa cosa que se presume en el cielo con tanta belleza y libertad. Es quizás por eso que no logra comprenderlo porque muestra tanta independencia que su naturaleza le es tan contraria a la suya, como fue educado desde que tiene memoria, porque los únicos matices que conoce son todos aquellos que te vuelven ciego, un asesino y manipulador; no le molesta porque según su "padre" el mundo se maneja de una forma tan sucia que solo puede creer en su persona.
Para cuando lo ha mirado curioso en el cielo le ha preguntado porque esos colores eran tan brillantes y vivos cosa que tan solo provoco que la ventana que le gritaba "vida" fuese cerrada para que no se tuviera que volver a preocupar de algo tan simple como eso.
Para que olvidara que era parte de un arcoíris roto.
Un solo deseo
Y en algún lugar oculto de la sociedad, de todos esos ojos que juzgan la vida que han conformado, existe una vieja cabaña que se mantiene de pie mientras usa de camuflaje el alrededor para hacerla parecer pintoresca, llena de una energía calmada, silenciosa, casi nunca se encontraba algún ruido que debiera importar dentro de ese lugar pues quienes han sido los afortunados de ver ese sitio observaban regularmente a un chico que, por la única ventana que se mantiene abierta se le puede notar que hace varios deberes además de casi siempre tener la mirada sostenida allá afuera como si esperara la hora exacta de poder abrir la puerta para escapar de esas paredes de madera que tarde o temprano deberían caer. Las cosas se tornaban distintas cuando se encontraban con esa mirada inexpresiva que al ser contacto con sus ojos solo ampliaba esa sonrisa antes de cerrar bruscamente la única posibilidad de poder ver el interior el cual curiosamente esta oscuro. Como si quisieran que permaneciera así.
Al final solo les resulta algo extraño pero sin importancia, la verdad es como si tampoco valiera la pena conocer los gustos de las otras personas cuando bien estás no se esfuerzan en lo mínimo para intercambiar palabras cosa que era bastante idiota si se pensaba su situación; Osomatsu siempre ha sido prohibido de salir si su compañero no se encuentra en casa obligándolo a preparar todo, limpiando las evidencias que han quedado de anteriores víctimas para acabar a un lado de la puerta como un cachorro que espera a que su amo vuelva ya que ha comenzado a extrañarlo desde el segundo que se marcho.
En su caso solo lo hace por una vaga costumbre de esperar ser recompensado por su buen comportamiento que cada día se vuelve más sumiso solo con su mano y cuerpo, respondiendo todo lo que el otro desea oír con el tono que sabe que le agrada incluso el atrevimiento en el que puede dirigirse en ocasiones especiales.
Ha sido entrenado toda su vida que si escucha la orden de acabar con todos lo hará sin pensarlo solo para ganarse una caricia en la cabeza más palabras que felicitaran su buen trabajo que a pesar de no ser totalmente limpio resultaba efectivo como para no tener que ser reprimido a la fuerza para que no olvidara su fallo nunca, tiene que agradecerle, es efectivo. Le debe tanto por haberlo fortalecido, hacerlo tan duro como una roca y tan insensible como lo era. Aprendió a ser líder, manejar a otros con un solo movimiento. A triunfar.
Fue eso lo que lo impulsa a estar sentado ese día en la puerta con una cosa que demandar en esa fecha que solo marcaba que era un joven de 20 años que en algún momento de su pasado le han prometido que sería libre de ir y volver cuando tuviera esa edad dado que ha demostrado pertenecerle ya sea de una manera física o mental porque lo desea, siempre remarca que es suyo al ser pedido con la sola mirada sin importar las diferencias que existieran. Quisiera encontrar la respuesta a su amor, no reconoce cuando ha nacido solo que debe amarlo y entregarle cada una de sus peticiones sin importar lo bizarras que fueran ya que es correspondido, lo quieren sin importar si los golpes, moretones, cicatrices y demás tratan de decir lo contrario.
Sabe que lo quiere salvar y la manera en que lo haría era esa no porque fuera el camino fácil, al contrario, era lo que dejaba recordatorios de lo que es correcto y lo que nunca debe volver a intentar.
Como charlar con ajenos quienes parecían interesarse en su calmada persona en días desarreglada y en otras bien vestido cuando iba casi de la mano con el jefe de sus acciones.
―Veo que has hecho todo lo que te pedí, buen chico.
Ha sostenido la mano madura contra su cara rogando de esa manera silenciosa de que no se separara tan pronto porque esos gestos se dan de vez en cuando, las pocas ocasiones especiales en que su amado le ofrece ser lo más dulce que puede teniendo así que deslizarla como si él lo acariciara sin haberse detenido cuando lo atrapo; no tardo mucho cuando llevo sus labios contra sus dedos besándolos como si pidiera un permiso de ser premiado esa noche sin mucha brusquedad.
La negligencia parecía matarlo y no soportaba ser torturado con algo que no ha sido su culpa pero que tomo la responsabilidad por ser lo mejor.
Para que las consecuencias no resultarán de una horrible manera.
―Te extrañe ―admitió cuando libero ese lazo que unían sus manos para mirarlo con esa "inocencia" que se muestra cuando uno hace una travesura―. ¿Has traído algo para mí?
No hubo una respuesta oral pero sí una física al ver como esos dedos largos y delgados apuntaban a la cocina obligándole a ir gateando dado que tiene prohibido levantarse si se encuentra desarrollando el papel de perro guardián que por suerte alguna le es de vez en cuando permitido emitir palabras en vez de sonidos tanto de gruñidos, ladridos o jadeos sin contar los suaves gemidos que soltaba si el otro lo acariciaba a su gusto; se ha posicionado a un lado de la silla donde siempre se sienta el mayor provocando que de esa forma se recueste en el suelo para esperarlo junto a la madera como toda buena mascota que no se movería ni un centímetro hasta que alguien se lo pidiera. Era obediente…ocasionalmente tan solo hacía algunas cosas a su modo.
Mantuvo la mirada fija en la puerta al punto en que se alzo cuando el de traje se adentro con algo envuelto entre las manos, curioso solo ha decidido acercarse para inclinar la cabeza hacía la derecha ganando así una palmada en la cabeza para que se viera detrás de sus pisadas con movimientos lentos pero emocionados, se puso sobre sus rodillas y sus manos sobre las piernas ajenas cuando lo ha visto sentarse teniendo que jadear y poner el mejor rostro de no entender nada que posee. Le es imposible dejar de observar como aquella envoltura lentamente comienza a mostrar el regalo que le han traído, cuando, finalmente, ha podido ver lo que era tiene que ponerse de pie solo para poder sentarse sobre las piernas de su amante y dejar que rodee su cuello con ese collar carmesí para perros que ha sido medido a la perfección para su cuello quien ahora es decorado por ese objeto que ahora se presume en su cuello.
Ha sido adornado con su nombre inscrito más un cascabel que era golpeteado por el contrario.
―Te queda bien ¿No lo crees?
Sonrió ladinamente antes de poder besarlo en los labios como agradecimiento de ese detalle que, por instinto y lógica, sabe que no se lo debe quitar a toda costa―. Me gusta ―comentaba para nuevamente brindarle varios besos cortos sobre su rostro con una enorme sonrisa que se mostraba genuinamente complacida por el obsequio―. Nunca me lo quitaré.
―Ni siquiera deberías de pensar en eso ―recalcó ante lo dicho para apretar sus mejillas con fuerza y mover su rostro de un lado a otro para observar como luce en su mascota provocando el ruido de la campanilla―. De esta forma será más fácil saber cuando sales y entras. Sería una lástima si no supiera cuando dejas este lugar siendo que no puedo dejar que alguien más te tenga, no me agradaría que alguien más pusiera las manos sobre ti.
Atentamente no dejaba de querer mirarlo directamente a los ojos, Tougou podía llegar a ser demasiado posesivo inclusivo en su propia banda dado que de alguna forma relucía como un trofeo sobre todos los mayores quienes compartían ideas similares pero menos brutales a las de su jefe/amo como por ejemplo la atracción a su persona, es por eso que siempre en reuniones o visitas debe permanecer pegado a quien le pertenece comportándose de una manera cortante, poco interesada en los otros y, por supuesto, muy encariñada a quien desea con toda su alma. De esa forma ya no le es raro ser manoseado en público para declarar los límites que se pueden cruzar y cuáles no.
Mencionando los menos severos, por supuesto, no era muy halagador saber que han tenido sexo frente a quienes quisieron proponerle algo posteriormente de ser torturados…
Bueno, no es como si se pudiera haber quejado.
―Eso significa que…
― ¿Cuándo he incumplido con mi palabra?
Sus ojos se expandieron con la respuesta teniendo que abrazarlo por el cuello casi diciéndole con ese semblante alegre que era el mejor de todos ocasionando que fuera callado con un beso ahogado en el cual la lengua del mayor se introduce sin permiso en su boca haciendo que caiga la saliva por las comisuras de sus labios, tratando de expresar lo que provoca a su cuerpo, quiere decir algo, para cuando comienza a sentir como invaden cada una de sus zonas sensibles le deja contemplar que se encuentra casi temblando, no logra pensar con claridad y apenas parece que sabe reaccionar de las formas que más le gustaban a su "pareja"; palabras chocando contra su oído que solo le alertan de que obtendrá lo que quiere siempre y cuando siga cada una de las indicaciones propuestas.
Osomatsu iba a caer nuevamente en tratos que nunca le convendrían por ser compensado de algo que paso de ser una torturada que lo haría sentirse usado a una necesidad que casi siempre rogaba por ser complacida ya que se le enseñó que mayormente servía para satisfacer una.
El no tiene ningún valor al final más que el de su cuerpo ya abusado.
(…)
Desconoce lo que sucedido horas atrás solo que ha permanecido dormido después de haber obtenido su regalo por ser lo suficiente mayor como para abandonar el hogar en ciertos horarios, recuerda poco de esos momentos dado que acabando el acto le había ofrecido un té que definitivamente tuvo un sabor raro, seguramente un tranquilizante dado que sus parpados se cerraban contra su voluntad cuando inesperadamente se encontraba demasiado cansado. Las palabras que se han formulado en su consciente han sido un «ve a la habitación».
Es un consuelo saber en qué lado se encontraba cuando tambaleante a escuchado pasos ajenos a los que escucha en esa casa.
Cuando es capaz de abrir los ojos en su totalidad para despertar completamente del sueño que ha reproducido su memoria logra darse cuenta que notablemente está solo, no hay personas en casa y que con trabajo alguien lo ha cubierto con una manta que apenas y cubre entre el torso y los muslos dejando así su herido y maltratado cuerpo un poco a la vista. Toma fuerza con sus brazos para poder apoyarse y arrastrarse hasta que su espalda toca pared teniendo así que observar a su alrededor en busca de algo que haya sido movido, o un rastro de forcejeo en algunos de los escondites que tienen con el dinero como carteristas; una evaluación más tarde se ha visto caminando con la manta envuelta en su cuerpo así avanzando por los pasillos de ese sitio con calma en busca de comida para almorzar.
Una mala idea dado que se ha percatado que no hay nada que no fuera sopas instantáneas en las cuales no puede esperar los 3 minutos para que se encuentren echas, segundos más tarde puede olfatear algo que huele a dulce, un aroma que no es muy normal en ese sitio, teniendo que caminar con agilidad se ha encontrado con la mesita de centro en el cual se puede presumir un poco de vino más un pastelillo no tan grande con una vela que no ha sido encendida para nada. Vuelve a recorrer su vista por todos los lugares al no creer que eso apareciera de la nada. Era algún tipo de trampa.
Lejos. Cerca. Era un misterio.
Cuando se vio rodeando la mesa pudo encontrar una nota tan poco elaborada que comprendió que ha sido apenas escrita en esa mañana, eso no era de sorprender lo que en realidad fue lo que le hizo alzar una ceja es que no era totalmente hecha por el hombre maduro con quien convive sino que participaba uno de sus más cercanos cómplices: Kakusareta Akuma. Admite que le sorprende ver algo de cooperación en eso dado que Akuma de las pocas veces en que se mantuvieron contacto visual este le decía que en el fondo el potencial que cargaba era bastante interesante, casi como si pudiera consumirlo para sentirse más fuerte.
Verse con un postre al frente de su vista suponiendo que es de su parte no es como si le diera un total consuelo, no es fanático de los dulces a tal punto que apenas y da una mordida como a toda la comida, por ende, cuando ha volteado la hoja se topo con una nota que le ha compensado el tener que sospechar de algo que no estaba seguro si no lo drogaría.
Ha ido de un punto a otro volviendo con una caja de cerillos para sacar uno y encenderlo dándole vida a la llama que ahora decoraba esa vela de tono rojizo que sobresalía sobre el chocolate esponjoso.
«Pide un deseo».
Imaginó la voz de quien le ha dado la oportunidad de elegir lo que ha querido hacer ese día, mejor dicho, el permiso que le otorgo por hoy.
―Desearía…
Soplo al formular lo demás en su cabeza, no tiene tiempo para eso y eso que le queda ponerse algo de ropa que no estuviese llena de sangre.
Finalmente puede saber lo que el mundo es con su propia percepción.
Es "libre" por cierto horario.
