Gracias por sus reviews, animan a seguir escribiendo :D

Disclaimer: Ninguno de los personajes de VOCALOID me pertenecen, ojlaa así fuera. Derechos a sus respectivos dueños.

Capítulo II: Kokoro / Kiseki

Ese par de ojos sin brillo, un corazón de metal que aún no estaba en capacidad de latir. Hay cosas que simplemente un androide no puede asimilar.

Miku observaba como salía el vapor de aquella gran montaña que hacía las veces de volcán sobre su plato de comida. Tenía un olor extraño, muy condimentado, en realidad lo verdaderamente extraño era precisamente que tenía un olor y ella podía captarlo. "Piensa como humano" se repitió en la mente para darse valor y luego miró por el rabillo del ojo a los gemelos muy amarillos sentados frente a ella quienes comían con gusto el curry frente a ellos. Por sus caras de satisfacción debía estar delicioso pero ella tenía miedo de probarlo; no porque no fuese a gustarle sino por la posibilidad de que fuera el sentido del gusto lo que le molestara, ¿Cómo podían estar ellos tan tranquilos? ¿Cómo podían ellos ser tan humanos sin serlo realmente? Meiko, Rin y Len conversaban y reían de cosas triviales mientras cenaban, eso estaba bien, era cosa de humanos y a ellos se les daba excelentemente. La voz –Makishima- había dicho una vez que la clave era seguir la corriente hasta acostumbrarse, que antes de que se diera cuenta ya estaría eructando o sintiendo emociones como la alegría, rabia, egoísmo. Por eso quería poner de su parte, quería que Makishima viese su progreso y se sintiera orgulloso de ella.

Cogió los cubiertos algo insegura y atrapó un primer bocado con ellos, lo mantuvo suspendido a unos centímetros de su boca. Tragó saliva obviamente nerviosa.

-¿No te gusta? –preguntó Meiko, quien estaba sentada en la punta de la mesa, ahora viéndola fijamente- Puedo prepararte otra cosa si…

Aquella mesa era lo suficientemente grande para dar lugar a nueve comensales, era una de las pocas cosas que realmente llamaba la atención en la nada peculiar sala de estar. Las sillas parecían nuevas -incluso sobre la cual descansaba el trasero de Miku tenía ese tacto frío de cosas de paquete- excepción de tres de ellas, dos en el frente y la de la punta, allí se sentaban sus compañeros, o al menos ese era el análisis estadístico que había realizado el cerebro de Miku.

-Ops, lo siento –Se le escapó a ella en un susurro.

Len la miró con una ceja alzada.

-Etto… quiero decir, estoy bien –Se hundió en su asiento, avergonzada. Respondió en un hilo de voz- Ya saben, es que… no estoy acostumbrada a comer.

-¡Descuida, Mii-chan! –Chilló alegre Rin apuntando al cielo con su tenedor y la boca llena de un bocado- Comer es como… ¡COMER! –Tragó de una todo el bocado enérgicamente y se llevó otro de inmediato.

-Baka –Len dio un golpecito con el puño cerrado sobre la cabeza de su hermana- No hables con la boca llena.

-Ñiñi, no hables con la boca llena –Repitió remedando de su hermano y haciendo gestos de burla.

-Baka –Respondió. Luego miró amablemente a Miku y colocando los palitos a un lado y limpiando su boca con una servilleta- Nuestros cuerpos funcionan con energía orgánica, así que es lógico que necesitemos comer.

-H-hai… -Asintió comiendo un bocado.

Un sorprendentemente agradable bocado.

-¡Y cuando te toque ir al baño por primera vez…! –Rin se acarició la tripa sentada en diagonal como un vago sobre su silla- ¡Vas a sentir una presión aquí y…!

-¡RIN! –La regañaron Meiko y Len al unísono con cara de asqueados.

Miku, quien la empezaba a imaginarlo –está bien, no tanto como imaginarlo, había aprendido todo eso de unos videos de National Geographic que había visto Makishima y que ella había preferido guardar en su memoria permanente-, dio un brinco en su silla y por la sorpresa escupió su primer bocado de curry que fue a parar a la cara de Len. De inmediato él frunció el ceño, de muy mal humor.

-Me retiro –Gruñó Len entre dientes antes de irse.

-¡Len-kun! Etto… ¡G-gomen!

El joven tiró la puerta a sus espaldas. Miku suspiró y se encogió en su asiento.

-No te preocupes, Miku-chan, en realidad no está molesto –Sonrió Meiko poniéndose de pie y recogiendo los platos- Sólo está tratando de formarse carácter para que dejen de llamarlo shouta.

-Y uke –Añadió Rin, divertida.

-Y uke –Repitió Meiko.

-Tal vez… debería… -Rin se volteó a ver la puerta de su cuarto, en cuyo interior estaba un pequeño shouta amarillo a punto de estallar.

-Uhm, reconciliación… -Sonrió pícaramente Meiko- Suena bien, sólo no hagan demasiado ruido –Le guiña un ojo antes de dirigirse a la cocina.

-¡M-MEIKO-CHAN! –Chilló Rin con las mejillas coloradas.

Ja, ¡Que oportuno mecanismo! Eres un genio, Makishima.

-Iré a hablar con él –Dio un brinco en su silla para levantarse y siguió a su hermano.

Miku quedó sola en el comedor y ni siquiera había logrado avanzar un poco con su curry. Comió a una velocidad moderada pero impaciente para dirigirse a la cocina junto con Meiko quien se encontraba lavando los platos. Por un momento entró en crisis, ¿¡Como se le ocurría mojarse!? Y luego calló en cuenta que era algo perfectamente normal para ellos, eran androides/ginoides a prueba de agua, grasas y cualquier factor externo que pudiese dañar su sistema. Podía usar piscinas, divertirse en la playa, pescar en lagos; incluso debía bañarse por lo menos cada dos días, esa sería una experiencia interesante.

-¿Necesitas ayuda? –Dijo Miku en un hilo de voz apenas audible viendo la pila de platos junto a la chica.

-¿Parece que necesito ayuda? –Sonrió torpemente Meiko.

Miku puso cara de ofendida, no entendió la broma. La castaña lo notó.

-Solo bromeo, seca y guarda los que ya lavé –Dijo amablemente.

Miku tomó una pequeña toalla y comenzó a secar a un lado de Meiko. Trabajaron diligentemente y sin conversar por un largo rato hasta que se dieron cuenta de algo, Ops, otra vez estaban pensando y moviéndose como ginoides, no como humanos. Y tenían que ser como humanos, para eso habían sido construidos, para imitar a personajes ficticios con nombre y fama que ninguno de ellos había creado. Ellos eran sólo un nombre, sólo eso representaban.

-Por cierto… con respecto a lo que viste hace rato… -Inició cautelosamente a Meiko.

-¿Te refieres a…? –Pensó en decir su nombre, pero no estaba segura de que esa persona que había visto en la capsula era el mismo que…

que en su memoria permanente siempre aparecía con una sonrisa.

-Kaito, sabes quién es, ¿No?

-E-eso creo… -Lo último fue casi un susurro- Le recuerdo y al mismo tiempo no, ¿Está eso bien? ¿Me está fallando el sistema?

Meiko sonrió dulcemente y colocó su mano mojada y espumosa sobre la cabeza de Miku, quien de inmediato se relajó… ¿Por qué se sentía así? ¿Era parte de sus programas de integración social? Ah, claro. Cosas de humanos.

-Tranquila… -Palmeó su cabeza- No te fuerces, recuerdas exactamente lo que debes recordar. Nunca han hablado pero… ustedes dos… -Sacude la cabeza de forma inesperada- No, nada. Mejor olvídalo. La situación con Kaito-san es… complicada.

Meiko no quería arriesgarse a sobrecargar su sistema.

-¿No está terminado? –Preguntó Miku recordando la capsula, era muy parecida a la que le servía como recipiente a su cuerpo mientras su cerebro era creado en el interior de aquella supercomputadora.

-No, bueno, si… digamos que… -Buscó las palabras correctas para expresarlo- Está… algo así como enfermo.

Y bien podía definirse aquello como una enfermedad.

Makishima bostezó ampliamente, arqueando los brazos hacia arriba para después rascarse la tripa.

-Estoy agotado –Dijo Makishima casi cantadito- Jo, al fin terminó.

El joven caminaba por el pasillo del edificio de investigación VOCALOID prácticamente arrastrando los pies y siendo empujado hacia delante por la presión de aquella joven mujer que caminaba a sus espaldas en silencio revisando correos importantes en su tablet y sin chocar contra ninguna pared a pesar de que no veía ni por donde caminaba.

-No celebres aún, Makishima –Se ajustó los lentes en su nariz- Mañana tenemos una junta con la corporación, el foro abierto para TIMES y la sesión de fotos. Tsk, no se para que hora programar eso… -Dijo mordiendo la punta del bolígrafo que llevaba en sus manos- Tal vez en la tarde…

De repente sintió algo extraño y elevó la mirada para descubrir que los ojos de Makishima, que la miraban de forma divertida, muy pícara, llenos de creciente deseo. Además, una sonrisa burlona se dibujaba en su rostro. Ella parpadeó varias veces bajo sus gafas hasta darse cuenta que era por el bolígrafo en su boca. A ese medio enfermo joven científico loco los labios de una mujer mordisqueando un bolígrafo le resultaba increíblemente sensual. Estaba loco, Shirabuki Sara no dejaba de repetírselo. Sacó el bolígrafo de su boca, le dedicó una mirada ácida y se le adelantó, empujándolo para pasar delante de él y caminar más a prisa.

-Ahora que lo pienso, hay suficiente tiempo, te conseguiré otra rueda de prensa para el almuerzo –Sonrió triunfante Sara ante la mala de fastidio cara que puso Makishima.

Si había algo que Makishima odiaba era comer a prisa o no almorzar. Lo ponía de mal humor como si fuera un mocoso pequeño al que no le habían dado su caramelo, era un comelón por excelencia y lo que más deseaba Sara era que se pusiera gordo, peludo y sudoroso para que dejara de actuar como galán, ¡Por Dios, eres la cabeza de un movimiento científico revolucionario! ¿¡No puedes ser un poco más maduro?!

-¡Eres cruel, mujer! –Infló los cachetes como un niño, haciendo pucheros- ¿Qué no se te cae el cabello?

-¿Por qué? –Se detuvo a esperarlo.

Makishima dio una pequeña carrera para alcanzar a la joven mujer y cuando estuvo frente a ella le picó la frente con los dedos índice y medio.

-Siempre tienes el seño fruncido –Dijo con una sonrisa dulce sin retirar sus dedos- Le saldrán arrugas, Sra. Shirabuki.

Sara puso mala cara, de hecho, malísima. Si algo odiaba era que se metieran con su imagen personal, ¡Maldito Makishima! Por supuesto, en parte su enojo por ese tema tan delicado se debía a que gastaba sólo un poco menos de la mitad de su sueldo mensual en cremas, lociones, ropa, perfumes y demás tonterías para mantenerse bella. Sabía que a una mujer hermosa le pondrían mucha más atención que a cualquier desaliñada. En la empresa de la publicidad y mercadeo todo se trataba de imagen, los compradores reflejaban la calidad de tus productos y en cómo te veías. O al menos esa era la visión de aquella joven y maniática mujer.

Sara estuvo a punto de gritarle, pero decidió tragarse sus palabras y seguir caminando para no verle la cara causando la decepción de Makishima, quien esperaba una reacción de enojo por parte de su compañera de tantos años. Muchas veces pasaban cosas así, él hacía un comentario malsano para enojarla y ella se lo tomaba en serio o ella se burlaba de todos sus inventos y él se lo tomaba demasiado personal, eran personas completamente opuestas en todo sentido. Con sólo verlos era más que obvio, y como siempre se la pasaban juntos de aquí para allá –únicamente por el trabajo, en realidad Sara lo odiaba desde lo más profundo de su alma que usa gafas Cartier y conjunto de vestir hecho a la medida de diseñador color crema como ella- era aún mayor el contraste. Ella era estructurada, seria, pulcra y perfecta como una perla redonda, brillante y perfecta mientras que era… un guarro, en fin, Makishima. Más que una perla la gente –Sara principalmente- lo compararía con una bola de chicle, un caramelo barato. En el trabajo ninguno de los veteranos lo soportaba, decían que era imposible trabajar con alguien tan sucio, desordenado y ruidoso como él. De hecho, a lo largo de los años en que se desarrolló el gran proyecto "La cereza del pastel" se presentaron muchas dificultades para mantener el personal pues todos salían huyendo tras tener que trabajar mano a mano con el joven prodigio. Por allí habían pasado los más reconocidos ingenieros pero el único nombre que perduró fue el suyo. Ya no era el proyecto de Yamaha Corporation, sino de Makishima Shinosuke. Y para ser francos, el hecho de que Shirabuki Sara trabajaba a su lado le había salvado la carrera no una sino cientos de veces. Ella era astuta, se valía de la condición de "Joven prodigio" de Makishima para conseguirle lo mejor de lo mejor aunque éste le diera igual trabajar para la más grande empresa o en el fondo de su sucia y maloliente habitación, el muchacho se conformaba con cualquier cosa. Un friki aficionado a VOCALOID con demasiada creatividad y conocimiento de ingeniería, es decir, un Makishima cualquiera.

Sara seguía caminando, ahora era el joven prodigio quien iba atrás, aún arrastrando los pies y bostezando cada tanto que la mandíbula no se cansara.

-Nee, Sara-chan… -Dijo en forma lenta, casi pidiendo permiso para hablar- Llevamos casi tres años trabajando juntos, ¿Cuándo dejarás de llamarme Makishima?

Sara le vio por encima del hombro sin dejar de caminar.

-Es tu nombre, ¿No?

-Ya lo sé, pero… -Dijo Makishima juntando las manos por detrás de la cabeza y apoyándose en ellas, adoptando una postura informal- Te dije que podías llamarme Shino-kun.

Otra de esas actitudes tontas de Makishima, cosas que Sara odiaba, ¿Por qué tenía que ser tan simplón? ¿Tan poco elegante? No podía negar que el joven era realmente atractivo, de hecho, sus ojos verdes con toque amarillo eran realmente encantadores, si tal vez fuera un poco más maduro… no, no había manera en que pudiese respirar en paz siquiera cerca de él por más de treinta segundos. Sara volvió a mirar hacia el frente, hablando sin mirarle.

-No soy tu familiar, amiga o amante –Bufó, casi riendo y ajustando sus lentes. Continuó revisando los correos de su tablet- No tengo porqué hacerlo y tampoco quiero un escándalo.

Makishima no respondió. Por un segundo Sara pensó que tal vez había sido demasiado cruel con el pobre chiquillo, que seguro se pondría a llorar o algo así. De repente sintió un par de manos firmes que la tomaban por la cintura y la hacían arremeter de espaldas contra la pared. Ahí estaba el bebé chillón, manteniéndola encerrada en una mini celda formada entre sus brazos y la pared.

-¿No te gustaría que te emparejaran con el hombre más inteligente de Japón? –Dijo Makishima acercando su rostro peligrosamente. Sara se mantuvo impasible aunque reconoció cierto brillo en sus ojos.

Un brillo peligroso que no debería estar en los ojos de un hombre mientras está tan cerca de una mujer.

-Si por HOMBRE te refieres a un NIÑO que aún juega con muñecos, usa camisas de adolescente y no se corta el cabello desde la última vez que lo llevó su madre, no gracias –Se liberó con facilidad de la prisión de Makishima, quien había quedado descolocado con el comentario- Nos vemos mañana, definitivamente no almorzarás.

Marcó un número en su móvil y se fue alejando mientras éste conectaba la llamada.

-Dame un respiro, Shirabuki –Susurró con cierta gracia mientras se pasaba una mano al cabello.

Fue silbando de forma bizarra Matryoshka por el largo pasillo hasta llegar a esa sección con puertas de colores: Roja, aguamarina, amarilla, morada, rosada, azul. Se detuvo frente a ésta última y de su enorme manojo de llaves coloridas sacó la llave que hacía juego con dicha puerta. Antes de introducirla en la cerradura se percató que la había dejado abierta otra vez, ya era casi una mala costumbre que se le olvidara pasar llave en ese laboratorio en específico, de cualquier forma nada de lo que estuviese allí podría salir por sí solo, es más, ¡Que lo hiciese haría a Makishima tan feliz!

Dio un punta pie a la puerta, entró en la habitación y encendió las luces, allí estaba otra vez la cápsula.

-Tadaimasu, Kaito-kun, -Dijo cantadito mientras daba unos golpecitos al vidrio con los nudillos. Los ojos del joven se abrieron, pero no eran azules. Eran dos pequeñas pantallitas que reproducían la misma barra de carga casi lista- Con que 96%... todavía –Suspiró agotado ingresando una contraseña en el tablero de la cápsula.

Tras la nube de aire frío salió el joven quien mediante movimientos robóticos hizo una reverencia.

-Ingrese comando de voz –Habló el robot con voz de Kaito, pero a aquello no podía llamársele Kaito.

-Comando de voz: Estatus, progreso de instalación "Inteligencia artificial" –Dijo Makishima en voz clara.

-Instalación completa. Ingrese nuevo comando de voz.

-Comando de voz: Estatus, progreso de instalación "Kokoro no Kaito".

-Progreso de instalación: 96%.

-¡Maldición, Kaito! –Gruñó de mal humor llevándose las manos al rostro y arrojándose en el enorme sillón de cuero de la habitación.

Dio varias patadas y golpes al aire tratando de liberar toda la frustración, ¿Qué mierda estaba haciendo mal? ¿De verdad era imposible? Había logrado desarrollar el programa, sentimientos complejos como los de un humano, un corazón pero ¿Acaso el verdadero desafío estaba en que su plataforma IA lo admitiera?

Cuando había propuesto la idea hace más de seis años todos lo vieron como a un loco, Yamaha Corporation no estaba dispuesto a arriesgar el primer androide completo que habían creado ante la obstinada idea de un jovencito precoz que estaba llevando demasiado lejos el concepto de "hacer a los VOCALOID seres humanos". Y luego Inteligencia Artificial, mejor conocida como IA, fue todo un éxito, una plataforma compuesta de bases de datos tan complejas y precisamente organizadas que le permitían a un ser robótico pensar, razonar cual cerebro humano y tomar decisiones tanto a nivel biológico como psicológico. Su innovador sistema no tardó en ser incluido al proyecto "La cereza del pastel". Pero Makishima quería más, pensar no era suficiente, de hecho, lo menos que hacían los seres humanos era pensar, más que un seres racionales eran emocionales, los impulsos de sus sentimientos eran los que realmente les motivaban a hacerlo todo mientras que pensar era sólo la herramienta que usaban para ello. Pensó que creando Kokoro estaría satisfecho, una expansión de IA, que le daría la capacidad de sentir emociones humanas, a excepción de una demasiado complicada para ser codificada. Sí, amor. Esa era la última maldita emoción de la lista que Makishima no era capaz de recrear.

Hasta que por fin fue capaz de hacerlo, o por lo menos eso parecía. Un corazón especial para su primer androide, Kokoro no Kaito. Un corazón capaz de amar. Un corazón capaz de amar pero imposible de instalar. Desde ya hace dos años la barra de carga permanecía en 96% de progreso. No podía reiniciar el sistema, perdería todo lo que había creado. Pero eso significaba que IA no podría iniciarse tampoco. Kaito seguiría siendo un robot más.

-Comando de voz: Motriz, dar mil brincos en el mismo sitio –Ordenó Makishima con voz ronca y cubriéndose los ojos con el antebrazo, estaba cansado.

El robot comenzó a brincar. Makishima soltó una risa amarga, aquel no era más que un títere, un obediente títere con el que podía divertirse de vez en cuando. Pero la corporación comenzaba a presionar, si no lograba hacer funcionar a su amigo azul acabaría sus últimos días como licuadora luego de ser desensamblado. Pero Makishima no perdía las esperanzas.

-Je, ya que estás en eso podrías traerme un té –Bromeó mirando al robot brincar- Por supuesto que no lo entiendes, no es un comando de voz –Suspiró, sentía algo de lástima por su querido Kaito.

Todos y cada uno de ellos eran importantes para él, como hijos.

Sonó la puerta, un par de manos con esmalte de uñas color aguamarina se hicieron paso por la puerta.

-M-makishima-san… etto… -Dijo Miku asomando la cabeza- Meiko-chan me dijo que estarías por a-aquí…

97%...

-Eh, sí –Dijo amablemente poniéndose de pie- Ahora estoy algo ocupado, Miku-chan, ¿Pasa algo?

98%...

-N-no, nada –La jovencita jugó con sus dedos- Es que quería preguntarte unas cosas.

99%...

-Quería saber acerca de Kaito.

100%

Instalación completa.

-Miku… -Susurró el robot, aunque ahora si podía ponérsele un nombre. Era una voz humana.

Kaito descubrió que para amar, hacía falta algo que amar.