Inefable: Algo tan increíble que no puede ser explicado con palabras. Propuesta por Midnigttreasure.
Inefable.
— ¡Nunca me haces caso! —dio la vuelta y cerró la habitación con un fuerte portazo.
Eran alrededor de las 2 a.m y Koushiro se había quedado entre perdido y estupefacto mirando la puerta que de alguna forma seguía retumbando en su cerebro. No suspiró, tampoco se quejó. Tan sólo giró nuevamente su silla hacia el escritorio tratando de concentrarse en la pantalla que mostraba los algoritmos que había diseñado no hace mucho.
No entendía nada de lo que leía. Nada.
Hace días que su capacidad de concentración pendía de un hilo, era inevitable que colapsara pronto. Pero no justo ahora, después de casi siete días durmiendo una miseria, comiendo lo justo y quemándose las pestañas frente al computador. En menos de medio día vencía el plazo en el que debía entregar el avance de su tesis doctoral y lo que menos necesitaba era una de sus peleas matrimoniales.
Del otro lado Mimi suspiró molesta. Sabía que la culpa era suya, si hasta se había prometido solemnemente no enojarse con Koushiro si él la ignoraba. Se lo había advertido y ella era consciente de la responsabilidad que le caía al pelirrojo sobre sus hombros pero terminó metiendo la pata igual… y en qué momento.
— ¡No es momento de quejarse! —y decidida se puso manos a la obra.
Para Koushiro no había pasado más de medio minuto cuando un generoso y agradable aroma alcanzó sus sentidos. Eran unos tiernos y amigables muffins de chocolate, acompañados de una pequeña taza de café espresso.
— ¡Lo siento, Kou! —lo abrazó brevemente—. No puedo hacer mucho por ti y lo que hice fue para peor —pero Koushiro aún estaba perdido y trataba de volver.
— ¿Cuánto tiempo pasó?
— ¡Una hora!
Mimi se preocupó cuando lo vio palidecer de los nervios e impresión. ¡Hasta su cabello parecía blanquearse con él!
—…pero te traje un café —tragó saliva— y dulces para que te recuperes. Acéptalos, por favor.
No fue hasta que las cejas del pelirrojo se alzaron de tal asombro que Mimi se pudo relajar. Y sus hombros se volvieron a tensar cuando se dio cuenta de que él le estaba extendiendo la mano ofreciéndole uno de los muffins.
— ¿Me acompañas?
Con la taza de café reposando sobre el escritorio, sentía el peso de las piernas de Mimi sobre las suyas. Con ambos comiendo esos exquisitos muffins de chocolate tenía los sentidos llenos de algo que jamás podría describir. En otra ocasión hubiera dicho "sublime" pero ese momento junto a Mimi era tan especial, tan íntimo e indescriptible que prefirieron mantenerse en silencio disfrutando entre sabores y aromas dulces y también amargos.
Se sintió y se hizo. Ah sí, tal vez un poco ñoño también?
Gracias por leer! :)
