N/A: Tengo que admitir que escribir este capítulo fue muy duro, pero por alguna razón en ocasiones me gusta escribir/leer historias tristes. Si, esta será una historia triste.
Detective Conan ni sus personajes me pertenecen.
Capítulo 2: El Ataque
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Ran sonrió satisfecha una vez terminado el entrenamiento. Había conseguido de forma espectacular replicar algunos movimientos que Kazumi-senpai le había enseñado, y el equipo estaba más preparado que nunca para el torneo de karate, el cual cada vez se veía más cerca. Después de dirigir unos ejercicios finales, Ran les comunicó que era suficiente por hoy, los felicitó, y todos se fueron a casa muy contentos.
Era tarde, y casi estaba anocheciendo mientas caminaba por esas calles en las que había transitado toda su vida. Abrió su bolso para sacar el teléfono celular con el objetivo de ver la hora. Dentro del bolso, además de su celular, estaba las llaves de su casa, su billetera, la cual contenía sus documentos y el dinero para comprar las verduras para la cena, y un sobre con dinero destinado a pagar las facturas de su casa - las cuales ya no alcanzaba a pagar hoy -. Desde hace muchos años, y considerando los descuidados hábitos de su padre, con quien vive en un departamento justo arriba de la fracasada agencia de detectives, ella había tomado las riendas de llevar la administración de su casa. Esto significaba ordenar tanto el departamento como la agencia de detectives, cocinar para ella y su padre, y administrar todo el dinero que entraba a través del negocio de su padre, como también los aportes mensuales de su madre.
Al corroborar en la pantalla de su teléfono lo tarde que era -¡Ni siquiera alcanzaba a ir al mercado a comprar los ingredientes para la cena!-, decidió marcarle a su padre para avisarle que era mejor que comiera comida preparada, o que bajara a cenar al Poirot. Pero en cuanto empezó a marcar, una extraña sensación la sobresaltó, como si alguien la estuviera siguiendo. Ran, con una mezcla de tensión e inquietud, miró violentamente hacia ambos lados, pero no consiguió ver a nadie. Sin confiarse demasiado de eso, apretó con fuerza su bolso contra su cuerpo, y avanzó a paso rápido sin mirar hacia atrás.
Pero la sensación persistía, y cada vez con más fuerza. La inquietud se apoderaba de todo su cuerpo mientras caminaba cada vez más rápido. Podía escuchar con toda claridad los pasos de un hombre, los cuales apresuraban su paso a medida que ella lo hacía. La joven podía sentir como una gruesa gota de sudor surcaba su rostro al percibir al hombre cada vez más cerca de ella.
Y de pronto sucedió. Sin poderlo prever, un hombre de mediana edad y vestido casi con harapos como si viviera en la calle, la tomó por los hombros y la alcanzó a golpear con un objeto contundente, que Ran supuso que era un especie de palo o bate de baseball. Pero Ran, quien no era una muchacha indefensa sino una campeona de karate, alcanzó a tomar, con gran agilidad y rapidez, el palo con el cual la atacaba, y con un fuerte movimiento, lanzó al hombre por lo aires, cayendo fuertemente en el suelo.
Ran se sacudió la ropa, aún temblando por todo la situación que acaba de pasar, y después de echarle un último vistazo a aquel hombre que la había atacado hace unos instantes, cogió su bolso nuevamente. Tenía que admitir que, a pesar de a haberla agredido de tal forma, aún sentía lástima por él. Se veía viejo, demacrado, y en un horrible estado de pobreza, que le hizo considerar por un instante que su intento de robo no había sido más que consecuencia del hambre y del abandono. Este pensamiento le hizo considerar la opción de traerle comida más tarde en caso que aún se encontrara en el mismo sitio. Incluso llegó a anotar un recordatorio de eso en su celular.
A pesar de que pensaba que ya había pasado el peligro, un gruñido la hizo sobresaltarse nuevamente. Se volteó para ver, con sorpresa, que el harapiento y corpulento hombre se levantaba del suelo.
—¡Dame el dinero de tu bolso!—exclamó violentamente. Ran quiso dialogar con él, pensando incluso en en darle voluntariamente un poco del dinero del sobre, pero no alcanzó. Para su total sorpresa y desconcierto, del bolsillo de su sucio y gigantesco abrigo sacó una pistola, y la amenazó con ésta. Ran quedó petrificada por unos instantes.
—¡DAME EL DINERO!—vociferó nuevamente el hombre ahora totalmente enloquecido, y con la pistola apuntándola peligrosamente. Ran intentó hacer volar por lo cielos con una patada la sucia pistola desde la mano del hombre, pero esta vez no fue lo suficientemente rápida, pues una bala alcanzó su pierna derecha, cayendo al suelo de dolor.
—¡NO! ¡Por favor, espere! Yo...—rogó Ran desde el suelo mientras se tomaba su pierna herida, sabiendo que en estas condiciones no podría hacer más, pero no pudo terminar de hablar. Tres disparos más alcanzaron su pecho, hombro y cabeza, dejándola totalmente acabada en el suelo de la acera, cubriendo todo el asfalto con su sangre. El sujeto, como si no hubiera pasado nada, caminó entre el charco de sangre, y tomó el bolso de la adolescente. Lo abrió, aún parado sobre la sangre de Ran quien seguía inerte en el suelo, sacó el sobre con dinero, y lo contó con un brillo de satisfacción en sus ojos. Una vez corroborado la cantidad que había conseguido, enrolló los numerosos billetes, los guardó en el bolsillo de su abrigo y tiró el sobre que los contenía encima del cuerpo de la joven que yacía en el suelo. Luego de eso se fue, dejando descuidadamente las marcas de las suelas de sus zapatos manchados con sangre a lo largo de la calle.
Y no fue hasta pasado una hora cuando un transeúnte que pasaba por esa calle oscura y solitaria del distrito de Beika pudo ver el cuerpo de la muchacha tirado en el suelo, encima de un charco de sangre repartido por toda la acera. Después de un grito ensordecedor de su esposa, ésta le rogó a su marido que llamaran cuanto antes a la ambulancia. El hombre, quien se encontraba bastante conmocionado ante la impactante escena, se acercó al cuerpo de la muchacha para verificar si respiraba o no.
—Ya es demasiado tarde. Solo debemos llamar a la policía.
N/A: Lo siento por ésto U_U Espero sus comentarios u opiniones.
