¡Buena~s! En fin…tras subir las fichas, aquí está el capítulo uno :D En el que se ve una faceta más sádica y oscura de Natsuki que en los dos one-shot en los que sale…jujuju, porque ella TAMBIÉN puede ser una chica mala XD
Mizu: ¡Emiita, al fin lo subimos! ^^
¡Sí! Como te prometimos :D Aunque en este capi a penas salen muchos, porque al fin y al cabo es solo el principio de todo…
Mizu: El resto saldrán más a menudo tras este capi, que está especialmente centrado en la Uzumaki mediana…¡Natsuki-chan!
Summary Completo: La paz de Konoha es casi palpable, Naruto y el resto crían sus hijos en relativa paz, pero algo oscuro y temible se cierne sobre ellos, algo que provocará un cambio radical en la vida de los nuevos shinobis, quienes de pronto se verán luchando mientras tratan de continuar su vida entre romances, risas, misiones y problemas, mientras tratan de salvar el mundo shinobi.
En fin, sin más, os dejo el capítulo…
CAPÍTULO 1
El aire del lugar se hacía pesado, casi asfixiante, el shinobi casi podía sentir el olor a sangre de sus compañeros caídos, pero aquello poco le importaba, aquellos cuerpos inertes habían sido solo aliados por negocios, por interés propio y económico más que otra cosa. La figura que había terminado con todos ellos estaba a contraluz, pero claramente podía saber que era una mujer, aunque su cuerpo menudo parecía indicar lo contrario, él mismo había visto las capacidades de aquella muchacha, y tenía que admitir que era buena. La desconocida se incorporó, dejando su anterior postura en cuclillas, y él pudo ver el destello de un kunai al salir de su funda. Inmediatamente, se puso tenso, esperando el ataque. Sin embargo, aquella figura no usó el arma para terminar con su vida, o al menos no esa arma. Colocó las manos formando un sello, y susurró el nombre de la técnica con una voz casi amenazadora.
-Kage bushing no jutsu.
En cuanto escuchó las palabras formuladas, él supo que aquellas historias eran ciertas, supo que las habladurías no mentían para nada, supo a quién tenía frente a él.
-Konoha No Uzu.—Susurró.
Los clones de su enemiga se esparcieron, perdiéndose en la penumbra de la noche, y la que seguramente fuera la original sonrió, una sonrisa sarcástica y sádica, sin embargo no dijo nada respecto a las palabras de él. El shinobi esquivó una de las copias que trató de darle un golpe, y continuó haciendo lo mismo.
-No eres tan dura como dic…-Trató de decir con sorna, pero algo se lo impidió.
Bajó la mirada, encontrando un kunai clavado en su estómago, al alzar los ojos, vio a la chica volviendo a colocar el brazo a un costado de su menudo cuerpo.
-Nunca te descuides, ¿a caso no es una regla para ser un buen shinobi?—La voz de ella era fría, atemorizante. Él se llevó las manos al estómago, arrancando el arma y apretando las manos contra la herida, mientras caía al suelo, tratando inútilmente de detener la hemorragia.
-T-Tú…-Tartamudeó él, tratando de decir algo coherente.
-Nunca pierdas de vista a tu enemigo…-Continuó ella, comenzando a caminar hacia delante. Los clones desaparecieron. El shinobi comenzó a arrastrarse hacia atrás, tratando inútilmente de huir, casi como si quisiera burlarse, el paso de ella era lento, pero decidido.
Él topó con el cuerpo de uno de sus compañeros, separó la mano derecha de la herida para tantear el cadáver, hasta encontrar un kunai que alzó con una mano temblorosa, tratando de defenderse, en cuanto la muchacha estuvo frente a él, su sonrisa sarcástica se hizo más amplia.
-Y ante todo…-De una patada, lanzó el arma de su contrincante lejos.—Nunca…jamás…-De golpe, alzó los ojos que hasta el momento su flequillo mantenía ocultos, unos brillantes ojos de color azul clarísimo, rozando el plateado, los más extraños que aquel hombre había visto en su vida.-...¡Te metas con la familia de Natsuki Uzumaki, dattebayo!
Ella se apartó, dejando ver a dos clones que al parecer no habían desaparecido, éstos llevaban entre sus manos una espiral que giraba incansablemente, creada de chakra, el color azul podría llegar a parecer casi hipnotizante, pero en su caso no lo fue…él tuvo la temible certeza de que en ese momento su vida terminaba.
La Natsuki original fue manchada por la sangre que desprendió el cuerpo del hombre, miró la única herida que había recibido en aquella batalla, un corte en la mano, y lo lamió, notando el sabor de la sangre en su boca, sabía que así la herida sanaría más rápido, y no quería gastar más chakra por ese día. Matar a quince hombres era algo complicado incluso para ella, pero con aquel había querido jugar, había querido llegar a sentirse cruel.
-Eso es por Haruto.—Le dijo al demacrado cadáver con una amplia sonrisa que mostraba sus blancos dientes, pasó un dedo bajo su nariz en un gesto parecido al que en ocasiones hacía su padre y se dio la vuelta, dispuesta a irse.
Aquel grupo llevaba ya un tiempo siendo una molestia para Konoha, pero Natsuki había preferido no intervenir al principio, dejando que su padre se comiera la cabeza sobre a quién mandar a la misión. Sin embargo, en el momento en el que Haruto había sido acorralado y atacado mientras entrenaba, terminando con heridas leves en el hospital, Natsuki había sabido que ella mataría a aquellos que habían osado tocar a su hermano pequeño. Quizá por suerte, Kasumi estaba en una misión, por lo cual ella había tenido el honor de terminarles.
-Uff…eso ha sido cansado.—Dijo mientras se estiraba, uniendo finalmente ambos brazos tras su nuca y comenzando a caminar.—Creo que le diré a papá que mande a alguien por ellos…no me apetece crear más clones para llevar cadáveres hasta la aldea…¡Lo que sí que me apetece es Ramen!
Canturreando felizmente el nombre de su comida favorita, la Uzumaki comenzó a caminar felizmente hacia su villa, aquel bosque por la noche era casi sombrío, pero había sido recorrido tantas veces que Natsuki ya no le temía. Además, ¿qué clase de kunoichi en condiciones temía a la oscuridad?
Supuso que su padre aún estaría en la oficina, así que oficialmente ese debería ser su primer destino, para explicar el resultado satisfactorio de su misión, sin embargo no fue el rumbo que tomó la chica.
Sakura estaba, casualmente, en las puertas del hospital cuando ella llegó, y se acercó rápidamente, horrorizada.
-¡Natsu-chan! ¿Qué demonios de ha pasado?—Gritó al ver la sangre que manchaba a la chica, y que aún era reciente.
-Ah, tía Sakura.—Saludó ella, sonriente.—Nada, la sangre no es mía.
-¿Entonces…? Ah, cierto, la misión…-Sakura respiró hondo, con tranquilidad, y Natsuki volvió a sonreír.
-Todo ha ido perfectamente, nadie puede contra Konoha No Uzu, ¿cierto?—Ante la sonrisa divertida de su tía (aunque no fuera de sangre) Natsuki se rascó una mejilla.—En fin, voy a ver al enano…
-Ya sabes la habitación, ¿no?
-¡Claro!—Natsuki salió corriendo hacia el interior del hospital, sin molestarse en limpiarse la sangre.
Haruto suspiró mientras jugaba con la sábana, sonrojado, la enfermera sonrió de forma enternecida ante la vergüenza del chico.
-Uzumaki-san, ¿necesita algo más?—Preguntó la mujer de forma servicial, y Haruto comenzó a jugar con sus dedos, aun sonrojado.
-N-No…g-graci-cias…-Tartamudeó.
La mujer salió del blanco cuarto, y Haruto se dejó caer contra la mullida almohada, a veces deseaba ser como sus hermanas, tan divertidas y simpáticas con todos, pero con desconocidos simplemente no era capaz de articular más de dos palabras seguidas sin tartamudeos, trabadas de lengua y jugueteos con los dedos.
-¡NII-CHA~N!—Chilló la voz de alguien, la puerta se abrió de golpe, dejando ver a una Natsuki feliz y radiante, riéndose a carcajadas de nada.-¡HE VUELTO~!
-¡Onee-chan!—Se levantó de un brinco de la cama, horrorizado ante la sangre que presentaba su hermana.-¿Estás herida? ¿Qué ha pasado?
-¡Haruto, no te levantes!—Regañó Natsuki, obligándole a volver a la cama.-¡Sabes que se te pueden saltar los puntos de la pierna! Yo estoy bien, solo fue una pequeña pelea…y la sangre no es mía, es de esos hijos de p…
-¡Pero estás llena de sangre! ¡Debías haberte lavado!—Reprochó sabiamente el joven Uzumaki.
-Vamos, nii-chan, relájate, recuerda los pun…
-¡Ni puntos ni nada, ttebayo!—Riño de nuevo el chico.-¡Quiero que te laves ahora mismo!
Natsuki suspiró, su hermanito tenía un aspecto deplorable. El ojo hinchado y amoratado, la cicatriz en la frente (gracias al ninjutsu de Sakura, ésta debería irse tarde o temprano) los múltiples moratones, los puntos en la pierna…y la herida en el pecho, que quedaba oculta por la bata del hospital.
-Nii-chan, volveré mañana por la mañana, ¿de acuerdo?—Preguntó, acariciando el rubio cabello de su hermano menor.
-¡Nop!—Se rió él.—Me dejarán volver a casa por la mañana, así que…¡No tienes por qué venir!
Natsuki le dio un beso en la mejilla a su hermano menor, divertida, y revolvió su pelo mientras salía del cuarto, cerrando la puerta tras de sí. Cuando su madre le explicó lo que había ocurrido con su hermano, ella no se lo podía creer...¡Aquellos desalmados le habían atacado sin motivo, tan solo porque Haruto era el hijo del Hokage! Cuando su madre llegó al campo de entrenamiento para ayudar a su hermano con el entrenamiento, los enemigos habían huído…¡Cobardes!
-Padre, he vuelto de la misión.—Gritó, entrando por la ventana del despacho con un ágil salto, tras haberse lavado y cambiado de ropa, en ese momento llevaba su camiseta favorita, una naranja gastada con la típica espiral Uzumaki en medio, y unos pantalones bastante cómodos.
-Natsu-chan.—Saludó el Hokage.-¿Qué tal ha ido?
Natsuki hizo una reverencia de respeto mientras comenzaba a narrar los acontecimientos.
-Les encontré en un campamento improvisado, estaban hablando sobre su próximo "golpe", según parece, su objetivo era dejar inconsciente a Haruto para tomarle como rehén, tal y como me ordenaste acabé con ellos limpiamente…bueno, con casi todos. Uno de ellos, el que hablaba de lo que harían con nii-chan si éste se negaba a cooperar y contar tu punto débil…
-¿Sí?—Inquirió el Hokage, con una ceja alzada.
-Fui más cruel de lo normal, antes de terminarle le asusté todo lo posible.—La mirada de la kunoichi se ensombreció.
-¡NATSUKI UZUMAKI!—Gritó Naruto, dando un golpe en la mesa.—Te dije que no te dejaras llevar, dattebayo.
-Lo lamento, Hokage-sama, le juro que no volverá a pasar.—Ella bajó la mirada, volviendo a su papel de kunoichi y abandonando el de hija por el momento.
-Eso espero.—Naruto se tranquilizó, volviendo a tomar asiento.
El rubio Hokage sabía que su hija a veces era demasiado protectora con el pequeño Haruto, y desde el principio temió que aquello ocurriera, pero ella era la mejor para aquella misión, siendo la única que estaba en la villa del equipo especial que formó para el rastreo. Dado que Kasumi, su otra niña, estaba fuera de la aldea por una misión y que Daisuke estaba fuera de la villa con su padre en un entrenamiento especial Inuzuka.
-Bien, en cualquier caso, ¿los objetivos han sido eliminados?
-Sí, Hokage-sama.—Afirmó la chica.
-Entonces, la misión ha sido cumplida con éxito, pero te daré un consejo, hija: Un shinobi no debe dejarse llevar por las emociones en momentos como ese.
-Lo intentaré, Hokage-sama.—Natsuki bajó la mirada, sumisa.
-Bien, pues ahora…¡Ve a por un tazón de Ramen!
-¡Claro, dattebayo!—Gritó ella mientras corría hacia la ventana.-¡Y te traeré uno a ti!
-¡Esa es mi niña!—Alabó su progenitor antes de que ella saltara, perdiéndose entre el gentío.—Obito…no es de buena educación espiar a la gente mientras habla.—Dijo el Kage, acomodándose en la silla.
En un remolino de hojas, apareció un joven muchacho, tras su máscara ANBU podía verse claramente los ojos de iris sangre típicos de su familia. El shinobi hizo una prolongada reverencia, exasperando al Nanadaime.
-¡Vamos, Uchiha, suelta ya qué es lo que quieres, dattebayo!—Urgió el Hokage, haciendo un gesto impaciente con la mano.
-Naruto-sama.—Alargó lo bastante la palabra como para que pareciera un insulto.—Acabo de llegar de Iwa, he cumplido mi misión tal como dijo.
Naruto suspiró y se arrellano en el sillón, dispuesto a escuchar las palabras del hijo de su mejor amigo. Obito tenía aquella expresión asesina en la cara que indicaba lo mucho que se había aburrido en la dichosa misión, realmente el Hokage deseaba enviar a ella al hermano mayor del shinobi, Itachi, pero éste estaba fuera de la villa por motivos personales (Sakura le había llevado para que la acompañara por hierbas curativas).
-¡Vamos, Uchiha, empieza antes de que Natsuki llegue con mi Ramen, dattebayo!
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Ayame sonrió, realmente aquella chica llamaba su atención, sabía que bajo aquella capa de hiperactividad y distracción, Natsuki Uzumaki era una chica responsable a la que se le podía confiar cualquier cosa. Sabía que, para ella, nada era más importante que la villa de Konoha y las personas que residían en ella. Miró el reloj, eran solamente las ocho de la mañana, a penas comenzaba a amanecer.
-Natsuki-chan, ¿vas a desayunar Ramen?
-¿Em?—Ella pareció salir de su ensoñación, sacudió la cabeza y se talló los ojos para desperezarse.—Esta noche no he podido dormir, Ayame-san, he estado de misión, así que este no es mi desayuno…es solo algo para recuperar fuerzas.
De nuevo, la dueña del puesto sonrió. Dejó ante la chica un tazón humeante de Miso Ramen y le guiñó un ojo.
-Al primero invita la casa, ¿quieres?
-¡Gracias, Ayame-san!—Chilló con emoción la Uzumaki mientras comenzaba a comer. Ayame había visto crecer a su padre, había visto a Naruto pasar de ser un estudiante irresponsable a un Hokage en el que la villa entera confiaba. Sabía que el Uzumaki mayor había cambiado su personalidad con el tiempo, al menos en la medida posible, volviéndose algo más responsable, Ayame sabía muchas cosas, más de las que decía y menos de las que muchos creían.
-¿Quieres que luego le lleve yo uno a tu padre? Aún no va a venir nadie, y así podrías ir a casa a dormir…-Propuso, y la chica la miró con la duda pintada en la mirada.
-No, Ayame-san, quiero hablar con mi padre de algo. Pero puedes acompañarme, así te asegurarás de que no me caiga en el camino.—Bromeó, y la chica castaña se rió.
Tras tres tazones de Ramen, Ayame se armó con cinco bowls de esta comida, la muchacha volvió a cerrar la tienda tras escribir un "Volveré pronto." Y ambas emprendieron el camino a la oficina del Hokage.
Natsuki parecía tanto física como psicológicamente, sin embargo continuaba sonriendo tanto como siempre, y de vez en cuando soltaba algún gritito emocionado por algo que le hacía ilusión. Tras unos segundos de silencio, Ayame se atrevió a preguntar algo que llevaba mucho tiempo dándole curiosidad:
-Natsu-chan…¿por qué te exiges tanto? Es decir, sabes que tu padre y tu madre no se defraudarían si entrenaras un poco menos o cumplieras misiones menos complicadas, quizá en horarios más aceptables…
-Ayame-san.—Llamó Natsuki, cortándola, y Ayame se paró ante el tono serio y soñador que pocas veces utilizaba la Uzumaki.-¿Sabes que hace un tiempo me sentía basura? Tendría diez años por aquel entonces, la gente me confundía con un chico y la mayoría del clan de mi madre me despreciaba por ser una mezcla del byakungan y el ojo normal, por tener un Byakungan imperfecto.
Ayame se aferró a los tazones de Miso Ramen, jamás había pensado eso, Natsuki siempre había sido tan alegre…
-Solía entrenar hasta que me sangraban las manos, y me obligaba a no usar después ninjutsu médico en mí, quería que se curaran solas las heridas para acostumbrarme al dolor. Aún recuerdo que, al terminar mi entrenamiento, solían dolerme tanto las manos y las piernas que papá tenía que llevarme a casa, mientras me reñía por aquel comportamiento.—Natsuki también se había parado, y daba pequeñas pataditas al suelo, perdida en sus recuerdos.—Pero entonces me gradué en la academia, y comencé a trabajar en las misiones, en una de ellas, tuve que pelear con un hombre…y perdí. Después de tanto entrenamiento, después de sufrir tantísimo…. Al volver a la villa, pensé que todos se reirían de mí, y en el hospital le conté mis miedos a tía Sakura. Ella me sonrió y me dijo "No podemos ser perfectos, Natsuki, ni siquiera con entrenamiento." Y tras pensarlo bien me di cuenta de que era cierto. Cuando salí del hospital y llegué a casa, esperé encontrarme como ya he dicho burlas y miradas despectivas, pero me equivoqué. Todos estaban allí, mi tía Hanabi, mis compañeros de la academia, los amigos de papá…y todos me sonreían, orgullosos, diciéndome que lo único importante era que yo hubiera sobrevivido. Solo entonces, dejé los entrenamientos hasta altas horas de la noche, dejé de sangrar para volverme más fuerte, y comencé a disfrutar de la vida tal y como debía.
Natsuki, quien había avanzado unos pasos mientras recordaba, miró hacia Ayame. El pelo de ella era rojo, teñido por las últimas luces del atardecer, sus ojos brillaban con decisión y felicidad, sonrió, mostrando aquellos extraños colmillos que siempre habían sido algo más largos que los de la media, sin que a penas se notara, y tomó entre el índice y el pulgar su protector de Konoha, que en ese momento reposaba en su cuello, para colocárselo un poco mientras decía:
-Mi familia y amigos me salvaron, si hubiera seguido así seguramente me hubiera convertido en alguien que solo vive para la vida del shinobi. Ésta villa.—Volvió a mirar hacia delante, y con un gesto de la mano abarcó todo lo que se veía.—no es ya solo mi hogar, también es el lugar donde residen algunas de las personas que más me importan. Por eso, cueste lo que cueste, y aunque el precio sea mi vida, voy a protegerles con todas mis fuerzas. Y por eso mismo me exijo tanto, Ayame-san, porque debo ser fuerte para ellos.
Tras el pequeño discurso, la Uzumaki continuó caminando con despreocupación, y después de unos segundos de duda Ayame se apresuró a seguirla, sonriente.
Realmente, Natsuki Uzumaki era alguien a quien costaba comprender.
Mientras continuaban su camino, la joven hija de Naruto y Hinata no pudo evitar recordar el día en el que entró a la Academia, los nervios de Kasumi y su propio entusiasmo por comenzar su camino como kunoichi…
Flashback
Iruka miró a sus alumnos, los que quizá serían los últimos, pues estaba pensando seriamente en retirarse. Ellos acababan de empezar, y seguramente se sintieran solos e inseguros, así pues decidió que lo mejor sería comenzar presentándose al resto. Tras haberles contado algo sobre sí mismo, el profesor procedió a preguntar a los futuros shinobis y kunoichis. Una pequeña manita morena fue alzada, la dueña era una muchacha con dos coletas bajas de pelo azabache y unos profundos ojos verdes.
-¡Me llamo Kokoro Nara!—Se presentó mientras se levantaba de un salto.—Mi color favorito es el violeta, pero el verde también me gusta mucho, ¿mis sueños…? Supongo que ser una gran matriarca Nara y lograr ser una mejor estratega que mi padre, ¡el genio de Konoha!
Tras las palabras, pronunciadas con orgullo, Kokoro se dejó caer sobre la silla, apoyando su carita sobre las manos y sonriendo aún más ampliamente. Iruka asintió con la cabeza, sonriendo. Un ladrido perruno le distrajo, y vio la mano arriba de un muchacho, cuyo perro estaba en la cabeza.
-Me llamo Daisuke Inuzuka.—Dijo con tranquilidad aparente.—Y éste es mi perro, Shin. Mi padre dice que llegaré a ser un gran shinobi, así que por eso estoy tranquilo. Si preguntáis por lo que deseo…supongo que lo típico, llegar a ser un gran Ninja, casarme y tener hijos…claro, que mi mujer debería llevarse bien con Shin.—Como asentimiento, la mascota ladró.
-¡MI NOMBRE ES OBITO UCHIHA!—Gritó desde algún lugar un chico, sonriente.-¡Y a decir verdad estas clases me aburren mucho!
Iruka suspiró, mirando fijamente al muchacho y pensando su poco parecido con su padre ni a su hermano…claro que, por la mirada decidida del niño, en seguida supuso que no pasaría mucho tiempo allí. Ya había oído rumores del "genio Uchiha."
-Yo soy el hermano de esa cosa.—Comentó de forma tranquila pero con una burla oculta un chico, tras levantar la mano.—Soy Hikaru Uchiha, mi color favorito es el rojo, mi sueño es…llegar a ser Hokage.—Iruka sonrió, sabía que aquello era normal en muchos niños.—Suelo ser bastante pacífico, pero no es bueno hacerme enfadar.
Como para demostrarlo, su Inner le gritó lo guapa que era la chica de la fila de enfrente, quien sonrojada jugaba con sus dedos, sonriendo como un padre orgulloso, Iruka la señaló.
-Kasu-chan, vamos, cuéntale a la clase algo sobre ti.
-M-Mi nombre e-es K-Kasumi Uzumaki.—Algunas exclamaciones de sorpresa sonaron por el lugar, ¿aquella era la hija del Hokage? ¿Aquella niña tan vergonzosa?—M-Mi p-padre es el Hokage de K-Konoha y él dice que soy mu-muy fuerte y que m-mi By-Byakungan es per-perfecto, p-pero yo cre-creo que aún me queda mucho por mejorar.—Kasumi bajó la vista, sonrojada. Iruka esperó que su padre lograra influenciarle lo bastante como para alejarla de aquella personalidad vergonzosa.
-¡NATSU!—Gritó el profesor al darse cuenta de algo, la segunda hija del Hokage estaba totalmente dormida sobre la mesa.
-¿Ah…?—Natsuki alzó la vista, mirando de forma extrañada hacia los lados.—Oh, ya le dije a papá que era demasiado temprano como para que yo me levantara…
Iruka suspiró, de forma enfadada, y le explicó a la chica lo que debía hacer, ella se frotó un ojo y se desperezó mientras bostezaba de manera audible. Seguidamente, sonrió con confianza y gritó:
-¡Mi nombre no os importa a ninguno! ¡Pero yo voy a ser Hokage!
A Iruka le pareció estar viajando en el tiempo, observando a un joven Naruto afirmando que llegaría a ser el mejor, y como en aquella ocasión, muchos se burlaron.
-Qué chico más descocado.—Susurró una muchacha.
-Sí, además de delgaducho…-Opinó otra.
-Jamás le gustara a una chica si sigue así…-Completó una tercera.-…Al menos no a mí.
Natsuki dirigió una mirada asesina hacia ellas, que callaron al instante, atemorizadas. La hija del Hokage bufó, pero Iruka pudo ver un rastro de dolor en sus ojos.
-Dado que parece que eso no es suficiente, Iruka-sensei, continuaré.—Sonrió de nuevo, señalándose a sí misma.-¡Soy Natsuki Uzumaki, hija del Hokage de Konoha!—Las bocas de las muchachas anteriores se abrieron, no sólo por descubrir que era una chica, si no por escuchar su apellido.-¡Voy a ser la mejor kunoichi de todos los tiempos! Me gusta el Ramen, mis colores favoritos son el negro, el morado y el naranja. Usted mismo ha admitido en varias ocasiones mi gran potencial como kunoichi, ¡pero aún así voy a esforzarme para mejorar!
Sonriendo y asintiendo suavemente con la cabeza, Iruka decidió que era exactamente igual a su progenitor, aunque sus rasgos eran ciertamente parecidos a lo poco que él recordaba de Kushina Uzumaki, y en ella se veían los rastros de Hinata.
-¡ME LLAMO ROCK KEI! ¡LUCHEMOS PARA MANTENER VIVAS NUESTRAS LLAMAS DE LA JUVENTUD JUNTOS, NATSUKI-SAN!—Gritó un muchacho con un extraño ropaje verde desde atrás, lanzándose hacia Natsuki y tomando sus manos, ésta puso cara extraña.
-Em…eso ha sonado a declaración.—susurró ella, sonrojándose levemente y apartando la mirada con las mejillas infladas.
-¡Es que lo ha…!
-¡ROCK KEI, DEJA A MI PRIMA!—Gritó un muchacho castaño desde las filas de atrás, cogiendo a su amigo de la oreja y devolviéndole así a su sitio.—Siento la interrupción, Iruka-sensei. Me llamo Daiki Hyuuga, mi sueño es ser libre por siempre, y encontrar a una mujer digna de mi clan.—Sonrió levemente—Mis primas son Natsuki y Kasumi, por cierto.
-¡Ohayo, Daiki!—Saludó de forma animada Natsuki.
-B-Bu-Buenos días, primo…-Kasumi sonrió.
Allí, mirando a sus nuevos alumnos, Iruka no pudo evitar recordar a los padres de éstos. No pudo evitar tampoco sonreír y pasar una mano por su coleta. Realmente, muchos de aquellos niños parecían fascinantes
FIN FLASHBACK
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-¡No pienso disfrazarme de chica! ¡Y me da igual que el código shinobi diga que debo obedecer a mi kage!
Obito había gritado las palabras con la barbilla alzada con orgullo y los ojos decididos, y Naruto solo alcanzó a suspirar mientras se llevaba las manos a la cabeza y revolvía su pelo, maldiciendo interiormente los genes de Sasuke Uchiha.
-¡Vamos, Obito…!—Trató de animar el rubio.
-¡Que no, Hokage-sama! ¡Acabo de llegar, merezco un descanso!—Obito hizo un mohín.
-¡Vamos…!
-¡Que no!—Volvió a gritar el muchacho.
Konohamaru eligió ese momento para entrar, con cara de sueño y seguido de Natsuki y Ayame. Los tres miraron, estupefactos, como Naruto rogaba al shinobi, que de brazos cruzados se negaba en rotundo a lo que fuera.
-¡Konohamaru-sensei!—Saludó Obito, pasando totalmente del Nanadaime-¡Ayame-san, Natsu-chan!
Konohamaru miró al chico que había sido su alumno durante el poco tiempo que éste pasó como gennin y le revolvió el pelo de forma cariñosa mientras se acercaba al Hokage, exigiendo una explicación con la mirada, la cual le fue concedida.
-¡Ah, Naruto-niichan!—Gritó el Sarutobi tras oírle.-¡Yo puedo cumplir esa misión! ¡Mira!
Realizando una técnica que todos conocemos, en el lugar de Konohamaru apareció una hermosa joven rodeada por una nube de humo en los lugares estratégicos, Obito comenzó a reír, gritando que ese era su sensei, mientras Ayame se sonrojaba totalmente y Natsuki sonreía de forma leve.
-Konohamaru-kun…-Comentó la hija del Hokage.—No sé qué misión es esa, pero ir sin ropa no te llevará a ningún sitio.
-Ah, ¿no?—Konohamaru la miró de arriba abajo, lo cuál puso nerviosa a Natsuki, que tuvo la sensación de que la desnudaban con la mirada, seguidamente la mirada del chico se volvió a Naruto.—Sé que no te va a gustar la sugerencia, Naruto-niichan, pero ella sería la más apropiada mientras Kasumi no esté.
-¿QUÉ? Pero…-Naruto parecía nervioso, sin embargo tras mirar fijamente a su hija suspiró.—Está bien, Natsuki será a la que le asigne la misión, pero saldrá en una semana. Se merece un descanso. Y quizá la acompañe Kasumi.
-Un shinobi de Sunagakure la acompañará, según me has dicho, ¿cierto?—Inquirió Obito con una ceja alzada.
-Sí, Gaara ha prometido enviar a uno.—Naruto suspiró y se masajeó las sienes.
-Padre, ¿puedes explicarme de qué va todo esto?—Inquirió suavemente Natsuki, sentándose sobre la mesa de su padre.
-Claro, pero antes…-Naruto parecía terriblemente serio.-…Ayame-chan, ¿me pasas uno de esos tazones de Miso Ramen?
Para empezar, decir que "Konoha No Uzu" creo que significa "El remolino de Konoha", mote bien merecido por Natsuki-chan.
En fin, si hay algo más (Oh, sí, Ohayo es buenos días ^^) dejadmelo en un review ^^
Mizu: ¡Hablando de reviews! ¿Porfi, alguno? *-* ¡Vamos, no cuesta nada darle a un botón! *Carita de perro a medio morir.*
