Draco Malfoy se mantenía oculto en un cuarto de baño que nadie usaba ya apurando los minutos antes de que su vida cambiase drásticamente; la angustia y el desasosiego de saber lo que estaba a punto de ocurrir conseguía que se le revolviesen las tripas hasta el punto de tener ganas de vomitar. Deseaba con todas sus fuerzas poder retroceder en el tiempo y cambiar todas esas malas decisiones que había tomado; maldecía tpdo lo que se podía maldecir porque su magia no fuese capaz de dar marcha atrás y haber huido lejos o bajo la protección de la Orden con su madre cuando pudo.

Aún cuando eso significase no haber vivido todos esos meses con Weasley.

De buena gana sacrificaría lo único cercano a la felicidad que había experimentado en su vida si eso significaba no convertirse en un asesino. Con gusto lo haría si eso significaba no traicionar a Ron. A su fiero león.

Le flaqueaban las piernas y se acrecentaba el nudo en su estómago solo de imaginar cómo se sentiría su comadreja cuando se enterase de la verdad y supiese que todos estos meses había estado ocultándole que intentaba cumplir el maldito encargo del Lord. Sabía que Ron no lo entendería, pero Draco no podía olvidar que su vida y la de su madre estaban en juego. Y solo por la vida de su madre no había abandonado.

Hubiese querido explicarle su destino al pelirrojo y no engañarle, pero sabía muy bien lo que habría dicho si se lo hubiese contado. Ron habría querido compartirlo con Potter y Granger y estos habrían pretendido ir directos a hablar con Dumbledore. Y él no podía enfrentarse a Dumbledore, no después de haber intentado matarle. Y aunque él fuese un maldito Gryffindor y hubiese podido enfrentarse al director, Dumbledore no podía salvar a su madre. Nadie podia salvarla, siendo que el señor tenebroso había instalado su sede de operaciones en Malfoy Manor. No había manera de sacarla de allí mientras estuviese rodeada por decenas de mortífagos y flanqueada por su tía Bellatrix.

Amaba a Ron, ese idiota pelirrojo había roto toda barrera y prejuicio hasta convertirle en una persona nueva, pero no había manera de cambiar las cosas y su destino era perderle.

Ni siquiera se había despedido de él.

¿Cómo iba a mirar a sus hermosos ojos azules sin que flaquease su determinación? Debía hacer lo que debía hacer, no había vuelta atrás y estar cerca del pelirrojo siempre le hacía querer romper con todo, olvidarse de su destino, del de su madre, de Dumbledore... y fugarse lejos con él. Los dos solos bien lejos de mortífagos, Orden del Fénix y Potter.

Incluso llegó a proponérselo en una ocasión. Una noche, cuando estaban en la Sala de los Menesteres recostados en la cama que aparecía para ellos cuando querían disfrutar de la intimidad que les brindaba la peculiar sala.

Flashback POV Draco

Sentía la mirada de Ron sobre mí mientras intentaba mantener los ojos cerrados resistiendo las ganas de perderme en los suyos. Y si me resistía a mirarle era solo por el miedo a cometer una estupidez, estupidez que ya había estado a punto de cometer esa misma tarde cuando había estado muy cerca de confesar lo importante que Ron era para mí. Finalmente el miedo a que me rechazase o no sintiese lo mismo me contuvo.

Incapaz de resistir más sin mirarle acabé por lanzar un gruñido.

- Deja de mirarme, comadreja.- Me arrepentí en el mismo momento hablar, pues había usado lo que él llamaba "El tono Malfoy" y en el no era mi intención estropear el momento de paz que teníamos.

- De acuerdo, hurón.- Contestó pacificamente acompañando la frase con un suspiro de resignación.- Solo quería retener un poco más tu imagen.

- ¿Por qué? ¿Tienes miedo de que me largue dejándote solo y desconsolado?

- Eso quisieras, Malfoy.- Fue su turno de arrastrar las palabras con evidente molestia.

- Tal vez sí.- Dije cautamente mientras me giraba para estudiar su reacción.

-¿Quieres dejarme solo y desconsolado? - Preguntó con sorna, pues aunque no sabía donde queria llegar, me conocía lo suficiente como para saber que no iba a renunciar a él.

- No, ya sabes que no. Lo que quiero... es irme. - Dije algo inseguro - No, mejor. Quiero que nos vayamos. ¡Vayámonos, Ron! Lejos, no importa donde. Tu y yo solos. Lejos del Lord, de mi padre y demás mortífagos, de San Potter, y sobre todo de Dumbledore.

La cara de desconcierto de Ron decía más de lo que el propio pelirrojo quería decir y no pude evitar una mueca al leer en sus ojos un deje de compasión acompañando el de estrañeza.

Una ráfaga de furia me invadió inmediatamente. ¡Era un Malfoy! ¡Los Malfoy debemos inspirar temor, no compasión! ¡Maldita comadreja! Mal-di-ta! Mal-di-ta! ¡¿Quién se cree que es para sentir compasión de mí!?

Salté de la cama y me vestí rápidamente sin siquiera escuchar sus ruegos para que me quedase. Salí de la sala de los menesteres tragándome las lágrimas de rábia por una parte y de fustración por otra. Más tarde cuando recuperase la tranquilidad y la dignidad le enviaría una nota para vernos y podría inventar algo para explicar el arranque de rábia. Seguro que encontraría algo convincente, no en vano soy un Slytherin.

Fin del Flashback

Lo curioso fue que nunca llegó a explicarle nada, porque cuando se vieron horas más tarde Ron lo abrazó de tal manera que entendió que no necesitaba explicaciones, que le apoyaría y estaría ahí para él aún cuando no se lo mereciese.

Y ahora él iba a traicionarle, Ron se lo había dado todo y ahora debía traicionarle. Por culpa de su padre y sus malas decisiones iba a perder lo único bueno que había tenido en años, quizá en toda su vida. Y lo peor era que iba a perderle sin haber llegado a decirle lo mucho que le importaba y cuanto había signifacado para él el tiempo que habian pasado juntos.

Aunque mejor así, de esa manera Ron podría limitarse a odiarle sin lamentar lo que habían perdido.

Draco inspiró fuerte antes de prepararse para salir de aquel baño con un último pensamiento:

Lucius diría que un Weasley no era suficientemente bueno para un Malfoy pero ahora sabía que era al revés. Un Malfoy jamás estaría a la altura de Ron Weasley.