Canción del capítulo: Secret in my heart, HIM.
II
Secret in my heart
La profesora ya se ha tardado demasiado y ya estoy empezando a desesperarme. Sé que he dicho que en clase la energía psíquica de mis compañeros —y profesores— disminuye, pero como en estos momentos no tenemos nada que hacer, todos se han puesto a platicar sobre lo que hicieron en el fin de semana; y por más que trato de ignorar sus pensamientos no puedo. Aun escuchando música, por lo que decido cambiar la canción a algo parecido a lo que escuchaba cuando hablé con Kazemaru.
—¿Entonces tuviste una cita con Endo? —preguntó el Fubuki de cabello gris, llamado Shirou, a Natsumi. No es necesario decir que me he quedado petrificado al oír eso. Claro, es normal que no lo haya leído en su mente ya que siempre que está con nosotros —Ichirouta y yo— sólo piensa en fútbol.
—Así es, Shirou —contesta ella, altiva como siempre—. Es una pena, por no decir otra cosa, que tenga por amigos al asexuado de Kazemaru Ichirouta y al bicho raro de Hiroto Kiyama —dice despectivamente.
—¿No olvidaste algo? —interrumpe Atsuya, el otro Fubuki sólo que éste tiene el cabello rosa.
—Me da igual que ése me escuche —le responde su amiga que voltea a verme con desprecio.
—No, eso no —aclara el chico de cabello gris tratando de no reírse por lo que va a decir—. Olvidaste mencionar "el asexuado, marica y gótico de Kazemaru" —termina de decir en voz alta, lo cual provoca que todos en el salón volteen a verme y después se ríen como si hubiera sido muy gracioso lo que ellos dicen.
—Tienes toda la razón —dice ella.
Después de esto, Natsumi sigue contando lo bien que la pasó con Endo.
Justo cuando Atsuya piensa en preguntarle algo más personal, la profesora Akiko entra acompañada de un chico.
—Buenos días, jóvenes. Disculpen la tardanza —dice muy tranquila, parece que esta mañana no recurrió a su pequeña botella—. Les presento a su nuevo compañero, Ryuuji Midorikawa.
De inmediato llegan a mi mente los halagadores comentarios de mis compañeras al respecto y una que otra maldición por parte de los chicos.
Sé que es muy atractivo, según Natsumi Raimon quien está sentada dos filas delante de mí junto a su amigo de cabello color crema —Shuuya Goenji— Los Fubuki, sentados frente a ella, creen que es un presumido y que no tiene nada de especial. Goenji, el supuesto novio de Aki Kino (la 'reportera' estrella del periódico escolar), está de acuerdo con su amiga de cabello castaño…pero esa es otra historia.
—Muy bien Midorikawa, puedes sentarte en el sitio vacío de atrás, al lado de Kiyama —ordena la profesora—. Tendrás que compartir el libro hasta que te den el tuyo.
Prácticamente escucho los suspiros y piropos por parte de las chicas hacia el nuevo, pero no me molesto en verlo. Cuando llega y toma su lugar junto a mí, se inclina y me pregunta si no me importa compartir el libro. Por unos segundos su cercanía me incómoda, pero aun así deslizo mi libro hacia su lugar mientras que yo me alejo lo más posible y me pongo otra vez mi capucha. Apoyo mi mejilla en la palma de mi mano, dispuesto a ignorar todos los comentarios mal intencionados como 'Pobre chico, tan sexy y tiene que sentarse con el raro.' 'La que le espera a Midorikawa cuando le presente a Ichirouta.'
Todos están de acuerdo con esas ideas, excepto la profesora que lo único que desea es que la clase termine. Lo mismo que yo. A la hora del almuerzo todos hablan del chico nuevo.
—¿Has visto al nuevo? Es tan guapo, dicen que vivía en Alemania.
—A mí me dijeron que viene de Italia.
—Cómo sea, yo lo voy a invitar a salir.
Camino directamente a mi lugar, que es en un rincón de la cafetería, ignorando esos comentarios.
—¿Ya viste a Midorikawa? —me pregunta Kazemaru mientras se sienta a mi lado, apartando su flequillo.
—¡Ay no! ¡No me digas que también estás emocionado por él! —me quejo, llevándome una mano al rostro.
—Si ya lo hubieras visto, estarías de acuerdo conmigo —dice mientras saca de su taper negro un emparedado. Aunque muchos piensan que en realidad se alimenta de sangre dada su vestimenta.
—Hola, ¿de qué platican? —pregunta Endo sentándose frente a nosotros como siempre mostrando una enorme sonrisa. Esta vez provocada por que acababa de pedirle a Natsumi que fuera su novia y ella dijo que sí—. ¿Acaso hablan de Midorikawa? Lástima que Haruna ya se los haya ganado.
— ¿Qué has dicho Endo Mamoru? —dice muy, pero muy alterado mi amigo gótico.
— Lo que oíste, Haruna ya lo ha invitado a salir.
Yo volteo disimuladamente hacia la mesa del grupito de Natsumi Raimon y efectivamente la hermana de Yuuto Kido se lo había pedido, pero lo que Endo no sabe es que él la ha rechazado.
—Cálmate, Kazemaru. No sabes si él aceptó o no —lo consuelo, a lo que él responde con una sonrisa.
—Tienes razón —dice y sigue hablando como si nada hubiera pasado—. Además él ya era mío, yo lo vi primero —añade con una actitud infantil.
—Perdón, no sabía que te gustaban los no góticos —comenta Mamoru burlonamente mientras come su enorme ración de ramen.
—Cuando se ven así, sí. ¡Es en serio! —exclama al ver que Endo le mira desconfiado—. Te juro que está guapísimo —dice, esta vez dirigiéndose a mí. — ¡Es irresistible! —él mueve su cabeza, molesto por que no le encuentro el chiste a lo que dice.
— ¿Tú no lo has visto? —me pregunta Mamoru.
Yo desvío mi mirada, mordiendo mi labio inferior nerviosamente y preguntándome si debo mentir o no. Creo que sería el único modo de salir del lío ya que le están dando demasiada importancia a todo ése asunto de Midorikawa. El problema es que no puedo, no a ellos. Ichirouta y Mamoru son mis mejores amigos, los únicos que tengo y siento que ya les he ocultado muchas cosas.
—Nos sentamos juntos en la clase de literatura —digo finalmente—. Me obligaron a compartir el libro con él. Pero no tuve la oportunidad de fijarme en él.
—¿Obligaron? —Kazemaru aparta su flequillo para ver mejor al bicho raro que osa decir semejantes cosas—. Definitivamente debió haber sido horrible, traumático para ti —dice él con tono excesivamente dramático—. De verdad que afortunado que fuiste y tú ni siquiera lo aprecias.
—¿Y tenías puesta la capucha? —pregunta Endo.
Lo pienso detenidamente por un momento, recordando cómo me la puse justo en el momento en el que él se inclinó hacia mí.
—Sí, si la tenía puesta —digo muy serio.
—Gracias por eso —murmura Kazemaru mientras parte en dos su pastelito de chocolate—. La última cosa que necesito es la competencia de las diosas de la escuela —refiriéndose obviamente a Natsumi y sus amigas.
Me encojo de hombros y sigo comiendo como si nada. Me avergüenza cuando la gente me dice cosas como esas. Yo solía vivir ese tipo de situaciones pero ya no.
—¿Y qué pasa con Hiroto? —pregunta el capitán del equipo de soccer—. ¿No crees que sea competencia?
Olvide decir que ellos son los únicos —por así decirlo— que saben de mi preferencia sexual. Obviamente no les sorprendió y si se preguntan por qué dije que jamás me había fijado en ningún chico hasta que entré aquí, la respuesta es que el primero en él que me fijé fue Endo Mamoru. Pero todas mis ilusiones se fueron abajo cuando él me dijo que era heterosexual, no fue lo suficientemente discreto para insinuármele y fue ahí cuando me presentó a Kazemaru Ichirouta. Supongo que pensó que él se fijaría en mí, pero eso ya es agua pasada.
—Totalmente irrelevante —contesta, sacudiendo las migajas de su pantalón—. Midorikawa podría tener malos ratos pero no malos gustos. Sin ofenderte, Hiroto —agrega tratando de excusarse obviamente se da cuenta de que me ha ofendido con sus palabras. De cualquier modo no me siento resentido, eso se lo dice a todo mundo.
—Qué malo eres. Decir eso de nuestro amigo, definitivamente yo que tú le dejaba de hablar —dice mi otro amigo.
—No importa. No lo dijo en serio.
Y después de este pequeño 'malentendido' seguimos platicando de otras cosas. Las clases pasan volando y cuando me doy cuenta ya es hora de salida. Los pensamientos de mis compañeros y de mis profesores me ayudan a saber todo lo que necesitaba, como que Midorikawa Ryuuji también está en mis clases de Arte, Filosofía y Algebra además de Literatura, obvio. Sin contar que estacionó su auto junto al mío. Y aun cuando me las he ingeniado para no mirar más que sus 'converse', sé que la suerte se me ha acabado.
—¡Oh por Dios! ¡Está ahí, justo a nuestro lado! —grita Endo con voz chillona que reserva para los momentos más ¿emocionantes?—. Y mira, conduce un flamante BMW negro con cristales polarizados. Ok, este es mi plan: voy a abrir mi puerta y 'accidentalmente' le daré a la suya, así tendrás oportunidad de hablar con él. ¿Qué dices Hiroto?
—No, no vas a rayar ningún auto. Ni el suyo ni el mío —digo negando con la cabeza y saco las llaves de mi bolsillo.
—Vale, como quieras. ¡Pero al menos míralo! Después mírame a los ojos y dime si no es verdad lo que Kazemaru dijo.
Pongo los ojos en blanco e intento pasar entre mi auto y un Volkswagen que está mal estacionado casi aplastando mi Miata. Justo cuando estoy a punto de abrir la puerta, Endo me quita la capucha, las gafas oscuras y corre hacia el lado del copiloto, empezando a hacer señas, de manera no muy discreta, para que mire a Midorikawa que está detrás de él...
No me queda otra opción y lo hago. Es algo que sabía a la perfección, no podía evitarlo para siempre. Respiro profundamente y le miro. Lo que veo, hace que me quede paralizado.
Y aunque Endo hace todo lo posible para llamar mi atención, lo único que hago es mirar a Midorikawa Ryuuji fijamente. Estoy perfectamente consciente de que estoy actuando como el bicho raro que todo el mundo cree que soy pero imposible que no lo haga. No es sólo porque él sea increíblemente guapo con su pelo color verde manzana largo y atado en una coleta alta con unos mechones sueltos a modo de flequillo, hermosos ojos negros que extrañamente me resultan familiares, piel morena y sus labios son tan tentadores y su cuerpo alto, delgado y firme, vestido con unas bermudas color beige, una playera de manga larga color rojo, sudadera de manga corta y con cierre color morado y sus tenis converse negros.
—¿Hiroto? Ya puedes despertar —Mamoru mira a Ryuuji riendo nerviosamente—. Por favor, discúlpalo. Normalmente tiene la capucha puesta.
Sé muy bien que tengo que detenerme, necesito hacerlo ahora. Pero sus ojos negros están fijos en los míos, no obstante, no es su gran belleza lo que mantiene paralizado si no que toda el área que rodea su cuerpo está completamente vacía. Ningún color. Ningún aura. Nada de nada.
Todo el mundo tiene un aura, todo ser viviente tiene remolinos de colores emanando de su cuerpo del cual ellos no son conscientes. No es que sea algo malo, peligroso o que dé miedo. Simplemente es parte del campo magnético visible…para mí.
Antes del accidente ni siquiera sabía que existían ese tipo de cosas y definitivamente no era capaz de verlas. Pero desde que desperté en el hospital, vi colores por todas partes.
—¿Estás bien? —me preguntó la enfermera mientras me miraba con preocupación.
—Sí…pero ¿por qué estás rosa? —pregunté confundido.
—¿Qué?—respondió muy alarmada.
—Estás rosa, todo alrededor tuyo es de ese color.
—Descansa, yo iré a buscar al doctor —dijo antes de salir del cuarto.
No fue hasta después de haber pasado por varios exámenes de la vista, tomografías y evaluaciones psicológicas —y también psiquiátricas— que aprendí a quedarme callado al respecto y fue entonces cuando decidí que sería mi secreto. Cuando empecé a escuchar los pensamientos, a conocer la vida completa de una persona con sólo tocarla y a disfrutar de las frecuentes visitas de mi hermanita muerta Tsuki, supe que no podía decírselo a nadie.
Supongo que ya me he acostumbrado a vivir así que he olvidado que existe otra manera de hacerlo. Una que no incluye ver colores u oír pensamientos. Pero ver a Midorikawa enmarcado por nada más que la pintura negra de su lujoso auto, me resulta un vago recuerdo de felicidad, de aquéllos días en los que solía ser normal.
—Hiroto Kiyama, ¿verdad? —dice Ryuuji con una cálida sonrisa, revelando sus dientes blancos y perfectos.
Sigo sin decir una palabra, deseando dejar de mirarlo mientras Endo aclara su garganta recordándome cuánto detesta ser ignorado.
—Ah, lo siento. Mamoru, Ryuuji. Ryuuji, Endo —digo presentándolos atropelladamente.
Él sólo mira a Endo, asintiendo levemente para volver a fijar su mirada en mí. Sé que sonará extraño pero durante esos segundos que él apartó su vista de mí, me sentí muy débil. Cuando volvió a mirarme, todo fue otra vez cálido.
—¿Puedo pedirte un favor? —dice sonriendo.
—Sí, claro —le respondo.
—¿Me podrías prestar tus apuntes y tu libro de literatura? Necesito ponerme al corriente pero no tengo el libro y no tengo tiempo de conseguirlo hoy.
Sin responderle, busco en mi mochila, tomo el libro y mi carpeta y se los doy sosteniéndolos con la punta de los dedos. Una parte de mí quiere rozar mis dedos con los suyos para hacer contacto con aquel chico tan fascinante y extraño a la vez, mientras que la otra parte —más racional— se resiste a sabiendas de que un simple roce bastara para que conozca toda su vida y sus pensamientos.
—Gracias, te veo mañana —se despide y me da un beso en la mejilla. En ese momento caigo en la cuenta de que nada ha pasado, más allá de un leve cosquilleo en mis dedos y en mi mejilla.
—Disculpa —dice Endo muy molesto, negando con la cabeza mientras se sienta a mí lado—. Cuando dije que te sorprenderías al verlo no lo decía literalmente. En serio, te pasaste. Fue algo así como 'Hola, soy Hiroto Kiyama y seré tu acosador número uno en el Instituto Raimon'. Agradece que no estuviera presente nuestro amigo Kazemaru porque créeme que no le hubiera gustado nada ésa escena.
Endo siguió así todo el camino, hablando y hablando sobre lo ocurrido. Yo sólo lo ignoro y mientras conduzco, mis dedos de la mano derecha trazan ausentemente la cicatriz de mi frente oculta tras los mechones de cabello que caen por mi rostro aunque aun así una pequeña parte es visible.
¿Cómo diablos podría explicar que desde el accidente, las únicas personas cuyos pensamientos no puedo escuchar, cuya vida no puedo conocer al tocarles y cuya aura no puedo ver, ya están muertas?
