Gracias a Sthefynice por el fabuloso beteo (desde que la conocí nunca me confío de mi ortografía) y a SpaceGirl por las hermosas portadas que edita con tanto empeño para una aprovechada como yo. Amor para ustedes, chicas.
Rosa: Si me dejas ir.
Parte uno.
"Si sigues sangrando, déjame decirte que eres uno de esos afortunados. Porque algunos de nosotros se nos ha prohibido el sangrar."
Había empezado la época de floración de las junimoras, un espectáculo que la granja McClain celebraba con pompa, poniendo una mesa larga en el patio trasero, decorando los árboles con luces y vistiéndose con ropa para la ocasión que combinara con la primavera.
Por algún capricho, la madre de Lance insistió en invitarlos a todos ese año y, naturalmente, nadie se pudo negar. Inevitablemente, Resultó ser una de esas reuniones que Keith no pudo saltarse, aquellas que eran importantes y significativas. Así que allí estaba él, visitando por lo que tal vez sería su quinta o sexta vez la granja McClain, con un bolso de viaje en el hombro y el peso de una culpa inexplicable en el pecho.
—¡Llegó Keith!— escuchó que Nadia, la sobrina menor de Lance, gritaba desde una ventana. Keith terminó de desbordar de su nave caza, perfectamente alineada junto a la que se suponía era la de Hunk, cuando la madre de Nadia la reprendió.
—¡Es tío Keith para ti! ¡Respeta a tus mayores! ¡Y ponte zapatos!
Ángela, la madre de Lance, salió desde el corral de las gallinas con una gran cesta de cereales y la sonrisa más sincera que sus labios podían formar en su rostro.
—¡Mijo!—ella gritó a toda voz, mientras Nadia y Silvio corrían al encuentro de Keith— ¡Keith ya llegó!
La familia McClain era ruidosa y descuidada, pero su granja, el sonido de sus animales y la suave brisa que acariciaba la faz tranquila de sus alrededores, eran un espectáculo para Keith. Amaba ese lugar, quieto, acogedor e íntimo, nada en él parecía inestable o peligroso, nada allí hería… sólo, tal vez, una cosa.
—¡Tío Keith!— Silvio se estrelló contra el pecho de Keith apretándolo en un abrazo fuerte; para tener 12 años, el chico apretaba duro. Keith devolvió el abrazo con timidez, Nadia fue la que le haló de las solapas de su chaqueta para estamparle un beso en la mejilla, como la señorita coqueta de 10 años que era.
— Te hemos esperado todo el día—ella canturreó, tomándolo de un brazo a la vez que Silvio seguía pegado a él como una garrapata.
Keith le sonrió, notando por primera vez la corona de flores alteanas que ambos niños cargaban como adornos para las festividades.
La sonrisa de Keith flaqueó, sí, amaba la granja McClain, pero había cosas en ella que le impedían sentirse cómodo. Porque incluso hasta allí llegaba la influencia de Allura, serena y perfecta, inundando todo con su presencia.
Recordándole que, desafortunadamente, nunca encajaría en ningún lugar que Lance llamara hogar.
—¡¿KEITH?!
Hubo un ruido estremecedor de charolas al caer, una vaca mugió, alterada, una tanda de insultos fue dicha en voz alta por una voz familiar y al minuto siguiente Lance salió del granero con paja en la cabeza, la camisa abierta con una sudadera abajo y las botas empapadas de leche fresca.
Con sus ojos repasó todo el camino del hangar de aterrizaje hecho de tierra, hasta que interceptó a Keith y a sus sobrinos. Keith pudo ver el exacto momento en que la gran sonrisa floreció en su rostro, con los ojos iluminados y la inclinación de esas arrugas prematuras que empezaban a embellecer su rostro con el carácter de la madurez.
—¡KEITH!
Pero no esperaba que Lance corriera hasta él como sus sobrinos.
Cuando llegó, no paró, tomó el impulso de sus largas piernas para abrazar a Keith con el obvio propósito de causarle una asfixia.
—¡Hombre! ¡No te veía desde el día de Allura del año pasado! ¿Te dejaste crecer más él pelo? Tu greña se ve horrenda.
—Gracias, Lance— su bufido hizo reír a los niños, que se pusieron a cada lado de ambos para guiarlo hasta su habitación, por alguna extraña razón, Lance no se apartó de su lado hasta que Rachel le gritó, desde algún lugar en aquella casa, que siguiera ordeñando a las vacas.
—¡YA VOY! Oh, quiznak… Keith, estaré en el granero, no tardare mucho ¿ok? Y oye—Lance se quedó en medio el umbral de la puerta mirando a Keith desempacar para quedarse aquella noche como si fuera un milagro traído del cielo—. Gracias por venir, significa mucho para mamá.
La suave expresión de Lance junto con su alentadora sonrisa hicieron que el corazón de Keith rebotara, reabriendo una herida que se suponía ya estaba cerrada.
—Sí, no ha sido nada. Todos iban a venir después de todo.
—Lo que digas, en verdad es bueno ver tu fea cara de nuevo. Ah…—masculló, bajando por las escaleras—¡Hunk está aquí abajo con Luis y Lisa! ¡Pidge no tarda en venir y Shiro ya está en camino!
Hunk ya estaba en la cocina para cuando Keith bajó, explicándole a la señora McClain cómo preparar el mejor pavo con salsa de frambuesas de la historia. Ángela era una mujer bajita y rolliza con mucho carácter, sus ojos grandes miraban los movimientos de Hunk mientras machacaba frambuesas rojas en un bol con la concentración de quien esperaba aprender al instante.
—¡Keith!—ella gritó, dándole a Keith lo que sería el cuarto abrazo aprieta pulmones desde su llegada. Ella le tomó de los cachetes y plantó dos besos en ellos, murmurando lo "joven y guapo" que seguía siendo después de tanto tiempo—¡Mírate!—exclamó, fascinada—¡Estás tan guapo como te recuerdo! ¡Pero estás tan delgado otra vez! ¿Qué planean hacer contigo en ese planeta extraño? ¿Utilizarte de palo para rascar? Sé que lo he dicho muchas veces pero ¿estás seguro de que hay algo de galra en ti? ¡Eres tan pequeño para ser uno de ellos! ¿Verdad que si Hunk?
Hunk tatareó, observando con aquella lenta y malvada sonrisa la tortura personalizada de Keith.
—¿Cómo has estado, ah? ¡Cuéntale a tía Ángela!
—No hay mucho que contar…
Como si fuera un chiste, Ángela se echó una carcajada, apretando con renovada fuerza la mejilla de Keith.
—Que modesto, mi niño. ¡Por eso eres mi preferido! Eres una ternura. Ven, siéntate. Aquí Hunk me enseña a cocinar pavo con bayas…
—Frambuesa—Hunk corrigió.
—Eso. Ten, come.
Keith tuvo que reprimir un largo suspiro cuando Ángela le colocó en frente dos trozos grandes de tarta con el pretexto de tener que "agarrar carne". Acto seguido, fue obligado a ver dos horas seguidas el proceso de preparación de un pavo relleno hasta que Shiro, su eterna salvación, llegó para rescatarle del martirio.
Después de Shiro, llegó Veronica junto a Pidge, para cuando Marco y el padre de Lance llegaran del pueblo con la despensa y el pienso para los animales, Lance ya había ordeñado a las vacas, la mesa ya estaba puesta, Coran había arribaba con extraños regalos alteanos y la mayoría paseaba por el patio con ropas frescas de campo.
Keith… él había sido arrastrado a la cocina de nuevo.
Por lo menos aquella vez era para hacer algo de provecho. La señora Ángela le había pedido que lavase los trastes con ella. Se había extendido entre ambos un fácil silencio que apenas era sofocado por los sonidos de los animales, y la cómoda charla de afuera.
A Keith le gustaba esa serenidad, la calma. La señora McClain miraba por la ventana hacia afuera, hubo risas atenuadas por el viento y ella suspiró.
—¿No te gusta? ¿Ésta tranquilidad? Me encanta que mi familia esté tan tranquila después de tanto.
Keith, dulcemente anestesiado por la abrumadora paz, le dio la razón.
—Eres un chico de pocas palabras—ella rió, enjuagando los platos en su lado del lavaplatos—, eso me gusta de ti. No miento cuando digo que eres mi favorito. Tienes algo… distinto. Hay cosas que haces, que nadie más puede hacer.
Keith frunció el ceño, inquiriendo con su expresión confusa.
Ella volvió a reír, hizo un gesto con la cabeza, señalando hacia afuera.
—Míralo—Al otro lado de la ventana, Lance estaba charlando con Shiro, explicando alguna historia con grandes gestos exagerados. Debió sentir que lo miraban, porque volteó hacia ellos y les regaló una gran sonrisa, abierta y fácil, que hizo a Keith derretirse hasta los huesos, hasta que en su pecho no palpitara nada más que el lento vaivén del irreparable cariño y, luego, la inevitable pena—, cuando Lance volvió de este loco viaje pareció que en realidad nunca hubiera regresado, mi niño alegre ya no estaba. Pero cuando estás tú… ¿no lo ves? cada vez que vienes, mi bebé puede sonreír como él de nuevo. Es casi instantáneo, apenas te ve "¡Poof!" ¡Vuelve a ser él! Es como si toda esa guerra y lo que haya vivido en ella se esfumara. Eso sólo lo has logrado tú.
Había tanta felicidad en la voz de Ángela y tanta pena en el pecho de Keith, que fue imposible no contrariarla.
—¿Y Allura…?
—¿Perdón?
Cuando Ángela se volteó hasta él, con los brazos llenos de jabón y el ceño fruncido, tan seria que parecía otra persona, Keith se preguntó si había sido un buen momento para aquel comentario. Tragó grueso, ya lo había dicho, lanzarse por completo no haría más daño.
—Él quería a Allura. Pensé que ella también lo haría sentir mejor, creí que estar aquí y rodearse de lo que ambos amaban lo haría… feliz.
La mujer bufó, destapando el corcho del lavaplatos para que el agua sucia drenara y, observando a Keith como si supiera un secreto que él no, empezó a hablar de nuevo.
—¿Allura?—cuestionó, casi decepcionada—. Niño, debes entender que obtener lo que quieres no es siempre obtener lo que necesitas, mucho menos ser feliz. Él quería a Allura, por supuesto, pero no era él mismo con ella. La quería tanto que estaba dispuesto a ser y hacer lo que fuera por ella, incluso ahora. ¿Pude detenerlo? Claro que sí. ¿Lo hice? No. Él es libre de hacer lo que quiere, él puede tomar todas las malas decisiones que crea adecuadas. Pero soy su madre y hay algo que sé sobre él y es que no necesitaba a Allura, ni mucho menos la amaba. Que dios me libre, la chica era adorable, se tenían mucho cariño, y sé que tú también le debes guardar un cariño tremendo por lo que pasaron juntos… pero sé cuándo uno de mis hijos se enamora y… Keith, sus ojos no brillaban como si su felicidad se encontrara en los ojos de ella. A veces me gustaría que la olvidara aunque sea un poco. Sería mucho más fácil para Lance, si lo hiciera. Después de todo… hay que arrancarse del pecho lo que nos lastima si queremos seguir, y ese paso lo debe dar él solo, no yo.
Keith volvió a mirar a la ventana, desde donde la familia McClain se podía ver compartir y a Lance charlar con una sonrisa grande que se había vuelto extraña en su rostro. Sopesando aquellas palabras, algo presionó dentro de su cabeza.
"Dar el primer paso" sonaba como algo bueno.
—Tú sí que lo haces feliz, él te necesita—Ángela finalizó, terminado de lavar el último plato—. Eres bueno para él—le regaló una gran sonrisa, un apretón en la mejilla y una fuerte palmada en los brazos—. Ve a la fiesta, guapo, yo seguiré con el resto.
Cuando Keith se unió finalmente a la fiesta, Lance se lanzó hacia él para conseguir una charla amistosa. Pero Verónica fue más rápida y atrapó a Keith a medio camino, arrastrándolo a la pista de baile con una sonrisa que se burlaba de él. Lance le sacó la lengua mientras le hacía mofas, y se rió de ella cuando Keith le piso un pie porque él obviamente no sabía bailar. Era Keith, después de todo.
Aun así, Verónica se las arregló para guiar a Keith en un baile lento y Lance tuvo que consolarse con refunfuñar en una esquina, apoyado en el cercado que rodeaba el lago artificial de la granja, porque, al parecer, Rachel había pedido la próxima canción con Keith.
Traicionado por sus hermanas y su mejor amigo, genial.
—Pidge…
—Ey…
Pidge no era una chica de fiestas, no tardó en unírsele y a Lance no le extrañó. Ella se apoyó, junto a él, al cercado, con su propia bebida entre las manos viendo a todos divertirse desde lejos.
—Así que… ¿qué haces aquí?
Lance levantó una ceja, miró a Pidge desde arriba con los ojos llenos de desdén.
—Veo a dos personas con pésimo gusto para los peinados bailar como pollos sin cabeza.
Aunque Pidge se esperaba una respuesta tan o más agria que esa y no planeaba avivar la llama de los celos de su amigo, hubo un pequeño lado oscuro en ella que la hizo sonreír con condescendencia antes de pronunciar lo que sería su obra maestra de ese día
—¿Ah? ¿Verónica y Keith? Creo que se ven lindos, son una buena pareja—la sonrisa de Pidge se amplió cuando vio la pequeña vena que saltó en la sien de Lance cuando el hombre tomó aire antes de chillar.
—¡Es de mi hermana y mi mejor amigo de los que estás hablando, gremlin!
—Nah, te acostumbraras. Así tal vez Keith se convierta en parte de la familia. ¿No es genial?
—¡NO! ¡Ew! Él y mi hermana es… ¡EWW!— Pidge no creyó ni uno de los gestos exagerados de Lance, con la mirada encapuchada por sus parpados lo observó renegar sin una pizca de credulidad en su sistema.
—No sé porque te molesta tanto, tu hermana ya es mayor—ella lanzó, dando un largo sorbo a su bebida, esperando a que Lance mordiera el anzuelo—, tiene experiencia en estas cosas.
—Verónica puede salir con quien quiera, por supuesto, es una persona muy madura.
Bingo, canturreó Pidge, para sus adentros.
—Entonces ¿Keith no puede salir con quién quiera?—rió, deleitándose cuando las mejillas de Lance empezaron a oscurecerse.
—Qu- NO ¡Claro que sí! Ya es un adulto ¡P-PUEDE!—Lance hizo una leve pausa, frunciendo el ceño mientras sopesaba sus propias palabras—No, no puede. Quiero decir… ¡es Keith! Míralo, probablemente no ha dado su primer beso, lo único que le interesa es la lucha y las espadas. Definitivamente no puedo ver a Keith en una relación. E-es ¡ES KEITH! ¡Es como el eterno soltero del grupo! ¡TIENE UN LOBO DE MASCOTA, PIDGE! ¡UN-LO-BO!
La lenta sonrisa de Pidge empezaba a convertirse en la más macabra de las muecas.
—Oh. Ya sabes, si tú saliste con Allura, ¿por qué Keith no puede estar saliendo con alguien de la familia?
—No metas a Allura en esta discusión—repentinamente, los ánimos de Lance bajaron como la espuma del champán. El hombre se dio la vuelta, apoyando sus codos en la madera de la cerca, viendo la suave oscilación del lago bajo la brisa de la noche—. No ahora, por favor, no hoy.
Pidge odiaba eso, odiaba como el rostro de Lance, como todo él, se volvía una versión blanda de sí mismo al mencionar a Allura.
Y si algo hacía Pidge con las cosas que odiaba, era enfrentarlas con su aterradora tenacidad.
—Sabes Lance—comenzó, con un suave susurro—, creo que tienes que parar con esto, sé que quisiste a Allura más que nosotros pero… esto ya es ridículo. No soy una experta en esto de las relaciones, me parecen tediosas, son muy… inestables. Pero admito que a veces es bueno ver a la gente que amo feliz con otra persona. Eso pensé cuando tú y Allura empezaron a salir, me parecía bien, se veían bien… aunque era extraño. Pero, no me tomó mucho darme cuenta que no era así.
—Que estás-
Lance no pudo terminar la frase para cuando Pidge ya le retaba a perder un dedo si la volvía a interrumpir—Déjame terminar.
Lance asintió, resignado a su triste destino en una charla sobre sentimientos en el rincón apartado de una fiesta, mientras recordaba a su hermosa novia fallecida y veía a su mejor amigo bailar con su hermana.
La mejor forma de pasar la noche.
—Bien— ella suspiró, retomando el hilo de su monologo, el sofocante ambiente de seriedad volvió en consecuencia—. Cuando empecé a verlos juntos, quiero decir realmente juntos, supe que no era algo bueno. Ustedes dos lucían melancólicos y callados la mayor parte del tiempo, no hubo un momento en que en verdad los viera felices. Allura… no parecía ella misma, no desde que pasó lo de…
Pidge paró, casi tropezando con las silabas por accidente.
Lance apretó el vaso de cerveza entre sus dedos y, exhalando con pura pena, mascullo un:—Dilo— ronco y seco.
—…no desde que Lotor pasó—Incluso para Pidge, la dueña de la cruda sinceridad, decirlo fue incómodo. Lance se tensó junto a ella, con los ojos empapados de seriedad, la barbilla tensa y los hombros cuadrados en una posición defensiva—. Fue importante para ella, demasiado. No importa cuánto intentó ocultarlo, creo que todos lo sabíamos. Empeoró con Horneva, ella sufría y tú sufrías por apoyarla. Todo era constantemente tú intentando ayudarla, verlo era frustrante, Lance. Aun así pensé… todos pensamos, que las cosas mejorarían cuando todo terminara, era lo que querías y pensábamos que serías feliz con eso. Luego Allura se fue y… tu no… tú no la dejaste ir…
"Déjame ir, Lance", el fantasma de una voz le susurró al oído.
—Te aferrabas—Siguió Pidge—, y dejamos que lo hicieras porque era justo que pasaras tu duelo, yo lo hice con Olkarion y agradecí la comprensión. Pero esto, ¡Wow! se te salió de las manos. No has hecho más que hacerte daño por AÑOS. ¿Dejar Garrison? ¡Era tu sueño! Lanzaste todo por la borda por cumplir TODO lo que creíste que Allura esperaría de ti. Entiendo que la amaras pero… ya ha pasado mucho tiempo. No me extraña que Keith este alejándote, estaba… tardándose.
La incredulidad se desvaneció y en su lugar la repentina rabia inundó a Lance como una ola, empapando sus ojos y haciendo temblar sus extremidades.
—¿Por qué?—gruñó—. Ustedes no lo han hecho, no les afecta. ¡¿Por qué a él sí?! ¡¿Qué diferencia hay?! ¡Es lo más cerca que lo he tenido en meses y apenas si he podido cruzar cuatro palabras con él! ¿Qué hay de malo en querer a mi amigo cerca? ¿Qué hay de malo en mí?
—No creas que no nos afecta—Pidge saltó enseguida, apuntándolo con su cerveza a medio acabar, ambos estaban acalorados y ofendidos por sus propios motivos—, eres familia para todos. Verte triste no es nuestro pasatiempo— Diablos, Pidge estaba realmente enojada. Tenía en la cara ese particular gesto que te indicaba lo cerca que estabas de despertar el hambre de justicia de Katie Holt. El mismo sentimiento que la había hecho recorrer medio universo para reunir a su familia.
Para su suerte, Pidge no había bebido tanto, así que se calmó al cabo de un minuto en silencio, arrullada por los sonidos de la fiesta lejana y la granja durmiente—. Y, Lance… — ella dudó, sus uñas rasparon el envase de la cerveza con nerviosismo, sopesando sus opciones. Lance se sorprendió cuando volteó a mirarlo con los ojos traslúcidos y sinceros, casi apenados por un terrible secreto que había guardado por años—, yo no debería ser quien lo dijera, pero… Keith quiere alejarse porque ha estado enamorado de ti todo este tiempo. Y me refiero a desde el inicio, cuando empezamos con Voltron, cuando nos salvaste de Sendak. En realidad, MUY enamorado de ti, realmente demasiado enamorado si te ha apoyado durante todos estos años con esta tontería. Supongo que es doloroso para él verte así, solo está haciendo lo más sano para él, está intentando olvidar.
"Lo vas a perder, Lance."
No.
No había manera.
Volteó a mirar a Keith en la pista de baile que, para ese momento, ya intentaba guiar a Rachel en un movido baile que a su hermana melliza le encantaba.
Keith apenas sonreía, concentrado en sus pasos titubeantes. Coran lo alentaba desde la mesa y Shiro había sacado a su prometido a bailar mientras Hunk devoraba todo.
La escena era muy normal. Era Keith, su amigo, fallando en otro intento de encajar socialmente como un humano promedio, porque si en algo no era bueno, era en no ser… común.
Keith no podia…
No Keith.
¿Keith…? Su Keith, suyo, su-
No…
No había posibilidad.
—Esto no es gracioso, Pidge.
Pidge no se inmutó, ninguno de los músculos de su rostro mostró el más mínimo gesto de engaño.
—No miento, es la verdad.
Lance negó, anonadado. Ella suspiró y lo dejó solo para que se reconciliara con sus pensamientos, palmeando la madera de la cerca antes de mirarlo a los ojos con la irrefutable seguridad de haberle dicho la verdad. Y así, dándole fin a su incómoda conversación, Pidge se integró a la fiesta de nuevo, dejando atrás a Lance, hundido en la lejanía, entre flores olorosas que le recordaban al pasado y el calmado lago, cuyas aguas yacían tan imperturbables como la descarada revelación.
Al contrario de lo que hubiese hecho en su adolescencia, Lance no corrió hacia Keith para verificar los hechos. En su lugar, se mantuvo callado y no volvió a intentar charlar con Keith toda la noche, demasiado turbado como para siquiera mirarlo al rostro sin avergonzarse.
Keith se tomó el permiso de interpretar aquello como una razón más para aceptar el inevitable cambio.
"Algunos no estuvimos allí, morimos antes de descubrir la verdad"
La tan esperada boda fue en otoño, al aire libre, en una pequeña isla apartada que Shiro había alquilado en el pacífico con sus honorarios de Capitán de ALTAS. El clima era agradable y la boda fue, en palabras de Coran, excepcional.
Lance había estado feliz de asistir a una boda después de tanto tiempo y de volverse a reunir con caras conocidas de Garrison o la Coalición. Muchos lo reconocieron como el Paladín Azul de Voltron y él se regocijó un poco con la atención extra, pero debió despedirse rápido para sentarse con su familia, justo a tiempo para empezar.
La ceremonia civil fue corta y emotiva, Keith, vestido con un traje blanco, era uno de los padrinos, ocupando el puesto como familiar de Shiro, y una mujer desconocida de tez oscura era la madrina escogida por Curtis. Hubo llanto, un apretado sentimiento de alegría reverberó en la pequeña bahía cubierta de piedra blanca cuando se levantaron para aplaudir la unión. Lance no se sorprendió cuando Hunk se acercó a él y le dio un abrazo apreta-huesos mientras lloriqueaba.
—Wow— Coran no estaba mejor, con un pañuelo secaba sus lágrimas y miraba a la pareja dar su primer beso de casados—, nunca había estado en una ceremonia de unión humana, ¿siempre son tan emotivas?
Hunk sollozó un alto "no", aun aferrado a la chaqueta de Lance.
—¿Por qué no me sorprende encontrarlos llorando, Keith?—Pidge fue la primera en acercarse a los tres, engalanada en un traje a la medida y sonriendo. Keith, a su lado, tampoco estaba llorando.
—Porque apostaste 500 créditos con Ezor y Zethird asegurándoles que llorarían antes del primer vals.
—Ezor y Zethird en verdad les tienen mucha fe si creyeron que llorarían después—Pidge se carcajeó.
Lance se sintió repentinamente en la punta de un iceberg tambaleante cuando Keith se unió a la conversación. No había nada distinto en él más que la cola de caballo suelta y la vestimenta elegante, pero la nueva luz con la que Lance lo veía fue suficiente para hacerlo tartamudear.
—Y-yo NO estoy llorando. ¡Son Coran y Hunk los que están llorando!
—Dile eso a mis 500 créditos—siguió riendo Pidge, aligerando el ambiente con su jocosa carcajada. Hunk protestó por apostar a sus espaldas, pero Pidge le apaciguó con la promesa de comprarle algo lindo en el centro comercial más cercano, cuando ocurrió.
Fue muy casual, en realidad. Lance estaba entretenido en debatir con Pidge sobre por qué llorar en una boda no era algo de lo que avergonzarse cuando una figura se acercó por el rabillo de sus ojos, hacia la posición donde estaba Keith, y se inclinó.
Lance sólo le echó una ojeada casual, pudo distinguir las grandes manos sujetando los hombros de Keith y una cabeza de cabello violeta pálido sujeto en una larga cola inclinarse peligrosamente cerca del rostro de Keith, para decirle algo al oído.
Y Keith, Keith sólo recibió aquel gesto íntimo con neutralidad, apoyando una de sus manos contra una de las que estaba apoyada en su hombro, empequeñeciendo las propias por mucho.
Lance volvió a discutir encarecidamente hasta que su cerebro pudo procesar con propiedad la información. Dudó, mirando a Pidge con los ojos grandes y se volteó para comprobar que realmente había visto aquello.
—Espera, espera… ¿Tú quién eres? ¿Keith, quién es él?— Toda la atención fue volcada en un solo segundo a Keith y el nuevo galra, aún estaban reclinados sobre el otro, compartiendo una especie de charla privada, ajena al revuelo de la boda, cuando fueron interrumpidos.
—Ah—Keith masculló. Apartó discretamente su mano de la del otro galra, pero este siguió apretando a Keith a su costado con una apenada sonrisa. A Lance no le gustaba.
No le gustaba, nada.
Porque… ¿Quién podría abrazar a Keith con tanta soltura? Obviamente a Keith no le gustaban esa clase de cosas en público, menos de un extraño porque… debía ser un extraño.
—Este es Vrokak—señaló Keith, con una especie de resignación en su voz—, es mi…
Duda.
¿Desde cuándo Keith dudaba?
—Soy su cortejante—se rió el galra. Era alto, guapo y enorme, llevaba un traje galra que acentuaba sus hombros anchos y resaltaba su figura imponente, tan gallardo y confiado que resaltaba como un farol por sobre el ligero marco de Keith.
—Es un placer—Coran fue el primero en felicitar a Keith y Vrokak, Pidge miró a Lance con una extraña mirada en sus ojos antes de balbucear un saludo amigable y Hunk, tartamudo, pronunció la palabra "cortejo" varias veces antes de cerrar la boca y entender.
—¿Cortejante? Co-como…
—¿Un novio?—Lance no pretendió que sus palabras fueran pronunciadas con tanta dureza, pero la burbujeante sensación del desagrado ya subía por su pecho y se asentaba con fuerza—¿Son novios? Keith, ¡¿tienes novio?!
Casi como para aumentar la extraña sensación desagradable que hervía en las venas de Lance, el galra intruso se rió, con voz clara y divertida.
—En nuestra raza ese es un término muy importante como para calificar lo que tenemos ahora—empezó, afianzando su agarre a los hombros de Keith con tanta naturalidad que asustaba. Casi como si ya hubiesen compartido ese gesto mil veces antes. Lance intentó no fruncir el ceño, pero lo hizo—, el noviazgo es para aquellos que están acoplados y seguros de comprometerse a una unión bajo las leyes de los dioses. Keith y yo, sólo estamos cortejándonos oficialmente. Aunque, si todo va bien…
El galra descarado, a opinión de Lance, le sonrió a Keith en un gesto de complicidad, Keith hizo una mueca que pretendió ser una sonrisa y volvió su mirada con el suficiente cuidado de no cruzar sus ojos con Lance, eso simplemente colocó a Lance en un estado más elevado de inexplicable disgusto.
—La recepción ya va a empezar—Keith tosió, apuntando hacia donde todos empezaban a conglomerarse para disfrutar la fiesta y el primer vals.
Siguieron a la multitud en un tenso silencio, durante el cual, Lance analizó con absoluta concentración la espalda del nuevo integrante del grupo. Desde sus orejas puntiagudas, su cabello perfectamente arreglado y la cola ancha que sobresalía por debajo del corte de su traje.
—Veo que te equivocaste—le recriminó a Pidge, cuando la dichosa nueva pareja se distanció lo suficiente como para hablar en voz baja sin ser descubiertos—, Keith no tiene muchos problemas con el amor.
Lance ni siquiera sabía por qué estaba disgustado. Se suponía que aquello era bueno, si en verdad no le gustaba a Keith significaba que podían ser amigos normales de nuevo, ¿cierto?
—No me equivoqué, deja de volcar tu amargura en mí.
—¿Le dijiste?—Hunk susurró, alarmado—¡Quedamos en que no le diríamos! ¡Lo prometiste!
—¿Sabían de esto ustedes dos?—Lance no podía creerlo, dos de sus mejores amigos, guardando secretos tan grandes en sus narices—¡¿Cómo pudieron-
—Shhh.
El primer baile de los novios había empezado y Coran los calló. En su extraña y seria mirada había una declaración tácita, Coran también lo sabía.
Todos lo sabían, como un secreto a voces callado voluntariamente por años para mantener el status quo de una relación pesarosa.
Y el que Keith apareciera en esa fiesta con una pareja unida al brazo era simplemente un sutil anunció que debía sobreentenderse por todos y cada uno de ellos.
El problema es que Lance no sabía qué hacer con eso.
"Entre medio del comienzo y el desastre definitivo"
Para la boda, todos se habían encargado de preparar un regalo que volvió la recepción una noche inolvidable: Hunk había hecho un banquete especial en honor a la pareja, Coran había prestado una orquesta alteana entera y Pidge había estado a cargo de las flores junto a su madre. Lance no había podido dar un gran regalo, pero había prestado la mayoría de los ingredientes de la granja, además de un pequeño espectáculo pirotécnico.
Keith, como el padrino, logró lucirse ofreciendo un rápido vuelo sincronizado en naves caza de guerra, adaptadas para dejar humo resplandeciente a su paso.
Y a pesar de lo hermosa que lució la velada, Lance no disfrutó nada.
—¿Cómo puede estar tan feliz?
—Aquí vamos otra vez—barbulló Verónica, con su bebida entre las manos y la expresión más agria que la de un limón—Lance, que Keith sea tu mejor amigo no lo hace un mojigato virgen. Se consiguió un novio, supéralo.
—Oh, no. NO. Verónica, ES KEITH. ¿Keith con un novio? NO, definitivamente hay algo malo allí.
—¿Sigue lamentándose?— Rachel se acercó a la mesa de aperitivos por quinta vez para comprobar el estado de ánimo de su hermano.
—No me lamento—gruñó, se metió un camarón en la boca de mala gana y barbulló un par de palabras entre dientes—, un novio, ni siquiera pudo decírmelo antes, el muy ingrato.
—Lance, ¿en verdad pensaste que Keith estaría tras da ti todo el tiempo?—Rachel lucía incrédula—. No iba a estar enamorado hasta que te dieras cuenta. Perdiste tu oportunidad, deja que alguien más lo disfrute.
—¿Tú también lo sabías?
Lance no podía creerlo, incluso sus propias hermanas.
—Creo que todos lo saben, bastaba con verlo mirarte—susurró Veronica, con una repentina melancolía en su rostro— Pero ahora, bueno…
Ella apuntó hacía un lugar particular de la fiesta, en donde Curtis y Shiro charlaban amigablemente con Keith y Vrokak, el galra se inclinaba junto a Keith, sonriéndole y, por un breve momento, Keith le devolvió una tímida sonrisa.
Lance sintió que el alma se le caía a los pies con tanta rapidez como para dejarlo sin aliento.
—Luce feliz, ¿le puedes negar eso porque no te gusta cómo se ven?— finalizó Veronica.
Lance sabía que no. Él nunca podría interponerse, él ni siquiera sabía qué sentía por Keith más que el profundo sentimiento de amistad.
Bien.
Apretó los puños, con el ceño fruncido, acallando el pegajoso sentimiento que burbujeaba su pecho, rugiendo como una bestia furiosa.
Si Keith quería irse, si quería elegir otro camino, si quería alejarse y nunca volver… sacrificar su amistad por ello, estaba bien.
Lance estaba dispuesto a perder a alguien más, tenía todo lo que necesitaba en casa y Keith no era una de esas cosas.
Esa noche, volvió a soñar.
De nuevo, en el prado distante, con las flores marchitas, el suelo inestable y la desesperación de la soledad, la incertidumbre celosa y sofocante que consumía su cuerpo al correr hacia Allura.
Por supuesto que soñó con Allura. Tan furiosa, tan inalcanzable y tan lejana como siempre. Con los ojos azules indolentes ante su sufrimiento.
Y, sin embargo, tan hermosa como la recordaba, con sus rizos perfectos y su rostro hermoso. Todo en ella era tan perfecto que simplemente dolía en su corazón tenerle tan cerca una vez más y no poder tocarla, no poder besarla o siquiera escuchar de nuevo su melodiosa risa.
"Déjame ir Lance, deja de hacerte daño."
—¡NO!—Lance sollozó, casi gritando. Sus extremidades temblaban, exhaustas y tambaleantes mientras luchaba contra la baba negra del suelo, que se aferraba con saña a cada parte de su cuerpo. La desesperación, el miedo, todo palpitaba con fuerza en sus sentidos—¡ERES LO ÚNICO QUE TENGO! ¡ERES LO ÚNICO QUE AMO! ¡Vuelve! Por favor… por favor.
Sus lágrimas dolían contra sus mejillas, estaba cansado y solo. Aterrado.
Allura, su amada Allura era lo único que le quedaba, la única que habría entendido. Sólo necesitaba un toque, una breve caricia, sólo eso, algo con lo que pudiera consolarse y aguantar un poco más.
—Por favor, Allura, vuelve. No me dejes una vez más, ya todos se han ido, ya nadie queda… nadie piensa que- nadie cree que yo… por favor, te necesito.
Hubo un silencio extraño, uno que se extendió con imparable fuerza a través de la baba negra y los sollozos lejanos.
"Ya yo te dejé, hace mucho tiempo, y no estoy dispuesta a volver. No por ti."
Despertó llorando en la cama de la pequeña cabaña de invitados en donde los habían alojado. Debido a que compartían cama para ahorrar espacio, Rachel se despertó con él. Ella suspiró cuando vio sus lágrimas, y le preparó un té.
No hizo un esfuerzo por preguntar, ya estaba acostumbrada.
Notas:
¡Finalmente! Después de años: ¡Lance ya lo sabe! Claro, no ha sido en las mejores circunstancias pero deben entender que él está un poco perplejo, aún ama mucho el recuerdo de Allura y está aún muy centrado en lo que vivió con ella. Siento que Keith siempre fue terreno inestable para él y no lo ha dejado de ser aún después de tanto tiempo, eso es lo que le asusta y Vrokak no mejora la situación.
Quiero darle un super agradecimiento a Betabel por haber dejado un review, me ha vuelto la chica más feliz del mundo en el momento que llegó la notificación, porque obtener un review en fanfiction se ha vuelto cuesta arriba para mí como ficker. Y, por eso, he intentado en lo posible escribir todos mis fics por completo antes de publicarlo y así no desanimarme con mis historias ¡Muchas gracias! Por personas como tú, pienso que en verdad vale la pena publicarlo. Así sé que, por lo menos, alguien se complace leyéndolo. Espero que te siga gustando la historia tanto como a mí.
También gracias a cualquiera que lea, es un placer entretenerles.
P.D. Les invito a mis redes sociales para que les echen un vistazo a una ilustración de Vrokak que hice, aparezco bajo el seudónimo de Gema Talerico en Twitter y Instagram, en Facebook me pueden encontrar como "This is Gema" y en Tumblr como "It`s me, Gema!".
