Esta historia está inspirada en la novela "A song of ice and fire" del escritor George R. R. Martin. Por ende, los personajes no me pertenecen, ya que son propiedad de George R. R. Martin.

"Winter on fire"

Capítulo 2

Me habían contado que el invierno en Westeros era muy severo y rudo con los foráneos que se atrevían a poner un pie sobre su tierra en esa época del año. Por mí necedad y terquedad, decidí dar un pequeño paseo por Invernalia para comprobarlo por mí misma. Y claro que lo hice, ya que no hubo duda de ello una vez que me detuve sobre el balcón principal para poder observar lo que pasaba en el hogar de Jon Snow haciendo que la fría brisa chocará contra mi rostro sin piedad y provocando que soltara un leve estornudo por su culpa.

—¿Se encuentra usted bien?—preguntó Missandei para captar mi atención.

—No te preocupes—respondí una vez que me recuperé de mi pequeño incidente. —Es sólo que no estoy acostumbrada a esta clima—agregué sonriendo levemente.

Más bien jamás había presenciado y, mucho menos, sentido el frío en contacto con mi piel hasta ahora. Volví mis ojos en dirección al pequeño terreno que se encontraba delante de mí sólo para descubrir la silueta de Jon Snow en compañía de uno de sus consejeros mientras jugaba con su lobo de pelaje blanco. De alguna manera el verlo en un estado de diversión, provocó que sonriera ampliamente ante la escena.

—Su nombre es Fantasma—dijo Sansa Stark, una vez que se detuvo a unos cuantos pasos de mi presencia provocando que volteará ante el llamado de su voz.

Una vez que lo hice descubrí que no se encontraba sola, ya que estaba en compañía de su escolta personal.

—Creo que ese nombre le sienta bien—repliqué despegando mis manos del barandal para voltear mi cuerpo completamente a su dirección.

—Me temó que no nos han presentado oficial y apropiadamente—sostuvo directamente su mirada—Mi nombre es Sansa Stark—dijo inclinando finamente su cabeza en señal de cortesía—Y ella es Brienne de Tarth, mi escolta personal—agregó señalando con la palma de su mano a la mujer alta y rubia que se encontraba con ella.

—Su alteza—imitó a su protegida e inclinó un poco su dorso y cabeza en señal de cortesía y respeto—Es un placer conocerla, finalmente.

—El placer es todo mío, Lady Sansa, Lady Brienne—repliqué moviendo levemente mi cabeza conforme mencionaba sus nombres.

—Están ante Daenerys de la Tormenta de la Casa Targaryen, la Primera de su Nombre, Reina de Meereen, Reina de los Ándalos, los Rho…

Interrumpí bruscamente a mi dama de compañía elevando la palma de mi mano para que detuviera el largo titulo que caía sobre mis hombros.

—Daenerys Targaryen—solté de golpe—Sólo Daenerys—reafirmé mirando la expresión de confusión y asombro en el rostro de Sansa ante mi inesperada decisión.

El silencio se hizo presente por unos leves segundos apoderándose del ambiente.

—Cómo lo desee, su alteza—salió de sus rosados y finos labios.

Le sonreí ampliamente.

—Desearía hablar en privado, sí me lo permite—confesó clavando sus ojos azules, suplicando.

—Por supuesto—dije extendiendo mi mano para después agregar:—Acompáñame, irem…

No pude terminar la oración, ya que Sansa me lo impidió.

—Sí no le molesta, desearía que nos quedáramos aquí—se volteó en dirección a dónde aún se encontraba su hermano mayor en compañía de su lobo—El invierno es mi época favorita.

Solamente pude juntar mis labios para darle entrada a una sonrisa mucho más amplia de lo normal.

—Cómo lo desee, lady Sansa—me volteo para ver a mi dama de compañía.

Missandei sólo necesito interpretar mi mirada para asentir con su cabeza y comprender que deseábamos estar a solas, así que emprendió camino junto a Lady Brienne lo más antes posible para dejarnos hablar.

—Debo confesar…—comenzó a hablar sin despegar sus ojos de enfrente—…que me es imposible creer que haya atravesado los mares en busca de aliados y haya convencido a Jon de aceptar su alianza—por fin se atrevió a verme directamente a los ojos—En pocas palabras, no sé si pueda confiar en usted.

De alguna forma, las palabras y carácter de Sansa Stark, me hicieron recordar los días que pasé en busca de conquistar y liberar las ciudades repletas de esclavos. Durante mi viaje aprendí a no confiar en nadie, ya que eso evitaría ser traicionada, nuevamente, por las personas que menos lo esperaba y en las que confiaba, cómo lo hice con Jorah Marmot. Sin embargo, había hecho excepciones, cómo con Tyrion Lannister.

—Te comprendo, Sansa Stark—le dije—Comprendo el hecho de no confiar en mis intenciones sobre tu casa noble. Créeme que yo, en tú lugar, pensaría exactamente lo mismo. No me sorprende el hecho de que quieras proteger a tu gente de un desconocido, cómo lo soy yo en estos momentos—le sonreí.

Ella me miró fijamente sin intenciones de emitir palabra alguna, sólo por ese instante.

—Pero déjame decirte que mi alianza con tu hermano Jon es con el único propósito de liberar los siete reinos del caos y desgracia que puede traer el mandato de Cersei Lannister, y para eso, los necesito a mi lado—le confesé—Sí no confías en mi persona por ahora, confía en mis palabras, Sansa—terminé de decir mientras tragaba un poco de saliva.

Al escuchar mis palabras suavizó las expresiones de su rostro para meditar por unos segundos y soltar un leve suspiro de resignación.

—Le ruego me disculpe—soltó de golpe mientras bajaba la mirada—Es sólo que todo esto me parece un hermoso cuento de hadas, después de todo lo que ha causado ese maldito Trono que todos quieren poseer—elevó su vista nuevamente a mi dirección.

Quedé en silencio por unos leves segundos antes de poder reaccionar adecuadamente ante sus sinceras disculpas.

—No tienes porque disculparte—le sonreí levemente—Aunque no me creas, comprendo el temor y desconfianza que sientes en estos momentos, Sansa Stark, la niña que por la supuesta traición que su padre cometió a la corona, fue juzgada sin piedad. Comprometida con Joffrey Baratheon, pero reemplazada al poco tiempo para ser casada con Tyrion Lannister—continué hablando sin perder su vista—Sólo para después ser acusada junto a su esposo de la muerte del rey hijo de Cersei Lannister provocando que huyeras y cayeras en las manos de los Bolton.

Sansa no fue capaz de hablar una vez que terminé con mi pequeño relato sobre su pasado. De alguna manera las facciones de su rostro le dieron entrada a una expresión de horror y miedo, la cual no pude ignorar. Sin embargo, encontró el valor de replicar apropiadamente.

—¿Puedo preguntar cómo sabe todo eso sobre mí?

—Digamos que tengo personas bajo mi mando que conocen perfectamente las historias que se desprender de cada uno de los miembros de la casa Stark—respondí mirándole delicadamente—Afortunadamente sé muchas cosas.

— ¿En realidad saben todo? ¿Poseen dones especiales? ¿Podrían también desecharse lo que hecho está?—preguntó rápidamente sin dudarlo.

Pude ver la desesperación a través de sus ojos al momento de formular cada una de las preguntas, cómo si una respuesta positiva pudiera salvar su vida de alguna tragedia.

—¿Hay algo de lo que te quieras deshacer, Lady Sansa?—le respondí con otra pregunta sin dejar de verle directamente.

La pelirroja tragó un poco de saliva ante mi inesperada pregunta, la cual provocó que desviara su mirada, como si tratara de ocultar algo muy importante, y a la vez algo muy trágico. Estuve a punto de volver a formular una pregunta, pero la llegada de Jon nos interrumpió vilmente.

—Daenerys, Sansa—salió de sus finos labios para romper el momento, y así, captar nuestra atención.

—Jon—incliné levemente mi cabeza en señal de saludo.

Jon Snow me imitó en compañía de una leve sonrisa para después ver directamente a su hermana, Sansa.

—Gracias por su tiempo su majestad—dijo Sansa para captar mi atención nuevamente. —En verdad es un placer contar con su alianza—terminó de decir inclinándose delicadamente ante mi presencia.

Una vez que se terminó su pequeña reverencia, me miró directamente a los ojos, y pude sentir la desesperación que había en ellos.

—Sí necesitas algo, no dudes en venir a verme—le dije tratando de hacerle saber que le ayudaría en cualquier cosa que ella necesitará.

Sansa me sonrío levemente para después ver a su hermano y retirarse del lugar dejándonos completamente a solas. No pude despegar mis ojos de la dirección adónde se marchó la pelirroja, hasta que la voz de Jon Snow se atrevió a captar mi atención.

—¿Todo bien?—me preguntó.

Volví mis ojos hacia donde se encontraba y me topé con sus negros ojos viéndome fijamente.

—Por supuesto—respondí sonriendo levemente—Nos estábamos conociendo. Es un encanto.

Jon dibujó una pequeña, pero amplia sonrisa ante mi último comentario.

—Veo que decidiste dar un paseo por el lugar—me dijo—¿Me permites ser tu guía?—me ofreció su brazo mientras esperaba por mi respuesta.

No había duda de que Jon Snow era el claro ejemplo de la caballerosidad y nobleza juntas. Tanto que no me esperaba su delicada petición. Le miré a los ojos directamente y le mostré mi dentadura.

—Claro, su majestad—le respondí mientras hacía una pequeña reverencia ante su presencia para después entrelazar mis manos alrededor de su brazo.

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Aún sostenía mi teoría de que el invierno era muy cruel conmigo. Su brisa chocaba con más intensidad contra mi piel desnuda cada vez que daba un paso en compañía de Jon Snow provocando escalofríos en todo mi cuerpo. Era irónico, ya que mi temperatura corporal se adaptaba muy bien a cualquier tipo de clima. Sin embargo, en este momento me traicionó vilmente, y provoco que hiciera mucho más fuerte mi agarre contra el brazo de Jon Snow.

—¿Te encuentras bien? —preguntó una vez que detuvo el paso para verme directamente.

—Lo siento mucho… es sólo que el clima de Invernalia no está siendo muy amable conmigo—le respondí mientras sonreía torpemente, pero un leve estornudo estropeó mis intentos de ser fuerte ante el frío y pretender que eso no me detendría en ningún momento.

Pude sentir cómo mi temperatura corporal fue en aumento, una vez que logré sentir el saco de pelaje negro de Jon Snow sobre mis hombros.

—Esto ayudará a que soportes el frío.

Quedé en silencio por un segundo antes de reaccionar adecuadamente ante su inesperada acción. Le miré directamente a los ojos sólo para descubrir que él también lo hacía.

—Gracias—fue lo único inteligente que salió de mis labios en perfecta combinación de una torpe sonrisa.

Jon me miró fijamente mientras sostenía su encantadora, pero tímida sonrisa ante mi presencia. Sin embargo, la llegada de su lobo de pelaje blanco interrumpió descaradamente el encuentro de nuestras miradas.

—Con que ahí estabas—soltó Jon una vez que volvió su mirada directamente hacia su lobo.

Se arrodilló lo justo para quedar a la misma altura de su compañero, le sobó el bello pelaje blanco de su lomo mientras no paraba de brincar ante su contacto. No pude evitar soltar una pequeña carcajada ante la encantadora escena que mis ojos estaban presenciando en ese momento.

—Su nombre es Fantasma—me dijo Jon sin dejar de jugar con su pequeño amigo.

—Es un nombre muy adecuado para el color de su pelaje—repliqué.

—¿Quieres intentar acariciarlo?—me preguntó una vez que posó sus ojos negros directamente hacia mi dirección.

No me esperaba esa propuesta de su parte y tardé en reaccionar ante su pregunta.

—¡Oh! Yo no creo que se deje acariciar por un desconocido—respondí evitando el posible rechazo de Fantasma—Además no creo que sea buena idea—agregué soltando una leve risita de nervios.

Jon continuó acariciando a su lobo, se detuvo por un segundo y extendió su mano a mi dirección.

—No te preocupes. Yo te ayudaré.

Dudé por un segundo en aceptar su mano, pero algo en su mirada me hizo saber que sus intensiones y palabras eran totalmente sinceras.

—Está bien—le dije tomando su mano.

De un sólo movimiento me encontré en la misma posición de Jon Snow con mi mano sobre el pelaje de Fantasma. También pude sentir el delicado calor que desprendió la palma de su mano sobre la mía mientras me ayudaba a acariciar el pelaje de su lobo blanco.

—Le agradas—me dijo Jon dejando libre mi mano para que continuará acariciando a su lobo por mí misma.

Solté una leve sonrisita por el simple hecho de haber sobrevivido en mi primer intento de establecer un contacto decente con el lobo blanco. Y claro que lo fue, inclusive Fantasma empezó a brincar en su lugar y a juguetear conforme seguía acariciando su pelaje, tanto que se abalanzó sobre mi cuerpo y provocó que cayera de espaldas sobre la nieve, pero el cuerpo de Jon Snow me lo impidió por completo, ya que terminamos juntos sobre la nieve, mi cuerpo sobre el suyo.

—Lo siento mucho—salió de mis labios una vez que mis ojos se encontraron a unos cuantos centímetros de distancia de los suyos.

—¿Te encuentras bien?—preguntó mientras dibujaba una sonrisa sobre sus labios.

Mi corazón se detuvo por unos microsegundos al presenciar nuevamente su encantadora, pero tímida sonrisa sobre sus finos labios.

—Sí—respondí soltando una carcajada por el incómodo momento.

Jon se unió rápidamente a mi carcajada para seguir riendo como locos sin intenciones de abandonar la nieve por un momento. Sin embargo la voz de Ser Davos interrumpió, otra vez, nuestro momento y provocó que nuestras miradas se dirigieran a su dirección.

—Su alteza, milady—dijo inclinándose levemente en señal de lealtad.

De un rápido movimiento nos encontrábamos nuevamente de pie sacudiendo los restos de nieve sobre nuestras vestimentas.

—Ser Davos—dijo Jon recobrando nuevamente su seria expresión en su rostro mientras aclaraba su garganta.

Traté de ocultar una leve risita ante su repentino cambio, el cual fue imposible que Ser Davos haya podido ignorar. Cuando mis ojos se encontraron con el fiel soldado de Jon Snow, solamente le pude sonreír ampliamente. Él por su parte inclinó levemente su cabeza a mi dirección para después posar sus ojos sobre Jon Snow.

—Lamento interrumpir, mi señor, pero tenemos asuntos que discutir—sostuvo fuertemente la empuñadura de su espada.

—Cierto—dijo al mismo tiempo que afirmaba con su cabeza y volvió su mirada hacia mi dirección—¿Vamos?—me preguntó una vez que extendió su mano para indicarme el camino.

—Claro—respondí mientras emprendía camino junto a Jon y Ser Davos hacia el cuarto de reuniones de Invernalia.

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Por las noches el frío era más severo que de costumbre. No había podido borrar de mi mente el recuerdo de los finos labios de Jon Snow dibujando una encantadora, pero tímida sonrisa. En verdad que había algo en ese hombre que me hacía creer que él era totalmente diferente en los demás, inclusive pude sentir la honestidad en su persona cada vez que nuestros ojos se encontraban. Miré mi reflejo en el espejo que se encontraba frente de mí mientras cepillaba mi cabello, sin lograr de apartar la silueta de Jon Snow de mis pensamientos, pero el sonido de la voz de Missandei logró hacerlo por mí.

—Mi reina, lamento interrumpir, pero Lady Sansa solicita hablar con usted, nuevamente—dijo mientras se encontraba de pie a la entrada de mi habitación.

Solamente pude asentir con mi cabeza en señal de aceptar su petición. Missandei se apartó de la entrada de mi habitación para dejar a Sansa entrar definitivamente. Una vez que lo hizo, cerró la puerta tras de ella dejándonos completamente solas, por segunda vez en el día.

—¿En qué te puedo ayudar, Lady Sansa? —le pregunté levantándome de mi lugar sin intenciones de moverme.

—Perdoné mi atrevimiento, yo sólo…—habló entre pausas—…no debí venir, discúlpeme, milady—se dio la media vuelta para emprender viaje a la salida, sin embargo, le detuve.

—Sansa—se detuvo por un momento ante el sonido de su nombre—Cuándo te dije que podías acudir a mí para lo que necesitaras, lo decía en serio—le dije mientras me atreví a dar unos pasos en su dirección.

Ella volteó lentamente al escuchar mis últimas palabras y pude ver a través de sus ojos la desesperación de esa misma mañana.

—Dicen que tiene personas bajo su mando con dones especiales—dijo, una vez que posó sus ojos azules sobre los míos—¿Esos dones pueden deshacerse de lo que está creciendo dentro de mi vientre?

Su última pregunta me tomó por sorpresa, tanto que provocó que abriera mis ojos como platos ante su inesperada confesión.

—¿Qué?

—Usted sabe todo sobre mí—dijo a punto de llorar—Entonces sabrá sobre mi desagradable y desafortunado encuentro con Ramsay Bolton.

Lo sabía, pero lo que no sabía era el daño que esa relación había dejado en Sansa Stark.

—Sí—dije mientras caminaba rumbo a la cama y tomaba asiento a la orilla—Siéntate conmigo, por favor—le sugerí una vez que extendí mi mano en señal de que había un lugar disponible para ella.

Sansa dudo por un momento, pero accedió a mi petición de tomar asiento a mi lado.

—Usted me dijo que me ayudaría en cualquier cosa—habló para captar mi atención—Entonces ayúdeme con esto, por favor—suplicó mirándome directamente a los ojos.

—Y lo sostengo—le dije rápidamente—Pero para serte honesta no me esperaba este tipo de petición.

Sansa me miró fijamente sin intenciones de despegar sus ojos azules de los míos.

—Por favor—comenzó a hablar—Usted no sabe el desprecio y odio que siento cada vez que pienso en que, el muy bastardo aún sigue dañándome, inclusive después de muerto—desvió su mirada de suplica por un momento—Sólo el hecho de pensar que esta criatura que crece en mi vientre lleva su sangre, me revuelve las tripas—volvió sus ojos a mi dirección—Por favor—suplicó nuevamente.

—Te equivocas—dije espontáneamente—Sé perfectamente cómo te sientes, sé perfectamente el desprecio y odio que sientes por culpa de un hombre que no tuvo escrúpulos en abusar de ti sin importarle el daño que causara. Más sí fue tu propio hermano quién te vendió como si fueras un trozo de carne para conseguir lo que deseaba—pausé por un momento para tomar una leve bocanada de aire—Sin embargo, en mi caso, al hombre al que fui vendida, recapacitó y por un momento en mi vida me sentí protegida y parte de una familia—recreé esos momentos en mi mente—Pero déjame decirte que ese bebé que crece dentro de tu vientre no tiene la culpa de los errores que cometió su padre.

Sansa detuvo sus lágrimas por un momento para meditar mis últimas palabras.

—¿Alguien más lo sabe? —le pregunté.

—No. Solamente usted—respondió secándose las lágrimas con la ayuda del dorso de su mano.

—¿Piensas decírselo a Jon? —le volví a preguntar esperando respuesta positiva.

—No, por favor—respondió alarmantemente ante mi pregunta—No sabe la vergüenza que sería verle a la cara y decirle la verdad.

—No tienes por qué avergonzarte, no fue tu culpa, Sansa.

Bajé la mirada por un segundo sin saber que más decir respecto a su petición. Pero gracias a los Dioses logré reaccionar adecuadamente.

—Sansa, sí quieres arrebatarle la vida a un pobre inocente, te ayudaré tal y como te lo prometí.

Sansa volvió sus ojos sobre los míos y me dejó ver una atónita expresión en su rostro.

—Pero sí cambias de opinión, te prometo que acogeré a ese inocente en mis brazos y lo criaré bajo mi tutela, sí en verdad no lo quieres a tu lado—le dije sin intenciones de apartar mis ojos de su rostro.

—¿En verdad haría eso por mi?—por fin se atrevió a preguntar.

—¿Acaso he hecho algo para demostrarte mi falta de palabra?—le contesté con otra pregunta.

Aun no… por supuesto que no.

—Además, recuerda que muy pronto voy a ser parte de tu familia—sonreí ampliamente— En verdad puedes contar conmigo en lo que sea, Sansa Stark.

Ella sonrío débilmente ante mis últimas palabras. Se levantó de su lugar y caminó rumbo a la salida, pero logré detenerla ante el sonido de mi voz.

—Por favor, te pido que lo pienses, sólo por esta noche—le sugerí, casi suplicando.

Sansa volteó nuevamente para verme a los ojos y asentir positivamente ante mi petición. Una vez que lo hizo, salió definitivamente de mi habitación, dejándome completamente sola.

Continuará…

Notas de la autora (LiLiCo): Muchas gracias por sus follows ,favorites y sobre todo reviews que he recibido por parte de ustedes. En verdad, me alegra mucho que disfruten de este pequeño Fic sobre una de mis parejas favoritas. Espero y hayan disfrutado del nuevo capítulo que redacté con mucho entusiasmo para ustedes. Ya sabes, sí les gusta, no olviden dejar su comentario. Eso, es lo que más me gusta de redactar y compartir mis fics: Leer sus opiniones.