Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad del gran y adorado Masashi Kishimoto, sin embargo la trama es de mi dominio.

Pareja: SasuSaku

Fiction Ranking: M, mayores de 16 años

Summary: Sasuke tiene el peor trabajo de todos. Tan sólo es un alma tratando de redimirse para obtener la entrada al paraíso. Los clientes suelen ser casos difíciles, tontos enamorados del amor sin remedio. Pero esa chica Sakura es el peor de todos los casos.

Advertencias: AU (Universo alterno), OOC abundante en la primer etapa del fanfic, lemon

Estado: En proceso

Nota: Este fanfic está disponible en fanfic. es bajo el fandom de kpop (exo). Prohibida su publicación en cualquier otro sitio. No otorgo ningún tipo de permiso sobre mis fanfics.

.

.

.

CUPID'S WEDDING AGENCY

.

.

Capítulo II. Linea celestial

Aún recordaba estar algo adormilada esa mañana. Había pasado parte de la noche anterior llorando y apenas había escuchado la alarma. Como pudo se cambió de ropa, tuvo que peinarse ya cuando se había subido al autobús. Como era su costumbre se colocó los audífonos, gustaba de escuchar a esa hora las noticias en la radio, a fin de cuentas tardaría un buen rato en llegar a su destino.

Se dedicó a mirar a ningún punto por la ventanilla a su costado. No tenía ni un poco de interés en acudir ese día a la universidad. De hecho, desde que había dicho adiós a Naruto no tenía ganas de nada. Respiraba porque parecía que su cuerpo lo hacía de forma automática.

Ni siquiera pudo poner atención en lo que se escuchaba en las noticias. Todo a su alrededor parecía desabrido y gris. De la nada pareció que su móvil falló, pues el sonido en los auriculares se elevó mucho más de lo normal, tanto que le dolían los tímpanos. Rápidamente trató de bajar el sonido, pero pudo captar el comercial más insólito y absurdo que hubiese escuchado.

¿Has perdido la esperanza en el amor? ¿Tantas decepciones amorosas te han dejado el corazón tan roto que crees que sea imposible remendarlo? ¡En la agencia del tercer cielo tenemos la solución! Sólo necesitas un poco de fe, la persona que hará tus días más llevaderos, que te hará conocer el verdadero sentimiento del amor, aún está rondando ahí afuera. Todo sucede por una razón, recuérdalo. El amor verdadero si existe, lo difícil es saber distinguirlo. ¡Llama ahora a la línea celestial!

El comercial terminó con un repique de campanas. De inmediato el sonido en su móvil pudo bajar a su nivel normal. Se quitó de jalón los audífonos, era molesto escuchar palabras relacionadas con el amor.

¿Cómo podía haber personas que lucraran con quienes tenían mal de amores? ¿Fe? Había tenido la suficiente por ocho años mientras esperaba a Naruto, y el resultado había sido horroroso.

Minutos más tarde el autobús se detuvo. Al parecer habían quedado varados en medio del tráfico. Todo indicaba que ni siquiera podría llegar a su primera clase. Resignada se sumió en el asiento. Esa debía ser su tercera falta en la semana, una más y reprobaría el curso.

Algo llamó su atención. Asombrosamente a las ocho de la mañana a alguien se le había ocurrido que sería buena idea mantener un anuncio publicitario con las luces encendidas. Como si fuese señal de tráfico, el gran cartel estaba rodeado de focos que encendían y apagaban. El fondo era rojo, con poco texto y abajo en números tan grandes que abarcaban un setenta por ciento del espacio, un número telefónico.

Llama y conoce el verdadero amor. Línea celestial, las veinticuatro horas.

—Es increíble que se gaste tanta electricidad en algo como eso—se quejó. La viejecita a su costado la miró de forma extraña. Para ella, Sakura sólo estaba mirando a la nada.

El dolor de cabeza a causa de dormir poco se sumó a la desesperación de estar sin salida en el tráfico. La molestia le duró hasta que se bajó del transporte.

Cuando llegó al salón donde tendría su segunda clase del día, fue sólo para enterarse que la maestra estaría ausente una semana completa. No tuvo más que ir a esperar por la siguiente hora a uno de los tantos jardines fuera.

Su móvil sonó de pronto, había recibido un mensaje de texto. Al revisarlo se decepcionó al ver que era spam, pero cuando leyó mejor su contenido se encendió. Llamó sin dudar más a ese tonto número.

Un sonido de suaves campanas se escuchó al inicio por varios segundos, cuando terminó una voz pregrabada la recibió.

—Bienvenida la línea celestial. Marque por favor la extensión del área donde requiera atención después del tono.

El número era tan fácil de recordar, Sakura presionó el ciento once. El sonido de las campanas volvió a escucharse. Se repetía incansablemente. El tiempo que esperó fue casi una burla, sólo intentaban que gastara su dinero en eso.

Cuando menos lo espero, lo que parecía ser otra vez la grabación la atendió.

Buenos días, usted se está comunicando con la agencia matrimonial del tercer cielo, nuestra larga experiencia a través de los siglos nos respalda. Entrelazamos destinos y damos nuestro granito de arena para recobrar lo más valioso que tiene la humanidad, el amor. Querido cliente, ¿Cuál es el motivo por el que nos llama hoy?

Tardó en contestar. Aquello era muy tonto, ¿cómo se supone debía responder?

—Ustedes hablan de amores predestinados. Pero—tomó aire, debía contener su enojo—¿han pensado en los amores unilaterales? ¿Cuándo tienes al amor de tu vida, la persona destinada a tu lado, pero al parecer él ya tiene a su persona destinada? ¿Qué tipo de justicia existe entonces en los amores no correspondidos? ¿Fe? ¡Pasé ocho años teniendo fe en que el amor de mi vida alguna vez me miraría! Si Dios es el causante de que el amor exista, ¿por qué permite los amores no correspondidos? ¿Acaso juega con nuestros destinos a su antojo? ¿unos si pueden ser felices y otros no?

Cuando terminó le siguió un silencio prolongado, para después contestarle la misma voz.

Su petición ha sido procesada. Le agradecemos haber llamado. Pase un excelente día.

Estuvo unos minutos tratando de dale explicación a la tontería que había hecho.

.

.

.

Estaba de espalda a la puerta principal, completamente petrificada mientras leía una y otra vez la tarjeta de presentación de aquel chico. Sakura reconocía que él no era alguien normal, nadie común podía moverse tan rápido de un lugar a otro, más bien todo indicaba que desaparecía y aparecía en cualquier lugar a su antojo.

Dejó el papel de lado y lo miró fijamente. Aparentaba ser un chico de su edad. Era alto y esbelto, piel clara y cabellos negros, cuyo flequillo caía sobre su frente. Vestía de negro de pies a cabeza, vaqueros, deportivas y sudadera. Podía haber sido un pandillero cualquiera.

—¿Eres un fantasma?—preguntó lo primero que pudo articular.

La expresión del chico era de aburrimiento cuando escuchó eso. Se dejó caer de nuevo en el mullido sofá de la sala.

—¿Qué parte de Agencia Matrimonial no entendiste? Tu petición fue procesada y me han mandado a mí para hacerme cargo de…—pensó en la palabra correcta— bueno, de que tu destino sea menos despreciable.

Cuidando no caer en el camino después de la impresión del momento, la chica fue a sentarse en el sofá frente a él. Un par de veces abrió la boca para hablar, pero al final parecía muy descabellada su pregunta, así que calló. Recordó la estupidez que había hecho ese día varias horas antes. Dejándose llevar por el dolor había llamado a esa línea. Todo parecía simplemente una broma publicitaria. Nunca creyó que tuviese algo de verdad.

—¿Qué se supone que eres entonces?—preguntó titubeante—¿cupido?

El joven rió secamente. Claramente se burlaba de su pregunta.

—Somos una agencia en el cielo, cupido pertenece a la mitología. Pero para alguien de tu capacidad cerebral, si, somos algo similar.

—Tu actitud no tiene nada de celestial—se quejó—No veo tus alas por ninguna parte.

—Sería ridículo, ni siquiera soy un ángel. Soy un alma que trabaja para la agencia. Tienen una razón por la cual han atendido tu caso. Al leer tu expediente me he negado, lo que más deseo es poder dejar de trabajar ahí, y si quiero subir de puesto, tengo que cumplir misiones como esta—suspiró profundamente y negó con la cabeza— pero tu situación es, vaya, tenemos pocas esperanzas.

—No entiendo—Sakura elevó la voz— Si en realidad toda esta tontería es verdad, ¿por qué alguien como yo merece ser ayudada por…el cielo? No soy un ejemplo a seguir, no suelo orar muy a menudo, peco muy seguido y…—entonces recordó la razón de su tristeza en los últimos días.

—Puedo enlistar las cosas negativas de tu personalidad. Al parecer a los viejos les ha conmovido tu actitud de mártir—observó a Sakura como si fuera un bicho raro—el haber sacrificado tu amor egoísta para que tu amiga y ese chico fuesen felices ha hecho que ganes puntos. Tal vez fue la agencia, o una orden superior, pero tienes que ser recompensada.

Todo aquello era absurdo para la chica. ¿Cielo? ¿Agencia? ¿Recompensa? Era difícil de asimilar que algo así fuese verdad.

—¿Y qué se supone que harás? ¿Buscarme marido?—se mofó.

Sasuke se levantó de su lugar y comenzó a recorrer las fotos sobre la repisa.

—Buscar al amor de tu vida, para ser más preciso.

—Imposible—respondió Sakura al instante—Naruto lo era. De él es de quien debo alejarme.

El chico la miró de nuevo de esa forma que ella comenzaba a odiar, la miraba como si no pudiese creer lo tonta que era.

—Es obvio que él no era el mejor hombre para ti, sino nunca me hubieran mandado. Los viejos allá arriba lo saben todo, es un poco escalofriante en ocasiones.

Sakura se aferró a un cojín. Le dolía creer que después de todos aquellos años Naruto no era su hombre predestinado.

—No puedo creer que exista alguien mejor que él.

—Tampoco es como si hubieses puesto mucha atención a tu alrededor desde que lo conociste y te enganchaste a él—tomó una fotografía de su lugar—Comenzaremos con quitar este tipo de cosas de aquí—Apenas hizo seña de botar el objeto al cesto de basura, la joven se levantó como resorte y rápido fue a quitárselo.

—¡Deja eso!

—Lo sabía, eres masoquista por naturaleza.

Sakura acarició levemente con el dedo la imagen. En ella aparecían los tres, ella en el centro, Naruto a su derecha y Hinata a la izquierda. Sonreían ampliamente, aquel día habían ido de campamento los tres juntos, había sido un día inolvidable.

—Necesito tiempo si es que debo olvidarlo—se quejó.

—Eres testaruda, será realmente difícil—de pronto se oyó un móvil vibrar. El chico sacó de la bolsa de su pantalón un teléfono. Para provenir del cielo, tenía tecnología de última generación.

—Esto es incoherente. Me pregunto si les cobran larga distancia.

Sasuke volvió a mirarla como si pareciera un alíen.

—Puedes ahorrarte tu sentido del humor para conquistar a alguien. Por el momento tengo que marcharme—en un movimiento limpio y rápido metió su mano entre su cintura y el brazo de Sakura, sacó de su bolsillo trasero el móvil de la chica, luego marcó un número, en seguida se oyó una vibración en el de él.

—¡Oye! Estás gastando mi…—le devolvió el aparato.

—Ese es mi número, guárdalo. Y por favor, contesta cuando te llame, no querrás que aparezca de la nada cuando estés con alguien más si tratas de evitarme.

A la mañana siguiente Sakura consideró que los episodios de locura del día anterior habían sido producto de su imaginación. Su día transcurrió con la aburrida normalidad acostumbrada. Por la mañana a clases, a medio día pasó un par de horas en el café de siempre haciendo los deberes. Regresó por la tarde a clase y regresó a casa en el transporte público. Apenas llegó a casa y se tiró sobre el sillón. Para cuando decidió irse a dormir se dio cuenta que no tenía ningún tipo de notificación en el móvil.

El día que le siguió fue igual. Así como el siguiente a ese. Para el viernes por la noche apenas y podía recordar las facciones del misterioso chico.

Fue justo cuando se estaba poniendo la pijama encima cuando el móvil sonó tan alto que creyó que sería imposible pararlo. Cuando vio en la pantalla quien era el que llamaba se mareó ligeramente.

Sasuke.

Ni siquiera recordaba haber guardado el número – en caso de haber existido realmente— su mano tembló cuando sostuvo el aparato, dudando entre contestar o no. Con miedo dejó caer el objeto al suelo. Lo observó retorcerse gracias al vibrador sobre las baldosas del baño. El sonido era molesto al ser tan alto. Sakura se quedó pegada a la pared, esperando a que esa cosa se callara.

Cuando menos lo pensó, el sonido cesó y pareció que el móvil quedó sin batería. De pronto alguien tocó a la puerta del baño.

—Sé que estás ahí, acabas de ponerte esa infantil pijama de osos y estabas tratando de evitarme. Sal de una buena vez.

Él estaba ahí afuera. Desconocía como era capaz de lograrlo. Por su actitud no era un ángel, pero si algo sobrenatural que la acechaba.

—¡Largo de aquí!—gritó, pero sabía que no lograría nada con ello.

En un pestañeo el chico apareció frente a ella, dejándola boquiabierta.

—Es increíble que sea viernes por la noche y en vez de salir te quedes aquí simplemente a quejarte de lo difícil y triste que es tu vida.

Sakura ni siquiera tuvo oportunidad de responder a su comentario. Al verlo se dio cuenta que realmente no le había puesto mucha atención la primera vez que se encontraron. Vestía igual de negro sólo que ahora llevaba unos jeans ligeramente ceñidos, camiseta y chaqueta de cuero. Tenía el atuendo perfecto para una noche en algún club nocturno. Sakura dudó si en realidad lo habían mandado del cielo. Era peligrosamente atractivo, como un sexy demonio.

.

.

.

N/A: Gracias a quienes leen esta historia. Espero pronto actualizar mis otras historias ;)