Hola, muchas gracias por tomarse su tiempo y leer.
Agradecimientos especiales a:
mrcocomanx, Annagc, danhy28, BRANDON369. De nuevo gracias por los favoritos
Kurai (Aquí tienes la continuación, hehe gracias por el review)
angela (jaja creo que serías muy buena narradora, muchísimas gracias por el apoyo, espero disfrutes la conti)
Ciel (Hola!, no esperes más! espero también te guste este capi)
Dissclaimer: Naruto y todos sus personajes no me pertenecen.
Hajimete
Por Koraru-san
Capítulo 2: El último Jinchuuriki
Ahí estaba oscuro y húmedo.
Los monjes del lugar los guiaban a través de un sin fin de pasillos de roca subterráneos, conectados entre sí en una red compleja y enredada, un paso en falso y fácilmente alguien ajeno a aquel tétrico sitio se perdería para toda su vida.
– Realmente les agradecemos el que hayan venido –
– Esperamos ser de utilidad – el pálido pelinegro caminaba detrás de ellos observando el lugar con su cara impasible.
– Nosotros también, sabemos que Konoha no acepta en estos momentos cualquier misión – contestó el monje del frente.
Naruto miró los muros que lo rodeaban y un escalofrió recorrió su espalda de sólo pensar qué le pasaría si se llegara a perder en aquel laberinto. Después de caminar alrededor de lo que al rubio le parecieron dos horas, finalmente se detuvieron frente a un montón de escombros que alguna vez habían sido una enorme puerta.
– Es aquí – anunció el monje más anciano.
Sai caminó hasta el maltratado marco y revisó la madera quemada alrededor – ¿Cómo es que pudieron violar esta entrada? – Dijo frunciendo el ceño y dirigiéndose a Naruto – Esto tenía un sello muy poderoso –
Los monjes los invitaron a seguir adelante, ambos ninjas pasaron de la entrada a lo que parecía ser un pequeño templo del otro lado.
– ¿Qué demonios…? – El muchacho ojiazul tuvo que tapar su nariz de inmediato, aquel lugar tenía un concentrado olor a sangre y carne quemada.
– Aquí era donde custodiábamos el pergamino que robaron –
El pelinegro sacó su pincel y con un movimiento rápido dibujó con trazos precisos una docena de ratas mientras susurraba el nombre de su jutsu, y al instante los roedores salieron desperdigados por toda la habitación – Con esto encontraremos alguna pista, Naruto, tú revisa el pasillo por donde los ladrones escaparon –
La luz del sol entró por la enorme ventana y le dio de lleno en la cara. Aún así, se negó a levantarse, y hubiera seguido de esa manera por otro largo rato de no ser por los horribles golpes en la puerta que le taladraban la cabeza.
– ¡Gaara! ¡¿Es qué no piensas despertar?! ¡Gaara! –
El joven Kazekage se envolvió más entre las sabanas. No recordaba desde cuándo se había vuelto tan perezoso, quizás había sido desde que podía dormir, después de que le extrajeran el bijuu de su interior.
– ¡Gaara, llegarás tarde a tu primera reunión de hoy! –
La puerta de su habitación se abrió de pronto y una fuerte ráfaga de viento azotó el lugar, el pelirrojo se levantó y miró el desorden que su hermana había causado, últimamente Temari estaba de más mal humor que de costumbre.
– Gaara, levántate –
– Yare, yare (anda, anda) ¿tan de mañana y ya estás regañando a la gente? Temari, de esa manera no harás amigos nunca –
– Cierra la boca, Kankuro – La chica rubia le dedicó una significativa mirada al recién llegado – ¡Gaara! –
– un (Sí) – dijo el menor mientras se levantaba, Gaara se preguntó entonces cuándo es que había perdido el respeto de sus hermanos, aunque ese ambiente familiar no le desagradaba – Kankuro ¿alguna noticia que deba saber? –
– No, nada importante – contestó el castaño – Oe, Temari ¿Cómo vas con la vigilancia de la frontera de Konoha? –
La chica suspiró – Todo está tranquilo, no creo que alguien quiera atacarlos por ahora, no mientras les ayudemos a vigilar – dijo mientras salía de la habitación – Gaara, se te hace tarde, si no te das prisa te dejaré sin desayuno –
– Ja, que linda ¿no? – Rió Kankuro – Parece que ella es la Kage y no tú –
Gaara le miró de reojo mientras se colocaba sus ropas sin prestarle mucha atención.
– Oye – de repente el castaño sonrió divertido por lo que estaba pensado, Gaara le miró extrañado – ¿Qué haremos el día que encuentre alguien que la soporte y se case? – Los ojos de Gaara se abrieron más de lo normal.
Kankuro sintió de repente que la habitación se llenaba de un aura asesina, como aquella que desprendía su hermano hace algunos años – ¿Ga… Gaara? – una gota de sudor rodó por su cabeza al ver al pelirrojo.
– No me digas eso – la voz del kage sonó amenazadora – Ni siquiera vuelvas a mencionar eso –
– Ha… hai (Sí)– atinó a decir el mayor. Lo único que Kankuro sentía, era que con esa actitud de Gaara, tal vez, Temari nunca se casaría.
En la mañana de ese domingo, lo primero que pensó al despertar era esa importante tarea que le había sido asignada.
Investigar en sí ya era una tarea un poco complicada, pero después de todo, tenía entrenamiento para ello, por eso era una kunoichi. Así que muy temprano salió de su casa, aprovechando que era su día libre y podía deambular libremente por toda la aldea, su primera parada sería en la oficina del Hokage, ya que tal vez su antiguo sensei podría decirle algo importante. Sakura ingresó al edificio y antes de llegar a la oficina una voz muy conocida la saludó.
– Ohayou (Buenos días), Sakura ¿Qué haces por aquí? –
– ¡Ah! Yamato-taicho, cuánto tiempo – la ojiverde regresó el saludo con una gran sonrisa – ¿Acaso ya va a tomar su lugar como asistente de Kakashi-sensei? –
Yamato suspiró profundamente – Hai (Sí) – contestó sin mucho ánimo.
– Jaja, vaya que necesitará paciencia con él, Shizune-san dice que es muy perezoso, no deje que lo ponga a usted a hacer todo el trabajo –
De repente un aura azul rodeó al castaño – Eso es lo que intentará hacer –
– Lo suponía nnU –
– ¡Io! Sakura, Yamato ¿Qué hacen tan temprano por aquí? – el Kage peliblanco apareció detrás de ellos.
Sakura miró no muy sorprendida todo el trabajo postergado de Kakashi cuando entró en la oficina, Shizune se llevó a Yamato para ponerlo al día y ella se quedó a solas con su sensei en uno de los balcones del lugar.
– Bien, ¿Qué es eso que querías preguntarme? – el hombre con mascara estaba sentado sobre el barandal.
La ojiverde miraba a las nubes moverse lentamente – Kakashi-sensei, ¿Qué sabe usted sobre la madre de Naruto? – preguntó sin rodeos.
El peliblanco se sorprendió un poco – ¿A qué viene esa pregunta? – Dijo un poco serio, no se esperaba tal cosa, sin embargo lo disimuló – ¿Acaso estás interesada en la familia de Naruto? –
La joven negó lentamente – Es que Naruto me pidió que averiguara por él mientras no estaba, al parecer quiere saber cómo fue ella –
– ¿Te dijo si ya ha encontrado algo? –
– No, por eso me pidió ayuda –
– Ya veo – Kakashi guardó silencio un rato mientras miraba a su alumna con una cara bastante seria, Sakura se dio cuenta de ello.
– ¿Ocurre algo malo, sensei? – preguntó con prudencia.
– No – dijo él – Es extraño que le diera curiosidad, es sólo eso – el hombre bajó del barandal – En realidad no sé mucho de ella –
– Entiendo – contestó con voz baja.
– Demo (Pero) – interrumpió – Sólo sé que venía de la aldea del remolino y se casó con mi sensei tiempo después de conocerlo –
– ¿Su sensei? – Preguntó Sakura con los ojos bien abiertos – ¿Se refiere al Yondaime? – dijo mientras señalaba a Kakashi con su mano temblando – ¡¿El cuarto Hokage es el padre de Naruto?! –
– ¡Hai! ^w^ –
Luego de casi entrar en shock por enterarse de quién era el padre de su amigo, Sakura no obtuvo más información de su inactivo sensei.
Mientras caminaba por las calles meditó un poco la actitud del Kage.
Ella no era tonta, por supuesto que no, era más lista que muchas personas en la aldea y había identificado claramente la renuencia de Kakashi por contarle algo. ¿Cómo era posible que no supiera ni el nombre de la esposa de su maestro? ¿Cómo era posible que no supiera el nombre de la esposa del cuarto Hokage?
Había, sin duda, algo muy extraño en todo eso.
Sin embargo, Kakashi le había dicho que Tsunade sabría más que él probablemente, así que, decidida por descubrir más se dirigió hacia el hospital. Definitivamente su maestra tenía que saber mucho de la madre de Naruto.
Pero no fue lo que ella esperaba.
– No sé nada –
La voz autoritaria y gruesa de la mujer resonó por toda la habitación, con un tono frío y molesto que Sakura jamás había escuchado en su maestra.
– Pero, Tsunade-sama… –
– He dicho que no sé nada – La sannin se dio la vuelta para no ver a la joven médico.
Sakura tenía una expresión de decepción marcada en su rostro, pero no abandonó las esperanzas – Pensé que usted quizá sabía por lo menos el nombre de ella, si supiera su nombre podría investigar en los archivos de Konoha y tal vez… –
– No sé el nombre – interrumpió Tsunade y le lanzó una mirada significativa que hizo que se le encrespara la piel.
– ¿Tsunade-sama? – preguntó con miedo.
– Olvida esto, no hay nada que puedas averiguar de la madre de Naruto – aunque habló más calmada su voz seguía siendo represiva – Sakura, no quiero saber que has intentado averiguar algo ¿me entendiste? No hay nada que averiguar –
– Pero… –
– ¡Es una orden! – gritó la Quinta con más fuerza en su voz.
La joven ojiverde dio un paso hacia atrás sin comprender. Frunció su ceño pero después bajó la mirada con tristeza – Wakata (Entendido) – susurró con voz apagada – No lo haré –
– Eso que me estás diciendo ¿es verdad? – Sai abrió sus ojos sorprendido, mostrando una expresión verdadera de preocupación en su rostro.
El monje que lo acompañaba asintió sin perder su cara de miedo – Temo que sí, Sai-san, cada palabra –
El pelinegro miró a su alrededor de manera fría, la mayoría de los roedores que había dibujado no habían encontrado nada, ni un sólo indicio. El trabajo para entrar a ese laberinto de túneles y salir sin dejar rastro había sido en verdad excelente. Estaba mal que él lo pensara, pero admiraba la forma en que habían atacado el lugar.
Sin embargo, ahora lo importante era recuperar el pergamino robado ya que, si lo que ese monje decía era cierto, había un enorme y peligroso poder en las manos equivocadas.
– Está bien – Sai guardó sus pinceles – Por favor dígale a mi compañero que regrese – se dirigió al monje – Pero por favor, no le cuente lo que me ha contado a mí – el hombre asintió y salió de la habitación dejándolo solo. Sai tomó muestras de la sangre regada en el piso y canceló su jutsu haciendo desaparecer a las ratas, miró el lugar una vez más y frunció su ceño.
Nada, la escena del crimen estaba limpia. Quien quiera que hubiese sido el ladrón, era un verdadero experto, un ninja excepcional.
Llevaba aproximadamente dos días sin dormir.
Con movimientos bastantes fluidos escribía y revisaba el montón de documentos a su alrededor. Estaba tan cerca de descifrarlo que casi sonreía por ello. Probablemente lo tendría listo esa madrugada, así que aceleró el paso sin dejar que la fatiga le venciera.
Un par de anotaciones más y detuvo la pluma con la que escribía.
– ¿Qué es lo que pasa? – preguntó lo suficientemente alto para que la persona del otro lado de la puerta escuchara.
En la entrada apareció una joven de cabello corto y oscuro – Pensé que me había llamado, Joven Maestro –
El muchacho volvió a escribir – No, pero iba a hacerlo – dijo al tiempo que revisaba un enorme libro – Tengo un trabajo para ti –
La chica inclinó su cuerpo haciendo una leve reverencia – A sus órdenes –
– Debes encontrar a cada uno de los nueve Jinchuurikis, necesito que los encuentres pronto – el chico continuó escribiendo.
– Los encontraré –
– Nagayi – la llamó antes de que se fuera – Quiero saber dónde viven y qué hacen, no omitas ningún dato –
– Entiendo… –
– Y hazlo rápido –
La chica se inclinó aún más – Como usted ordene, Youhei-sama – fue lo último que dijo antes de desaparecer.
El hombre siguió anotando sin descansar. En su escritorio y un poco separado del desorden de papeles en él, había una hoja con una nota claramente escrita con letra mayúscula y subrayada con tinta roja:
"POR VOLUNTAD PROPIA"
Youhei no dejó ni un momento de descifrar el encriptado código del pergamino por varias horas más, mientras la nota en el papel le recordaba quizá el único problema que había en todo su plan.
El hombre de la entrada le dio un cordial saludo cuando la vio llegar, a Sakura le hubiese gustado poder devolvérselo con el mismo entusiasmo.
Caminó por el oscuro pasillo lentamente hasta llegar al final, donde sabía estaría él, completamente inmóvil y callado.
– Ko…konnichiwa (Hola), Sasuke-kun –
El murmullo de su voz consiguió que el muchacho encerrado se percatara de su presencia. El último Uchiha se incorporó de su posición y miró a través de los barrotes como la joven de cabellos rosas se sentaba dándole la espalda.
– ¿Cómo estás? – dijo la ojiverde sin verle.
Sasuke se quedó en su posición – Igual que siempre, ¿Qué hay de ti? – respondió.
La kunoichi suspiró quedamente – He tenido días mejores – la chica giró un poco su cabeza para mirar al pelinegro de reojo.
– ¿Ha pasado algo? – Sasuke cuestionó con tono neutro.
La joven asintió – La verdad es que sí, pero no sé si deba preocuparme por eso –
El pelinegro no dijo nada por un rato, sabía que Sakura le contaría si fuese necesario que lo hiciera, de lo contrario, él no tenía de que preocuparse. Y como ella no dijo nada más del tema, dio por hecho que no era nada importante.
Las visitas de Sakura siempre eran cortas, y él por lo general jamás hablaba mucho, ella era quien le contaba las cosas.
Sasuke recordaba que sólo en una ocasión él había sido el que había iniciado una conversación, una cosa que sólo le había dicho a Sakura. Recordaba que la muchacha se había sorprendido un poco, pero al final le había dicho que sí. Lo que él le había dicho era que, si alguna vez ella o Naruto estuvieran en problemas, él personalmente se encargaría de ellos, sin importar que tuviera que salir de su celda para ello.
El pelinegro aún sentía sus mejillas arder por haber dicho aquello, pero lo decía en serio.
– Sasuke-kun ¿ya has comido algo? – la muchacha inició de nuevo una plática, le gustaba ir a visitar al chico, una de las razones de ello era porque sentía que estando en aquel lugar podía olvidarse un rato de los problemas, ya que por lo menos, era capaz disminuir un poco la soledad en la que Sasuke se encontraba.
– ¿Cuándo regresa Naruto? –
La chica abrió mucho sus ojos con la pregunta – N-no lo sé – contestó desanimada, sin saber del todo por qué, tal vez era que había recordado su intento fallido por ayudar al muchacho rubio ese día – Sasuke-kun… ya debo irme –
El pelinegro no dijo nada.
– Intentaré venir mañana y te preparé algo ¿sí? – La chica sonrió un poco y se levantó para irse.
– Lo que te dije… – el Uchiha habló antes de que saliera –… sigue estando en pie, espero que no me ocultes nada –
Sakura bajó su mirada – Te prometí que te diría cualquier cosa, incluso si Naruto no quisiera que lo supieras – contestó con tono seguro – Sasuke-kun – dijo mientras levantaba su mirada y la clavaba en el muchacho – Y lo que yo te dije… – titubeo un segundo – Aun… aun creo que es verdad… –
Sasuke observó en silencio como la muchacha se alejaba corriendo por el pasillo. Volvió a sentarse y a dejar que la soledad de su celda lo envolviera.
Le dio un tic en su ojo después de escuchar a su amigo – ¿Qué? ¿Quieres que volvamos ahora? Pero si no hemos encontrado nada, nuestro trabajo es encontrar a los ladrones – Naruto estaba confundido.
– No, nuestro trabajo era venir a verificar el lugar – Sai intentó explicarle al rubio – Además, no hay nada que podamos hacer, necesitamos a un rastreador experto. Como pudiste darte cuenta, no estamos tratando con ninjas comunes –
El ojiazul se cruzó de brazos – Entiendo, pero creo que podríamos intentar por lo menos seguir a los ladrones –
– ¿Tienes idea de hacia dónde huyeron? – preguntó el ojinegro prediciendo una respuesta negativa.
Naruto se encogió de hombros – Sólo era una sugerencia –
Sai sonrió – Bueno, de todos modos deberíamos irnos, hay algo importante que debo decirle al Hokage –
– Antes de irnos ¿podríamos revisar los alrededores? –
Sai negó – No, es urgente que nos vayamos –
Y al decir esto, el pelinegro despareció para emprender el viaje de regreso a la villa a toda velocidad. Sin embargo, Naruto no se movió, miró a su alrededor y frunció su ceño. Y mientras juntaba sus manos haciendo un sello, también desapareció para ir detrás de su compañero.
El lugar donde había estado antes Naruto, quedó en silencio, pero en sentido contrario hacia donde los ninjas de Konoha habían salido, una tercera figura se movió hacia el bosque cerca del templo.
Quizá era una simple corazonada, pero Naruto no iba a irse de ahí con las manos vacías, y si su Kage bunshin podía descubrir algo, por mínimo que fuera, se sentiría satisfecho.
La noche había caído trayendo consigo un manto de estrellas brillantes en el firmamento. La tercera noche de ese mes había llegado con un poco de neblina y una temperatura un poco más baja que las noches anteriores.
La entrada hacia la aldea estaba a unos escasos kilómetros más adelante.
Naruto continuó saltando entre la arboleda con cara de fastidio por regresar con las manos vacías a la aldea. Unos metros adelante, su compañero pelinegro no le había dirigido la palabra desde que habían emprendido el viaje de regreso.
– Oe, Sai… – el muchacho rubio llamó al pálido ninja – ¿Qué es eso tan importante que debes decirle al Hokage? –
Sai giró lentamente su cabeza para mirarle – Es sobre el pergamino que robaron –
– Si ese pergamino es tan importante ¿por qué demonios no fuimos a buscarlo? – contestó de manera molesta, no entendía el asunto.
– Porque no tenemos ni idea de dónde puede estar, ninguno de nosotros dos tiene la habilidad de rastreo necesaria para hacerlo –
Naruto resopló molesto, pensando que si él conociera el chakra de quien lo robó, podría rastrearlo en cuestión de segundos, pero los ladrones habían sido lo suficientemente listos para no dejar ni una pizca de su energía en la escena del crimen.
– Naruto – Sai volvió a mirar al frente – El pergamino que robaron contiene unos escritos de técnicas prohibidas y sumamente poderosas, ¿entiendes la importancia del por qué debemos regresar? –
El joven de ojos azules guardó silencio, entendía perfectamente, existían algunas cosas que era mejor no conocer y sería un problema si las personas equivocadas intentaran aprender y utilizar técnicas poderosas – Sí… lo entiendo –
No hubo más palabras por un rato.
El chico de cabello alborotado intentó olvidar ese problema y pensar en otras cosas. Y mientras se acercaba a la aldea sus pensamientos llegaron hasta su madre, aunque no había querido volver a la aldea sin encontrar nada, debía admitir que la ansiedad lo estaba matando por saber si Sakura había encontrado algo.
Una enorme sonrisa invadió su rostro, por supuesto que Sakura había encontrado algo, ella era inteligente y lista, si alguien podía hacerlo era ella… si alguien podía ayudarlo era ella… él confiaba plenamente en ella.
– ¿Qué significa esa sonrisa en el rostro? –
– ¡Ahaaaaa! –
Naruto frenó de golpe al encontrarse con la cara de Sai muy cerca de la suya, el rubio no pudo evitar perder el equilibrio y caer de entre las ramas hasta el suelo.
– ¡Baka! (Tonto) ¡¿Por qué apareces así frente a la gente?! – gritó desde donde estaba, con unas lagrimillas saliendo de sus ojos.
Sai bajó hasta acercarse de nuevo e invadió una vez más el espacio personal del chico – Naruto estaba sonriendo y parecía ido ¿Qué es lo que significa? – se cuestionó mientras revisaba un libro sacado de la nada.
Al rubio le apareció una gotita en su cabeza.
– Ya veo… estabas pensando en algo que te hace muy feliz ¿verdad? –
El muchacho se levantó mientras se sacudía sus ropas – Sí, sí, estaba pensando en eso, la gente sonríe generalmente cuando piensa en esas cosas – dijo con paciencia, ya conocía las curiosidades del pelinegro – Pero eso no significa que debas ponerte a pocos centímetros de mi cara –
– ¿Te pongo nervioso? – Dijo Sai al tiempo que parpadeaba – Eso significa que… – dijo mientras pasaba rápidamente las hojas de su libro – ¿… te gusto? –
– ¡NOOOOOOOOO! –
Marcó los puntos en el mapa utilizando su propia sangre y suspiró al finalizar.
Los objetivos estaban localizados y sólo faltaba hallar a cada uno. Tomó un kunai y cortó en nueve pedazos el mapa, los pequeños cuadros resultantes cayeron al suelo formando un círculo alrededor de ella.
La joven juntó sus manos y comenzó a realizar más de veinte sellos con ellas – ¡Sagasu no jutsu! (Técnica de búsqueda) – murmuró.
Instantáneamente nueve figurillas aparecieron en el suelo, una sobre cada cuadro cortado, y realizando un último sello, los entes se volvieron como un fluido que se escabulló a través del pedazo de mapa debajo de ellos y a través del suelo, penetrando la tierra y desapareciendo en diferentes direcciones.
La chica de cabellos negros se sentó sobre sus piernas y cerró sus ojos mientras una gran cantidad de chakra se levantaba rodeándola, provocando que pareciera que una barrera luminosa la encerraba.
Incluso si se quedaba sin energía, tenía que encontrar a cada uno de los jinchuurikis en el planeta. Nagayi permaneció inmóvil en esa posición, concentrando todo su poder para poder encontrar lo que buscaba.
– ¿Dónde se encuentra nuestro Jinchuuriki más cercano? –
Permaneció en silencio mientras veía a los dos muchachos frente a él – Bien… – dijo después de un rato – Hicieron lo que se pudo, enviaré a alguien en este instante – volvió a sentarse – Naruto, Sai, pueden irse –
– Pero, Kakashi-sensei – el rubio seguía sintiéndose inconforme.
– Sí, se lo que vas a decirme, si rastreamos a los ladrones te enviaré a buscarlos –
El chico bajó su mirada – De acuerdo –
– Con permiso, Hokage-sama – el pelinegro salió de la oficina seguido del rubio.
– Naruto… – dijo Kakashi antes de que el mencionado saliera también.
– ¿Qué sucede? – El hombre de mascara le miró directamente a los ojos, haciendo que Naruto se sintiera extraño – ¿Pasa algo, sensei? –
Kakashi desvió su mirada hacia la pared – No… no pasa nada, te avisaré si encontramos algo – terminó la conversación.
Naruto salió de la oficina extrañado por eso.
Caminó entre las calles de la aldea rumbó a su apartamento, y entonces recordó lo que lo había tenido tan ansioso la última semana.
– Sakura-chan… – dispuesto a ir a verle en seguida, el ojiazul se giró hacia donde la casa de la chica se encontraba.
Un par de pasos hacia el lugar y los pies del rubio se detuvieron – Iré mañana – susurró para sí mismo mientras retrocedía y continuaba su camino original.
Volvió a pintar una sonrisa en su labios y pensó que a la mañana siguiente, Sakura le daría las buenas noticias que tanto deseaba escuchar… pensó que al día siguiente conocería el nombre de su madre…
– Debo ser más paciente –
Sakura se levantó y se miró al espejo sólo para comprobar que su aspecto era uno cansado y desganado, no había podido dormir bien pensando toda la noche en la tarea que no había podido cumplir.
¿Por qué nadie le había querido decir nada acerca de la madre de Naruto? ¿Por qué Tsunade le había prohibido investigar algo de ella? Esas eran las preguntas que rondaban por su cabeza y la dejaban intrigada, pero lo que más le preocupaba era qué le diría al muchacho cuando lo viera.
La joven de cabellos rosas deseaba postergar su encuentro con el joven rubio todo el tiempo posible, mientras más tardara Naruto en su misión era mucho mejor, porque no tenía todavía el valor suficiente, ni las palabras, para decirle que no había encontrado siquiera el nombre de su madre.
Fue con ese pensamiento que la muchacha se encaminó hacia su trabajo, con el ánimo por los suelos, una vez más iba a decepcionar a su amigo cuando se había prometido no hacerlo otra vez. Le hubiese gustado ser de más utilidad.
Además, no entendía cuál era el misterio de todo aquello, Naruto tenía derecho a saber por lo menos un poco de la mujer que lo había traído al mundo y, si era cierto que su familia había existido alguna vez, por lo menos merecía saber que alguien alguna vez vio por él, que Naruto tuvo alguna vez un hogar.
Lo más extraño de todo era la actitud de sus maestros, no terminaba de entender por qué no le habían dicho nada, y si era cierto que el padre de Naruto había sido el cuarto Hokage ¿Por qué nunca había escuchado el nombre de su esposa?
En ese instante su mente se detuvo, Sakura si había descubierto algo… el apellido de Naruto no era el del Cuarto.
– Uzumaki – murmuró la muchacha mientras lo analizaba cuidadosamente, era verdad, el apellido del rubio no coincidía con el del Hokage fallecido, eso sólo podía significar una cosa – Naruto lleva el apellido de su madre… –
Una idea pasó por su mente con aquello, tenía una pista, una muy valiosa; el saber el apellido podría ayudarle a encontrar algo, también Kakashi le había dicho de donde era. Dos cosas que podrían por lo menos revelarle el nombre, eso le devolvió la esperanza a la kunoichi.
Pero seguía existiendo un problema, le habían prohibido investigar. Así que ahora debía indagar de manera discreta y evitar que la descubrieran, algo muy difícil y arriesgado, pero después de todo ella era una ninja, espiar y robar información no eran un obstáculo.
La determinación apareció en su rostro. Tal y como se lo había prometido a Naruto, no iba a decepcionarlo otra vez.
La mañana siguiente en Konoha parecía más cálida y brillante que cualquier otra desde hacía mucho tiempo para él. A primera hora, se levantó y se dio un buen baño para después ordenar un poco su habitación, cosa que no hacía muy a menudo, pero ese día le había nacido hacerlo porque sentía que algo bueno le iba a pasar, o al menos deseaba que así fuera.
Al terminar de desayunar, Naruto corrió lo más rápido que pudo hasta la casa de Sakura, dispuesto a sorprenderla antes de que ella se fuera al hospital, deseoso de escuchar todo lo que la muchacha había averiguado mientras él no estaba.
Mientras sus pasos le dirigían con ansia por la calles de la aldea, de repente Naruto sintió que algo no estaba del todo bien, el muchacho miró hacia su espalda sin dejar de correr, con la extraña sensación de que lo estaban siguiendo, pero la calle que dejaba detrás estaba vacía.
El rubio paró su andar mientras intentaba sentir si había algún chakra enemigo o peligroso que le estuviera siguiendo, pero una vez más no sintió nada. Su ceño se frunció con desconfianza, y volviendo a comprobar que no había nadie que le estuviera siguiendo, decidió continuar su camino.
Cuando el muchacho avanzó unos cuantos metros, una pequeña figurilla deforme brotó desde el suelo y comenzó a arrastrarse por el suelo siguiendo las pisadas del muchacho. Nadie podría verle, delgado y casi transparente, aquel ser siguió de cerca de Naruto sin que este se percatara, y cuando estuvo lo suficientemente cerca de él, se desprendió del piso y se pegó en la chamarra que el rubio llevaba puesta.
Y sin saber siquiera cuándo o dónde había ocurrido, Naruto había sido localizado.
Para cuando terminó de traducir el escrito todas sus energías se habían agotado casi por completo y sus nervios estaban a punto de explotar.
Todo estaba ahí, en la mesa.
El poder escondido y prohibido que nunca nadie debió haber podido conocer… él lo había descifrado y leído. Él podía ahora cumplir su misión…
Se dejó caer al suelo con la espalda pegada a la pared, mientras dejaba escapar una risa mezclada de alegría, éxtasis y nerviosismo. Por fin, después de más de una década, podría ir y tomar venganza de la destrucción de todo su legado.
El joven hombre se puso de pie sin poder dejar de reír.
Todo el poder acumulado durante generaciones era ahora suyo, todo el poder del mundo ninja estaba prácticamente en sus manos, todo ese poder estaba escrito en un papel, un papel que fue guardado para que él lo obtuviera y lo utilizara.
– Youhei-sama, lo he encontrado –
La voz de su súbdita interrumpió sus pensamientos – Puedes pasar – le dijo con una enorme e imborrable sonrisa.
La mujer abrió la puerta mientras se hincaba frente a él – Tengo al jinchuuriki, mi señor… es… el último que queda… el último Jinchuuriki –
– Así que el último ¿no? – La expresión en su rostro se tornó completamente seria – No lo podemos perder… – un simple chasquido de sus dedos y tres hombres más aparecieron junto a Nagayi.
– A sus órdenes, joven maestro –
– Sólo tenemos una oportunidad… una sola oportunidad de conseguir lo que hemos estado buscando por años… no lo echen a perder –
Sus cuatro subordinados se inclinaron en una reverencia hacia él.
Si sólo quedaba un Jinchuuriki, no podía darse el lujo de cometer algún error, ahora debía planear minuciosamente todas sus posibilidades.
El pergamino estaba descifrado y había encontrado al portador de su poder, por fin, después de sufrir tanto y esperar, podría llevar a cabo los sueños de todo su clan.
– Prepárense, debemos traerlo aquí – fue la última orden que dio, mientras tomaba el pergamino en sus manos y lo miraba por última vez. El documento se llenó de fuego y se consumió hasta quedar hecho cenizas.
Uzumaki Youhei ahora sabía perfectamente lo qué tenía que hacer.
おわり…
Fin del capítulo 2
Gracias de nuevo por llegar hasta el final hehe, sus comentarios son muy importantes para mí. Saludos!
