II
Bastó que sonara la campana del primer descanso para que Usume Kenta huyera del salón. Suerte para ella que Rukawa no le viera, nerviosa como estaba, pasó del segundo piso, al tercero y de este finalmente a los tejados. Llevó consigo uno de sus cigarrillos, tendría que meditar muy bien el cómo enfrentar toda esta situación, de haberlo sabido se hubiera negado rotundamente a aparecer en Shohoku, encendió el pitillo y dio una profunda calada, al igual que el baloncesto, su hermano le había inducido a aquél vicio. De todas maneras le hizo sentir más relajada, alejó el cigarrillo y fijó la vista en el filtro, luego en las yemas de sus dedos.
¿Cuánto tiempo sin ver al zorro ese? Dos años casi…
— Maldito Rukawa… — susurró. Fue así como la encontraron Yohei, Takamiya, Noma, Okus y Sakuragi.
Yohei fue el primero en verla y ser visto, Usume se puso de pie tan pronto lo vio en compañía de los otros muchachos. Hubo un silencio tenso, marcado por la admiración de Yohei hacia la muchacha. Usume media alrededor de 1.64, lo que la hacía casi de su estatura. No era por tanto coincidencia que su hermano bordeara casi el 1.95. Tenía el cabello negro y el rostro pálido, con una mirada tan fija como penetrante, irradiaba esta la misma energía que Sakuragi, sin embargo se movió con nerviosismo cuando decidió pasar de los muchachos.
Todos ellos, excepto Sakuragi (quién no tenía más ojos que para Haruko) vieron en ella, lo que se llamaría "un interesante ejemplar",además llevaba un cigarrillo en la mano, bastante lejos de lo que se consideraban adecuando para una mujer, más aún así logró llamar poderosamente su atención. Yohei impactado a medias, buscó un método para hablarle y cuándo le vio pasar a su lado, dijo:
— Acá no se puede fumar… — Usume solo le miró por sobre el hombro y sin detenerse replicó:
— ¿Es norma tuya o del instituto? — aún no soltaba el cigarrillo cuando al abrir la puerta, para ir al pasillo de los terceros, se topó frente a frente con uno de los inspectores, lo reconocía pues le había visto en la dirección el día en que fuera a dejar en orden su situación para ingresar a Shohoku.
— Señorita… — dijo antes de notar que llevaba en las manos — ¿Qué hace usted acá? — con lo molesta que estaba, a Usume le dieron ganas de contestar:
"¿Y a usted qué diablos le importa?"
Pero recordó que estaba en Japón, no en América, el hombre alzó la vista por sobre la muchacha y vio al grupo de jóvenes. Oportunidad que Usume aprovechó para dejar caer el cigarrillo y cubrirlo con el pie, entonces se volvió sobre ella.
— ¿Por qué huele a cigarro? — preguntó.
"Genial"
El hombrecillo se dirigió al grupo y volvió la vista sobre la muchacha.
— ¿Han estado fumando? ¿Usted señorita? — miró acusadoramente a la chica. Usume iba a negar cuando tras ella escuchó.
— Unos alumnos de primero estaban fumando acá señor… — contestó por ella Yohei, todos sus acompañantes le observaron, para más de alguno fue obvio que se había interesado por esa chica — Ella solo se retiraba, pero no les acompañaba…
— ¿Y ustedes que hacían acá? — Okus, quién siempre notaba las tretas de Yohei continuó:
— Solo venimos a pasar el descanso, los de primero se fueron al vernos.
— ¿Es una escuela pública o no? — agregó Usume — los alumnos pueden ir donde quieran ¿no? — la chica no volteó para ver la sonrisa de Noma y Sakuragi, el inspector miró nuevamente al grupo y dijo:
— ¿Por qué no los detuvieron?
— ¡Ese no es nuestro trabajo! — dijo Sakuragi.
Las palabras de los muchachos, no le convencían en lo absoluto, pero no tenía como probar lo contrario. De todas maneras pensó en que algo grande se orquestaba al ver a esos cinco encaminarse a los tejados, usualmente los usaban para pelear… Y ese pelirrojo… frunció el ceño con desconfianza y se volteó.
— Cuidado con lo que hacen… sobre todo tú Mito, aún me debes el desastre que hiciste con el equipo de baloncesto — aquél comentario hizo que Usume se volteara, hacer algún destrozo en ese equipo era casi igual a fastidiar a Rukawa, lo que era una idea grata para su cabeza. Finalmente el inspector se retiró, Usume respiró aliviada, levantó su zapato y vio, con pesar su cigarrillo a medio terminar, todo un desperdicio. Se volteó y miró a los muchachos, extendió los dedos en el símbolo de paz y despedida a la vez, y sonriéndoles les dijo:
— Gracias — lo que sacó una sonrisa estúpida en todos, excepto Sakuragi. Hecho esto ella también se marchó. De ahora en adelante buscaría un lugar menos concurrido para dar rienda suelta a sus gustos.
— ¡Rukawa! — escuchó este, antes de voltear a ver a un grupo de admiradoras que a su vez se felicitaba por lograr tal reacción en el muchacho. Oportunidad que Usume aprovechó para desaparecerse de su camino. Bajo al primer piso en donde podría esquivarle con facilidad. Era cierto que ese descanso era un muy mal lugar para refugiarse.
Rukawa subió las escaleras lentamente, ya que no pudo dormir en clases necesitaba aquél descanso para "echar un sueño".Las risotadas del grupo de Hanamichi le hicieron desistir, hasta que escuchó la voz del pelirrojo.
"Así que has vuelto"
Dando otro paso, se asomó al tejado y vio como sus sospechas se confirmaban.
Sakuragi le miró con la misma fijeza, con la cual le examinaba. Hanamichi vio a su rival de amores con hostilidad, aunque no lo culpaba por su situación con Haruko, de todas maneras Rukawa sorprendió a todos cuando habló:
— ¿Cómo estás? — era factible para todos cuanta desconfianza y desagrado sentían el uno por el otro, pero aquello lejos de hacerles despreciarse, los unía en algo. En lo cual juntos resultaban implacables, y tanto Sakuragi como Rukawa sabían en qué sentido contar el uno con el otro, lo que finalmente se convertía en un respeto mutuo, en la vida que ambos llevaban fuera de la cancha.
— Me encuentro bien… —Hanamichi vaciló sobre si preguntar o no de vuelta, la verdad es que Rukawa no le interesaba, pero ya que él se había tomado la molestia podía… no podía… tal vez si… mostrarse tan interesado como el zorro ese. No. Mejor no. Finalizó entonces con un:
— Gracias — Rukawa asintió, y viendo que ahí solo molestaría decidió retirarse, entonces todos nuevamente enmudecieron cuando escucharon a Hanamichi decir;
— Si quieres, nos puedes acompañar…
"¿Era la tregua definitiva? ¿Le estaba invitando a volverse su amigo?"
Las mismas preguntas cruzaban la cabeza de Kaede, le extraño, ¡desde luego! decidió entonces buscar una respuesta o excusa que explicara la conducta del muchacho. No, Sakuragi no era un calculador maquiavélico, le faltaba cerebro para eso. De todas maneras se preguntaba que ganaría ese pelirrojo invitándole a pasar el tiempo con él. ¿Una emboscada? No, ellos no eran así. Para Sakuragi no habría mayor placer que partirle la cara el solo ¿Qué podría ser? Aunque esa pregunta se vio prontamente reemplazada por otra que le decía ¿Aceptar o no?
Si bien no pudo dormir, admitía que mal no lo había pasado. De todas maneras aquellos minutos en aquel bullicioso grupo, le dio a entender lo diferente que era de ellos. Si bien Sakuragi terminó ganando su respeto debido a su tenacidad, seguía siendo un fanfarrón. El más maduro del grupo era sin lugar a dudas Yohei, astuto y listo. Okus parecía tener la misma energía del pelirrojo, aunque no era tan arrojado. Noma, en tanto, tenía una cuota de adultez de la cual parecía querer escapar, mientras que Takamiya se peleaba el ridículo con Sakuragi.
Siempre habría creído que Hanamichi oficiaba de líder y mente maestra, que los otros solo eran sus subordinados, situación que le hizo desestimar al resto del grupo. Sin embargo, parecía ser el serio y tranquilo Yohei quién, sin quererlo, daba los argumentos para todos y en todo. El resto, incluso Hanamichi, obedecían sus palabras entendiendo que lo que Yohei dijera, era lo más razonable.
Ahora discutían sobre una chica, todos molestaban a Yohei por su exceso de atención a ella. Como no le interesaba se colocó de pie, todos le observaron pero no le detuvieron.
— ¿Irás al entrenamiento? — preguntó a Sakuragi, este asintió sin dejar de hablar, Kaede se dio por entendido retirándose con calma. Lo último que escuchó de ellos fue a Yohei quejarse de no haber preguntado el nombre de la chica.
Avanzando con calma por el pasillo, de vuelta a su salón. Kaede vio, nuevamente, a la profesora Kinoshita entrar al salón consiguiente al suyo. No pudo evitarlo, pero debió bajar los ojos hasta el bien proporcionado trasero de la mujer, así como no pudo despegar de su cabeza la imagen de sus brazos. Era la primera vez que una mujer le llamaba tan poderosamente la atención por su forma física, además del trato que le había dado. Hasta ese momento, con la única persona del género con la cual se entendiera era Ayako, y se debía exclusivamente a que esta era mucho más madura que el resto, sin mencionar su afición por el baloncesto. La otra chica era la hermana del Gori… es decir del capitán Akagi, quién también era fanática del deporte, pero a su gusto se diferenciaba muy poco de ese trío de locas que solo sabían gritar su nombre. Ahora era ayudante de Ayako. ¿No estaba Sakuragi enamorado de ella? Personalmente no sabía que le veía.
Pero esta maestra "Ayame Kinoshita" tenía un aire de seguridad que parecía alzarla por sobre los defectos comunes de las mujeres, como los encaprichamientos y vanidades típicos. Cuando le despertara y él abriera los ojos, se topó una tranquila y casi tierna mirada, consiguiendo captar su atención, su esquiva atención. No lo entendía, y ahora se veía tentado a mirare el trasero y los pechos, cuando semejantes ideas jamás pasaban por su cabeza. Buscó la razón más inmediata para contestar a su actuar y solo quedó tranquilo, cuando notó y aceptó, que era un hombre y que estaba creciendo. Sabía que le gustaban las mujeres, aunque nunca se había sentido atraído por ninguna ¿O no le gustaban y no lo sabía? Un reflejo azul de asco y temor pareció cruzar su rostro, cuando recordó que Kinoshita llamaba su atención poderosamente.
Después de haber escuchado toda esa fanfarronería de parte de aquél grupo, quizás era posible que no fueran tan diferentes, él sabía que era un bicho raro. Pero no, ahora veía que si era normal a esa edad el sentirse atraído por una muchacha, aún cuando esta fuera un esqueleto como Haruko Akagi, o un carácter tan decidido como Ayako. Suspiro y cerró los ojos, viendo nuevamente, en su cabeza, el trasero de Ayame Kinoshita.
Después de, prácticamente, huir del tejado, Usume corrió a su salón, cogió su celular y se encerró en el baño de mujeres. Marcó a Kenta tantas veces hasta que se aburrió, su hermano no le contestaría. Entonces una idea que le pareció brillante vino a su cabeza; ubicar a Ayako, ella le conocía y le ayudaría a calmar a Rukawa cuando este le viera… era una posibilidad y nada perdería con intentarlo. Más esperanzada salió de los baños, entonces su plan se vio interrumpido por la campana que anunciaba el término del descanso. Animada, como estaba, supo que lo mejor era volver rápidamente a su salón y así cubrirse de Rukawa, corrió y su bolsillo comenzó a vibrar, indicándole que Kenta estaba devolviendo el llamado, cogió su celular y fijó la vista en la pantalla.
Una pared de hierro vino a detener su descuidada carrera, su móvil cayó y se desarmó ante la vista de todos. Fuera quién fuera, Usume calculaba que le había estrellado, el hombro o un codo extendido en el rostro, pues sintió un punzante dolor en su nariz que le hizo llorar los ojos.
Era la hora de volver y nuevamente, casi escondido, Hanamichi avanzó hacia su salón, quería dejar el reencuentro con Haruko para el entrenamiento, en donde sabía no se sentiría tan nervioso, vio a Rukawa volver a su salón. Al momento en que una chica, velozmente pasaba por su lado, muy veloz.
Rukawa palideció -aún más-, al ver y reconocer a Usume Kenta. A pesar de tener el rostro caído y cubierto -se sobaba la zona golpeada- podría reconocerla, aún de cabeza. La chica alzó la vista y su dolor desapareció para dar paso a la fría sensación del miedo, Rukawa le miraba lleno de rencor y un frío odio. Usume no se atrevió a moverse, el corazón le latía a mil por segundo y la cara le ardía molestamente.
Todos observaban la escena. Kaede no pudo contenerse y sorprendiendo a todos le espetó a la muchacha, en un tono que jamás se había oído en él:
— ¡¿Qué mierdas haces acá?! — Usume se encogió pero no se amedrentó, igual de contestataria que se hermano contestó desafiante:
— Eso no te importa, imbécil — Rukawa hizo un gesto de profundo desprecio y sin decir más entró al salón.
Usume imaginó que aún el chico de piedra tenía conciencia del decoro y que aquello había evitado una explosión entre ambos. Dos años y medio eran suficientes para enfriar las cosas, pero al parecer lo de ellos era un rencor más profundo, quizás cristalizado por el paso del tiempo.
— ¿Esto es tuyo? — preguntó Yohei agazapándose a lado de la chica. Usume asintió al ver las partes de su celular en las manos del chico, quién instintivamente quiso ayudarla a colocarse de pie. Oferta que ella ignoró.
— Gracias — contestó fríamente y sin mirarlo desapareció dentro del salón.
Ayako se había sentido extraña toda la mañana, casi con ansias estuvo deseando que Riota entrara al salón, mas cuando este lo hizo, bajó la vista fingiendo no haberlo visto. Las clases pasaron al igual que los descansos, pero ninguno fue capaz de dirigirle la palabra al otro, pues a penas sonó la primera campana, Ayako salió a recorrer Shohoku, so excusa de entregar las solicitudes para la inscripción de los nuevos postulantes. Así fue como Riota la vio alejarse de él, nuevamente.
Ella, en tanto, se sentía como una idiota. Deseaba la compañía del muchacho, al momento en que le esquivaba tanto como podía. Miyagi le estaba colocando nerviosa, algo que jamás, antes, había ocurrido. Y eso, obviamente, comenzaba a preocuparle. En aquellas vueltas por el instituto, no dejó de preguntarse si es que todo eso ocurrió solo esa mañana o si venía desde antes. ¿Le gustaba? Analizándolo, lo más objetivamente que pudiera, Riota Miyagi, solía comportarse como un niño, pero era un muchacho bueno, que hacía mucho por complacerla. Pero, aquellas actitudes conflictivas solían hartarle, era muy joven, sin embargo, sabía que debía de pasar de ese tipo de muchachos. A veces creía que sus hormonas hablaban demás, lo que en cierto sentido le tranquilizaba, eso significaba que se trataba de algo meramente visceral, no podía haber sentimientos en ello. Y bueno, por muy torpe e infantil que fuera, Riota no se merecía ninguna jugarreta vanidosa o auto satisfactoria, menos sabiendo lo que él sentía hacia ella. Volvió finalmente más tranquila a clases. Riota le buscó con la mirada y ella le sonrió.
Desde su punto de vista, si quería verse realmente serio ante ella. Debía mostrarse, desde un principio, como tal. Finalmente, nada sacaba con solo proponérselo, el actuar era, estrictamente, necesario. Tenía una vaga idea de lo que ella veía en él y no era en lo absoluto alentadora, no tendría que extrañarse entonces. Si bien, siempre trataba de corregir su comportamiento, en los últimos dos años sus acciones habían sido tan, pero tan estúpidas que, a veces, simplemente no se reconocía. Solo en la cancha tenía la oportunidad de desquitarse, pero no siempre estaba en ella. Animado por la sonrisa de Ayako y entendiendo que quedándose en nada, nada lograría, se animó para dar, hoy, el primer paso.
Aún no llegaba el maestro, así que cogió el asiento más cercano a la muchacha y se sentó a su lado, si bien aquello alteró a Ayako, fue capaz de reponerse rápidamente.
— Ayako — dijo él, la chica le miró instintivamente y apoyó el rostro en la palma de su mano.
— Ya entregué la mayoría de las solicitudes… — con gesto cansado agregó — será mucho trabajo…
Riota asintió, algo preocupado de no saber cómo iniciar la conversación.
— Ahora tendrás una gran responsabilidad— dijo ella.
— Lo sé — contestó Miyagi — Pero Ayako yo…— la muchacha le miró en silencio — Yo quería hablar de otro asunto — una extraña emoción subió por el cuello de la chica instalándose en su garganta, miro hacia otro lado del salón.
— ¿De qué? — preguntó insegura.
Riota tragó con fuerza, ahora que estaba a pasos de invitarle a salir, no sabía comenzar semejante discurso. Inició con un nervioso jugueteo de manos que alertó a Ayako ¿Acaso ella también le colocaba nervioso?
— Bueno — dijo aclarándose la garganta — nos conocemos hace varios años — Ayako le escuchó con atención, si bien se veía preocupado y nervioso, se lo imaginó con todas aquellas otras chicas a quienes les habría dicho…
"¿Lo mismo?"
Sintió momentáneamente un escozor en el estómago, Riota continuaba sin saber que no era escuchado ¿Qué decía? ¿De qué hablaba?
— Y me preguntaba, si querías salir conmigo… hoy… después del entrenamiento… — Ayako le observó, Miyagi era una bolsa roja de sangre preparado para la más radical negativa ¿Pensaba así de ella? Nuevamente se sintió empujada a negarse, pero aquello sería darle en el gusto ¿O no?
— ¿Dónde iríamos? — preguntó, más que nada por mera curiosidad, no es que tuviera pensado en realidad acompañarle. Pero el muchacho alzó de tal manera la vista, completamente esperanzado y a la vez ilusionado.
— Pues… donde tú quieras… — justo en aquél momento el maestro entró, Riota se colocó de pie nervioso, esperando obtener después una respuesta, mas Ayako le cogió de la muñeca y le atrajo hacia sí.
— Basta con que vayamos a comer algo — dijo mirándole fijamente.
La mirada de Riota se iluminó y una gran sonrisa, que se preocupó de disimular. Ayako le soltó con indiferencia y procedió a sacar sus cuadernos. Sonrió, aunque no supo por qué.
Miyagi apenas podía contener la ansiedad que le embargara desde ese momento. Miró tantas veces al puesto de la muchacha, pero esta se mantenía con la vista fija en el pizarrón. No importaba ya era hora de hacerle cambiar de opinión sobre él. Estaba dispuesto y lo lograría.
Durante el almuerzo Sakuragi se escapó al gimnasio, por más que tratara no lograba calmarse al pasar cerca de aquél lugar, así que finalmente fue a el; oscuro, silencioso y vacío, un eco extraño pareció devolverlo a los días en que entrenara con el resto, escuchando las órdenes del Gori y los gritos que pedían y anunciaban algún pase o movimiento. De aquello retrocedió al último día en que sujetara un balón y de este al primero de ellos.
"¿Sabes cuales son las clavadas?"
— ¿Sakuragi? — escuchó a su espalda, la misma voz temblorosa y gentil que le recordara su cabeza. Volteó y ahí le vio.
Haruko seguía tal cual le recordara, parecía haberse congelado junto a su recuerdo. Estaba sorprendida de verle y eso le resultó incómodo, ninguno de los dos supo que decir, Haruko bajó la vista algo avergonzada, aunque no entendía el por qué, los nervios, por otra parte, también le asolaban.
En el caso de Hanamichi, todo podía multiplicarse por diez, había una y otra vez jurado que ahora si sería capaz de decirle lo que por ella sentía, pero se topaba con el escollo de Rukawa y la verdad es que no debería de quejarse, eso él ya lo sabía. La muchacha carraspeo para hablar, y aún así ambos lo hicieron al mismo tiempo, solo entonces Hanamichi pareció tranquilizarse, sonrieron llevándose una mano a la nuca.
Haruko se quedo observándole, Sakuragi había cambiado, no podría definir exactamente en qué, pero lo había hecho. Parecía más meditativo y había un rastro en sus ojos que le indicaba que ya no veía las cosas de la misma manera. Cosa que si bien no entendió en aquél momento, llamó su atención. La sonrisa del muchacho le tranquilizó, solo en aquél momento comenzaron a hablar el mismo idioma.
— ¿Cómo has estado Haruko? — preguntó él, Haruko sonrió y contestó:
— Muy bien…— y hace rato que quería comunicarle esto a su amigo, continuó entonces diciéndole — He convencido a mis amigas ¿Las recuerdas Fuji y Matsui? — Hanamichi asintió — a practicar baloncesto conmigo— el muchacho se acercó a ella, agregando:
— ¿Y el Gori…— carraspeo — quiero decir; el capitán Akagi? — dijo invitándole a salir del gimnasio, Haruko le siguió.
— Muy bien, aunque al parecer los estudios en la universidad le dejan muy poco tiempo.
— El dejo el baloncesto ¿no? — Haruko asintió, con cierto gesto de pena, para luego agregar:
— Los fines de semana, me ayuda a entrenar con las chicas — A Sakuragi se le hizo difícil el imaginarse al gorila jugando con esas tres delicadas jovencitas.
Nuevamente guardaron silencio, un incómodo silencio. La muchacha no sabía cómo empezar, le extraño aún más, otra rara sensación que le decía lo agradable que era volver a ver al muchacho, todo aquello no hacía más que confundirla. No era para nada grato, pues no sabía en verdad que era lo que ocurría.
Tanto Hanamichi como Haruko se encaminaron por los pasillos del instituto, pasando completamente desapercibidos, excepto quizás, para sus amigos en común. Sakuragi había esperado un reencuentro marcado por su estado pseudo-amargado ante la indiferencia de la chica. Cosa que, finalmente, no ocurrió, no había manera de hablar el tema con ella sin sentirse presionado o raramente perturbado. Así que ya con más calma, se dedicaron a hablar de sus respectivos veranos, en el caso de Hanamichi, sobre su tratamiento, mientras que la muchacha le narraba, no sin entusiasmo sus peripecias en el deporte que le quitaba el sueño, así que la tensión entre ambos desapareció.
Sakuragi, aún, ya más animado seguía calculando cuales serían sus verdaderas oportunidades si es que Haruko en algún momento le dejaba amarle.
Riota se vio impedido de acompañar a Ayako durante el almuerzo, pues esta le esquivo juntándose hábilmente con un grupo de chicas que, si bien, no consideraba sus amigas, le hacían grata compañía. En aquél grupo Ayako era admirada, por ser la única mujer presente en el equipo de Shohoku, y aunque esta trataba de explicarles cuál era su verdadera función, no había discurso posible que les hiciera entender su posición; solo ayudaba a los novatos con lo básico.
Viéndolo crípticamente. Era cierto, más que eso no podía hacer, la mayoría de las chicas que se habían interesado por el baloncesto, desistieron cuando notaron que en Shohoku solo existía un equipo de hombres, algunas sintieron vergüenza de ello y otras simplemente se retiraron buscando mejores parajes -además muchas terminaron temiendo al capitán Akagi- así que habiendo quedado sola, la única opción que se le dio era la de "manager" del equipo, aunque eso siquiera era así, ya que ella no organizaba los partidos con los otros equipos ni decidía nada que tuviera que ver con el futuro o desempeño del equipo, solo se encargaba de llevar un calendario con anotaciones de juegos y un cuaderno con los nombres de todos los integrantes de los equipos contrincantes, lo que en si cualquiera podía hacer.
Finalmente, estaba ahí para darles apoyo, y entendiéndolo de esa manera, en lo único en que se diferenciaba del fan club de Rukawa, era que ella no llevaba pompones y que conocía completamente el lenguaje en el cual todo el equipo se manejaba.
Situación muy lejana a su verdadero papel durante la secundaria, en donde era la capitana de su equipo, y con quienes llegó a la semifinal femenina de baloncesto, a nivel nacional. Sin mencionar que hasta su último año en la secundaria fue seleccionada nacional. Todo eso desapareció para ella en cuanto ingresó a Shohoku, aún no recordaba por qué había decidido quedarse ahí.
Solo Akagi, sabía que a ella habilidades le sobraban, pero nada se podía hacer en contra de la corriente, hubiera sido una desconsideración el haberle hecho entrenar con el resto del equipo. Era por ello, que ahora era un alivio el ver a Haruko junto a ella. Inmediatamente se preguntó ¿Qué tan factible sería crear un equipo femenino? Dentro de esa escala, también existían campeonatos para mujeres, casi tan importantes como los de los hombres, aunque, obviamente, menos concurridos. Sería una buena idea, el exhibir a Rukawa, rió para sí ante aquella idea. Se vio a si misma liderando a todo un grupo, a algunas enseñándoles lo básico. Y ¿Qué tal si lo hacía? Miyagi no tendría por qué negarse, aunque aquello no sería una decisión que pasase por él ¿Cierto? Si presentaba una petición formal ante la dirección y esta le autorizaba, Shohoku entraría a los torneos femeninos. Así finalmente todas las victorias que disfrutase serían de ella, no de los chicos.
Miyagi, en tanto, le observaba desde la lejanía divagando en sus propias ideas. Suspiró.
¿Qué más podría hacer?
— Eh… disculpa… — escuchó a su lado, pocos centímetros más baja que él — ¿Eres tú el capitán del equipo de baloncesto? — Riota asintió vagamente sorprendido.
— Quiero unirme — dijo ella con tono serio. Riota se extraño aún más.
— No tenemos equipo femenino.
— Lo sé, pero al menos se me puede dar la oportunidad de entrenar ¿no? — Riota lo pensó y rápidamente agregó:
— No lo creo. Aunque en ese caso, lo mejor sería que hablaras con la manager del equipo.
— ¿Dónde la encuentro? — Riota enrojeció y apuntó hacia el jardín, Usume reconoció de inmediato a Ayako.
— Muy bien — dijo, sin mirar al muchacho. Dicho esto le dejo a solas. Este se quedó mirándola, aquello le había resultado muy extraño.
Ayako palideció cuando vio acercarse a Usume, esta avanzaba hacia ella con paso seguro y rápido, por su rostro se veía que no lo había pasado muy bien ¿Se habría topado con Rukawa?, aún peor que eso, que ella estuviera ahí significaba que Soujiro también, aquella idea le aceleró el corazón.
— Discúlpenme — dijo levantándose y apartándose del grupo. Todas le miraron con atención. Con cuidado se condujo hasta la muchacha Kenta, esta no demoró en hablarle.
— Te estaba buscando— le dijo, Ayako asintió sonriendo.
— Imagino porque— Usume bajó la vista y agregó:
— ¿Cómo lo haces? — Ayako le observó interrogante, a lo que la muchacha siguió — ser solo la asistente… — no había desprecio alguno en su rostro, aunque si mucha decepción.
— Las cosas son diferentes en la preparatoria.
— Hay que cambiarlas… — dijo Usume con seriedad — ¿podemos? — finalizó.
La pregunta resonó en la cabeza de Ayako como un eco de sus propias ideas, de un momento a otro se sintió vieja y dejada de lado, por aquel grupo de hormonas cabalgantes que era ese equipo. Al fin de cuentas ese reencuentro solo le había hecho entender que "cuando era más joven" se atrevía a más. El ver a Usume con esa decisión, solo le hizo brillar la vista, era una nueva perspectiva y además otra integrante.
"Solo faltan dos"
Y con ello no pudo evitar el pensar en las amigas de Haruko.
— ¿Quieres entrar al equipo? — Preguntó finalmente. Usume asintió.
— Ya lo hablé con el capitán, me dijo que lo conversara contigo— Ayako meditó la información, por un momento todo le parecido tan burocrático.
— ¿Tienes una solicitud? — Usume negó.
— Acompáñame — la chica no se hizo esperar — ¿Cuándo llegaste? — le preguntó.
— Hace un par de semanas, quería quedar en Shojo o Ryonan — solo entonces, Ayako le observó atentamente, el tono que Usume había empleado no era para pasar aquél comentario como si fuera nada, entonces sin poder evitarlo preguntó:
— ¿Por qué no estás allá? — la muchacha le miró fijamente y contestó:
— Kenta me ha enviado a verte — Ayako desvió la vista y musitó:
— ¿Cómo está él?
— Bien, volverá a Shojo.
— ¿Ah...si?
— Quiere llegar al campeonato.
— Eso no será fácil— agregó Ayako — tienes a Kainan y ahora a Shohoku como candidatos.
— Por lo que Soujiro me dijo, si no está Maki es difícil que Kainan sea el mismo, yo no lo creo, y bueno, lo de Shohoku fue una mera coincidencia — Usume lo dijo con el tono más desenfadado que le fue posible usar y aún así sonó pedante y engreída.
— Shohoku ha trabajado mucho todo este tiempo para lograr su actual resultado, mide tus palabras — Usume sonrió, Ayako seguía igual de apasionada, aún cuando se tratara de causas que no eran las propias.
Llegaron al salón de tercero, ahí la muchacha le entregó la solicitud correspondiente. Usume no tardó en llenarla, Ayako le observó por encima muy detenidamente.
— ¿Te has topado con Rukawa?
— Estamos en la misma clase — contesto con indiferencia, el gesto de sorpresa de Ayako fue mayúsculo.
— ¿Aún así planeas unirte al equipo?
— No dejaré que su presencia me haga tomar decisiones erróneas — al decir eso recordó que estaba en esa preparatoria solo por obligación. Miró a Ayako fríamente y finalmente contestó — sería darle mucha importancia.
