Parte II.
Dejé el sobre en su almohada, sabiendo que me arrepentiría por no despedirme como correspondía. Sabía que lo que estaba haciendo estaba mal, pero ¿qué más podía hacer? No es como si pudiese volver y rogarle de rodillas que dejara toda esta locura atrás. Esta misión significaba todo para él.
— ¿Qué haces en la habitación de Mello? —inconscientemente di un grito de susto y me di vuelta hacia la puerta.
El muchacho de pelo castaño y gafas blancas con lentes de color ámbar me miraba desde el umbral. Su sonrisa de lado indicaba que era precisamente en esa posición en la que me quería encontrar. Como siempre, llevaba su chaleco sin mangas, su remera rayada y unos jeanes azules.
—Si tu objetivo era matarme del susto, casi lo logras —me acerqué hasta él lentamente. Le sonreí, pero la alegría no llegó a mis ojos—. Esas cosas van a ser tu perdición.
Matt se limitó a llevarse el cigarrillo a los labios y lo encendió lentamente. Salí de la habitación y me dirigí hacia las escaleras. Al pie de éstas, se encontraba mi valija y mi mochila.
—Sabes lo que vas a generar, ¿verdad? —sus palabras hicieron que me detuviera en seco.
Mi mente funcionaba a mil por hora, haciendo que mis recuerdos volvieran a la vida ante mis ojos.
Flashback.
— ¡Sos una mierda, Mello! —, le grité. —Sólo admitilo.
—Esto es lo que voy a admitir —, respondió en voz tan baja que era casi inaudible, mientras daba un paso hacia mí. Su rostro estaba a escasos centímetros del mío. —Creo que sos una nena débil que no puede valerse en el mundo por sí misma. Y en cuanto a tus sentimientos hacia mí, he sabido de ellos durante mucho tiempo y no he dudado en usarlos para mi beneficio si lo necesitaba. Sos una marioneta, Evangeline.
Yo estaba que echaba humo por las orejas, y levanté mi mano con la intención de dirigirla hacia su cara con toda mi fuerza. Sentí la mano de Mello cerrarse alrededor de mi muñeca, manteniéndola allí e impidiendo que lo abofeteara.
— ¡No te atrevas! —resopló con fuerza, no dejando ir mi muñeca. Levanté mis ojos y fijé mi mirada en él. Ambos respirábamos profundamente, ambos agitados por la situación.
De repente, nuestros labios se encontraron. Lo único que sabía era que la boca de Mello estaba en la mía y finalmente nos estábamos besando. Incluso esperaba que el rubio me empujara o se alejara, pero en vez sentí que su mano libre apoyarse en mi hombro y me empujaba contra la puerta. Los dos estábamos todavía enojados, pero eso no impidió que siguiéramos.
Fin del flashback.
Giré mi cabeza y le dediqué otra sonrisa.
—Para ser el mejor amigo de Mello, sí que no lo tenés idea —le respondí con tono burlón—. Nadie le rompe el corazón, siempre es al revés. Además, ya no pertenezco a este lugar, Matty. Todos sabemos que sólo estaba acá porque, en algún momento, iban a necesitar de mis habilidades como enfermera, nada más. Jamás voy a poder llegar a estar a su nivel intelectual y eso, a largo plazo, siempre se va a hacer notar.
Con lo que yo creía que era una respuesta ingeniosa, me dirigía hacia mis pertenencias. Pero, antes de que pudiese salir, la voz de mi amigo me detuvo.
—Antes de que te vayas definitivamente, hay algo con lo que necesito que me ayudes. Después de eso, sos libre de hacer lo que quieras.
