[Silencio]
Cada capitulo tiene un Playlist para algo así como una experiencia audiosensorial.No es necesario pero es altamente recomendado. Los nombres de las canciones están entre corchetes y negrita como el "[Silencio]" de arriba. para que sepan más o menos por donde debe empezar cada una. Hice una pseudo-cronometración basado en el promedio de palabras por minuto que lee un universitario. There you go! 8tracks (PUNTO) com/rougeness/mcoi-la-luz-me-ciega [El link tambien esta en mi perfil.]
La luz me ciega
[40 day dream]
Ha pasado casi un mes desde que llegaron a la casa del lago, lo que significa que la luna llena está muy cerca, otra vez. Todos están sentados en el muelle mirando el reflejo del sol en el lago. Es una tarde de verano perfecta. Remus tiene un sweater demasiado mullido para la ocasión y bebe licor de chocolate. Sirius y James tiene vasos llenos de whisky de fuego y lava ron respectivamente. Lily va por la cuarta copa de hidromiel con especies y Peter sigue bebiéndose su primera cerveza de mantequilla.
Sirius tiene horas hablando de lo genial que seria que el criatura marina, esa del folleto, saliera a jugar. Porque Sirius Black considera que jugar con un cruce de dragón y monstruo marino es absolutamente aceptable como diversión ligera. James está de acuerdo. Lily tiene el ceño fruncido porque no está muy segura si hablan en serio o si están siendo sarcásticos. Peter, como les informó, no tiene ningún deseo de "jugar" con un kraken.
– ¡Colagusano, no le digas kraken! Nadie te dice a ti retrasado ¿O sí? Hay que pensar en un nombre. – responde Sirius
– Tú me dices retrasado, todo el tiempo.
– Ni siquiera sabemos si existe, Canuto. – dice James, ignorando a Peter, como siempre.
– Venado de poca fe. Bettina sólo es un poco tímida, por qué vendría si el retrasado le andan diciendo kraken.
– ¿Bettina? – pregunta Lily
– Si, Bettina suena bien. Parece medio alemán, ¿sabes? Hay que tener cuidado con ellos, porque están dementes pero eso es lo más divertido.
– ¿Cómo sabes que es hembra? – pregunta James. Kraken o Bettina no hace ninguna diferencia para él.
– Oh, simplemente lo sé.
– A mi me dices "psicópata", a Remus "Lunático", a Nancy "engendro". ¿Y a un monstruo marino "Bettina"? – vuelve a intervenir Lily, bastante ofendida. Sin darse cuenta siquiera que ella también ignoró a Peter.
– Todos le dicen, a Remus, lunático. Y bueno, ¿cómo se supone que piense en un sobrenombre si no la conozco, cerebro de troll?
– ¡Es un monstruo marino! ¿Qué más necesitas saber?
– Lily Psicópata, la próxima vez que digas eso te voy a lanzar al lago a ver si encuentras a Bettina.
– ¿Que diga qué?
– Monstruo. Los verdaderos monstruos se ven como tú y como yo, quizás más como yo. Tiene varitas y usan túnicas de seda. Y los que piensan que todo lo que no sea humano es un monstruo, son los mismos que creen que eres menos bruja por tener sangre muggle.
Lily enrojece ante esto y es la carcajada de Remus la que interrumpe el silencio incómodo. Se ríe porque Sirius prohibió que se dijera esa palabra en "jodida casa". Monstruo. Se ríe porque es una farsa, la oveja negra, el terrible duelista de artes oscuras. Sirius esta hecho de algo endeble por dentro. No parece y cuando se le escapa en una conversación tonta u otra, genera eso. La misma revelación una y otra vez.
Entonces, así como así, del lago emerge lo que habían esperado por semanas, como escuchando sus súplicas, interrumpiendo la segura pero incómoda disculpa de Lily. Este sonido envolvente como un rugido y un "glup"de gran magnitud los incorpora con en un instante. Más que asustados se quedan inmóviles de pura emoción contenida. "Es Bettina" gritan Sirius y James al mismo tiempo y Remus niega levemente con la cabeza. "Aquí vamos" piensa resignado. Lily, como siempre, no entiende nada. Peter entiende menos porque todavía esta intentando deducir de dónde vino y que es ese sonido.
Sirius se levanta de un salto y arranca a correr como que la vida depende de eso. Es que Sirius Black vive para esto, para ser impulsivo, para que el corazón lata a todo lo que da. El vive para caminar el la linea que separa lo la genialidad de la idiotez. James le sigue con unos segundos de atraso. Remus se permite suspirar antes de unirse. Lily y Peter corren tras ellos por pura inercia, parece que esto es lo que hay que hacer. No crecen nunca, siguen corriendo hacia el peligro entre carcajadas. Siguen siendo estos niños de doce años fascinados de tener un amigo hombre lobo.
Sirius es el primero en entrar al agua. James le sigue soltando un grito de triunfo antes de lanzarse. Lily entiende que nadie esta intentando detener a Sirius para cuando Remus está sumergido y Peter está en el aire, a medio camino hacia una entrada bastante dolorosa al agua. Por primera vez, Lily es parte de la aventura y no la que espera a que vuelvan para reparar huesos rotos. Es una de ellos, como nunca antes. Sin invitación y sin tratos especiales. "Ven a visitar un monstruo marino con nosotros, es lo que hacemos los miércoles" piensa Lily remedando la voz de James en su cabeza y se tira al agua dudando de lo que hace, pero confiando en el buen Cornamenta.
[D is for Dangerous]
Muy pronto están nadando hacia lo profundo. De Sirius apenas puede ver una estela de burbujas alejándose. Remus, al igual que James, tiene una burbuja propia alrededor de la boca para respirar y esta ayudando a Peter a conseguir una. Su novio la esta esperando mirando con impaciencia como Sirius se aleja y Lily no se apresura. "¿Cuando tomaron sus varitas?" piensa ella sintiéndose una tonta por no tener la suya. Lily mira al amor de su vida y sonríe tan amplio que casi se ahoga. Le hace señas para que se vaya, para que siga a su mejor amigo en la primera linea y nada hacia Remus. James la ama con una intensidad de duele, casi se regresa a besarla, pero ya tendrá tiempo está noche.
Cuando todos pueden respirar y se apresuran a ir tras una muerte segura. La experiencia les ha enseñado que no hay nada seguro. Sirius y James van adelante con varitas iluminando el camino. Remus va lento para esperar a Lily y Peter, porque ambos poseen condiciones físicas lamentables y además no tienen varitas, las olvidaron. Lily se jura que eso no vuele a pasarle mientras se pregunta que demonios es lo que pretenden hacer. Pueden ver la monstruo. A Bettina, como prefiere llamarla Sirius. Es del mismo color que se ve el lago desde la superficie, algo entre azul y verde, tiene los ojos rojos como encendidos en fuego y es enorme como una ballena bebé, menos lo tierno. Sirius y James se detienen cuando están muy cerca. Esta cosa hace lo más cercano que un monstruo marino puede hacer a gruñir y abre la boca.
"El fuego" piensa Peter. "No puede hacer fuego, están bajo el agua" Piensa Lily. "Seguramente puede calentar el agua y eso es suficiente para rostizarnos" deduce Remus. "¿No es esto genial?" se dicen a si mismos Sirius y James. Lily y Peter están convencidos de que van a morir y esto va a ser lo último que vean y nadie los va a encontrar en el fondo de ese maldito lago. Remus tiene la varita lista para conjurar un hechizo que tiene altas probabilidades de mantenerlos con vida. Sirius y James vuelven a sonreír complacidos, se miran apenas en eso intercambios telepáticos de información. Para cuando vuelven la mirada al los ojos rojos como el fuego ellos también son bestias.
Dos enormes animales remplazaron a los muchachos. Un perro negro y un venado color avellana. Con la transformación anularon el hechizo para respirar. No tienen mucho tiempo, y es imposible usar sus varitas para protegerse si es que la criatura decide freírlos de todas maneras. Lily siente que el cerebro se le está saliendo por los odios. "¡Merlín bendito, están dementes!". Remus se ríe, debió pensar en eso. Porque Bettina se vea aterradora no significa que necesariamente lo sea, quizás simplemente se sentía sola, como todos los monstruos. Así que ahí van ese par de tontos a decir. "Somos lo mismo que tú". Remus ve su vida resumida en dos segundos, dos muchachos demasiado brillantes y estúpidos para alejarse cuando debían, hasta que ya no hay vuelta atrás.
Nadie se mueve. El monstruo los mira confuso, cierra la boca y se aleja un poco. Los muchachos regresan a su forma humana sonriendo satisfechos. James se estaba hundiendo porque los venados no pueden nadar. Reactivan los hechizos para respirar y nadan hacia la muerte segura, otra vez. Y en esta ocasión es Bettina quien parece asustada. Lily esta muy aturdida y Peter muy feliz de conservar su vida como para pensar en algo. Bettina duda un poco antes de acercarse pero en casi nada esta jugando con Sirius y James como si fuera un cachorrito, o un delfín, o algo amigable.
[Love love love]
"Bettina sí quería jugar" piensa Lily con la parte del cerebro que aun no se le había escapado por los oídos. "Bettina es horrible, merlín me ayude, que la sigo llamando Bettina" se dice a si misma mientras James la toma por la mano; cuando bajo la insistencia de los primeros dos, los demás se acercaron. Remus tomó la precaución de sujetar a Peter antes de que su nueva amiga acelere. La vida es una montaña rusa, si sabes donde buscar.
Esta montaña rusa en particular llevaba poco más de un mes. Jóvenes e impulsivos como eran, habían decidido con demasiada ligereza el importante acontecimientos de vivir juntos. No estaban listos. Resultó que años de esconderse tras cortinas pesadas y pequeñas habitaciones sin ventanas no los habían preparado en lo absoluto para esto. Y una vez tras otra terminaban discutiendo, hundidos en argumentos que jamás se les había ocurrido considerar. No se arrepienten. Para nada. Sin embargo, ahora comprenden.
La primera discusión fue incluso antes de que el viaje empezara. Sin duda, fue la que se resolvió con mayor soltura. Estaban en Hogsmeade, fueron alli a buscar la moto. Sirius tenía bluejeans desgastados, franela blanca, chaqueta de cuero, botas de motorista, lentes de sol, cabello negro demasiado largo para ser "decente". En la mano un cigarro y en la cara esa sonrisa que te hace querer ser estafado. Estaba listo para emprender vuelo a lo desconocido. "¿Que mierda estoy haciendo?" pensó Remus, fascinado por el peligro de un viaje demente tanto como por Sirius Black. Que estaba junto a una motocicleta negra, que le queda mejor que cualquier otro accesorio, apoyando un pie en su baúl de oro sólido, porque merlín no quiera que alguna vez posea algo que sea madera, además de su varita. Se fueron a al callejón Diagon, que era su primera parada.
Fue el primer tramo medianamente largo que habían recorrido en la moto y Sirius no estaba especialmente complacido con el rendimiento. Sin embargo, llegaron al Caldero Chorreante en buen tiempo. Remus va al baño y se queda un largo rato mirando su reflejo en el espejo. Demasiado delgado, como siempre."¡Joder, realmente voy a hacer esto!" piensa y siente lo mismo vergüenza que orgullo. Cuando regresa la comida esta sobre la mesa y Sirius tiene cara de fastidio. Frente a él un plato aun caliente, bistec, corte grueso y a medio cocer, puré de papas, los vegetales fueron remplazados por pudin de carne e hígado porque detesta las ensaladas. Remus, por supuesto, sonríe ante esto. Sirius no le había preguntado pero ordenó justo lo que Remus hubiera pedido de haber tenido la oportunidad.
– ¿Qué estamos bebiendo? – pregunta cortando un pedazo de carne
– Cerveza. No es como que tengan un menú de vinos, Lunático. Estamos en el Caldero Chorreante. – Responde de mala gana.
– ¿Pasa algo?
– Nada.
– Ya veo.
– Es la moto. El hechizo estabilizador no es suficientemente estable, y eso va a limitar la velocidad. Necesito reparar eso.
– Por supuesto.
– Deja de hacer eso, cerebro de troll.
– ¿Qué cosa?
– Pretender que me crees.
– ¿Me vas a decir que te pasa?
– No.
– Ya veo.
– Esta es la llave de tu habitación, es la 305. Tengo que reparar la moto, así que tú compra las cosas de la lista. La lista está en... en algún lugar...
– Yo la tengo, Sirius.
– Ok. Aquí hay un pagaré de gringotts a tu nombre. Eso debe alcanzar. Voy a estar ocupado hasta tarde, nos vemos mañana entonces. A las 6, salimos a las 6.
– ¿Mañana?
– Sí, mañana Remus. Porque hoy vas a dormir, ¿Ok? Vas a comprar lo que falta y luego, como una persona normal, vas a cenar y después vas a dormir.
– ¿Así que de esto se trata, Sirius? Aunque me halaga que estés preocupado por mi, me parece...
– ¡No estoy preocupado por ti! Si lo estuviera, lunático de mierda, te encerraría en esa puta habitación y Lily vendría a aterrorizarte con medicina muggle cada tres días. Si estuviera preocupado por ti, ya me hubiera ido y te habría dejado esperando por un translator como todos los demás. Y ya ves, soy un bastardo egoísta. Pero vamos a pretender, sólo por hoy, que no soy un desgraciado. Por hoy, Remus, podrías simplemente...
– Sirius, escúchame, Sirius. Voy a estar bien, en serio. – Interrumpe Remus tomándolo por los hombros con acostumbrada suavidad. – Voy a estar bien, sabes eso Canuto.
– Sí, sí, lo sé, Rem. Lo sé. – Responde quitandole importancia, como si no hubiera sido él quien lo puso en duda en primer lugar. Suspira lentamente, ese sonido que hace siempre, como si se desinflara. – Descansa, lunático.
Sirius dejó sobre la mesa una botella pequeña en forma de lágrima, llena de un espeso liquido azul. Poción para dormir sin sueños. Remus sonrie a penas. Él también tenía sus dudas, él también estaba preocupado. Emocionado, pero preocupado. Se queda pensativo, considerando tomar sus cosas e irse. Esperar por un traslator como todos. Considerando aceptar que no iba a poder nunca seguirle el paso a Sirius Black.
[Dead Sea]
Remus tomó su decisión. Haría bien en ser la mitad de lo razonable que pretende ser. Y sin embargo, adentrada la noche está frente a la habitación de Sirius. No le costó demasiado conseguirla. La más cara de todas. Tenía que informarle lo que había concluido. Urgentemente. Sirius abre puerta, está semi desnudo, lo que puede considerarse su pijama preferida, aunque no estaba durmiendo. Hay varios mapas abiertos en la cama y la habitación, por supuesto, huele a cigarros y whisky. Remus entra sin invitación, con esa apacible calma amarilla, sonriendo ante la furia del otro. "Masoquista de mierda" piensa Sirius cerrando la puerta muy fuerte.
– ¿Qué coño haces aquí?
– No quiero pretender ni un instante más que no eres un desgraciado. Porque lo eres, de hecho, eres más que eso. Eres el mar muerto. Esa es la razón por la que te amo.
Sirius suspira, no ofendido, sino vencido. Contra todo pronóstico, él había sido el primero en decirlo. Sirius. Era la única forma en la que pudo pasar. Había entrado al baño del dormitorio, la última semana de Hogwats, luego de un duelo, desbaratado y derrotado. Había entrado porque sabia que Remus estaba ahí y porque fue con él con quien peleó. "Hay algo que quiero decirte" informó y luego le dijo. Con una naturalidad perturbadora. "Te amo, Lunático". Remus se quedó paralizados con los ojos entornados, que aún a media luz se veían demasiado amarillos, sin responder. Sirius sonrió de satisfacción porque por una vez lo dejo sin habla.
Pero Sirius se había limitado a tres palabras. Remus no iba a hacer eso. Porque es un lunático de mierda y para cuando termine de hablar Sirius va a sentir que las manos le cosquillean y la piel de la nuca erizada. Ya lo siente. Remus no a empezado a hablar y él ya lo siente. Está tan jodido como cornamenta con Lily, peor. Este despreciable ser amarillo sabe hacer cosas con las oraciones, las alarga, las moldea como arcilla, las dispara con una suavidad enervante dejándolas incrustadas en la piel. Cada vez que Sirius toma una bocanada de aire muy grande, cuando se queda sin aliento por alguna razón u otra invariablemente recuerda a Remus diciendo: "Eres como el aire, a veces te falta, pero si lo extrañas es que estás muerto." Es un maldito bastardo que no le deja ni respirar. Así que sabe que está a punto de hacer eso otra vez, de cambiar el significado de las palabras. Va dejarlas tatuadas en su cerebro tal cual como si lo marcara con hierro ardiente, pero no rojo, sino amarillo
– Ciertamente eres un bastardo que no se preocupa por mí. Que no me ofrece ayuda porque da por sentado que no la necesito. Eres un desgraciado que me despierta en vez de dejarme dormir, que me ofreció cigarros y alcohol sin preguntar si estaba bien que yo hiciera eso. Que me insulta por ir lento en vez de asegurarse que puedo continuar. Eres el único desconsiderado egoísta que cree que soy normal, que invariablemente me trata como su igual. Y además eres el mar muerto, criado para aniquilar cualquier cosa a tu alrededor y en vez de eso escoge no dejar que nadie se hunda. No puedo hundirme, es imposible ahogarme cuando estoy contigo y sabes bien que lo he intentado. Así que no quiero pretender, ni hoy ni nunca, que no eres lo que más me gusta de ti. Lo que más te agradezco, la razón por la que te amo y te amo tanto.
– Lunático de mierda. – Responde, y otra vez él sólo tiene tres palabras.
Remus no responde más, mueve la cabeza a los lados con desaprobación fingida hundiendo sus manos en los bolsillos con su lentitud maestra y amarilla. Camina hacia el abismo, hacia Sirius. El terreno minado de agujeros negros induce a la acción y al duelo. Un duelo que promete ser definitivamente encarnado y como armas han escogido varitas mucho más suaves. Las ganas son viscerales y las intenciones casi desleales. Ellos son y siempre han sido las aristas quebradas que encajan.
Y así se deshicieron de la primera piedra en el camino. Le siguieron una cantidad considerable. A mitad del viaje la moto se quedó sin combustible y no tenían más porque Sirius nunca pensó en ello. "¿Me estás diciendo, Lunático, que las cosas muggle beben una poción?" Tuvieron que caminar hasta el pueblo muggle más cercano, donde tuvieron que vender un algunos botones de oro para conseguir dinero, porque solo tenían monedas mágicas. Sirius no estuvo muy complacido de arruinar sus camisas y no parecía entender que todo eso era su culpa. Cuando por fin estuvieron en la casa del lago, la situación no mejoró del todo.
Cuando contrataron a una decoradora esta estaba extasiada de ver toda una casa en ruinas que decorar con los fondos de un Black, pero más emocionada estaba de ver a Sirius. Remus pudo haberle sugerido que tuviera cuidado si quería seguir siendo tan bonita como las alfombras esas que vendía. De hecho, Remus lo hizo. La decoradora renunció ofendida. Tuvieron que conseguir a otra y Sirius lo encontró menos divertido, cuando se dio cuenta que las decoradoras francesas con perfecto estilo y que estudiaron en Praga; pues resulta que no crecen en los árboles. Además Remus quería leer todo el tiempo, se rehusaba a usar otra cosa que sus horribles trapos raídos, y sólo quería comer carne cruda. Aunque Sirius insistiera que no había nada como ese risotto, caviar, que encargaba de los mejores restaurantes y que este vino, joder, le iba perfecto. Remus nada más quería su estúpida carne cruda y cerveza. ¡Era enervante!
Sirius era una persona exageradamente ruidosa. Si no era el tocadiscos o la radio a todo volumen. Era la moto rugiendo en medio de la sala cuando por tercera vez en esa semana la desarmaba, sólo para volverla a armar. O las dos cosas. Al parecer, el silencio, la paz y café tibio de las mañanas estaba en contra de sus principios. Y sólo quería comer cosas que tuvieran un nombre extravagante en francés. Y la verdad no lo había notado, pero Sirius podía hablar de los vinos como si fueran personas. ¡Era enervante!
[Let's dance to join division]
Por supuesto, nada supera la historia de como llegaron a emplear a una elfina domestica. No a tenerla como es lo normal, si no a emplearla. Todo siempre comienza de la manera más tonta. Era de mañana y Sirius estaba dormido porque eso es lo que se hace en las mañanas cuando Remus lo despertó. Y ese lunático de mierda, podría bien ser la única persona que sabía como despertarlo sin molestarlo. Se sienta a un lado de la cama y lo zarandea suavemente. Va recorriendo dedos amarillos por su espalda, un sol aquí, uno allá. Sirius se frotó los ojos confundido, se sentó. Remus estaba frente a él sonriendo apaciblemente. En la cama había una bandeja con huevos revueltos, salchichas asadas, pan y café. Sirius se volvió a frotar los ojos antes de hablar.
– ¿Qué es eso, Lunático?
– Algunas personas le llaman desayuno.
– ¿Por qué?
– Costumbre, me imagino.
– Cerebro de troll. Ya en serio. ¿hoy es un día especial o algo?
– ¿Cómo que?
– Que se yo, como un aniversario o algo. ¿Nosotros tenemos un aniversario? Si es algo así, sabes que tuviste haberme avisado antes.
– ¿Avisado del aniversario?
– Sí, entonces yo te hubiera dicho que eso una estupidez y nosotros no hacemos esas mierdas, entonces no estaríamos pasando por esto.
– ¿Pasando por qué cosa?
– Basta, Remus. No me jodas.
– Voy a Londres, tenia hambre, hice comida te venia a preguntar si necesitabas algo y te traje desayuno. Eso es todo, Canuto.
– ¿Si necesito algo como qué?
– Algo que quieres que compre en Londres
– Uhm... si claro, Lily dejó una lista de... cosas, tú sabes, está en... en... en algún lugar, creo que la biblioteca.
– Yo la tengo, Canuto.
– Genial. Bueno sí necesito combustible para la moto, hay lugares muggle que los venden, pero la ultima vez que fui pedí 500 galones y los muy desgraciados me ignoraron. Lily dijo que lo hice mal, ¿Tu sabes como hacerlo? Creo que si es tan difícil, deberías comprar más, como 800 galones. Ahh.. compra un kit con las herramientas y instrucciones para hacer un campo de quidditch. Mmm... déjame ver, había otra cosa que quería, ya me acordé. Un elfo.
– ¡¿Qué?!
– Bueno tenemos suficiente espacio para un campo de quiditch, aunque también pensé en colocar los postes el el lago. Eso estaría de puta madre ¿No crees? Claro, si nos importa perder muchas pelotas...
– Joder, no debí haber preguntado. Ese paquete va a ser enorme. ¿Y a que demonios te refieres con un elfo?
– Obviamente Lunático, pero tu lo pagas y dices que te lo envíen, cerebro de troll. Y con un el elfo me refiero a un elfo doméstico. No vayas a comprar uno de los baratos, quiero que sepa cocinar, estoy harto de comer porquerías... ehm... excepto por esto, Rem. Está de puta madre, te lo juro.
– No sé ni para que me molesto. Por curiosidad Sirius, cuando dices un elfo barato, eso es aproximadamente...
– No estoy seguro, como setenta mil galeones, quizás más. Pero yo quiero el de doscientos.
– ¡Joder! ¿Un elfo doméstico puede costar doscientos mil galeones? Eso es lo mismo que costó esta casa.
– Fue una casa muy barata lunático. No sé si lo recuerdas, pero estaba hecha mierda.
– Creo que es mejor que vayas tú.
– Sólo escoge uno que no sea un imbécil y que pueda cocinar, eso es todo.
– ¿Y el dinero?
– Tómalo de mi baúl, los lingotes valen por cien mil galeones, llévate tres. Mejor cuatro, por lo del quidditch y el combustible y eso. ¿Quiere las llave de mi bóveda por si acaso?
– ¡¿Qué?! ¡No, por merlín, no quiero la llave! ¿Cuanto dinero se supone que voy a gastar?
– Lunático ya hemos hablado de esto, es sólo dinero.
– Pues déjame decirte algo, poder cocinar no vale tanto dinero. Y no necesitas 800 galones, es ridículamente exagerado. ¿Quieres explotar la casa? Sirius no me mires así, sabes que era sarcasmo, es una idea de mierda hacer explotar cosas y ni necesitas combustible para eso.
– Pero es mas divertido como lo hacen los muggles. Esta bien, esta bien, compra una cantidad razonable, o lo que sea. En cuanto al elfo, lo que cuesta es la confidencialidad y la obediencia, cerebro de troll. Un elfo es un esclavo y por lo tanto no puede traicionarte. En eso no voy a cambiar de opinión.
– Suena horrible.
– Suena como que funciona. En Hogwarts hay montones y no te parecía horrible.
– Hogwarts acepta a los elfos que están solos porque sus amos los abandonaron o murieron.
– ¿Todos ellos?
– Todos los que ha ingresado desde que Dumblendore es director.
– ¿Cómo sabes esas mierdas? Compra el jodido elfo y ya.
– Si tú insistes, pero es una mala idea, estoy seguro.
– Hey, Lunático. Un caja de cigarros también ¿vale?
Y Remus lo besó con especial suavidad antes de irse y Sirius se quedó mirando su desayuno a medio comer con actitud desconfiada. Hay algo, algo que definitivamente debería saber, y no lo sabe.
[The weight of living part I]
Ya entrada la tarde, Sirius está en "el jardín". Una y otra vez ha intentado desarmar la moto y volverla armar. No ha logrado que funcione, así que la repara con la varita y lo vuelve a intentar. Ese cacharro muggle es sin duda su rompecabezas favorito. Cuando Remus llega, es allí donde lo busca. Tras él viene una elfina pequeñísima, Sirius cree que nunca ha visto una de este tamaño, que no fuera una cría. Tiene ojos azules muy grandes para ella, esta envuelta en una mantica blanca. Se ve tan endeble que parece que hasta en pleno verano, tiene frío. Sirius bufa con incredulidad.
– Remus esa vaina no es un elfo. Es un ratón, de hecho colagusano escribió que le manden su novia de vuelta. De verdad espero que cocine de puta madre.
– En realidad no sabe. Ni tampoco es nuestra como tal. Su nombre es Nancy y ella se rehúsa a ser esclava.
– Dos cosas Lunático. Que no fuera un imbécil y que supiera cocinar. ¿Y que traes? Un elfo del tamaño de un ratón con la mitad del cerebro de un troll que no sabe cocinar.
– Yo te dije que era una mala idea.
– ¿Que coño hace este engendro aquí si quiere ser libre?
– Le dije que le podíamos dar trabajo.
– ¿Le dijiste que? ¡No le vamos a dar trabajo un coño!
– Sirius yo puedo pagarle.
– ¿Hasta cuando con lo del dinero? ¡El dinero es sólo dinero! ¡No me importa una mierda! ¡A nadie le importa una mierda!
– Me inclino a pensar que hay personas a las que sí.
– Como sea, sabes bien que hay cosas que no podemos arriesgarnos a contar. Págale, dale vacaciones, días libres, una habitación, pero dale una prenda también Remus.
– Eso sería falso Sirius. No sería libre.
– ¿Haces estás mierdas a propósito Lupin? ¿Eres en verdad tan masoquista? ¿Te despiertas todos los días buscando nuevas formas de joderte la vida?
– Sirius, no, escucha...
– Es que hay veces que de verdad me gustaría saber qué coño es lo sucede en tu cerebro de troll. Porque de vez en cuando no estoy seguro si eres masoquista, sádico o nada más retrasado. ¿Quieres ayudar al maldito engendro? Por qué no mejor me haces a mí un favor, coño. Deja, escúchame bien, deja de actuar como un jodido martil. Mi paciencia tiene un límite. Si quieres morirte vete a otra a parte, porque yo no voy a verlo. ¿Me entiendes? ¡Ahora, saca al engendro de mierda ese de aquí!
– No voy a hacerlo.
– ¡Perfecto! Yo voy a hacerlo entonces. ¡Hey, Engendro! ¿Donde estás, pequeño engendro?
– Mi nombre es Nancy
– Da lo mismo ¿ A alguien le ha importado? Si te quedas tendrás una prenda.
– Nunca...
– No te apresures a decir nunca, engendro. ¿Crees que la has pasado mal? Pues eso no es nada comparado con lo que te espera como elfo libre, no habrá nadie que no te odie y al poco tiempo vas a tener tanta hambre que no te va a importar tener la razón, nadie va a darte trabajo y los de tu especie te desearan la muerte por deshonrarlos, algunos harán más que desearlo. No vas a ser libre, todavía vas a estar atrapada en la mierda de sistema que inventó alguien hace dos siglos. Así que ya vez, el cerebro de troll de Lupin te engañó. La libertad no existe. Tómalo o déjalo.
– No voy a...
– Bien, pues que disfrutes tu vida de mierda. Vete de mi casa. ¡Ya! Desaparece, engendro.
Nancy desapareció en un chasquido. Lo único que se escuchaba era la respiración pesada de Sirius. Invadido en una rabia densa que no le hace perder los estribos, lanzar puertas y romper cosas. Sino que por el contrario lo mantiene frío e inamovible. En esa seriedad cruelmente gélida, más que en ningún otro momento, se parece a su padre, al que odia, el que le enseñó a odiar. Remus simplemente lo miraba con la misma tranquilidad de siempre, los ojos amarillos húmedos y una expresión partida. Encoge los hombros y dice suavemente "No tenias que hacerlo"
Sirius sabe muy bien que no se refiere a haber echado a la pequeña elfina. No tenía que haber comprado esa casa, no tenía que haber gastado todo ese dinero para hacerla medianamente cómoda para su estándares, no tenía que comprar campos de quidditch o desarmar y armar la motocicleta miles de veces para no morir de aburrimiento. No estaba en la obligación de hacer nada de eso, el lo escogió. Remus no se lo pidió, se lo agradece con el alma, pero él no lo exigió.
[Weight of living part II]
– No se trata de eso, Rem. Joder, es sólo un pequeño engendro ¿Está bien? Los elfos son esclavos, siempre lo han sido...
– Y los hombres lobos son monstruos, siempre lo han sido.
– ¿Por qué coño estás actuando tan extraño, Lunático? ¿Qué día es hoy? Shh... No sigas hablando que no quiero pelear contigo. Tú nunca actúas extraño en días específicos. Ni en los cumpleaños, ni en navidad, no tenemos un jodido aniversario, estoy seguro. Entonces ¿Qué puto día es hoy? Te juro, Remus, desde la mañana parece que enloqueciste. ¡Shh... Que no te quiero escuchar! Si quisieras hablar ya lo hubieras hecho, pero mierda, hoy no pasó nada, nunca. Es un día de agosto regular, hay calor porque es verano. Porque es verano... De hecho es posible que si actúes como un demente en verano, casi nunca te vemos, o por poco tiempo. ¿Pero que coño pudo haber pasado que te convierta en un... en un demente?
– Tenia siete años. Hace diez años, jamás creí que pudiera vivir tanto. Estaba convencido que iba a morirme, quería morirme de todas maneras. Supongo que me equivoqué.
"Joder, soy un imbécil" piensa Sirius, suspirando largo como que se desinfla.
Mi padre es abogado, un día un tal Greyback fue a su oficina a hacerle una consulta sobre algunos problemas legales. Greyback era un hombre lobo. Mi padre en vez de tomar el caso, que era bastante simple, lo reportó al ministerio. Lo llevaron a jurado, aunque no lo ameritaba, sólo porque era un hombre lobo. Y en la corte lo perdió todo, porque era un hombre lobo. Nadie se molestó en saber si era o no inocente, era innecesario. Ni siquiera era humano. Rompieron su varita frente a él, le prohibieron concurrir en lugares mágicos, lo exiliaron. No le escucharon, aunque tuvo derecho de palabra nadie lo escuchó nunca. Y Greyback se decidió por la venganza. Sin ese reporte, que no se merecía, nada de eso hubiera pasado. Era culpa de John Lupin. Y Greyback por una vez pensó algo largamente, se volvió su razón de vivir, la mejor y más terrible forma de vengarse. Y eso fui yo. No fue un accidente. Lo supe porque una vez miré en el pensadero de mi padre. Nadie me descubrió cuando termine de ver la más triste historia que hubiera escuchado, la casa seguía en silencio total, volví a mi cuarto haciendo ruido, queriendo ser descubierto, que alguien me preguntara "¿Que estabas haciendo?" pero no pasó nada. Siempre fui muy cobarde para decirle que lo sabía, y demasiado débil como para odiarlo. Así que ya ves, no eres el único, Sirius, que paga por lo errores de su padre, todo los días de su vida.
¡Mierda! Eso es lo que Sirius acababa de hacer. Ni se molestó en saber si la pequeña engendro era confiable o no. No la escucho, ni una sola palabra. La juzgo antes de empezar. Él hizo lo mismo que provocó que Remus sufriera tan terriblemente. Sirius le habló a Nancy de la forma que cualquier mago le hablaría a Remus si supieran que era un hombre lobo. Y él, por supuesto, esperaba más de Sirius, para poder esperar más del todos. Para tener esperanza de igualdad.
– Rem, yo no... lo siento.
– No lo sientas – dice encogiendo los hombros – hay cosas que no pueden cambiarse. – agregó con una sonrisa rota y no por eso menos amarilla.
Luego de eso se fue, probablemente a resguardarse en la biblioteca. Tras una muralla de libros donde los heroes siempre triunfan, hasta cuando fracazan porque sin falta conquistan la gloria. Sirius se fue también. De la casa. Por tres días completos no hubo señal de su paradero. Cuando ya Remus se estaba empezando a preocupar llegó seguido de una diminuta elfina. El silencio cayó denso, como polvo acumulado por años.
– Todavía creo que es una idea de mierda. Pero supongo que yo he tenido peores.
Dice simplemente. Sirius tuvo la idea de ser animagos ilegales, penado con Azkabam. Tuvo la idea de ese viaje en moto recorriendo la mitad del país a contra reloj. Tuvo la brillante idea de decirle a Snape como entrar en el pasadizo bajo el sauce boxeador. Pensó conveniente salir con un hombre lobo, enfatizando la palabra hombre, cuando él era el primogénito de la gran y antiquísima casa Black. Sirius había tenido suficientes malas ideas como llenar un par de libros. La mayoría no habían resultado tan mal. Así que es un poco arrogante no aceptar las ideas de mierda de los demás. Es especial las de Remus.
[Angels]
Una semana después, cuando Lily y James llegaron un jueves para cenar fueron recibidos por una pequeñísima elfina, con ojos azules que ocupaban casi toda su cara. Tenia un vestidito azul cielo bordado de flores rojo intenso e hilos dorados; y un delantal blanco con encajes. Lily pensó que era absolutamente adorable. Se llamaba Nancy, los estaba esperando, la cena estaba servida. Nancy se había esforzado mucho en la comida, pero aun estaba aprendiendo a cocinar. James tenía el ceño fruncido de desconcierto. Esa no era la forma como se comportan los elfos.
Cuando Lily halagó su pequeño vestido, Nancy le informó que el amo Lupin lo había mandado hacer a la medida para ella, también tenia uno amarillo y uno verde. James casi se ahogó en su propia saliva cuando escuchó eso, Lily dijo que le encantaría ver los otros. Cuando le pregunto a Sirius este negó con la cabeza resignado. "Lunático" fue todo lo que dijo. James miró detenidamente a Lily que seguía conversando animadamente con Nancy antes de agregar. "De verdad no tienen ni puta idea de lo extraño que es esto". No la tenían. Lily y Remus consideraban apenas y un poco inusual tener como empleada a una elfina doméstica. Hasta Peter, cuando llegó, se quedó en silencio con el ceño fruncido preguntándose si alguien le estaba jugando una broma.
Sin embargo, es justo decir que sus constantes esfuerzos por convivir eran debidamente recompensados. Ciertamente vivir juntos traía consigo bastantes discusiones airadas. Pero también una libertad tibia y nueva. A Sirius, en especial, le gustaba recordar eso. Le gustaba arrancarle de las manos su apestoso libro a Remus antes de morderlo. Le gustaba decir que el clima era tan perfecto que seria un crimen no nadar en el lago, casi arrastrando a Remus hasta el muelle. Desnudarlo al aire libre. Despertar y tenerlo antes del café, antes de levantarse si quiera a ir al baño. Tirar de las sábanas y ver el su cuerpo del amarillo y delgado, surcado por líneas como mapa, y tenerle, recorrerlo y conquistarlo. Todo antes del desayuno.
Y sobre todo le gustaba quedarse dormido junto a él. Como ahora. Acostado boca bajo suspirando de plena satisfacción porque Remus tiene su larga mano amarilla hundida en su cabello. Remus mueve los dedos con prodigiosa lentitud, en patrones circulares, cálidos y amarillos. Como soles. Uno tras otro enredándose en esa mata de pelo negro que Sirius se ha rehusado a cortar por ya mucho tiempo. Son brillantes y tibios, se van derritiendo suavemente como mantequilla. Podría quedarse ahí para siempre, este limbo amarillo.
Sirius Black difícilmente se relaja completamente, siempre esta listo para contra atacar. James y él habían aprendido como hacer hechizos sin varita por una razón, para poder invocar sus varitas. Y aunque los dos lo habían logrado para Sirius se convirtió en un reflejo. Ante un sonido inesperado, incluso cuando lo despertaban muy bruscamente su primer pensamiento era "accio". La mejor virtud de James, era su peor defecto. El buen cornamenta confiaba. Sirius había descubierto que él también podía, pero como acto consciente e intelectual. Su instinto básico era opuesto, su primera reacción era "accio". Él era hijo de su padre, él era un Black y conoce muy bien la traición. Y sin embargo, Remus consigue llevarlo a este lugar tibio, a una seguridad que ni los muros de Hogwarts le dieron nunca. Entre un sol y otro, no ve uso alguno para su varita, puede incluso llegar a olvidar que es un mago.
– En serio te gusta que haga esto, ¿no?
– Joder, sí. Es como... como... no sé cómo mierda decirlo, no hay una jodida cosa en el mundo que se le parezca.
– Estás exagerando, ¿No crees? Es decir, no es gran cosa tocarle el cabello a una persona
– ¿Haz hecho eso con alguien más?
– Bueno, no, pero..
– Bien, porque te cortaría las manos ¿Me escuchas, Lunático? Te cortaría las manos.
– Pero, Sirius, y si...
– ¡No, Lunático, nada! No me jodas, es mio, ¿está bien?
– ¿Mis manos? ¿Mis manos son tuyas? ¿En serio, Canuto?
– No, cerebro de troll, no tus manos. Esa cosa que haces con las manos.
– ¿Qué cosa exactamente?
– Tendrías que ponerle un nombre, tú lo inventase, Lunático.
– ¿Yo lo inventé?
– Uhum... pero es mio.
Remus se ríe porque no tiene sentido y él no le ve nada especial, excepto el hecho que a Sirius le gusta. Sin embargo, se detiene abruptamente y lo voltea de un tirón. Sirius lo mira con una expresión fruncida de protesta, casi un puchero. Lo besa, otra vez. Eso es de él entonces. No sus labios, esa cosa que hace con ellos. Sirius se sostiene con los codos para acercarse más, regresandole el favor, olvidándose muy pronto de su descontento. Y después se deja caer otra vez sobre la almohada. Remus se mantiene sobre él mirándolo fijamente. Eternamente amarillo. Sirius quisiera dar un pequeño discurso sobre algún mar, poder articular debidamente su adicción a los soles tibios. No puede ni podrá. Toma la mano de Remus y la coloca en su pecho, donde el corazón late desbocado a pesar de la calma. Remus desciende posando su cabeza sobre la misma almohada "uhum, lo sé" responde suavemente rozando la punta de su nariz en el cuello blanquísimo de Sirius. "Yo tampoco podría vivir sin ti" dice calidamente muy cerca de su oreja. "Shhh... calla, cerebro de troll, y duerme" responde lánguidamente. Remus lo lee y lo entiende. No importa que no pueda o no sepa decir lo que quiere, porque de cualquier manera es escuchado.
