¡Hola!

Bueno, pues el mismo día que subo el capítulo 1 os dejo también el 2. Espero de corazón que os guste el fic. Cualquier comentario (aplausos, abucheos, amenazas, propuestas de matrimonio, etc) será maravillosamente recibido en un bonito review ^^

¡Muchas gracias! =)

SI TE PIERDO

Capítulo 2

El lunes amaneció pasado por agua. Beckett llegaba a comisaría bastante más tarde que de costumbre, y las gracias debía dárselas a cuatro ruedas que esa mañana habían decidido que no les apetecía mojarse. Había tenido que usar el transporte público, con el retraso que eso conllevaba. Alcanzó la puerta de comisaría, cerró el paraguas y se frotó las manos heladas por el frío, más inusual que de costumbre. Llamó al ascensor y cuando este llegó no pudo más que agradecer la calefacción que habían encendido en todo el edificio y que se colaba en él. Finalmente llegó a su planta, las puertas se abrieron y, como atraídos por una fuerza magnética, los ojos de la inspectora volaron directamente a esa silla acomodada al lado de su mesa. Castle estaba sentado en ella, con una taza de café en una mano y un periódico en la otra. Beckett no pudo evitar sonreír al verlo. Volvió a levantar ese muro que se había obligado a crear entre ellos y se encaminó a su sitio.

- Hola Castle – Saludó, sentándose.

- ¡Hey, hola Beckett! – Contestó él, con su habitual alegría mañanera. – Te he dejado el café en tu mesa como siempre, pero como esta vez parece que se te han pegado las sábanas lo más seguro es que se te haya enfriado… Si quieres me ofrezco voluntario a calentarte... – Y se calló ahí, esbozando una sonrisa pícara.

Beckett levantó la vista de los informes que había cogido nada más sentarse para mirar a Castle con una ceja levantada, invitándole a que terminara esa frase de la forma en que ambos estaba pensando si tenía lo que hay que tener.

- … el café, me ofrezco voluntario a calentarte el café. ¡Si estábamos hablando de eso! Hay que ver, que mal pensada eres cuando quieres…

A Beckett no le dio tiempo a contestar quien era el mal pensado ahí, ya que Ryan y Espóstio se acercaban velozmente a ellos.

- Tenemos un caso, y este es de los gordos. Montgomery en persona nos ha avisado, quiere que vayamos los cuatro ahora mismo. – Dijo Espósito, mientras le entregaba a Beckett un post-it con la dirección exacta.

- ¿Os ha dicho de qué se trata? – Preguntó ella, mientras se levantaba de la silla y los seguía al ascensor (seguida a su vez por Castle, que parecía un niño con un juguete nuevo).

- No, simplemente ha dicho que quiere que lo llevemos nosotros y que es "un caso de los gordos", nada más. Imagino que sabremos a qué se refiere cuando lleguemos al lugar del crimen.

- De acuerdo, nos vemos ahí. Vamos Castle. – Ordenó Beckett.

- ¡Encantado! – Exclamó el escritor, y Beckett puso los ojos en blanco.

Tardaron poco más de 15 minutos en llegar al escenario. Había varias ambulancias, coches patrulla y un sinfín de curiosos que trataban de acercarse a la zona para saber qué era lo que pasaba, pero otros tantos policías les impedían acercarse.

Ryan y Espósito se acercaron a ellos en cuanto les vieron aparecer.

- Tenéis que ver esto, en serio, Montgomery no exageraba.- Dijo Ryan.

Castle y Beckett siguieron a los dos detectives a una zona rodeada por un cordón policial. Lo traspasaron y al momento se quedaron petrificados.

En el suelo yacían tres cadáveres, cada uno en una posición más extraña que el otro, con los brazos y piernas retorcidos hasta quedar colocados de una forma completamente antinatural. Se trataba de dos mujeres y un hombre, y ninguno de los tres pasaría de los 40 años como mucho. Estaban encima de un gran charco de sangre, sin duda mezcla de la de los tres. Sus ropas estaban desgarradas y manchadas en algunas partes. Los tres tenían los ojos abiertos y una expresión de pánico en sus ojos. Y lo más extraño de todo: una rosa descansaba sobre los cuerpos de las dos mujeres, mientras que un tallo con espinas pero sin pétalos estaba depositado encima del cuerpo del hombre.

Beckett sintió un escalofrío recorrer todo su cuerpo, e instintivamente se acercó más a Castle. Nunca, en todos sus años en el cuerpo, había sentido eso al encontrarse frente a un crimen, pero sin duda este no era un crimen como cualquier otro. Era simplemente atroz.

Castle se dio cuenta de la reacción de Beckett y se preocupó por ella.

- ¿Estás bien?

- Sí… - Contestó Kate, aproximándose a los cadáveres. - ¿Algo a destacar… además de lo evidente? – Le preguntó a Lanie, que inspeccionaba los cuerpos, mientras se agachaba para observarlos mejor.

- A simple vista no parece que las heridas sean producidas por disparos, al menos no en las dos mujeres. Es más, yo diría que son todas por puñaladas, pero tendré que examinar los cuerpos más a fondo para poder asegurar. En él es evidente que sí ha sufrido un disparo. – Dijo, mientras giraba la cabeza del hombre y les mostraba una herida de bala en plena sien.

Beckett se levantó y se dirigió a sus dos compañeros.

- ¿Algo que nos diga quiénes son? – Quiso saber.

- Aún no, pero estamos en ello. En la ropa no hay nada y en los alrededores tampoco, pero seguiremos buscando.

Una vez peinada toda la zona y sin ningún avance en lo que a hallazgos se refiere, Beckett y Castle dejaron a los chicos interrogando a posibles testigos y a Lanie de camino a comisaría con los cuerpos, y se subieron al coche para marcharse del lugar.

- Es increíble como una persona puede ser capaz de semejante atrocidad… - Murmuró Castle, más para sí que para ella, pero obviamente esperando una respuesta por su parte.

- Cuando llevas en esto tanto como yo te das cuenta de que la mayor atrocidad que te puedas imaginar te la puedes encontrar cualquier día, así que debes estar preparado mentalmente para ello.

- ¿Tú lo estás?

Pero Beckett no respondió a eso.

Llegaron a comisaría e inmediatamente Beckett se puso a revisar todos los archivos que, en ese poco tiempo, habían podido obtener en ese caso, como el primer informe de Lanie, las fotos de los cuerpos… Trataba de mantenerse alerta al más mínimo detalle que aquellas imágenes pudieran proporcionarle. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que las estaba observando sin verlas realmente, y eso era debido a un par de ojos azules que no dejaban de observarla.

- ¿Qué te pasa ahora, Castle? – Preguntó, apartando la vista de las fotos y mirándole.

- Nada, nada, solo que… - Dijo, pero no pudo acabar. El teléfono de la mesa de Beckett sonó, interrumpiéndole.

- Beckett. – Contestó ella.

- Molly Larris, Rose Landcris y Albert Mars, detective Beckett. No tenían relación entre ellos, simplemente pasaban por el lugar equivocado en el momento equivocado, y por supuesto se encontraron con el tipo equivocado. Ellas han muerto apuñaladas, 23 cada una, mientras que el tío ha muerto de un balazo en la sien. Las ropas desgarradas y sucias son porque se defendieron, y además, ¡qué narices!, así queda más teatral, ¿no le parece, detective? En mi opinión el asesino debe de ser un tipo bastante cuidadoso y, cómo decirlo… ¿Un artista en su propio arte? ¡Sí, me gusta esa expresión! Las rosas… Lo de las rosas, detective, tendrá que averiguarlo usted misma. ¿No pretenderá que yo le haga todo el trabajo? Bueno, hasta que nos veamos, Kate… Espero que no tenga nada en contra del número 23, a mí me parece que en su precioso cuerpo quedaría de maravilla… Y además seguro que el rojo sangre le favorece mucho.

Y la llamada se cortó.

Beckett colgó el teléfono muy despacio y con la mano temblándole. Castle, que había escuchado la mayor parte de la llamada gracias a que los detectives Ryan y Espósito la habían puesto en altavoz, se apresuró a tomarla de la mano.

- Beckett… Kate, tranquila… - Le susurró. - ¿Habéis grabado la llamada? - Le preguntó a los chicos.

- Sí, claro. – Contestó Espósito. – Ahora mismo comprobaremos todo lo que nos ha dicho, pero nos ha sido imposible localizarle. Informaremos ahora mismo a Montgomery y nos pondremos a buscarle. Tranquila Beckett, le encontraremos.

- Vale, pues… - Castle miró a Beckett, que no había pronunciado palabra desde que descolgó el teléfono. – Yo la acercaré a su casa, ¿podéis ponerle protección?

- No creo que sea lo más seguro que vaya a su casa, teniendo en cuenta que vive en un hotel. El asesino podría fácilmente ser uno de los huéspedes. – Apuntó Ryan.

- Por supuesto, claro… - Castle no pensaba con demasiada claridad, la última parte de la llamada le había dejado tocado. "Espero que no tenga nada en contra del número 23, a mí me parece que en su precioso cuerpo quedaría de maravilla… Y además seguro que el rojo sangre le favorece mucho." Maldito hijo de… Como le pille juro que le mato, pensaba para sí mismo. – Quizá debería llevármela a mí casa, ahí estaría segura, ¿qué os parece?

- No.

Castle, Ryan y Espósito giraron la vista hacia Beckett, que parecía haber despertado de golpe. Miró la mano que Castle no había soltado en ningún momento, pero no se soltó. Le miró a los ojos para hablarle.

- Si yo soy el siguiente objetivo de ese lunático no es seguro para vosotros que me quede en tu casa. No es la primera vez que ocurre esto Castle, soy policía, por lo que estoy expuesta a este tipo de cosas, pero sé cuidar de mí misma.

- La última vez tu casa voló por los aires, Beckett.

- Precisamente. ¿Acaso quieres que sea tu casa la que vuele por los aires esta vez? – Contraatacó ella.

- Mi madre está de crucero y Alexis se ha ido al viaje que quería celebrar con Lucy en esa dichosa fiesta, así que si volamos por los aires, solo volaremos tú y yo. ¿Qué me dices? – Preguntó, sonriéndole como un niño ilusionado.

Beckett le lanzó una mirada asesina, pero finalmente no pudo negarse. La verdad es que su parte de detective le decía que no era seguro quedarse en el hotel a sabiendas de que el asesino podía ser cualquiera y parecía que ahora iba a por ella.

- Está bien… - Cedió. – Iré a recoger algunas cosas a mi piso e iré a tu casa, ya que supongo que tengo prohibido quedarme aquí a seguir con la investigación, ¿no?

- Supones bien – Contestaron los tres a la vez.

Con un bufido, Beckett se soltó de la mano de Castle (haciendo que el que se quejara por lo bajo fuera él) y se levantó de golpe de la silla, pero de repente una sensación de mareo le nubló la vista por completo, haciéndole perder el equilibrio. Castle reaccionó al instante y la sujetó antes de que pudiera caer, obligándola a sentarse de nuevo.

- No pasa nada, estoy bien, ha debido de ser la impresión de la llamada mezclada con el cansancio, nada más. – Dijo, antes de que alguien tuviera la oportunidad de abrir la boca.

Esta vez se levantó más despacio y sin contratiempos, se despidió de sus compañeros y se dirigió a la salida, con Castle detrás de ella.

Una hora después, ambos se encontraban traspasando la puerta de la casa de Castle.

- ¡Bienvenida a tu nueva casa! – Anunció Castle con tono triunfal. Bastó la mirada de Beckett para que rectificara automáticamente. - ¡Bienvenida a tu nueva temporal casa!

Beckett contuvo la risa y dejó su maleta en el sofá.

- ¡Oh, no, no, nada de sofá! El sofá es mío, no pretenderás llegar aquí la última e implantar tus normas… El sofá es mío, se siente pero a ti te toca la cama. – Y cogió la maleta de Beckett y la llevó a la habitación, mientras esta sentía que quería seguirle no solo con la vista.

- Oh, venga ya Kate… - Murmuró para sí misma, mientras alejaba esos pensamientos de su mente. – Estás en terreno enemigo, así que más vale que aprendas a controlarte…

- ¿Decías algo? – Preguntó Castle, sentándose a su lado en el sofá.

Beckett negó con la cabeza, sonriendo.

Ordenadas todas las cosas, Castle se sentó en su escritorio a escribir, mientras que Beckett se acomodó en el sofá a ver la tele. Había querido revistar algunos informes pero Castle se los había requisado todos.

La tarde pasó así, en completa tranquilidad. Castle levantaba la vista de vez en cuando de la pantalla de su portátil para observarla, simplemente observarla. Podría pasarse la vida así, no necesitaría mucho más. Era increíble el modo en el que esa mujer se había colado en su vida en el momento justo, cuando él rezaba porque algo nuevo le ocurriera. Había aparecido y lo había puesto todo patas arriba. Y a él le encantaba. Hacía tiempo que sabía que podría escribir libros suficientes para el resto de su vida sin necesidad de seguirla en un solo caso más. Entonces, ¿por qué lo hacía? La respuesta era simple, y él la había descubierto hacía mucho, mucho tiempo, y ya no trataba de negarla: porque Kate Beckett era imprescindible para él. La necesitaba, la necesitaba de una manera que nunca había creído posible. Hasta ese momento siempre había creído que lo único que era absolutamente indispensable en su vida era su hija Alexis. Pero entonces había llegado ella, y poco a poco, y sin darse cuenta de cómo, resultó que ya no podía vivir sin ella. Ni podía, ni tampoco quería.

Cuando se sintió demasiado cansado como para seguir escribiendo decidió sentarse a su lado a ver la televisión. Beckett lo recibió con una sonrisa y le dejó un hueco. Estaban dando Expediente X, y a Castle le resultó tremendamente gracioso: siempre había creído que su historia con Beckett se parecía enormemente a la de aquellos dos personajes.

La noche pasaba, y Castle estaba a punto de levantarse para irse a dormir cuando sintió como un peso extra caía sobre su hombro. Movió la cabeza despacio, y entonces se encontró con que Beckett se había quedado dormida apoyada en él. Una oleada de sentimientos encontrados le inundó, y en ese momento solo pudo pensar en que quería abrazarla, pegarla más contra él y no soltarla nunca. Pero sabía que no podía, así que se limitó a moverse un poco para que luego a ella no le doliera el cuello al despertarse, y se quedó donde estaba. Pero entonces algo pasó, y a Castle casi le da un infarto: Beckett se movió en sueños, y apoyó su cabeza en el pecho de Castle mientras lo rodeaba con un brazo. Castle abrió mucho los ojos, pero al momento se relajó por completo, puesto que, sinceramente, en ese mismo momento no podía pedir nada más. A sabiendas de que cuando la detective se despertara él se arriesgaba a sufrir una muerte lenta y dolorosa, la rodeo él también son su brazo, se puso cómodo, y con una sonrisa en su rostro cerró los ojos dispuesto a pasar una de las mejores noches que podía haber imaginado.