Aquí está el siguiente capítulo, disculpen la tardanza pero espero su compresión, la facultad es demasiado demandante, como dijera uno de mis maestros es peor que tener un novio celoso jejeje, que pero ya no los aburro con mi triste existencia y disfrútenlo.
Los personajes no me pertenecen si no a Himaruya-sama yo solo los tome prestados para hacer travesuras
Capitulo 2
-Ahh nii-san esta hirviendo en fiebre- la pequeña Lily con termómetro en mano que no dejaba de mirar a su querido hermano quien yacía recostado en su cama respirando agitadamente
-Tran…qui…la… Lily me encuentro bien, te ase…guro que es solo algo pasajero- decía jadeante pero claro con solo verlo cualquiera se daría cuenta de que tan mal se encontraba
-Pero deberías de quedarte en cama nii-san
-Sabes que hoy se hará una reunión importante
-Podemos cancelarla, no puedes asistir asi- dijo la menor preocupada por la salud de hermano
-No- dijo levantándose de repente pero la falta de equilibrio hizo que se cayera otra vez- no es posible, sería muy problemático
-Que te parece si voy solo yo nii-san mientras tu descansas- sugirió la rubia ante la terquedad del otro- prometo no separarme del señor Holdstein, además estoy segura de que yo puedo hacerme cargo solo por hoy- dijo abriendo aun más sus verdes ojos mostrando esa mirada a la cual el suizo no podía negar nada.
A regañadientes el suizo acepto, pero claro no contaba con que la pequeña rubia no iba a dejarlo asi como asi.
-Creo que es hora de que te vayas, o si no se te hará tarde Lili- decía el suizo desde su cama, dirigiendo una atenta mirada a la chica
-Si hermano en un momento…- contesto la rubia quien se encontraba asomándose a la ventana
El timbre de la casa sonó interrumpiendo a la chica que diligentemente se fue a abrir la puerta, y al poco rato escucho las pisadas que indicaba su regreso, por el sonido de las voces notó que venía a acompañada, sin embargo cuando reconoció la voz de la visita, deseo poder desaparecer entre sus cobijas.
Al abrirse la puerta de su habitación se confirmó sus sospechas dejando pasar a un joven hombre de cabello castaño y gafas junto a su queridísima hermana, en cuanto divisó al moreno el chico ojiverde de dedico una mirada molesta, sin embargo los otros no se percataron de su reacción. No fue hasta que la joven habló que aparto su mirada del moreno.
-Nii-san, el señor Roderich va a cuidarte en mi ausencia-murmuró con una dulce y suave voz
-Pero eso no es necesario cofcof, yo no necesito que cofcof-intento convencerla el mayor sin éxito, de por sí ya era fastidioso tener que quedarse en cama como para que ahora le asignaran una niñera.
-Prometo no tardar- dijo la menor sin dejarlo terminar su réplica, despidiéndose de su hermano con un beso en la frente y se encamino a la puerta, inclinando la cabeza para despedirse del austriaco.
En cuanto ella se hubo marchado, el castaño se acerco silencioso a la cama del enfermo para examinarlo, pero cuando quiso tomarle la temperatura este le golpeo la mano y con un gesto feroz en el rostro.
-No te atrevas- dijo el rubio agresivamente- Estoy bien, asi cof que te cof puedes ir sin problema cof- dijo con un tono frio
-No lo hare, se lo prometí a tu hermana, además no estás en condiciones de cuidarte a ti mismo- fue la sencilla respuesta del otro que ya suponía cierta resistencia del enfermo.
- Humph. Como sea-dijo resignado -¿Por qué de entre todas las personas del mundo tenias que ser tú?- farfullo bajo, dándole la espalda a su cuidador y envolviéndose más entre las cobijas.
- Elizaveta tenía una reunión con Sven y Bella, por lo que no tuvo opción, no seas tan infantil y deja de quejarte, solo van a ser un día- contesto como si nada- voy a traerte de comer, no tardo.
El suizo no se atrevió a voltearse hasta que escucho el sonido de la puerta al cerrarse.
-Es tu maldita culpa el que me encuentre asi, inútil- murmuro molesto, aunque la verdad no era cierto, todo fue su culpa, porque él fue quien se quedo afuera solo por escuchar un poco mas de aquella melodía la noche pasada, y mientras esos tontos sentimentalismos le inundaban la cabeza no se dio cuenta en qué momento cayó en los brazos de Morfeo.
Y como si eso no fuera poco ahora estaba solo con el tonto aristócrata, lo cual le fastidiaba de sobremanera, aunque sin saber muy bien porque una parte de él, se sentía feliz de que su hermana "no tuviera opción". Se asqueo un poco por esos pensamientos, sacudió su cabeza para librarse de esas tonterías, pero fue una mala idea, porque ahora sí que se sentía asqueado. Cerrando los ojos, trato de contener sus ganas de vomitar, sin embargo esto no parecía ser suficiente.
La puerta se abrió dando paso al castaño que traía una charola con la comida en ella, la colocó en la mesita y se acercó para ayudarlo a incorporarse, tendiéndole su mano para que se apoyase, pero en ese momento sin poder aguantar más las nauseas, el ojiverde vomito sobre la chaqueta del castaño, que sorprendido no le dio tiempo de echarse para atrás, el rubio muy avergonzado para mirarlo no dejo se sujetar la chaqueta aun después de haber terminado, no levanto la mirada hasta que sintió como el otro le acariciaba la cabeza.
-Te sientes mejor, pregunto amablemente con una ligera sonrisa el ojivioleta.
El otro que no podía responder solo asintió, entonces el castaño le levantó suavemente la cara y se la limpió con sumo cuidado con uno de los pañuelos de la cómoda, luego logró acomodarlo cuidadosamente en la cama dándole un delicado beso en la frente incorporándose lentamente.
El rubio se quedo pasmado mirando al otro joven en tanto que el ojivioleta reaccionó ante lo que acababa de hacer.
-Jumm…-carraspeo un poco y dijo-Será mejor que lo limpie cuanto antes, y se marcho hacia el baño de la pieza.
Maldición, maldición, porque a mí, Dios mío, solo falta que me caiga un rayo. Se lamentaba internamente el joven suizo, de por sí ya era suficiente para su orgullo con que el austriaco lo viera en ese estado de debilidad, para que ahora lo tratara de esa forma tan tierna.
Nunca supo que el pudiera comportarse asi, o al menos no ahora que es adulto, siempre la elegancia y los modales ante todo, eso era lo que definía su comportamiento, y sin más se ruborizo un poco al recordar su caricias, en ese momento el castaño volvió ya sin su chaqueta, quedándose solo con su chaleco y aquella camisa blanca con los puños doblados.
Viendo que el rubio se encontraba mejor, le acercó la comida, y después de comer le dio sus medicamentos cuyo efecto casi instantáneo hizo que el suizo se durmiera, olvidándose de todo lo de su alrededor.
El de lentes movió uno de los sillones que había en la habitación acercándolo a la cama del convaleciente de tal manera que podía mirarle la cara, tomo su posición como vigía y se puso a pensar sin dejar de mirar al más bajo.
Recordó la llamada de la mañana, donde la pequeña Liechtenstein le pedía ayuda para cuidar a su hermano enfermo, le sorprendió que fuera él el que se hallara enfermo, en realidad no tenia porque, después de todo aunque su condición de países no les permitían morir como tal pero las enfermedades no estaba excluidas, incluso el mismo se había enfermado unas cuantas veces, pero era la primera vez que sabía que el suizo se enfermaba, algo dentro de él le decía que eso no era posible, quizás porque siempre lo vio fuerte como su héroe cuando era niños, yendo por el después de una batalla, protegiéndolo de las bromas de Prusia y Hungría, incluso ahora lo veía como alguien asi y no fue hasta este momento que se dio cuenta que tan equivocado estaba.
Ahí tendido plácidamente en la cama parecía una persona totalmente distinta a la usual. Por su enfermedad había dejado su usual ceño fruncido de lado, sus mejillas sonrojadas y sus labios rosáceos donde su respiración acompasada movía algunos de sus rubios cabellos que estaban cerca de su cara lo que le daba en conjunto una apariencia totalmente tierna y vulnerable.
Era su malhumor y esa mirada hosca lo que hacía que los demás países lo evitaran (eso sin contar su colección de armas siempre a la mano) pero si se dejaba eso de lado, realmente era un chico lindo, tan lindo que había despertado sin querer su lado protector por unos momentos, aquel que solo había mostrado en unas pocas ocasiones en la época en la que cuidaba a los gemelos italianos y a SIR. Haciendo avergonzar al austriaco.
Además si se ponía a pensar, podría ser la primera vez que él se enterara de su enfermedad, pero lo más probable era que no lo fuera. Y entonces lo entendió, él nunca fue tan fuerte como lo quería parecer, solo era una máscara para que nadie se diera cuenta de su fragilidad, una protección. El tenía miedo del contacto con los demás, de que lo lastimaran y tantos años en los que se mantenía ese trato de neutralidad antes los demás países era sin duda una prueba más de ello. Sin duda él era en parte culpable de ello, después de todo fue el primero en traicionarlo.
De pronto vio como el bulto de la cama se movía frenéticamente, lo enrojecido de su cara daba señas de que la fiebre había aumentado, se levantó rápidamente y fue por un recipiente de agua y un paño, debía de bajarle la fiebre como fuera. Se subió las mangas de la camisa un poco más y mojo el paño colocándolo en la frente del otro. La cara del rubio se contrajo por el contacto frio del trapo, pero poco a poco se fue acostumbrando él y su respiración se fue tranquilizando. Aun así parecía que el sueño lo turbaba demasiado, tanto asi que de sus ojos cerrados vio escurrir dos pequeñas lágrimas y unos murmullos inteligibles para él.
No hallando una forma de calmarlo, porque ese estado no era bueno para su salud, hizo lo que solía hacer en esos casos cuando cuidaba a los niños, se sentó en el borde de la cama y extendió su mano hacia el ojiverde acariciando cariñosamente su cara mientras con la otra sujetaba una de sus manos, para su sorpresa el otro al notar el contacto fue acercándose inconscientemente a esta, como buscando protección. Él se limito a sonreír pensando que actuaba como un niño pequeño permitiendo el contacto al mismo tiempo que se percataba de lo suave que era su piel.
Ya habiéndolo calmado siguió con sus pensamientos, entonces vino a su mente precisamente el momento en que su amistad terminó, había sido su culpa, él dio origen al conflicto que los separo para siempre. Un dolor en el pecho del ojivioleta comenzó a invadirlo, desde ese día lamentaba lo que había hecho, lo extrañaba demasiado y solo en este instante en que no era visto ni oído por el otro fue capaz de sincerarse.
-Lo siento, nunca quise alejarme de ti… susurro bajo y como si estas hubieran sido palabras mágicas, el enfermo giro su cabeza hacia él y una muy tenue sonrisa comenzó a dibujarse en su rostro. Al más alto se le paro el corazón cuando vio esto para después comenzar a latir a un ritmo incesante, nunca había visto algo asi viniendo de su antiguo amigo, sin temor a equivocarse ese rostro era de las cosas más bellas que había admirado sintiéndose inmediatamente atraído, su cuerpo reaccionó antes que su mente, mientras sus manos sujetaba los hombros del más bajo, su cara se fue acercando hacia esos labios ajenos y conforme lo hacia sus ojos se cerraban. Aspiro la esencia embriagante de las sedosas hebras de cabello del ojiverde y volvió a abrir los ojos, cuando se sintió observado.
Eran un par de ojos verdes que lo miraban fijamente, pero no le reclamaba ni le decía nada solo se quedaron mirándose mutuamente, solo el choque constante de sus alientos era la única prueba de estaban sintiendo algo que ninguno de los dos podía explicar y aun asi no sentían culpa alguna por acortar su distancia lo suficiente para que sus labios casi se rozaran, todo ello sin dejar de sumergirse en la mirada del otro; justo cuando el contacto parecía inevitable unos golpes provenientes de la puerta los hizo salir de su encantamiento.
-Señor Austria ya estoy de vuelta- la menuda figura de la joven se asomo por la puerta y de inmediato se acerco a la cama, donde vio al rubio ya despierto pero con las mejillas muy sonrojadas por lo que le tomo la temperatura en tanto que el austriaco le daba la espalda a ambos chicos acomodándose las mangas de su camisa
-Qué curioso nii-san, parece que ya te bajo la fiebre pero aun sigues colorado dijo inocentemente la joven
-Como te fue en la reunión- pregunto un tanto nervioso el joven quien apenas había despertado por completo gracias la voz de su hermana.
-Muy bien nii-san, todos los del senado estuvieron al pendiente de mí en todo momento y se obtuvieron buenos acuerdos para nuestra gente, aunque todos preguntaron por ti y esperan que te recuperes pronto.
Ambos jóvenes siguieron su charla no prestando atención al mayor, el cual trataba controlar el incompresible latir de su corazón asi como de ocultar el sonrojo de su cara. Una vez calmado y viendo que ya no hacía falta su presencia ahí se apresuro a marcharse pues tenía que pensar seriamente sobre su extraño comportamiento.
Fue por su chaqueta al baño aunque no se la puso solo la doblo en uno de sus brazos, se acerco a los jóvenes rubios y carraspeo un poco para llamar la atención de los otros dos.
-Bueno creo que es mejor que me retire- haciendo una leve reverencia hacia los hermanos- espero te recuperes pronto Suiza.
-Muchas gracias señor Roderich por cuidar a mi hermano- dijo la pequeña profundamente agradecida, levantándose para corresponder a su ademán.
Antes que el castaño siquiera se diera la vuelta, una mano lo detuvo.
-No te vayas- dijo el ojiverde, ambos se le quedaron viendo al enfermo asi como la mano de este que sujetaba la camisa del ojivioleta- jum… es decir, no es necesario que hoy te vayas. Ya es muy tarde, es mejor que te quedes- término soltando la prenda y apartando la mirada apenado.
-Mi hermano tiene razón señor Austria, quédese a cenar- pensando que había sido una descortesía de su parte, pues por la ventana ya se veía el cielo oscurecido y la presencia de las primeras estrellas nocturnas.
-Está bien no es necesario, no quiero causarles molestias-dijo mirando principalmente al rubio
-No te hagas ideas, es solo que no quiero deberte nada, esto es solo por devolverte el favor- añadió, habiendo recuperado ya su misma expresión de siempre.
-Si es asi, acepto –dijo el de lentes
- Excelente, entonces voy a preparar algo especial para la cena- dijo Lily con una de sus resplandecientes sonrisas
-No espere, no es necesario…
Demasiado tarde la niña ya se había ido, dejándolos otra vez solos rodeados en un profundo silencio, producido después del cierre de la puerta. Uno aun sentado en la cama, mientras que el otro sin saber cómo actuar se fue a refugiar en la calma del paisaje.
