2da Parte
"… ¿Se podría condenar a un hombre por la forma en la que ha nacido?"
Y con ese cuestionamiento final, el bardo extranjero realizo una reverencia a los gobernantes y se retiro de la sala, dejando atrás a unos muy consternados invitados y miembros de la corte.
El hombre había sido invitado a la celebración del cumpleaños del rey, siendo de conocimiento común que el mismo era un bardo reconocido por las historias que recolectaba de sus viajes para el entretenimiento de aquellos que quisieran escucharlo.
En la sala de banquetes el silencio duro sólo unos instantes. Poco después los murmullos entre los nobles reino hasta que el rey se levanto y los despidió, alegando no sentirse muy bien.
Los miembros de la mesa redonda lo observaban preocupados, aunque había uno de ellos que le miraba con ira, más que otra cosa.
La reina lo observaba entristecida, aunque también estaba un tanto perturbada por el trasfondo del relato.
Cuando Arthur llego a sus aposentos, se quito por si mismo sus vestiduras formales y se puso su túnica roja de siempre, junto a sus pantalones usuales. Al terminar de vestirse, se sentó junto a la ventana, contemplando la ciudad baja, las murallas del castillo, las luces en las torres de vigías, pensando en el hombre que antes llamaba para sí mismo un amigo, el hermano que jamás tendría, y que en ese instante se encontraba encerrado en una de las celdas de las mazmorras. Él había esperado que para ese momento Merlín ya hubiera huido, o al menos, que lo hubiera intentado, pero él permaneció esperando para ser condenado por traición, por el delito de la práctica de hechicería.
Aun le perseguía el recuerdo de sus ojos dorados.
Su grito.
La furia en su mirada mezclada con preocupación.
Sus palabras.
Su rostro dolido cuando lo llamo traidor.
El silencio que siguió cuando lo arresto y dicto su condena.
La falta de lucha mientras regresaban a Camelot.
La única respuesta que obtuvo cuando le pregunto por qué decidió convertirse en un hechicero "No se puede cambiar la forma en que naces, Arthur. Usted mejor que nadie lo sabe".
Cuando llegaron, los caballeros que estaban con ellos llevaron al ex sirviente a las mazmorras.
El rey se encerró en su cuarto, destruyendo todo a su alcance. Si no fuera por las insistencias de la reina y la corte, aun permanecería en el, negándose a comunicarse con nadie.
El banquete en su honor llevaba semanas siendo planeado y la corte se negaba a que fuera cancelado por la traición de un simple chico que sirve, sin importar lo obviamente cercano que era a la corona y sus caballeros de mayor confianza.
– ¿Cómo entraste? – le pregunto el rey, mirando al hombre sentado en su escritorio.
– No es muy difícil entrar a tus cámaras, Arthur – respondió con una sonrisa cansada, recostándose en la silla.
– ¿Por qué nadie ha notado tu ausencia en la celda? – Arthur le miro atentamente, notando por primera vez el cansancio de sus maneras y a la mirada triste, pero llena de sabiduría.
– El tiempo se ha detenido para todos, excepto para nosotros – contesto mirando a su amigo con un simple encogimiento de hombros.
– ¡¿Qué tan poderoso eres realmente Merlín?!
– Según las leyendas druidas, soy y seré siempre, el más poderoso a existir nunca – dijo moviendo las manos cómicamente, pero sus palabras eran sinceras y su mirada hablo de una profunda vergüenza, como si él no quisiera ser tratado como un ser todopoderoso.
– ¿Por qué estás aquí Merlín? ¿Por qué no te fuiste?
– ¿Irme a donde Arthur? Camelot ha sido mi hogar por más de una década, Gaius es mi tío y está muy viejo, (¡Jamás le digas que te dije eso!) no puedo simplemente abandonarlo – respondió entre suspiros mirando hacia ningún lugar en particular – Los caballeros de la mesa redonda son mis amigos, los únicos que he tenido a parte de Will… y luego esta Gwen, ella ha sido mi amiga siempre, mucho antes que cualquiera, entre ella y tú, conforman lo más cercano que tengo a unos hermanos
– ¿Quién eres realmente Merlín? ¿Eres realmente ese muchacho torpe y descoordinado que entro a mi servicio hace años? ¿Eres realmente ese idiota que tenia esos raros lapsus de sabiduría?
– ¿Torpe y descoordinado? ¿Idiota? – Señalo Merlín sonriendo y elevando una ceja mirándolo de reojo – Sí y no.
Si soy torpe, tal vez no muy agraciado, pero eso es en su mayoría culpa de que siempre estoy demasiado ocupado en otras cosas como para preocuparme en no chocar contra las paredes.
Una de ellas es terminar todas mis tareas, las que tú me dabas junto a las de Gaius, otras… – El brujo hizo una pausa buscando la mejor forma de explicarse, elevándose para caminar junto a la chimenea, recostando su frente contra la piedra helada por unos segundos – Otras, intentando que mi magia no hiciera nada por sí misma como tenía por costumbre – continuo enfrentando nuevamente a su rey – Verás Arthur, la magia es diferente para mí que para otros usuarios, ella reacciona a mis necesidades con tanta, tanta absurda facilidad, que prácticamente no tengo que pensar en ello para que cumpla.
Tienes que entender esto, yo no soy ni he sido nunca un hechicero y antes de que digas nada, déjame explicarme – dijo apresuradamente la última parte, notando que Arthur quería replicar – Soy lo que algunos llamaban un brujo, una persona que nació con la capacidad de realizar magia de forma elemental, aunque incluso esa categoría es incorrecta a la hora de definirme. Lo más correcto sería llamarme Magia, pura y llanamente. Arthur, yo No tengo magia, más bien soy Magia, mis ojos brillaron en oro desde el momento en que los abrí…
