Pareja: Mishiro
Género: Surrealismo, Fantasía, Romance.
Dedicado a Japiera.
La historia de amor más absurda de un universo alterno
Por CieloCriss
II- La novia llorona que nadie quería comprender
Quiero llorar. Y cuando quiero llorar, pues lloro. O sea, lloro ruidosamente y tengo la esperanza de que alguien se apiade de mí, que me dé un pañuelo, que me diga: ya, ya, no llores, ya pasó.
Y no pasa nada. Me ven con asquito o lastimita. No puedo evitarlo, les grito:
—¡¿Cómo pueden ser tan insensibles?!, ¿¡es que han perdido la capacidad de asombro?!, ¿nadie va preguntar lo que me pasa? ¡Ay no!
Lo más cercano a empatía fue el gesto de una niña, que se puso a llorar al mismo tiempo que yo. ¡Inhumanos, eso es lo que son! ¡Androides! ¡Simples japoneses hechos robots en un tren que no se apiadan de Mimi Tachikawa!
Me soné los mocos con mi velo. Es desagradable, lo sé, pero nadie me ofreció un pañuelo, y, ahora mismo sólo llevo puesto mi vestido de novia. ¡Ay, me pesa!, daddy me lo compró, es Vera Wang. Único en el mundo, o eso dijo daddy.
Y lo peor es que en este tren nadie lo aprecia. Nadie se asombra de ver a una novia en el vagón. A los papás sólo les preocupan sus niños; a los adolescentes sus citas; a los adultos su celular y mantenerse despiertos hasta llegar a sus casas, ¿y yo qué? ¡¿y yo qué?!
—Esto es el colmo, nadie pregunta nada. Los odio —por supuesto que quiero llamar la atención. ¿No se dan cuenta?, soy una damisela en apuros cuya vida ha dado un cambio radical.
Qué sociedad más fea. Ya nadie vive en nombre del amor, ni siquiera yo. Me siento en mi lugar y sigo chillando. A mi lado va una chica miedosa y con gafas.
—¡Ay, déjame en paz, no me veas así! —la regaño. La muy malvada ni siquiera me está mirando, pero con mi grito hago que me note —. Que sepas que nadie me ha dejado en el altar, ¿ehhh?, ¡soy yo quien se ha fugado!, ¿entiendes?
—… —tiene cabello negro y le brilla como si fuera azul. Y abraza un mono de felpa con la forma de un gato diabólico. Ash, qué mal gusto.
—Y si lloro es porque… ¡Es porque me he dado cuenta de que este mundo está falto de amor!, ¿comprendes?
—…
—Mi prometido es el caso. Si me casaba con él, habría sido como salir a pasear con una lechuga. ¿Has visto que está de moda sacar vegetales a pasear como si fueran mascotas?, ¡es de mal gusto!
—… etto…
—El muy tonto de mi prometido se ha bajado varias apps en donde se ofrece el servicio de noviazgos virtuales, ¡es bajísimo, teniéndome a mí! ¡Y justo antes de la boda!, ¡imagínate, prefiere salir con un holograma!, no, no, así mejor no me caso.
—etto… señorita.
—¡Mimi! ¡Me llamo Mimi!
—Etto… esta es mi parada, la mía y de Mei-chan, tengo que irme —con la misma cara colorada, se hace espacio y me abandona.
—¡Por gente como tú no progresa la humanidad! —le chillo y vuelvo a moquear.
Me iré lejos. Para siempre, hasta donde llegue el tren. Ojalá pudiera irme hasta el fin del mundo. Dicen que existe, el fin del mundo, es una ciudad en la Patagonia, la última o quizas la primera.
Allá seguramente van todas las personas que moquean como yo. Debe ser un lugar tristísimo, pero al menos seguramente todos son empáticos y, si ven a una novia de blanco llorando, pues le dan pañuelos y le dicen: ya, ya, no llores más, ya pasó.
Cuando alguien te consuela, la vida es más tierna. Que la vida sea tierna ayuda a creer en el amor.
Ya nadie vive en nombre del amor.
Quisiera contar mi historia. Ponerme en medio del andén de una estación del metro y hablar como un ángel. La gente me oiría y, en lugar de darme monedas, me daría flores.
Flores de todo tipo: begonias, jazmines, rosas, petunias, nomeolvides, margaritas, dalias…
Soy Mimi Tachikawa y he dejado a mi novio en el altar en nombre del amor, porque el amor debe ser verdadero en un mundo tan feo como este, donde la gente prefiere bajar apps y rentar novios falsos.
Soy Mimi Tachikawa y quiero que me pongan atención. Entre ustedes debe estar el amor de mi vida, porque mi prometido no era el amor de mi vida, era mi bolsillo y mis tarjetas de crédito.
Y aunque me gusta el dinero, ¡ay, es más triste vivir sin amor!, eso le dije a Michael, mi novio, y luego salí corriendo con las zapatillas en la mano, pero nadie vino detrás de mí.
¿No es el colmo que nadie me haya perseguido?; mommy and daddy se quedaron paralizados, no dijeron algo como: ¡Mimi-chan, regresa, estarás tirando tu vida a la basura si no te casas con Michael, heredero de la fortuna Barton!
Michael lo que hizo fue sacar el celular y me tomó una foto. ¡Lo peor!, lo ha subido a Instragram y a Twitter, ¡para el colmo le ha puesto un filtro sepia a la imagen!, mi vestido ni siquiera se ve blanco. Sa-cri-le-gio.
#PlantadoEnElAltar #NoviaEnFuga #ByeByeMimi
Miles de likes le llovieron y se replicaron. Los hashtag se volvieron tendencia. Sí, porque lo estoy stakeando, a Michael. Quizás debería borrarlo de mis contactos, pero si yo me voy al fin del mundo al menos quiero más elementos para guardarle rencor.
¡Ni hablar!, ¿qué pasa con el mundo?, quise humillarlo y ahora me humilla él a mí. ¡Al fin del mundo, señor conductor de tren! ¡Le pagaré con un beso!
.
.
Me adormilo. Quiero tener dulces sueños y un viaje largo, pero no pasa mucho tiempo antes de que un oficial de policía me despierte. El tren está vacío y, al parecer, esta es la última parada.
—Tiene que abandonar el tren.
—No quiero, oficial, déjeme seguir viajando.
—Señorita, tiene que abandonar el tren.
Para no hacérselas larga. Me rebelo, pero él llama a las oficialas y estas me toman con fuerzan de los brazos y me sacan de la estación.
"Tiene que irse", "¿Está ebria?", "vaya a casa".
Se aseguran de sacarme porque Japón tiene el primer lugar en suicidios a nivel internacional. Una de las formas más fáciles de suicidarse es tirarse a las vías del tren, pero el gobierno ha publicado una nueva ley: si el suicida se interpone entre las vías y el tren, los familiares del muerto deberán pagar los daños.
Con el tiempo y los trenes nipones no se juega. Eso dicen. A mí me parece lo más triste. O sea, por eso yo no me mataría en las vías, ¡yo sólo quería ir de viaje!
—Que sepan que no estoy loca, sólo sufro en nombre del amor —aclaro, pero igual me echan y la noche está penetrante.
Es el colmo, se me ha caído el velo y mi vestido se ha ensuciado por los empujones. Las oficialas no dijeron nada de mi vestido, ¡seguro están solteronas y amargadas!
Enderezo las copas del corsé, el escote de las bubis está chueco. Veo el celular, todos siguen condoliéndose de Michael y nadie habla de mí.
"Un clavo saca a otro clavo", "Tu ex es una bitch", "Me ofrezco como tu premio de consolación, darling".
Corrijo. Hablan de mí, pero como si fuera una perra desgraciada. ¡Mal!, ¡no lo victimicen más!, ¡apiádense de mí!
Ya ni sé dónde estoy pero no he dejado de caminar. Me van a salir ampollas por los tacones. Me cala en los tobillos, por eso me siento bajo una farola y vuelvo a llorar, y como ya no traigo el velo, pues me seco con el vestido ampón, que de bonito ya no tiene nada. El tul, por debajo de la seda, me pica las piernas y tengo ganas de hacer pipí.
—Sniff, todo salió peor —me quejo. No aguantaré mucho antes de ceder y hablarle a daddy y a mommy. Muy pronto mi aventura de desamor fracasará.
¿Dónde estás, maldito príncipe azul?
—¿Qué nadie va a salvarme?, ¿Nadie? ¿Ni siquiera siendo yo tan bella? —y lo grito fuerte, muy fuerte. Y la farola se apaga, como un trueno, o más bien un relámpago silencioso.
La farola se extingue y quedo a oscuras. ¡Qué miedo! ¡que no venga un violador!
Estoy a punto de encender la luz led del celular, cuando vuelve la electricidad al poste de luz. Y, como si fuera magia, empiezo a notar el aroma de muchas flores.
Flores de todo tipo: begonias, jazmines, rosas, petunias, nomeolvides, margaritas, dalias…
Y todas ellas forman un collar que cuelga de mi cuello.
—Ay, un collar de flor, qué romántico, qué onírico.
Digo onírico, porque esto es un sueño. ¡Qué horror!, seguramente me quedé dormida en la acera, en las afueras de la ciudad, en las industrias abandonadas, donde ya no pasa ni el tren. Mi vestido se ha vuelto un futón en medio del cemento, ¡qué paupérrimo!, pero al menos sueño con flores que me adornan y huelen a dulce.
Eso me reconforta. Y, al mirar hacia arriba del poste de luz, veo que se desprende un halo de luz verdosa.
—¿Luciérnaga?
Pero no, ni al caso. ¡Esto es un sueño!, las luciérnagas son demasiado comunes. Miro la lucecita y noto que es una flor con piernas y brazos. Y tiene alitas de mosca. Un hada.
—¡Mi hada madrina! —grito y me levanto sin importarme las ampollas.
Hadita no dice nada, pero lanza un rayito de luz hacia mí y las flores de mi collar crecen.
#ElMejorSueñoDelMundoMundial
—¡Ven a mí!
La hadita niega. Se va volando. Y yo la sigo y me siento Alicia. Sí, ahora mismo, aunque sea un sueño, voy rumbo a un país de las maravillas.
Continuará…
Gracias por leer. Me disculpo si hay errores
