Capitulo 2

Después de que los camiones de mudanza llevaran todo su equipaje, Sakuno se dejo caer sobre el sofá agotada, serian unos tres largos meses, pero al mismo tiempo tenía la esperanza que se pasaran con rapidez. Miro a su alrededor, el apartamento era más grande que el suyo, no sabía si era porque estaba vacío o efectivamente era de ese modo. Miro a su alrededor, ese lugar tan lujoso seria a partir de ese momento su nuevo hogar, si es que podía llamarlo así. Le había mencionado a su mejor amiga que pasaría un tiempo fuera de casa por asuntos laborales, creía que podría ocultarle el secreto, pero Osakada no era tan ingenua como creía. Así que no tardo demasiado en sacarle la verdad y decidió apoyarla, rogándole porque la llamara cuando tuviera tiempo para escuchar los detalles de su convivencia con el ambarino. Tomoka parecía más emocionada que ella misma, creía que estar bajo el mismo techo que una celebridad era el paraíso, pero en verdad estaba muy equivocada, porque sería un verdadero infierno. Y era así, porque desde que había decidido que dormiría en la habitación del este, como si se tratara de un amo y señor del apartamento, dicto una serie de condiciones que debía seguir, si querían tener una buena convivencia. Una de ellas, era que por nada del mundo, se atreviera a entrar a su habitación, salvo que él, aunque lo dudaba, lo permitiera. En segundo lugar, no podía utilizar sus cosas, como su propio shampoo o algunos elementos que estaban en el baño. En tercer lugar, no debían invadir la privacidad del otro. En cuarto lugar, no debía hablarle acerca de cosas domesticas en el trabajo y en quinto lugar, prohibido hacerse falsas ilusiones por vivir bajo el mismo techo. Suspiro, era demasiado estricto, pero no eran normas que le costara trabajo seguir, porque no estaba interesada en entrar en su vida y alterarla como él creía. Mientras él ordenaba su habitación, ella se dedico a mirar los mensajes que habían en su celular, entre ellos habían dos llamadas perdida de su abuela que sabía que si no devolvía, ella podría llamar a la policía con el fin de dar con su paradero. Un maullido repentino la hizo reaccionar, miro a su alrededor, pero no había nada que llamara su atención. Quizás era su imaginación, o podía haber algún felino cerca de la ventana. Sin prestar mayor atención a sus inquietudes, tomo su celular y camino a su habitación, se encontraba precisamente al frente de la otra puerta que permanecía cerrada. Comenzó ordenando su ropa, doblándola con cuidado y guardándola en los cajones vacios, después se acerco a la ventana y abrió los doseles para permitir que entrara la luz del sol. Vio en su reflejo que tenía el cabello alborotado, por ello decidió soltarse el cabello y cepillarlo frente al espejo, tenia ojeras producto de las últimas noches en que no había podido dormir pensando en ese día. La directora le había dicho que se tomara algunos días para descansar si deseaba, pero no sabía si podía hacerlo en ese apartamento precisamente. Dio un largo suspiro, debía acostumbrarse a ver ese rostro todos los días, veinticuatro horas al día. Un maullido más intenso llamo su atención, no parecía ser producto de su imaginación ni mucho menos consecuencia de sus noches de insomnio. Miro alrededor de su habitación, tratando encontrar alguna pista siguiendo el maullido, entonces entre sus cosas, precisamente en el armario había un gato de mediano tamaño, sus ojos eran tan azules que podía perder en ellos, su rostro era café al igual que sus orejas, mientras que el resto del cuerpo era blanco, se trataba de un Himalayo. Se preguntaba que hacia ahí. Lo tomo en sus brazos para acariciarlo, al principio temblaba asustado, pero después se tranquilizo ante su contacto. Llevaba una pelota de tenis en su hocico, distinguía bien esa pelota, era suya porque llevaba un dibujo característico que solía hacerle. Lo llevo a la cama y lo acaricio, se sorprendió cuando emitió ronroneos sigilosos. Era tan hermoso. "¿De dónde saliste?" Le pregunto mirando sus ojos celestes que se encontraban con los suyos. De súbito, sintió un escalofrió recorrer su piel al percatarse que alguien externo los observaba. Ryoma se encontraba en el umbral de la puerta en silencio. El gato al sentir su presencia, se escapo de sus brazos y corrió hacia él, quien lo tomo con calidez.

— ¿E-Es tuyo? —Pregunto nerviosa, acababa de romper una de sus condiciones.

—Sí, su nombre es Karupin.

—Ah... Lo siento. No sabía que era tuyo. —Se excuso nerviosa, no quería problemas a esas horas y su mirada escrutadora la intimidaba. —K-Karupin se encontraba en mi habitación y...me sorprendí al encontrarlo, pensé que alguien lo había olvidado por eso lo tome. Lo siento por haberlo hecho. No volverá a suceder.

—Descuida, no estoy enfadado. —Suspiro, hablaba como si le tuviera miedo. —Karupin debe haberse asustado por encontrarse en un apartamento nuevo. Además, es la primera vez que veo que se siente cómodo con otra persona que no sea yo.

— ¿Eso es malo? —Pregunto preocupada.

—No lo es. —Se burlo, notando lo asustada que estaba. —Por cierto ¿Juegas tenis? —Pregunto, señalando la pelota del suelo.

— ¿Eh? P-Pues algunas veces, lo hacía con mi abuela.

—Ya veo.

— ¿Y tú...? —Pregunto nerviosa. —Karupin jugaba con una, parecía familiarizado con ella. O quizás son solo ideas mías.

—No son idea tuyas, Karupin suele jugar con mis pelotas siempre. —Lo dejo en el suelo notando que quería caminar por la habitación. —Yo también juego tenis a menudo.

— ¿Eres bueno?

—Estuve en algunos campeonatos con mi hermano mayor.

—Entonces si debes serlo.

—Supongo. —Se encogió de hombros y miro a Karupin un momento. — ¿Tienes hambre?

—Debe tener, maullaba hace unos minutos.

—No le hablaba a él.

— ¿Eh? Si, un poco.

—Vamos a comer.

Asintió confusa, siguiéndolo por el pasillo. No esperaba ese tipo de reacción, creía que no deseaba comer con ella y estaba preparada para comer en su habitación o en otro sitio.

Extendieron el mantel en la mesa y comieron lo que la directora les había dejado para comer. Era el mejor arroz que había probado o es que a esas horas de la tarde todo encontraba delicioso por el hambre que tenía. Ryoma comía pensativo frente a ella, en lugar de preguntarle en que pensaba, prefirió unirse a su silencio, considerando que aun no tenía la confianza para preguntarle cosas y por supuesto, había prometido no intervenir en su vida. Aun así, no encontraba donde descansar la mirada mientras comía, porque todo lo que veía era su mirada y su cabello negro algo despeinado. Tenía deseos de peinar los mechones rebeldes que formaban ondas en su rostro, pero sabía que lamentaría hacerlo conociendo su humor. Así que una vez que terminaron de comer, ella se hizo cargo de retirar los platos y dejarlos en la lava vajillas. Se preguntaba que haría el resto del día, era un pleno sábado por la tarde, no tenía muchas cosas que hacer. Salvo ensayar sus líneas. Tenía deseos de salir un momento en lugar de permanecer en silencio en ese nuevo lugar, pero no tenía grandes planes. Cuando iba a añadir algún comentario, su celular irrumpió en el salón, se trataba de la tercera llamada de Sumire, era la última oportunidad que tenia para contestarle o ella haría un escándalo por no reportarse. Así que tomo la llamada y camino hacia su habitación para estar a solas con ella. Pero Ryoma no parecía prestarle demasiada atención, porque pasaba los canales de la televisión buscando algo interesante que ver.

—Sakuno, al fin me contestas. —La regaño Sumire.

—Sí, lo siento abuela. He estado ocupada.

—Así he escuchado, llame a Tomoka y me ha dicho que no estabas. —Bufo. —¿Dónde estás precisamente?

—P-Pues...hay algo que no te he contado.

— ¿Qué es? ¿Debo preocuparme?

—No, no es nada grave. —Tomo aire, pensando en cómo decirle que estaría lejos algunos meses. —Veras, la directora me ha pedido que para entrar más en el papel debo pasar más tiempo con mi colega y...

— ¿Con el actor frio? —Pregunto sorprendida. — ¿Estas con él en este momento?

—Sí, con el mismo. Por ello, nosotros debemos...vivir juntos algunos meses.

— ¡¿Qué?! ¿Estás viviendo con un chico solo por un papel? ¿Quieres que me crea eso? —Exclamo al otro lado de la línea. — ¿No hay nada mas entre ustedes?

—No hay nada, solo somos compañeros de trabajo, ya te lo he dicho. —Susurro avergonzada, considerando que él se encontraba en la otra habitación. —Solo será temporal.

— ¿Y-Y ese actor...está soltero?

— ¡Abuela! ¿Qué insinúas? —Gruño, había levantado la voz sin haberlo previsto. —No lo sé, de seguro tiene a alguien.

—Deberías preguntarle. Quizás se llevan una sorpresa al conocerse más.

—No será así, dudo que suceda algo.

—Con esa disposición tuya, ahuyentas a todo el mundo.

—No es solo por mí, el tampoco está interesado.

— ¿Y es guapo? —Pregunto con ese tono que solía emitir cuando estaba interesada.

— ¿Qué importa si lo es?

—Nada...Por cierto ¿Cuándo lo conoceré?

— ¿Qué? ¿Por qué deberías conocerlo?

—Porque debo saber con qué chico mi nieta está viviendo ¿no?

—No tiene nada especial. —Mintió, lo tenía todo.

—Tomoka me dijo lo contrario.

—Es suficiente, debo ir a hacer algunas cosas ahora.

—Está bien, recuerda llamarme.

Una vez que colgó, camino al salón esperando que Ryoma no se encontrara ahí, temía que hubiera escuchado sus gritos. Escucho el televisor a lo lejos, el volumen era tan alto que creía imposible que la hubiera oído. Recorrió el piso descalza sigilosamente, tomó aire y se preparó para hablarle al ver su figura a lo lejos. No obstante, tras notar que no la había oído ni mucho menos había recibido respuesta, se aproximó hacia él para mirarlo, entonces quedó hipnotizada por la escena. Karupin estaba acostado en su regazo dormido, él lo abrazaba con fuerza y apoyaba la cabeza en el muro con los ojos cerrados, estaba completamente dormido, podía distinguir tan solo su respiración. A veces era adorable cuando nadie lo notaba, tras esa frialdad nata, había una persona distinta que si tenía corazón al menos con los animales. Se acercó al televisor y lo apago, camino hacia el closet más cercano y extrajo una sábana para ponerla con cuidado sobre ellos. Los miró un momento sintiendo su corazón latir, aun dormido era guapo.

Al regresar a su habitación, termino de ordenar lo que quedaba en su habitación, acomodo sus cosas, dejo sus libros en un estante y decoro su habitación con lo poco que llevaba. En cuestión de minutos, el dormitorio vacio había tomado forma y ahora si se mostraba como si se tratara de su propia habitación, salvo que esta vez no dormiría con Tomoka bajo el mismo techo, pero al menos la fotografía que tenia con ella, estaba sobre el velador observándola con una sonrisa de dicho momento que habían ido a vivir juntas por primera vez, donde Sakuno sostenía las llaves de su apartamento y Tomoka se sentía orgullosa de sus esfuerzos.

Eran amigas desde la primaria, se conocían prácticamente de toda la vida, ya que fueron vecinas cuando era pequeña, Tomoka siempre la invitaba a vivir aventuras, ella era tan tímida que le costaba trabajo adaptarse a su hiperactividad, pero después de unos años, comprendió que si no hubiera aceptado salir con ella la primera vez, se habría arrepentido el resto de su vida, ya que se había vuelto en su mejor amiga. Al dejar la primaria, Sakuno había quedado en otro establecimiento al suyo durante la secundaria, por lo que debían verse solo por las tardes, pero aun así, no perdían el contacto y hablaban como si jamás se hubiera separado. Durante la Preparatoria fue distinto, Tomoka la sorprendió dando el examen de ingreso a su institución y pudieron volver a estar juntas. Gracias a Tomo-Chan, Sakuno no se sentía sola en ese lugar, ya que ella siempre estaba ahí dándole ánimos y defendiéndola de los demás. Aunque su personalidad era algo efusiva para el resto, no tardo mucho en adaptarse. Nunca requirieron unirse a un grupo para encajar, porque pudieron pasar buenos momentos en compañía de la otra. Si bien la Universidad implico una nueva separación, porque no estudiaron lo mismo, Tomoka le propuso que podrían irse a vivir juntas. Así que trabajaron en una florería de medio tiempo en paralelo con los estudios durante dos años hasta que pudieron recolectar el dinero suficiente para comprarlo y finalmente mudarse.

Era la primera vez desde esa oportunidad que estarían separadas, pero aunque la extrañaría, seria temporal. Debía admitir que por un lado, se sentía aliviada de estar en otro lugar, ya que desde que Tomoka salía con su novio Horio, debía acostumbrarse a la idea de verlo frecuentemente en el apartamento, tanto de visita, como había momentos en que se quedaba a dormir. Recordaba que una vez le comento que él le había sugerido que fueran a vivir juntos y ella lo había pensado. No le preocupaba el hecho de que sucediera, al contrario estaba feliz de que su mejor amiga encontrara a su verdadero amor, más bien lo que sentía era soledad, porque ella jamás tendría esa oportunidad de hacerlo. Sumire le había dicho en una ocasión que en cualquier momento sucedería que debían separarse, pero eso no acabaría con su amistad. Habían estado juntas toda la vida y no por un hombre se iba a terminar, quizás no se verían con la misma frecuencia que antes, pero el lazo que tenían lo mantendrían por siempre. Lo sabía, pero no era el miedo de apartarse de ella lo que la perturbaba, era un sentimiento ajeno a ello sobre su propia vida...el amor nunca había estado dentro de sus planes y por lo mismo, no le importaba no tener novio a esas alturas, además no tenia como conocerse a alguien si su vida giraba en torno a su pasión de actuar, primero giro en torno a la Universidad y ahora su trabajo lo era todo.

Se sentó en la cama a mirar los mensajes que tenia de Tomoka y se dedico a responderlos. Su mala fortuna en el amor no se debía tan solo a que no tuviera tiempo para salir, debía reconocer que también tenía que ver con sus propias inseguridades. Ya que, al igual que Tomoka que siempre estuvo en su vida, hubo otra persona que la amo desde la secundaria. Un chico de cabello rojo de su misma edad, llamado Kintaro. No lo veía desde la Universidad, de seguro se encontraba recorriendo el mundo como siempre había deseado hacerlo. Esperaba que encontrara la felicidad que ella no le pudo dar, porque aunque le agradaba su compañía y su personalidad era similar a la de Tomo-Chan, no se sentía atraída hacia él. Sabía que otras chicas matarían por estar con alguien así a su lado, por su simpatía, su físico digno de atleta y su caballerosidad, pero ella no era como las demás. Kintaro para ella, no era más que un simple compañero o quizás hasta podía considerarlo su amigo. Había salido con el algunas veces y lo había intentado, pero aun así el no despertaba nada en ella. Su abuela decía que se debía a que ella tenía idealizado el amor, diciéndole todo el tiempo que las parejas no eran como los libros que leía ni mucho menos los mangas, la realidad era otra muy distinta y estaba consciente de ello, porque se había enamorado una vez en Secundaria. Por supuesto no había sido correspondido. Su nombre era Hiyoshi Wakashi, un chico alto de cabello rubio como la arena de playa, nariz respingada y unos ojos oscuros que pocos se atrevían a observar, salvo ella que lo hacía a menudo. Hiyoshi fue una de las razones por las que comenzó a jugar tenis, ya que se encontraba en el club de tenis y era la promesa de su Instituto para vencer en los nacionales, siendo uno de los más fuertes de los titulares. Además de eso, gracias a que pertenecía al club de artes marciales, se dedicaba a combinar sus técnicas de dicha rama con el tenis, consiguiendo su victoria. Pero más que sus habilidades, ella estaba enamorada de su personalidad y belleza. Sin duda era de los chicos más guapos del Instituto, muchas chicas se acercaban a él buscando algo más que amistad o clases de tenis, pero en su caso las ignoraba. Sakuno no quería correr el mismo riesgo, así que prefería admirarlo a la distancia, esperando encontrar un momento óptimo para hablarle. Llegaba a creer que era invisible, dado que aunque solía mirarlo a diario, el jamás notaba su presencia y por lo mismo, bajo esa ocurrencia siguió haciéndolo, hasta que un día se encontraron, producto de que la pelota de tenis cruzo la barrera en la que jugaba y cayó en su cabeza. Sakuno estaba tan avergonzada que no sabía que decir, solo se dignaba a gritarle que lo sentía cientos de veces y deseaba que el suelo la tragara para no seguirlo viendo.

—Descuida, son cosas que pasan. —Le dijo Hiyoshi entregándole la pelota. —Por cierto, nos hemos visto antes ¿Verdad? —Apoyo su dedo índice en su mentón tratando de recordar.

— ¿Eh? N-No...—Su rostro se encendió delatando la realidad.

—Ya recordé, eres la que siempre me está observando ¿no?

—N-No es así, debes estarme confundiendo. —Desvió su mirada. —Debo irme, es tarde. —Le dio la espalda para alejarse de él.

—Espera, lo siento...no quería burlarme en serio. —La tomo del brazo evitando que avanzara. —Eres Ryuzaki ¿no?

—S-Si...— ¿Sabia de su existencia además de ser psicópata?

—Te acompaño a tu casa. —Se atrevió a decir.

No había pasado entre ellos que le hiciera pensar que iban a estar juntos, pero se sorprendió a si misma hablando a diario con él, quizás la adolescencia le hacía delirar o ver cosas que no eran, pero por un momento creía que sentían lo mismo. Ya que no solo se dedicaban miradas sigilosas en los pasillos, también hablaban de vez en cuando y practicaban tenis juntos. Pero entonces, cometió la gran equivocación de expresarle sus sentimientos, porque Tomoka le había insistido que debía hacerlo, considerando que se llevaban tan bien. Fue cuando comprendió que no importaba cuanto amara a una persona y cuanto diera por ella, a veces el amor no es suficiente...cuando la otra persona no siente lo mismo. Así fue, como una tarde después de entrenar juntos lo hizo y recibió su primera desilusión amorosa.

—Lo siento...pero no estoy enamorado de ti. —Le dijo, sintiendo como algo se quebraba dentro de ella en ese momento. —Me agrada tu compañía como amiga, pero además de eso no.

—Ya veo...no te preocupes. —Fingió una sonrisa, que tonta había sido en creer que era correspondido.

Así fue como se alejaron y no pudo hacer nada para evitarlo.

A la mañana siguiente, Ryoma se levantó con los maullidos de Karupin. Se reincorporo en la cama buscando su celular para ver que horas eran, sin embargo se sorprendió al encontrarse en una habitación ajena a la suya, pero tenia sus cosas. Entonces recordó la propuesta de la directora y comprendió porque estaba ahí. Una vez que logro sacar una pierna por la bajada de la cama, se dirigió a la cocina a buscar comida para gatos y servirle. Eran cerca de las 9 de la mañana, era un cálido día, aunque no planeaba salir a esas horas, había despertado. Por ello, tras echar una mirada rápida a la habitación del frente en que dormía la castaña profundamente, preparó su ropa deportiva para salir a correr, ya que era una de sus actividades diarias para despejarse. Además era domingo, no había mucho que hacer. Una vez que estuvo listo, tomó la copia de llaves y salió del apartamento con los primeros rayos de sol iluminando su rostro.

Sakuno se levantó dos horas más tarde, camino al baño agotada por haberse quedado toda la noche ordenando sus cosas, se lavó la cara y decidió ir a la cocina para hacer algo que comer, por lo que al recorrer el pasillo se encontró con el dormitorio del ambarino vacío, quizás quería estar en otro lugar apartado de ella y era lo mejor, quería tener paz. Al dirigirse a la cocina se encontró con Karupin jugando con un juguete en forma de serpiente. Se veía tan adorable, pero no quería tener problemas por jugar con el. Así que puso agua en la tetera, hizo huevos revueltos y finalmente puso la mesa para tomar desayuno. Karupin seguía en el mismo lugar ronroneando con el pequeño juguete, mirándola expectante, como si deseara invitarla a jugar con el. Al hincarse a su lado, tomó el juguete y comenzó a moverlo, viendo cómo el felino intentaba alcanzarlo estirando sus patas. Era tan lindo, incluso su maullido lo era.

En paralelo, Ryoma introdujo la llave en la cerradura y entro sigilosamente al apartamento, estaba agotado. Tras dejar sus zapatos en el lugar indicado, caminó descalzo por el piso flotante. Se moría de hambre, solo había llevado una botella de agua. De pronto se sintió hipnotizado al sentir un delicioso aroma proveniente de la cocina, camino inconscientemente a zancadas, nadie cocinaba para el desde que había dejado la casa de sus padres. Sin embargo, cuando se detuvo bajo el umbral, el recuerdo de su madre se esfumó al ver a la castaña de ojos carmesí jugando con su gato. Karupin parecía complacido con su compañía, incluso ronroneaba más de lo común. Pero no era simplemente la escena que lo plasmaba, también era el hecho de que Sakuno lucía un pijama de dos piezas, una camiseta de tiras que moldeaba su cuerpo y unos short que dejaba a la vista sus piernas bien formadas. Se sentía extraño por tener esos pensamientos de ella, pero a fin de cuentas era atractiva.

Al sentirse observada, Sakuno volteo nerviosa y su rostro se volvió rojo carmín producto de la intensidad de su mirada.

— R-Ryoma-Kun...me sorprendiste. — Dejo caer la serpiente asustada. — ¿ Quieres desayunar?

— Me parece bien. Muero de hambre.

Como nunca, platicaron en paz, Ryoma le habló de que había salido a correr por la mañana y Sakuno lo escuchó con atención. Karupin a su lado, compartía del grato momento junto a ellos. De pronto parecían una familia y el ambarino se sentía extraño. "Por cierto, recibí una llamada de la directora" Le susurro para cambiar el tema, Sakuno lo miró interrogante, pensando que quería hablar sobre el trabajo. Pero entonces le pidió que para que pasaran más tiempo juntos, debían conocer el mundo del otro.

— Por ello, estaba pensando que si debes conocer mi mundo. — Hizo una pausa. — Se por donde podemos empezar.

— ¿Eh? ¿Por donde?

— Si no tienes planes para ahora, Ryuzaki. Podemos salir.

— No tengo planes. Pero ¿Qué haremos?

— Sabes jugar tenis ¿Verdad?

— No es mi especialidad, pero

— Da igual, juguemos ahora.

Continuará...