Y aquí el segundo capitulito (y este va de regalo) ;3 En este he de hacer un par de advertencias:

Contiene escenas explícitas de violencia doméstica, si alguien cree que se puede sentir mal por cualquier motivo, recomiendo no leer a partir de la línea divisoria (para evitar un mal rato).

Aún así (y puede que haya más cosas de este estilo en un futuro) el rating del fic seguirá siendo T, puesto que, seamos sinceros, la adolescencia estos días sabe ya de todo ^^u.

A Shouko-Marigold: no te creerías lo que me ha animado a seguir con esta historia tu Review n.n/. Me alegra muchísimo que también te guste esta pareja, ya que en mi entorno no hay mucha gente que esté de acuerdo conmigo con respecto a esto u.u'. En cuanto a la forma en la que he retratado a ambos, es basada en cómo creo yo que alguien podría reaccionar a ciertas situaciones siendo lo que son, adolescentes, en vez de personalidades increíblemente idealizadas (aunque claramente ambos sean un estereotipo de 'belleza' dentro del anime, puesto que no veo a nadie con acné o cosas por el estilo). Y tengo que admitir que está basado en las tonterías que me monto con mis amigos xD.

To Mayshea: TY~ It's really nice to see someone who speaks another language commenting here ^^ I'm glad you like it, and I hope I can keep up the level of the story n.n

Por cierto, sé que esto ya tendría que ser considerado masoquismo, pero recomiendo altamente escuchar la canción Take me to church de Hozier a partir de la línea divisoria, para dar más sentimiento al asunto ;3 Y bueno este capítulo no estaba planeado para hoy, pero no he ido a clases porque me encontraba mal y me he liado a escrbir, así que, ¿por qué no?


"¿Kazemaru…?" Pasados unos minutos en los brazos del defensa, finalmente Aki se atrevió a preguntar. "¿P-Por qué estabas –hic- llorando?" Aún seguía hipando del disgusto, pero aguantaba como podía para no parecer una cría.

"No te preocupes…" Otro pequeño silencio incómodo. Al rato se dieron cuenta de que seguían abrazados y se separaron, pero esta vez de una forma más lenta y sutil. "No me gusta ver a la gente llorar, eso es todo."

"… Me lo creeré."

"Gracias."

"Por –hic- ahora."

"Vaya dos…" El peliazul sonrió melancólicamente y miró la hora en su reloj de muñeca. "Al final no hemos hecho nada del trabajo…"

"Bueno, no pasa nada. Además, tenemos bastante tiempo para a –hic- acabarlo."

"Sí… Oye, ¿puedo preguntarte por qué…? Bueno, ya sabes, por qué has empezado a llorar así, de repente… Si quieres, puedes contármelo." Kino se tensó un poco ante la petición de su amigo. ¿Debería decírselo? Sabía que Ichirouta no era un bocazas que lo iría diciendo por ahí, pero también era el mejor amigo de Endo, después de todo. Se dice que llevar las cargas solo es peor, pero, ¿y si se lo decía a Mamoru? A estas alturas lo último que quería era un rechazo por parte del portero. Estaban a finales de tercer curso y los exámenes finales estaban al caer.

Aunque pensándolo bien, ¿qué más daba?

No pensaba quedarse eternamente colgada del capitán del Raimon. Cada vez tenía más asumido que este no le prestaría atención, y también se las tendría que arreglar para rechazar con la mayor sutileza posible a Ichinose. El centrocampista llevaba tirándole fichas sutilmente desde que lo volvió a ver, a mitad del FF. Si bien es cierto que lo apreciaba muchísimo, lo hacía como a un amigo, y no quería herirlo. Además, estaba muy preocupada por su enfermedad, y no sabía cómo lo podría afectar algo así. Pero ya pensaría en eso más tarde.

Últimamente pensaba más en quedar con el defensa para hacer cualquier cosa; mientras estaba con él no pensaba en Endo. Así que por una vez, decidió confiar en alguien más.

"Yo, bueno… Verás…" Ichirouta se esperaba la respuesta de ésta. "Me gusta Mamoru desde hace un tiempo…" Dijo la chica, sonrojada y cabizbaja. "Y-Y no creo que yo le g-guste a él y no sé… No sé qué hacer y…" Iba a llorar otra vez, pensando que Ichirouta no la entendería, tal como hicieron sus mejores amigas.

"Tranquilízate, no se lo voy a decir a nadie… Además, yo…" La chica escuchaba con atención a las palabras del defensa. "Tiene gracia, pensar que llevamos tan sólo un par de meses hablando y eres la primera persona que va a escuchar esto de mí…" El joven sonrió con tristeza y dirigió la mirada al suelo. "A mí también me gustaba Mamoru, ¿sabes?"

Aki no se podía creer lo que estaba escuchando. ¿A Kazemaru Ichirouta le gustaba un hombre? De todas las cosas que hubiera podido imaginar, aquello no estaría entre ellas. Entonces pensó un poco más; siempre iban juntos a todas partes, hasta parecían hermanos. No era muy extraño pensar que a partir de una amistad muy cercana se hubiese podido llegar al punto de enamorarse.

Un nudo se formó en la garganta del chico. El silencio de Kino no le gustaba nada. Y nadie le podía asegurar que no le fueran a juzgar al soltar algo así, y más aún teniendo la familia que tenía.

"S-Sé que es raro y y-yo pues… No me si-siento orgulloso de ello ni nada… No planeo vivir t-toda mi vida así, puedo… Puedo cambiar…"

"¿Q-Qué…? ¡No, no es eso! Es que, no sé, no me lo esperaba…"

"Oh… ¿E-En serio?"

"Claro, está bien."

"Yo… Bueno, de todas formas no tienes que preocuparte, Endo ya no me gusta."

"Tranquilízate, hombre. No me iba a enfadar o algo así por eso." Pero Kazemaru conservaba una expresión arrepentida." A-Además, creo que, yo que sé… Creo que es hora de pasar página, ¿sabes? Llevo como dos años intentándolo y no hay manera. No creo que un tercer año vaya a resultar ser un milagro, y encima nos graduamos en un año. ¡Un año, Ichirouta! Cada uno se irá por su camino y tal vez no lo vuelva a ver hasta yo que sé cuánto tiempo, quizás ni lo vuelva a ver…"

"Sí, supongo que tienes razón." A Kazemaru se le escapó una pequeña risita. "Vaya, eres más madura de lo que pensaba." Dijo en broma para relajar la tensión en el ambiente.

"¡Pero bueno!" La gerente también rió un poco. Pasaron unos segundos de silencio, esta vez no uno incómodo. "Puedo… Puedo preguntarte desde cuando, si quieres responder, claro… ¿Desde cuándo te gusta Endo?"

"Ah… Pues… desde que tenía unos… ¿Siete, ocho años? Más o menos por ahí, creo."

La peliverde no pudo evitar sentirse mal. Llevaba pensando durante dos años que su dolor era inaguantable, y ahora, por fin, se daba cuenta de que sus dos años no eran nada en comparación a lo que Ichirouta tenía que haber sentido en casi ocho años, sumándole además el factor de que le gustaba una persona de su mismo sexo.

"Wow, eso es mucho tiempo… Entonces, ¿eres...? Ya sabes…"

"¿Gay? Pues la verdad es que… no lo sé. No creo. Supongo que en realidad me da igual de qué sexo sea la persona que me gusta. No veo como algo desagradable, yo qué sé, besar a un hombre, una mujer o lo que quiera que sea... Dios, qué mal se me da esto." De alguna forma estas palabras aliviaron levemente el corazón de Kino y la hicieron reír sutilmente. No pasó por alto este sentimiento.

"Bueno, el caso es que sepas que no es nada malo querer a alguien del mismo sexo."

"Sí…" Se mordió el labio inferior, acordándose de su padre… Un momento, ¡su padre! "¡Oh, Dios no he avisado antes de venirme a tu casa!" Se levantó apresuradamente hacia su bolsa, la abrió y miró horrorizado las 17 llamadas perdidas de su padre en el móvil, el cual estaba en modo de vibración para no hacer ruido durante las clases.

"¿Te van a regañar por llegar tarde?"

"¡Joder, joder, joder…! ¡Me va a matar! ¿¡En serio llevamos ya tres horas!?"

"¡La boca!" Lo regañó Aki.

"¡Perdón!" Empezó a recoger sus cosas rápidamente, tirándolas por las prisas un par de veces. "Mierda, ¡me tengo que ir ya!" Y sin pensárselo dos veces salió corriendo escaleras abajo en dirección a la puerta. "¡Adiós Aki!, ¡Adiós, Sra. Kino!" Abrió la puerta y se fue. Aki se quedó paralizada en la silla, mirando aún en dirección a la puerta.

"¿Qué leches?"


Kazemaru corría tan rápido como podía rumbo a su casa, esquivando a todas las personas que podía. Miró su reloj con preocupación: ¡ya eran las siete de la tarde, por el amor de Dios! Por suerte no vivía lejos de allí.

Cuando llegó a su casa no se atrevía a introducir la llave en la cerradura. No quería ni imaginarse lo que le esperaba si entraba, pero tampoco se iba a librar de todas formas. Una vez se decidió por entrar, cerró los ojos y dejó que ocurriera lo que tuviese que ocurrir.

"¿P-Padre…?" Cerró la puerta silenciosamente y miró a ambos lados de la sala de estar. Nadie. Tal vez había salido o algo. Su alivio no duró mucho, de hecho, podría jurar que se le paró el corazón junto a la respiración al escuchar unos pasos acercarse a toda prisa hacia él.

Mierda, mierda, mierda.

Casi no pudo reaccionar cuando ya estaba en el suelo. Bueno, él y las cosas que había en la mesa del salón. Una patada fue a parar a sus costillas, y un dolor bastante agudo provenía de los tirones de pelo que le estaban proporcionando. No sabía en qué punto de todo esto empezó a llorar suplicando perdón, sin lograr nada, por supuesto. Conseguía distinguir, entre los gritos y sollozos, cosas como 'marica de mierda', 'hijo de puta', 'inútil' e insultos varios. Ahora el par de manos que antes se habían entretenido tirando con toda su rabia de su pelo apretaban con fuerza su garganta. No podía respirar. Intentaba zafarse como podía del agarre, pero sus fuerzas desistieron al recibir un rodillazo en pleno estómago. Notaba que le faltaba poco para desvanecerse. Entonces lo soltó por fin, dándole un par de segundos para toser con fuerza y coger todo el aire que podía.

Cuando pensó que se había acabado al fin, otro golpe en la nariz lo devolvió a la realidad. Empezó a sangrar al instante, y todo el aire que había cogido segundos atrás parecía esfumarse, mientras intentaba no ahogarse en su propia sangre. Era difícil, teniendo en cuenta que no podía parar de llorar del dolor. Los golpes siempre venían acompañados de insultos con respecto a su aparente sexualidad, y al hecho de que siendo un hombre –como se supone que debía ser-, era un llorica por quejarse por semejantes 'golpecitos'.

Por fin, cuando su padre se cansó, se fue a lo que creía era su habitación y cerró la puerta con gran estruendo. Ichirouta aún yacía en el suelo, semiinconsciente. No veía más allá de la sangre que brotaba de su nariz, labios y antiguas heridas ahora abiertas de nuevo, que ahora se expandía por el suelo. Se preguntaba –con la poca claridad mental que le quedaba- si alguna vez sus vecinos habían escuchado todo aquello, si alguien, quien fuera, podía buscar ayuda.

Porque de verdad necesitaba ayuda.

Pasados unos minutos –o tal vez horas- consiguió reunir las fuerzas suficientes para levantarse e ir hacia su cuarto, apoyándose como podía en las paredes. No sentía la pierna izquierda y esto sólo dificultaba las cosas. Aguantando el dolor como podía y aún llorando, abrió la puerta de la dichosa habitación y cerró la puerta. Se tiró en la cama y relajó los músculos, que hasta ahora habían estado en tensión.

Ahogó sus penas contra la almohada hasta quedarse dormido.

Se levantó al día siguiente con el ruido del despertador del móvil. Lo apagó e intentó levantarse en vano; sólo consiguió soltar un gemido de dolor. Al segundo intento se puso de pie, ayudándose de las fuerzas que le quedaban, y caminó hacia el baño. Una vez allí se desvistió y se miró al espejo: restos de sangre seca se habían quedado grabados en su rostro; varios –y numerosos- golpes se repartían por su cuerpo, creando una mezcla de tonos morados, negros y rojos; ahora lucía un ojo morado, y tenía las mejillas, nariz y ojos todavía rojizos de haber llorado durante horas.

Vaya desastre.

Era en momentos como aquél que quería salir a la calle y gritar a pleno pulmón, expresar de una vez todo lo que sentía. Se dio una ducha rápida y se puso el uniforme de nuevo. Había tenido suerte de que sólo se manchase la camisa, si no, tendría que dar muchas explicaciones. Se cubrió el ojo morado con un mechón de pelo y cogió un pequeño bote de maquillaje que guardaba en uno de los armarios del baño. Se lo aplicó sobre los golpes visibles, echó un último vistazo a su aspecto y bajó adolorido las escaleras para prepararse algo de desayuno.

Calentó un tazón de arroz y sin complicarse mucho la vida, ignoró los condimentos y se fue al salón a comer. Al rato escuchó unos pasos acercarse al salón.

"¡Ichirouta! ¿Sólo te has preparado eso para desayunar? Algún día te vas a desmayar de hambre."

"…" Kazemaru forzó una mueca en forma de sonrisa. "Tal vez…"

"De verdad que a veces no te entiendo, hijo." Y le dedicó una sincera sonrisa.


Hasta aquí el segundo capítulo, espero que haya gustado ^^ Si bien es cierto que este me ha quedado más corto con respecto al anterior, es bastante más intenso (la madre que me trajo xd) y el final creo que ha quedado suficientemente interesante como para dejar con ganas de más al lector c;

Y nada más por ahora n,n, los reviews animan mucho~ Y gracias por leer hasta aquí ^^/