¡Hola! Solo vengo a decirte que, por favor, después de este capítulo, te aguantes las ganas de A-S-E-S-I-N-A-R-M-E. Aunque sé que no sirve de nada pedirles esto porque igual me rastrearan y asesinaran xD ¡Recuerden que los amo, Sunshines, y que si me matan no puedo actualizar!
Mientras escribía "la escena final" (ustedes sabrán enseguida a cual me refiero), escuchaba Hipnotized, de Set It Off, por si deseáis escucharla para ambientarse.
II
Mientes
—¿Y qué hare, Sunset? ¿Decirle? Ella no es como Twilight —le dijo Applejack a la pelirroja. Sunset tenía puesto su armadura carmín con el símbolo del sol, pero la vaquera tenía un pulcro vestido anaranjado. Los colores de ambas no destellaban ante la luz lunar—. ¿Cómo sabré yo que le pasa lo mismo?
—No lo sabrás nunca si no le dices —le respondió Sunset apoyándose contra su corcel negro. A lo lejos, ambas escucharon la voz de su líder llamándolas—. ¿En verdad no quieres decirle? Eso sería darle la espalda a tu nombre, ¿no crees, Apple?
—Pero…
—¿Pero? —Sunset sonrió, y se acercó para abrazarla, rodeándola con sus negras alas. Applejack respondió el abrazo, pensando cuanto echaría de menos a la pelirroja. Sunset se apartó aun sonriendo—. Hazlo, chica. No estaré aquí para salvarte el trasero, así que recuerda que tienes que arriesgarte. O sino, atrévete a hacer un viaje de tres días enteros para vernos, para que luego yo te obligue a volver.
—Sabes perfectamente que me atrevo a hacerlo.
—¿Lo sé?
La demonio pelirroja le movió el sombrero, impidiéndole ver por unos segundos. Cuando volvió a ver, Sunset estaba montada sobre su enorme caballo negro, y le sonreía desde la altura.
—Confió en que, la próxima vez que sepa algo de ustedes, sea por una invitación a su matrimonio. —La pelirroja le guiñó el ojo, provocándole un sonrojo—. Cuídate. Si logras aguantar, nos veremos en dos ciclos lunares.
Applejack amplió su sonrisa.
—Yo igual confió en ello.
—¡Sunset! —Ambas se voltearon para ver acercarse la silueta de Twilight sonriéndoles sobre su caballo grisáceo, pero todo el amor de su mirada estaba dedicado a la pelirroja—. ¡Tenemos que irnos!
—Lo que sea, novia. —Sunset volvió a guiñar, sacándole un sonrojo a Twilight, y se volvió hacia Applejack. La chica se acercó y extendió la mano hacia la pelirroja. Sunset extendió la mano para tomarla—. Nos vemos.
—Suerte, chicas —les deseó la guerrera, soltando lentamente la mano de Sunset. Se despidió de Twilight, y pronto la silueta de ambas se alejó por el camino de piedra. Applejack tomó un respiro que soltó en un prolongado suspiro, y se giró para adentrarse a la fiesta que celebraban en el castillo, desde donde escuchaba la voz de Rarity hablando con algún noble.
Cuando Applejack despertó, enseguida deseó no haberlo hecho. Le dolía el cuerpo horrores pero, a pesar de ello, sonrió ante el sueño que había tenido. Hasta donde recordaba, los dos ciclos lunares se cumplían en dos días, por lo que volvería a ver a Sunset pronto.
Sunset, su mejor amiga y compañera, se habían ido apenas derrotaron a Discord. Sin la pelirroja, no habrían podido derrotarlo, pues como demonio tenia poderes mayores que puso a favor de las chicas cuando traiciono al señor del caos, para luego unirse a Twilight y su grupo. Tras muchos trabajos juntas, finalmente se atrevió a proponerle matrimonio a Twilight, y aunque su líder era una noble del reino del norte, la valentía de ambas y su renombre al volverse guerreras les permitió tomar el trono y que la gente hiciera caso omiso de la descendencia de la pelirroja. Por ello, tenían que irse para confirmar todo, y aceptar su reino.
A pesar de su separación, Sunset y Applejack seguían hablando por cartas. Las cartas tardaban seis días en ir y volver, pero ambas se contaban todo lo que ocurría en ese periodo. Solo que a la vaquera le habría gustado que su amiga no le insistiera en cada carta sobre su relación.
Entonces el repentino y punzante dolor en muñeca le hizo volver a tierra. Bajó la mirada, encontrándose con que una cadena negra estaba enlazada de su muñeca y la anclaba a la pared. Le dolía, como si hubiera llevado un largo rato con ella.
¿Qué había pasado? Frunció el ceño ante el dolor de cabeza, pero se concentró en recordar. Estaba con Rarity en la azotea, ella la había llevado desde la reunión con las gobernantes. Habían estado poniéndose al día, y hablando del prometido de Rarity. Luego cuando estaban en la azotea sintió un pinchazo…
¿Quién la habría atacado? Automáticamente sospechó del príncipe del sur, pero él no estaba allí, ¿verdad? Allí solo estaba Rarity, y ella no la atacaría. ¿Habría algo en la comida? No, también habían comido las gobernantes, además de que se habría sentido mal antes. ¿Y de dónde había salido el pinchazo?
No pudo seguir pensando. En la habitación oscura en la que estaba, se abrió una puerta que permitió que un halo de luz se adentrara, cegándola unos momentos. Cuando volvió a abrir los ojos, se encontró frente a un par de ojos zafiro que le encantaban. Era Rarity.
—Oh, querida —Su amiga enseguida tomó una daga que tenía colgada de la cintura, y cortó las cadenas que la ataban. Luego la abrazó fuertemente—, me tenías horriblemente preocupada.
—Rarity… —Applejack abrazó a su amiga, encantada por su calidez. No lo había notado, pero estaba tiritando de frio—. ¿Qué ocurrió?
Rarity se apartó, permitiéndole a Applejack ver la mueca que tenía su rostro. Incluso así, se veía muy bonita, no pudo evitar pensar la vaquera, y pensó en lo horrible que se tenía que ver considerando lo mal que se sentía. Noto que Rarity aún tenía su pulcro vestido de gala, por lo que asumió que no había pasado mucho tiempo.
—Tengo mucho que contarte.
Antes de que la chica pudiera empezar a contarle, una sombra se colocó en medio de la luz que les llegaba a ambas de la puerta abierta.
—¡Ey! ¿Cómo entraste aquí?
Applejack reaccionó rápido. Cuando el atacante se lanzó contra Rarity, se colocó en medio de la trayectoria y alzó el brazo, frenando un puñetazo. Aprovechando sus guantes, lo aferró fuertemente, y lo dobló haciendo girar al atacante y lo derribó haciéndole una llave. El chico soltó un leve gemido de dolor.
—Quien eres, y donde estamos —preguntó fríamente la chica, haciendo presión en el brazo doblado del chico, sacándole otro quejido.
—¡No pienso decirte!
—Pues yo ya lo sé, querido —informó Rarity, ganándose una atenta mirada esmeralda—. Estamos en el calabozo del palacio. Y, te pido por favor, que te rindas. No queremos hacerte daño. —Rarity llevaba el nombre de guerrera de generosidad por siempre darle una oportunidad a los que hacían mal.
Applejack sintió como el chico bajo ella se tensaba de sorpresa.
—¿Señora Rarity? —susurró el chico—. ¿Qué hace aquí, ayudándola a… ella? Pensé que estaba con nosotros.
La vaquera frunció el ceño, aumentando la presión. ¿A qué se refería con aquello?
—Me confundes, querido —le respondió la chica, sonriendo, pero su rostro estaba tenso—. Así que, te quedaras aquí, y cuando nos vayamos iras a decirles a tus superiores que, hagan lo que hagan, no podrán hacer nada.
Era una orden extraña, si le preguntáis a Applejack, pero la vaquera, al sentir la mirada de Rarity sobre si, resopló y dejo que el chico bajo ella dejara de sufrir, pero se descolgó una cuerda de la armadura y lo amarró de las cadenas.
Luego se giró hacia Rarity.
—¿A qué te referías? ¿Qué quieren sus "superiores"? —preguntó la chica de ojos esmeraldas alzando ambas manos para hacer comillas en el aire.
Para su sorpresa, Rarity la abrazó de golpe, quitándole el aire de las costillas debido a que la abrazó por el abdomen. Pero, a pesar de ello, Applejack no pudo si no sonreír cuando le llegó el perfume de la chica, y pronto correspondió el abrazo apoyando la mejilla contra el cabello morado de su amiga.
Amiga. Que molesto sonaba ese término en esa situación.
—¿Y eso por qué fue? —preguntó cuándo se apartaron.
—Solo… quise hacerlo —le respondió la chica sonriendo ampliamente, pero Applejack percibió en sus ojos zafiro un dolor que la hizo estremecerse—. Vamos.
Rarity no dio siquiera un paso cuando escuchó gritos afuera.
—¡Acá están! —dijo una voz al tiempo que unas sombras cubrieron la luz de las antorchas—. ¡A ellas!
Ambas se miraron, y pronto el rostro de la vaquera obtuvo una sonrisa maliciosa.
—¿Juntas? —le preguntó a su compañera, de cuyos ojos zafiro el dolor pareció disminuir un poco.
—Siempre, querida —le respondió.
Y ambas se lanzaron al ataque.
—¡Ah, no! ¡Con ella no! —le dijo Applejack a uno de los chicos que atacó a Rarity. Antes de que llegara a ella, lo tomó de la muñeca para atraerlo hacia sí misma y le dio una patada para lanzarlo contra otros dos chicos, que cayeron al suelo—. ¡Para que aprendan la lección!
—¡Querida! —escuchó que le decía Rarity. Se giró para ver una espada cayendo contra si, por lo que alzo la mano izquierda para darle un golpe y desviarla. Su guante le ayudó a que no le doliera, por lo que su plan funcionó—. ¡Applejack!
—¡Estoy bien! —le dijo luego de darle un golpe en el rostro al que la atacó.
Applejack había notado que, la gran mayoría, iba dedicado a golpearla a ella. Algunos atacaban a Rarity, pero parecía… parecía que fingían atacarla. Eso, o que Rarity se había hecho muy buena luchando, porque mientras que ella ya estaba sudada y empezaba a cansarse, la chica no aparentaba tener dificultades.
Quizás era por el tiempo que había pasado en esa prisión.
—¡A ella! —bramó uno, al verla algo perdida en sus pensamientos. Enseguida, una docena de chicos se lanzaron contra ella a manos limpias. Pero, en vez de intentar golpearla, se lanzaron como una ola contra ella para derribarla, cosa que lograron.
Applejack empezó a retorcerse para librarse, pero sus rivales la sostuvieron para que no pudiera reaccionar, y uno le dio un golpe en el rostro que la dejo viendo estrellas unos segundos.
—¿No que muy fuerte, chica? —le dijo el que la golpeó, aumentando su sonrisa al golpearla de nuevo, provocándola cerrar los ojos con una mueca de dolor—. ¿Por qué no logras defenderte? ¡No puedes hacer nada sola!
—¡No lo está! —dijo la voz de Rarity, y pronto abrió los ojos al sentir que dejaban de tomarla de sus extremidades. Frente a ella, su amada amiga peleaba como una danzarina de alto prestigio, pues cada movimiento era elegante y pulcro, pero sus pies y manos eran armas contra los demás—. ¡Yo estoy con ella!
Mientras se levantaba, la vaquera percibió como uno de los chicos miraba fijamente a Rarity, con un brillo extraño en los ojos. Reaccionó, y se lanzó contra él con una patada que hizo que se golpeara la cabeza contra la pared, quedando inconsciente.
—¡Dulzura, vamos! —le dijo a Rarity al ver que venían más personas gritando por el pasillo, mientras que el otro lado quedaba despejado. Se levantó completamente y, tomando a su amiga de la muñeca, empezó a correr. Rarity pronto le tomó de la mano, y apuró igualmente el paso.
Ambas amigas, corriendo por los pasillos con los demás persiguiéndolas, hacían una curiosa imagen que, si alguien viera, pensaría que era de dos enamorados escapando, pues su amor era imposible.
—¡Aquí!
Rarity le dio un tirón al cuerpo de Applejack, y pronto la vaquera se vio oculta en un aparente hueco en la pared. Los demás pasaron corriendo a su lado, pero había unos pocos rezagados que venían acercándose.
Applejack tuvo la idea de esconderse más, pero recién entonces percibió lo estrecho del lugar en el que estaban, y la cercanía que mantenía con el cuerpo de su amiga. Rarity respiraba agitadamente, y su cálido aliento le golpeaba la mejilla por cada exhalación. Estaban muy cerca.
Quizás demasiado.
Applejack se sonrojó fuertemente, y su corazón se aceleró tanto que llego a temer que Rarity lo escuchara. Seguían tomadas de la mano, y en la penumbra de su improvisado escondite solo podía ver los ojos zafiro de Rarity, que adquirieron un extraño brillo cuando, luego de que el pasillo se quedara en silencio, se giró a ver los esmeraldas de Applejack.
¿Cuándo se habían acercado tanto? Esa era la pregunta que se repetía en la mente de la vaquera, pues de un momento a otro el aliento de Rarity pasó a golpear sus labios, y pronto su otra mano fue rodeada por la de su amiga.
¿De verdad tenía la cara para seguir llamándola amiga? Si le preguntan a Applejack, para ella Rarity había dejado de ser su amiga hace mucho tiempo. Le costaba aceptarlo, cosa curiosa siendo la guerrera honesta, pero Rarity no era solo una amiga para ella. Era su cómplice, su compañera, su alma gemela.
Y, en esos momentos, le gustaría tener algún título que le permitiera besar los labios de su compañera.
—¡¿Qué hay allá?! —exclamó a lo lejos uno de ellos—. ¡A él! —Luego el silencio volvió a dominar, por lo que la vaquera supuso que se habían ido todos.
—¿V-vamos? —le susurró la voz de Rarity. Applejack sintió el calor explotar con mayor fuerza en su cara, pero asintió y se giró para ser la primera en salir—. ¿Estás bien? ¿Te hicieron daño?
—No.
¿Por qué no podía voltear a verla? No, mejor pregunta. ¿Cómo se atrevía a tener esos pensamientos? ¡Rarity era su amiga, por Dios! ¿Cómo es que solo acercarse la hacía querer tenerla de otra manera?
Entonces Rarity la tomó de la muñeca, y la obligó a girarse: los ojos zafiro de la chica relucían preocupados, pero la vaquera percibió que, en lo profundo de esos océanos, había… ¿deseo? ¿Anhelo?
—¿Estas bien? —volvió a preguntar.
—Sí, lo estoy.
Ambas volvieron a caminar, pero Applejack iba unos pasos adelante. Cuando Rarity apuraba el paso, la vaquera también lo hacía, por lo que se mantuvieron así.
La vaquera tenía la voz de su abuela reprimiéndola en su mente.
Pero su abuela dejo de recriminarla cuando escuchó una voz. Miró fijamente el pasillo, notando que de bajo una puerta de madera llegaba una luz. Se acercó y apoyó el oído contra la puerta, y supo enseguida que Rarity estaba haciendo lo mismo al sentir una calidez contra su espalda.
Le costó un poco, pero pronto los murmullos tomaron forma de palabras. Y no le gustó lo que escuchó.
—Dicen que la princesa de demonios está de vuelta —dijo una voz amortiguada que a duras penas pudo saber que era de un hombre. A su lado, Rarity se tensó, pero Applejack solo podía sentir el miedo entrando a su mente—. ¿No que se había ido para casarse?
—Dicen que ella extrañaba su hogar —dijo otra voz, una femenina y más clara, por lo que estaba más cerca de la puerta—. Y por eso está aquí.
—¿Y tú no deberías estar evitándolo? ¿Qué haces aquí?
—Alguien tenía que avisarte —fue la respuesta que obtuvo—. Además, tenía que comprobar otra cosa. Te recuerdo que el que está bajo las órdenes del otro eres tú. Así que, dime, ¿Cómo va tu plan?
—Excelente —gruñó la otra voz. Applejack se estaba acostumbrando, por lo que pudo reconocer algo más de la voz: era suave y muy modulada, de alguien de alta educación—. Alguien ya me descubrió, pero enseguida me encargué de ello.
—¿Cómo? ¿Asesinándolo para generar sospechas?
—No —respondió—. Dejándolo solo. Pero eso no interesa ahora. ¿Qué harás con la princesa? Sabes que ella tomara medidas, y no podemos arriesgarnos a provocar a la gente de otros reinos aun.
Hubo un momentáneo silencio.
—Ya verás que hare.
Applejack se giró hacia Rarity, y recién entonces notó como la chica la miraba: los ojos zafiro de Rarity volvían a tener ese espejo de tristeza que tan mal la hacía sentir. Pero no podía fijarse en ello.
¡Sunset estaba en peligro!
—Tenemos que irnos —le informó—. Ahora. Tengo que decirle a Sunny.
La vaquera rápidamente comenzó a correr, intentando hacer el menor ruido posible mientras confiaba en que sus instintos la guiaran por el camino correcto, sabiendo que Rarity la seguía unos pasos más atrás.
—¡Al fin! —exclamó la vaquera cuando salieron a la luz del sol. Applejack miró alrededor, notando que a sus espaldas había un enorme castillo, que reconoció como el de las gobernantes. Rarity, a su lado, respiraba profundamente apoyada contra la pared de piedra, a —. ¡Vamos, tengo que advertirle a Sunset!
Para su sorpresa, Rarity la tomó de la muñeca, limpiándole seguir avanzando. Se volteó a verla, notando que ahora la tristeza de sus ojos estaba también en su rostro.
—¿Qué pasa?
—No puedo ir contigo.
Esas cuatro palabras bastaron para hacer a Applejack sentir como si una garra helada le atenazaba el corazón.
—¿Por qué?
—Applejack, yo… —Los ojos zafiro de Rarity parecían estar dividiéndose entre la tristeza o el dolor en su estado más puro—. Lo siento, en verdad lo lamento. Esto… no tenía que salir así.
Rarity se acercó de golpe a ella, y Applejack solo llegó a ver que, en la mano que su amiga alzó, había un polvo verde. Lo conocía perfectamente, lo habían usado contra criminales.
Era somnífero.
No pudo moverse al ver como Rarity acercaba la mano a su rostro. Pero no tuvo que hacerlo, pues repentinamente Rarity retrocedió con una mueca de dolor. Alzó la mirada, notando que sobre ella un dragón de negras escamas gruñía, mirando fijamente a Rarity.
Le estaba echando una maldición.
—¡No lo hagas!
El dragón la miró fijamente con sus ojos carmín, y gruñó mientras asentía.
"Me envía mi señora Shimmer" dijo una grave voz en su mente, y supuso que era el dragón. "Me ordenó que te llevara con ella. ¿Vamos?"
Applejack volvió la mirada hacia Rarity, quien la miraba con tal dolor que se volvió a estremecer.
—Espera allá —le indicó, alzando la mirada a la bestia mientras señalaba al lindero del bosque que empezaba un poco más allá—. Enseguida voy.
La bestia gruñó antes de echarle una mirada a Rarity al tiempo que agitaba las alas, y pronto se alejó hacia el lindero donde aterrizó tranquilamente, y se echó apoyando el hocico en las patas delanteras, mirándola.
La vaquera se volvió hacia Rarity, quien se aclaró la garganta y se enderezó para mirarla con el ceño fruncido. Su muñeca tenía distintas pintas rojas, donde la maldición del dragón había empezado a efectuar daño ya.
Pero no se movió a ayudarla.
—¿Por qué?
Rarity volvió a aclararse la garganta, y alzó la barbilla para intentar mirarla desde lo alto, pero Applejack era más alta que ella.
—Porque era lo correcto —dijo alisándose el vestido.
—¿Era lo correcto atacarme? —exclamó la vaquera, sintiendo como su corazón dolía—. ¿A que vino eso? ¿Por qué querías dormirme?
—Voy a casarme —le dijo la chica. Recordar eso atenazó aún más el corazón de la vaquera—. Y, como esposa de un príncipe y heredera al trono del sur, debo serle leal a mi esposo por sobre todas las cosas.
—¿Y qué? —gruñó la vaquera. Sentía que allí había un vacío que debía desenmarañar, pero no podía pensar claramente, el dolor no la dejaba—. ¿Tanto vale tu príncipe como para intentar hacerme eso? Explícame, por favor —le rogó, empezando a sentir una picazón en los ojos—. ¿Qué está pasando?
Rarity no apartaba la mirada de la suya, lo que le permitió ver el dolor que sentía dentro de si su amiga. La guerrera generosa estaba sufriendo en ese momento, ¿pero por qué entonces no dejaba de hablar de esa "lealtad" a su futuro esposo?
—Tu no quieres hacer esto —le dijo, apretando la mandíbula.
—¿Qué te hace creer eso? —le respondió Rarity con una sonrisa altanera—. Lo repetiré, Applejack: voy a casarme con un hombre maravilloso, y lamentare decirte que tú no estás invitada. Así que, por favor, retir-
—Mientes.
Esa sola palabra logró borrar la sonrisa de Rarity y hacer que sus ojos zafiro reflejaran un vacío. Pero, pronto, volvió a sonreír, pero era una sonrisa tan falsa que Applejack casi se río por el pobre intento.
—Preguntare de nuevo. ¿Qué te hace creer eso?
—Nunca pudiste mentirme bien —le dijo la vaquera, avanzando hacia ella. Rarity retrocedió, y en sus ojos apareció una pizca de miedo—. Antes de atacarme, te disculpaste. ¿Por qué lo harías? ¡Vamos, dime! ¡Dime la verdad!
—¿Y en qué posición estas de reclamarme una verdad, querida? —le preguntó ella, aumentando su sonrisa—. Acéptala, por favor. ¿Quieres la verdad? Estoy enamorada del príncipe Blueblood, heredero del trono del sur, un hombre maravilloso. —Los ojos de Rarity le gritaban a Applejack que estaba mintiendo, pero la vaquera no podía moverse—. ¿Qué otra verdad quieres?
—¿En verdad te gusta él? —gruñó la rubia sin tomar distancia.
—¿Y quién más podría gustarme? —Entonces, los ojos zafiro que tanto le gustaban tomaron un brillo agresivo que le asustó—. Oh, espera, ya sé qué respuesta quieres. Quieres que diga tu nombre.
Applejack retrocedió enseguida, como si la hubieran golpeado. Es que lo habían hecho, pues su corazón ardía, y sus pulmones parecían llenarse de ácido con cada respiración. Le dolía el pecho.
—Eso es una ofensa, querida —le dijo Rarity, enderezándose y haciendo un movimiento con su rostro que sacudió su cabello, lo que aumentó el dolor del pecho de Applejack por lo bien que se vio—. Así que te pediré que, por favor, te vayas antes de que llame a los guardias.
"Por favor, detente. No sigas mintiendo, por favor" era lo que deseaba decir Applejack, pero su garganta estaba seca, su cuerpo paralizado. No podía hacer nada, no podía si no pensar en el dolor que sentía en ese momento.
—Disfruta con Sunset, ella te dará un buen hogar —le dijo Rarity, empezando a retroceder de espaldas, por lo que mantenía la mirada en Applejack—. A ver si también te enamoras de ella, o de alguna de las chicas —le dijo antes de girarse.
Entonces Applejack no lo soportó.
—¡Me gustas tú!
Rarity se detuvo de golpe, y se giró para verla de manera extraña. ¿Era emoción lo que había en sus ojos? ¿Era una sonrisa la que le estaba tirando los labios?
Pero, luego, la chica se río, una sarcástica risa vacía, y su risa se clavó directamente en el corazón y mente de la vaquera, y sus gélidos ojos azules pasarían a formar parte de sus pesadillas.
—Lastima, querida.
Se giró y se adentró nuevamente en el palacio por el lugar en el que entraron.
Applejack empezó a temblar, fuertes espasmos atravesaban su cuerpo. Se llevó las manos al pecho, intentando sofocar el dolor, pero el procesar lo que acaba de pasar disparó el dolor más allá del cielo.
Rarity le había dejado en claro que no compartía sentimientos. Y que nunca podría estar con ella.
La picazón de sus ojos finalmente se transformó en lágrimas, y sus rodillas dejaron de lograr sostener su peso, por lo que cayó al suelo con un fuerte grito de dolor. Escuchó movimiento dentro del castillo, pero pronto sintió unas frías garras rodeándola al tiempo que era alzada al cielo, que se nubló y rompió en una fuerte lluvia.
"No pierda la esperanza, señorita Applejack" le dijo la voz del dragón. "No sé por qué, pero mi señora Shimmer me dijo que le dijera aquello."
Muy tarde. Applejack se mordió el labio intentando sofocar las lágrimas, pero recordar la sonrisa del rostro de Rarity y sus gélidos ojos zafiros la hicieron romper en llanto nuevamente.
No estaba mintiendo. Rarity no estaba mintiendo. Ella era la que se mentía a si misma pensando que tendría una oportunidad, cuando el casamiento ya era una indirecta clara.
Rarity no la quería, e iba a casarse.
¡Respuestas!
AngelMariaNF: ¡Hola! Algunos juegos nos enganchan feo xD. Yo nunca dije que fue el príncipe el que tocó a Applejack… (¿) A mi también me cae mal, créeme. Es muy mimado el niñato malcriado xD. RariJack everywhere, llevaba tiempo planeando algo y hacer el desafío me ayudó a decidirme a escribirlo, aunque ya tenga otro proyectos xD. Sunny sí que será un soporte para Apple con lo que pasó ahora jejeje. Espero te encuentres perfectamente hermana, y hayas disfrutado del nuevo capítulo.
Peebels Pek: ¡Hola! Al leer tu review, yo igual empecé a imaginarme a las chicas como los caballeros del zodiaco. Viva el suspenso, me gusta demasiado xD. Espero te encuentres perfectamente hermana, y hayas disfrutado del nuevo capítulo.
BlackRoseGJ: ¡Hola! ¡Me alegra que te haya gustado tu fic! Porque si, es tuyo. Puedes presumirlo xD Lo gracioso de todo esto es que haré otra apuesta probablemente, porque igual es genial xD ¡ME ENCANTA DEJAR EL FINAL EN SUSPENSO! No sé, me gusta demasiado xD. Espero te encuentres perfectamente hermana, y hayas disfrutado del nuevo capítulo.
Naoto S: ¡Hola! Si puedo dejarte con la duda :P Me alegra que la consideres interesante. Espero te encuentres perfectamente hermano, y hayas disfrutado del nuevo capítulo.
Erika Wint: ¡Hola! Intriga, ¡sí! Me encanta hacer eso xD Lo siento, tengo que hacer sufrir algunos personajes, aunque como te dije creo que ahora me pase xD Lo siento, tengo que hacerte sufrir. Soy fanficker, Sunshine, es lo que hay :P. Espero te encuentres perfectamente hermana, y hayas disfrutado del nuevo capitulo.
