Un juguete irrompible es útil para romper otros juguetes

Abrí los ojos aturdida.

Algo iba mal. Algo iba muy, pero que muy mal. Y fui consciente de ello mucho antes de lograr enfocarle por completo. Quizá fuera el hecho de que él estuviera en el sofá y yo tirada en el suelo. Quizá el simple hecho de que yo no debía estar allí.

- Y la bella durmiente despertó.

- ¿Qué...?

- Dímelo tú, querida. Esto lo ha hecho tu hechizo.

Aún mareada, me levanté y corrí hacia la puerta. Era lo más lógico con la información que poseía. Inmediatamente, giré varias veces el pomo, tiré y después empujé con todas mis fuerzas. No hubo resultado. Luego hice lo propio con la ventana que me quedaba más cerca y tampoco logré nada.

- Eso ya lo he intentado yo. Dime que tienes un plan mejor para salir de aquí.

Mi cabeza me estaba destrozando. No era capaz de seguir el hilo del desastre pese a que estaba bastante claro qué había sucedido. Intenté plasmar en palabras mis pensamientos.

- Ella... ella no ha podido, cómo iba a... No me haría esto.

- ¿Ella? - su rostro se tornó inexpresivo. Estaba suponiendo lo peor y en realidad no andaba equivocado.

- Mi madre -articulé con incredulidad.

Se puso en pie y apoyó sus manos sobre el bastón. Después, lo agarró por la mitad y lo estrelló contra una mesa de cristal haciéndola añicos. Tras unos cuantos paseos por el salón, se acercó y me encaró.

- ¿Qué sabes de este lugar?

- Es una casa de Storybrooke. Tiene... un hechizo – aclaré. - Estaba destinada a ser tu cárcel...

- Pero no la tuya, ¿verdad? - completó de inmediato. - No sé qué te prometió pero está claro que te ha mentido.

- ¿Por qué iba a utilizarme? ¿Por qué tanto esfuerzo pudiendo...?

- Porque quizá eres más poderosa de lo que crees – me interrumpió de nuevo. - Y tal vez no pueda vencerte si se enfrenta directamente a ti, pero sí usándote contra sus enemigos. Te has convertido en su arma contra mi. Y de ese modo, ha logrado librarse de las únicas dos personas que podrían complicarle la existencia.