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Between two sides of the same coin.
De despertares rutinarios.
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Ya es la hora me dije mientras estiraba mis entumecidos músculos después de una noche de lo más entretenida. En primer lugar alargué las patas delanteras, sacando ligeramente las uñas, a lo largo de la repisa del salón con el objetivo de destensar los músculos de la espalda después de una noche en el jardín de la comunidad con todo el grupo. Seguí por alargar, de derecha a izquierda, las dos patas traseras y la larga y peluda cola para a continuación pasar la rasposa lengua por la nariz.
Como cada día me desperezaba, después de volver a casa, antes de la salida del sol para asomarme a la ventana y observar el despertar del día antes de ir donde mi ama y despertarla a ella a su turno. Como la mayoría de los días, los rayos anaranjados tintaban la habitación y calentaban mi pelaje el cual cuidaba con insistència diariamente.
Después de ver asomar el sol tras las vías del tren, bajé elegantemente por el respaldo del sofá hasta el suelo donde con perezoso y elegante paso me encaminaba hasta la segunda puerta viniendo desde la entrada. Marqué la entrada mientras me restregaba con el cuerpo para entrar maullando dos veces. Pasé sorteando entre la ropa tirada por todo el suelo y por delante de un espejo estrecho de cuerpo entero por donde vi mi reflejo ligeramente distorsionado por la luz el sol que asomaba por la ventana. Miré ligeramente el movimiento de mi larga cola anaranjada por sobre mi gran cuerpo con los ojos verdes heredados de mi madre para después continuar mi camino hasta la cama.
Salté con soltura maullando tres veces más suplicante para después observar el bulto de sabanas que representaba a mi dueña. Seguí un rato más observándola para todo seguido volver al ataque. Tenía hambre. Empecé a restregarme contra ella suplicante.
Resultado: nada.
Algo más insistente, le di golpecitos con mi pata derecha delantera.
Resultado: nada.
Esperé un rato a ver si reaccionaba.
Resultado: un ligero ronquido.
Algo enfurruñado ya con el tema maullé con más fuerza recibiendo como respuesta un murmullo de protesta que acabó por cabrearme. Ya cansado preparé mis garras para clavarlas.
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-¡Gyaaaa!
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(375 palabras)
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Bueno, bueno. Al final me he tardado una semana. No tengo otra excusa que la típica y la que me lleva acompañando toda mi vida, la vagancia. Aunque también admito que el hecho de estar enferma ha ayudado también...
Sobre esta publicación no tengo nada que especificar, todo es creación mia.
Espero que os gusta.~
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Yami, desconection
