Aclaración: Naruto y sus personajes no me pertenecen, si no a Masashi Kishimoto

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Domingo en la tarde…

-Sakura lleva esto, Sakura esto otro, ¿llevas tu ropa interior? ¡Maldita Sea!- maldecía interiormente la peli rosa al recordar cómo se puso su madre al preparar su maleta para partir.

Pero bueno, al fin se encontraba frente al que sería su nuevo hogar en los próximos años. Así que tras admirar la bella infraestructura, que era prácticamente un castillo, dirigió sus pasos hacia el interior.

Tenía que hablar con la directora en primer lugar, como salía en la carta que recibió, para hablar acerca de su bono de mantención, su uniforme, entre otras cosas, así que sin más, comenzó a buscar la oficina de dirección.

Iba tan distraída viendo el pequeño mapa que tenia del edificio, que de por si era bastante mala en ello, que no vio el cuerpo que se hallaba de espaldas frente a ella, hasta que sintió la colisión.

Hey estúpida fíjate por donde caminas!- vocifero una voz femenina frente a ella. -¿Qué acaso no oyes?- prosiguió al no obtener respuesta.- Además creo que te equivocaste de lugar, porque tu ropa parece sacada de la basura. Jaja…- pero su risa fue cortada por una voz grave, masculina, que logro que la peli rosa se estremeciera imperceptiblemente.

-Basta Karin- y dirigiéndose a una Sakura que comenzaba a incorporándose- ¿te encuentras bien? ¿No te lastimaste?- mientras le tendía la mano.

Levanto la mirada, la cual se encontraba oculta instantes atrás por su flequillo, y vio al hombre más atractivo que haya visto. Aquella cara indiferente con rasgos tan perfectos, un cabello negro atado en una coleta baja, y esos ojos, ohhhh sus ojos eran dos pozos oscuros, los cuales podría quedarse mirando durante horas. Pude percibir una tenue luz de preocupación en ellos, para luego ampliarse un poco, denotando sorpresa.

Y es que aquel joven jamás había visto algo así; una piel blanca y perfecta, un adorable rosa en las mejillas, una cara con facciones tan femeninas y delicadas, un pelo largo, sedoso, que desprendía una aroma tan delicioso que tuvo que contenerse para no enredar sus dedos y enterrar su nariz en él. Todo eso, que giraba en torno a unos ojos verdes, el verde más hermoso que haya existido.

Ninguno de los dos sabia cuanto tiempo había transcurrido, y no les importaba; ni siquiera se dieron cuenta que aún seguían tomados de las manos hasta que una claramente fastidiada Karin tosió, demandando atención y rompiendo el mágico ambiente.

Sakura reacciono alejando su mano rápidamente, a pesar que sensación de sus manos juntas persistía. Su sonrojo se hizo más pronunciado y se precipito a tomar su maleta y bolso, preparándose para la huida.

-¡Lo… lo siento mucho! No me fije por donde iba e…en verdad lo lamento yo no, yo no quería…- dijo una muy nerviosa Sakura.

-Tranquila, sé que fue sin intención no tienes por qué preocuparte, lo importante es que tu estas bien. Por cierto mi nombre es Itachi Uchiha- dijo el peli negro, añadiendo una pequeña sonrisa.- Eres nueva acá ¿cierto?- pregunto mientras se inclinaba a recoger el mapa del suelo, para luego entregárselo a su dueña.

-Ehhh si, acabo de llegar, estaba buscando la oficina de la dirección, pero soy horrible orientándome, y luego pues… choque contigo jeje- dejando escapar una risita nerviosa. -¡Ah! por cierto, soy Sakura Haruno – dedicando una pequeña sonrisa.

-Itachiiiii- dijo una voz melosa y falsa. –Vámonos los demás nos esperan- y la dueña de aquella voz se cuelga del brazo del moreno.

-Lo siento Karin, pero ayudare a Sakura a llegar a la oficina, y luego si ella quiere, la llevare para mostrarle el lugar.-Dijo Itachi soltándose de la molesta peli roja para interrogar con la mirada a la otra chica.

-¿Eh? Mmm claro, si no es mucha molestia- respondió algo incomoda.

Karin, quien era testigo que este extraño ambiente que se formaba entre la chica nueva y unos de los chicos más populares, dejándola a ella completamente ignorada, se fue echando y murmurando insultos por el pasillo hasta que desapareció de la vista de los otros dos.

-¿Estás seguro que esto está bien? No quisiera que tuvieras problemas con tu novia.

-¿Novia? Jajajaja ella no es mi novia es solo una conocida, aunque entiendo que hayas pensado eso, ella coquetea con todo el mundo y le encanta llamar la atención. No es mi persona favorita sinceramente.- dijo el peli negro, zanjando el tema, aun conservando su expresión indiferente.

Itachi se ofreció a llevar la maleta de Sakura, la cual acepto a regañadientes. Y ambos se dirigieron a la oficina.

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Durante el camino, se sumergieron en un silencio total. Pero sorprendentemente era cómodo, permitiéndoles analizarse mutuamente.

El chico descubrió que Sakura no era como el resto de las chicas; si bien había un pequeño sonrojo en sus mejillas, no se ponía nerviosa ni intentaba llamar su atención, no es como si la necesitara porque quisiera o no la tenía, simplemente caminaba junto a él con tranquilidad. Y pensó que aquella chica ni siquiera se deba cuenta de lo bonita que era, y, para bien o para mal, el si lo hacía.

Por otro lado, Sakura descubrió que Itachi no utilizaba su atractivo para tener a las mujeres a sus pies, ellas se postraban solas, y se preguntaba cómo era posible que aquellas mujeres se comportaran así, mientras las observaba intentar desesperadamente llamar la atención del azabache, cuando ambos atravesaban el hermoso patio central con una gran fuente del edificio. Además, lo que más la fascino fue que, a pesar de no mostrar ni hacer gestos o expresiones con su rostro, en aquellos ojos negros se reflejaban las emociones del peli negro.

Pudo observar, como pequeños cambios de luz, rastros de humor, cansancio, incomodidad, nerviosismo, entre otras.

Hasta que llegaron al final del trayecto, y mientras Itachi le decía que la esperaría afuera, en lo único que podía pensar Sakura era en todo lo que no conocía de aquel hombre, y lo que anhelaba descubrir. Por lo que se limitó a asentir, agradecer, e ingresar a la oficina.

Al desaparecer la chica por la puerta, Itachi no pudo evitar sentir una leve opresión en el pecho, un leve sentimiento de soledad y de falta, y mientas se quedaba observando la puerta, se dio cuenta que aquella chica cambiaría su vida.

-Mierda… esto es malo- susurro, para luego morderse el labio e inevitablemente sonreír, al ver aparecer una mota rosada.

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