Disclaimer: Ni Los Juegos del Hambre ni sus personajes me pertenecen; son propiedad de Suzanne Collins.
Esta historia participa en el reto de los mini-fics del foro El Diente de León. Personaje del mes de septiembre: Peeta Mellark.
Capítulo dos: Rebelión
La primera vez que Peeta escucha hablar de la rebelión es mucho antes de ser cosechado en Los Juegos del Hambre, mucho antes de ser enviado al Vasallaje para aplacar la ira de los distritos, mucho antes de ser capturado por el Capitolio, mucho antes de ser convertido en un arma.
La primera vez que escucha aquella palabra no logra entender su significado, o al menos no del todo.
Es una tarde apacible en la panadería, una de esas en que no hay demasiados clientes. Su papá dijo que el distrito no está pasando por un buen momento, pero que pronto lo superarán. Peeta, que apenas tiene siete años y no termina de entender todo lo que aquella frase implica, quiere creerle a su padre, sobre todo porque no es lo más agradable del mundo comer el pan rancio que ya nadie quiere comprar.
Está con su padre en la parte de atrás de la panadería, observándolo trabajar, cuando golpean la puerta. No la puerta de entrada, sino la puerta de atrás, que da al patio donde tienen al cerdo y un viejo manzano que casi nunca da frutos. Golpean tres veces seguidas, y luego de dos segundos, una vez más. Como una señal.
Su padre lanza una mirada rápida y lo envía a cerrar la puerta que conecta la cocina con el frente de la panadería. Peeta obedece sin cuestionarlo, lo mejor es cerrar rápido, porque le da la impresión que su papá no quiere que su mamá los vea.
Entonces regresa y se coloca atrás de su padre, esperando ver lo qué está pasando.
Segundos después lo descubre.
Es el papá de Katniss, la niña de las trenzas. Lo reconocería en cualquier lado; siempre lo observa al salir de la escuela, cuando va a buscar a Katniss. Es muy alto y su presencia lo intimida un poco, aunque el hombre tiene rostro amable y los mismos ojos grises que la niña. Varias veces se quedó observándolos más tiempo del debido, incluso una vez caminó cerca de ellos para comprobar si lo que su papá le ha dicho es cierto, si el señor Everdeen tiene el mismo don que su hija.
Su presencia sólo significa una cosa: hoy por primera vez en varios días no van a cenar pan rancio.
Su mamá se va a poner feliz, aunque solamente porque desconoce el origen de la carne fresca. Si ella supiera seguramente los obligaría a botar el guiso y a comer pan duro. Es algo que han aprendido a las malas unos meses atrás. Desde entonces, todos los intercambios los realizan en la parte de atrás de la panadería, cuando están seguros que la señora Mellark no va a aparecer.
El ruido de la puerta cerrándose saca a Peeta de una especie de trance. Su papá le encarga vigilar los hornos mientras él lleva la ardilla que ha conseguido a la vieja nevera, esa que siempre hace tanto ruido que temen que de un momento para otro explote.
Entonces Peeta decide aprovechar su oportunidad.
Sale por la misma puerta rápidamente, sin siquiera detenerse a mirar hacia atrás. En cuanto divisa al señor Everdeen más adelante se echa a correr, aunque cuidando de mantenerse siempre detrás de él. Una vez que ha llegado a una distancia prudencial deja de correr y camina, mirando a los costados temiendo que alguien lo vea. El señor Everdeen camina en dirección a La Veta. No pasará mucho hasta que la callecita de adoquines grises de la zona comercial se termine y él no pueda seguirlo más.
Cuando piensa que nuevamente no va a poder comprobar su teoría la melodía empieza a brotar de los labios del hombre.
¿Vas, vas a volver
al árbol en el que colgaron
a un hombre por matar a tres?
Cosas extrañas pasaron en él,
no más extraño sería
en el árbol del ahorcado reunirnos al anochecer.
¿Vas, vas a volver
al árbol donde el hombre muerto
pidió a su amor huir con él?
Cosas extrañas pasaron en él,
no más extraño sería
en el árbol del ahorcado reunirnos al anochecer.
Probablemente sea su imaginación, o quizás no, pero le da la impresión que el distrito entero está sumido en silencio por un momento, mientras el señor Everdeen continúa su canción. No es la misma canción que cantó Katniss hace ya dos años, pero los pájaros reaccionan de la misma forma. Se detienen a escuchar.
No es hasta que el señor Everdeen se aleja y su canción se pierde que siente una mano en su hombro. Se gira asustado y encuentra a su padre contemplando al papá de Katniss con una sonrisa nostálgica.
Regresan a la panadería en silencio, Peeta esperando por un regaño que nunca va a llegar. Lo único que su padre le dice antes de regresar a sus tareas es:
— No quiero que repitas esa canción Peeta. — Su tono de voz es firme, pero al mismo tiempo dulce. Él no va a pegarle como hace mamá cuando algo le disgusta.
— ¿Por qué no?
— Es peligrosa. Habla de la rebelión. Si alguien te escucha te meterás en problemas, ¿entiendes?
— ¿Qué significa rebelión, papá? — Le pregunta Peeta algo confundido.
— Significa negarse a perder la esperanza. — Le responde su padre con una sonrisa cansada antes de regresar al trabajo.
.
Años después, cuando vuelve a escuchar aquella canción, está tan entumecido por todo el daño que le han causado que no termina de entender del todo lo que significa. Retazos de viejos recuerdos vienen a él, y por primera vez en lo que parece mucho tiempo no siente miedo de tener imágenes en su cabeza.
No son recuerdos brillantes.
Un niño pequeño siguiendo a un hombre que canta. Los Sinsajos deteniéndose a escuchar su canción. Una vieja frase resonando en su cabeza, mientras todo lo demás amenaza con aplastarlo.
Rebelión significa negarse a perder la esperanza.
Quizás sea momento de que él inicie su propia rebelión.
992 palabras y una sensación extranísima en el pecho al imaginar esta escena.
Espero que les guste :) Muchas gracias por los reviews, favorites y follows.
jessi Mellark: Gracias por pasarte por aquí también!
En el siguiente Peeta ya va a ser un poco más grande. No voy a decir más :)
Saludos!
