Hola ¿Cómo han estado? Disculpen la tardanza, es que estoy a full con miles de exámenes por fin de años, pero al fin me hago un espacio para actualizar mis fics.
Como siempre, primero que nada, quería agradecerles los comentarios a msjorten, a one piece por siempre, a mireee3D2Y, a Roronoalau y a StrongSoul.
Quería responderle a StrongSoul, y de paso aclarar bien porque es verdad que aparece subrayado en un párrafo, quería decirles que ese subrayado es que se me ha apretado algo cuando escribía, simplemente ignórenlo.
¿Por qué? ¿Por qué todo aquello estaba pasado ahora? Había logrado encontrar una persona con la cual pasar el resto de su vida, un hombre perfecto que le había dado a sus hijos la oportunidad de tener un padre, y ahora… Ese maldito… volvía a aparecer para seguir con aquellos estúpidos juicios que no llevarían a nada. ¿Para que los quería? Después de todo, él había sido el que se los había querido sacar de encima, y ahora…
Tomó la carta del suelo y la apretó contra su rostro. La releyó esperando que todo allá sido un pesado juego de su imaginación, pero no… No lo era. Suspiró mientras se enderezaba, no podía hacer mucho ruido, la pequeña Akira aun dormía y si la despertaba… no quería que su hija la viese en esas condiciones, sobre todo porque, al tener dos años, ya entendí las cosas y preguntaría por que lloraba ¿Qué le diría? Además, no podía peligrar que le contase a Luffy que había estado en ese estado, ya que el morocho no dudaría en preguntarle la razón.
Esperaría para contarle lo de la carta, a él y a sus hijos. Llegaría el momento, pero no era ese.
Por otro lado, en la preparatoria más cercana de la ciudad, los dos hijos más grandes de la pareja, Katsu y Hanako (Que ese año había empezado el primer año de preparatoria) se encontraban a una cuadra de esta. Caminaban como todas las mañanas hacía lo que sería, un nuevo día estudiantil. Doblaron y caminaron unos pasos más hasta llegar a la puerta de la preparatoria, donde decenas de alumnos entraban solos o en grupos hacía la edificación.
Aquí nos separamos hermana, nos vemos – Luego de decir eso, ingresó tras un grupo de hombre y mujeres que pertenecían al último año, tal y como Katsu
Hanako quedó sola, esperaba que alguna de sus amigas llegara. Entrar en el salón sola, para quedarse sentada hasta que alguien se le dé por aparecer, era aburrido. Después de todo, sus compañeros siempre llegaban sobre la hora. Se sentó en las escaleras de la entrada, y se hizo a un lado para que los demás pudieran pasar. Abrió su mochila y sacó de allí un libro, la prueba de historia era ese día y se le ocurrió que quizás podría repasar antes de que el resto llegue.
Pero sus esfuerzos fueron interrumpidos por una persona que tomó asiento a su lado. Cerró el libro de golpe y posó su mirada en la persona. ¿Gaku? ¿Qué le pasaba a ese chico? Gaku era un estudiante del último año, compañero de curso de su hermano, hijo del mecánico encargado de los autos de sus padres, y al igual que él, poseía sus cabellos de un rojo sangre increíble.
¿Sucede algo? – Siempre había tenido la sensación de que ese muchacho estaba como… ¿Enamorado? De ella, si es que se le podía decir amor, quizás solo quería estar con ella por una noche o algo así. No importaba lo que quisiera, Hanako no era de las mujeres que se vendían a alguien, si la quería conquistar debía ser el típico hombre romántico, y demostrarle que valía la pena
Estas sola – Murmuró sin quitarle la mirada de los ojos
Mi hermano ya entro, creo que todos los de tu aula a entraron – Se puso de pie para evitarlo lo más posible
Si, y tu estas sola, me quedaré aquí hasta que alguien llegue – Ok, debía admitir que eso si era tierno de su parte, así que decidió que se volvería a sentar y le daría una oportunidad de demostrar hacía donde iba aquello
¿Y cómo estás? – Preguntó, la respuesta sería decisiva
Bien ¿Y tú? – Respuesta normal, Pensó mientras desviaba su mirada hacía la calle, por alguna razón Hanako no quería que nadie llegase, no quería que Gaku se vaya
Con miles de exámenes – Bufó al recordarlo – Hoy tenemos historia, mañana geografía y el viernes… física… no sabes el miedo que le tengo… - Sus intentos fallidos por entender el tema: Los circuitos eléctricos y el campo magnético, volvieron a su mente, dejándola pálida del horror
¿Física? Oi, mi padre es mecánico y me ha enseñado mucho acerca de eso – Y por otra extraña razón Hanako sabía hacía donde apuntaba esa oración - ¿Quieres venir a mi casa mañana, para que te explique? –
Claro –
No se había dado cuenta de lo que estaba pasando, hasta que estuvo aburrida en la clase de Literatura esa mañana. Ella… ella… ella iba a ir a la casa de Gaku a aprender física. No contaba como una cita ¿Verdad? Se encontró en un momento de crisis, por un lado deseaba que lo fuera, y por el otro, rogaba por que no.
Había sonado la campana, el recreo, le momento de descanso, había comenzado, y no había nada mejor para los alumnos del último año que jugar a las cartas sobre una mesa. Katsu había ganado la roda, pasando a la semi final, y ahora se encontraba en un momento culmine, ver quien sería su contrincante.
Oi, Katsu – La voz de un joven lo sacó de sus pensamientos
Kisho – Sonrió cuando, al voltear contempló al hijo del mejor amigo de su padre - ¿Cómo estás? – Notó la cara seria del muchacho, que ahora tenía unos 16 años y comprendió que algo no andaba bien - ¿Sucede algo malo? –
Necesitamos hablar, ven – Lo tomó del antebrazo y lo arrastró lejos de la zona infestada de adolescentes – Es algo serio – Susurró mientras revisaba que nadie se encuentre cerca como para oírlos – Esta mañana… en la entrada vi a… tu hermana sentada conversando con un tipo… - Bajó la mirada
¿Y que tiene eso de malo? Soy celoso de mis hermanas, lo sé, pero tampoco es para tanto – Dijo irónicamente mientras soltaba una risa nerviosa
Era verdad, Katsu siempre había sido celoso de sus hermanas, y ahora que todas ya estaban entrando o en medio de la adolescencia pura, los celos habían aumentado, hasta el punto de ponerse en el lugar del típico hermano protector. Sabía que no estaba del todo bien, pero tampoco iba a dejar que le pasaran por en sima a sus pequeñas hermanas.
Ese tipo era… Gaku… - Murmuró aún más bajo sin hacer contacto visual, el terror por cómo podría llegar a reaccionar el morocho lo aterraba
¿Gaku? ¿Qué demonios estaba haciendo Hanako con Gaku? – Bajó la mirada nervioso, intentando pensar alguna razón que lo satisfaga – No tiene ni sentido, ni siquiera se hablaron nunca y además, Hanako sabe que él y yo… -
Todo el mundo lo sabe, Katsu – Lo interrumpió calmo. El joven se frotó la nuca y volvió a hablar – Dudo que tu hermana no esté enterada de todo lo que ha pasado –
Tienes razón, pero conociendo a Gaku solo la quiere para… - Ni siquiera era capaz de terminar la oración - ¡Ni se le ocurra hacerle eso a mi hermana! ¡Juro que lo mataré! –
Tranquilo, yo no quería armar un pleito más, solo quería que estés atento ¿De acuerdo? – Kisho lo contempló fijo y serio a los ojos, hablaba en serio
Si… Pero iré a hablar con él igual, mañana le preguntare que demonios quiere con mi hermana, y juro que… si… dice… ¡Lo mato! – La imaginación lo perturbaba de tal manera, que hizo ademan de pegarle en la cara al pelirrojo
Me parece bien, pero contrólate –
Acto seguido Kisho se fue, dejándolo completamente solo. Katsu movió el cuello para ambos lados, haciéndoselo sonar. Eso si había sido un golpe duro, su enemigo y su hermana ¿A dónde iba todo eso? Ese maldito depravado y su inocente hermana… Bueno, quizás no fuera un ángel caído del cielo, no es nunca hubiese salido con un chico, pero nada serio, por supuesto. Igualmente Hanako era una de sus cuatro hermanitas, y a pesar de que tuviera 30 años, la seguiría cuidando tanto como ahora. Soltó un bufido y comenzó a caminar con los ojos cerrados.
¿Todo en orden? – La voz de una mujer le hizo abrir los ojos ¿Se cruzaría a todo el mundo en ese receso? - ¿Katsu? – Una mujer de largos cabellos rubios recogidos en una hermosa colita alta, lo contemplaba intrigada, su rostro era hermoso y el uniforme le quedaba pintado, cual reina
¿Suzuna? ¿Qué haces aquí? – Tartamudeó y sintió como el calor subía hasta llegar a su rostro
Bueno… Vi que te fuiste a escondidas con uno de los de quinto y quería saber que estaban tramando – Sonrió y su vista se nublo al comprender que todo lo que había sentido esos años por aquella linda muchacha, era amor.
Suzuna era una de las dos hijas de la más importante política de la ciudad Nefertari Vivi, y de su marido Kozha. Y ella había nacido con ese don de su madre, de ser extremadamente preciosa y con una sonrisa sincera y brillante. La había conocido hacía ya un año, pero lo que sentía por ella, duplicaba ese tiempo.
Tranquilízate Katsu, Pensó mientras le devolvía la sonrisa
No planeábamos nada, solo quería comentarle algo – Tampoco quería hurgar mucho en el tema, sabía perfectamente que Suzuna era la mejor amiga de Gaku, y no quería oírla pronunciar nada a favor de él, su enemigo
Tenga la ligera sensación de que me mientes – Murmuró divertida mientras desviaba la mirada notoriamente – Vamos, dime… ¿Qué es lo que hablaban? –
Yo… - No podía decirle la verdad – Sobre la chica con la que estuve el sábado en la noche -
La mirada de la mujer cambio completamente, y con el rostro serio, dio por terminada la charla con un "Ah, bueno" y se retiró de la escena. Se preguntó por qué había dicho eso, y también la pregunta de por qué había reaccionado así, colapsó su mente. No encontró respuesta para ninguna, y decidió que lo mejor sería concentrarse en su juego de cartas antes de que lo desplazaran por tardar.
Ya era la tarde y luego de pasar a buscar a todos los chicos que conformaban su familia (Por supuesto que los dos mayores no, ya que volvían solos) Luffy dio por terminada su día laboral. Abrió la puerta de su casa y se encontró con su bella esposa esperándolos con una implacable sonrisa. Cuando los niños la terminaron de abrazarla y darle muestras de cariño, el morocho se acercó la tomó por la cintura, elevándola unos centímetros del suelo, y estrujó sus labios contra los de ella. Eso sí que era satisfactorio, estar en su hogar, con su mujer y sus hermosos hijos que juntos habían criado. Sonrió y luego de dejarla firme en el suelo, se desplomó en una de las sillas.
Por fina había terminado de lavar el último plato, hacía rato que se encontraba sola en la cocina. Sus hijos estaban todos acostados, incluyendo a Souta, y su esposo, la había dejado sola para ir a darse una ducha caliente, luego de un agitado día de trabajo.
Estaba tan cansada, sentía su cuerpo entumecido como si un elefante le hubiese pasado por encima, toda la mañana. Suspiró cuando apoyaba el plato sobre la alacena y luego de secarse las manos con el repasador, se dirigió a su reconfortante habitación, donde compartiría, una vez más, la noche con su marido.
Subió las escaleras. Tercera puerta a la izquierda, se lo sabía de memoria ¿Y cómo no? Era su casa. Nunca se había imaginado viviendo en un hogar tan grande, pero ahora… Eran muchos… La imagen de sus dos hijos, Hanako y Taro, aparecieron en su mente, y junto a ellos, la imagen de su ex. Abrió la puerta delicadamente para no hacer ruido, por si Luffy ya se había dormido.
Y abrió los ojos como platos cuando lo encontró con la luz del velador prendida, y leyendo algo. Algo que casualmente era la carta que le había llegado esa mañana. Sintió como su corazón se desmoronaba, él… él estaba leyendo algo que no tenía que saber… Al menor, por el momento.
Nami… - Murmuró gélidamente - ¿Qué significa esto? –
Luffy, yo… -
Pero ya era tarde, sentía, veía y olía el odio, el rencor y el dolor que estaba atravesando al morocho.
Hasta aquí he llegado. Este capítulo ha sido bastante más largo, me alegro por eso. Bueno, más allá de la longitud, espero que les haya gustado y estaré esperando las opiniones acerca de quién puede llegar a ser el ex de la pelirroja.
Nos leemos.
