Los Inus del Sol
Disclaimer: InuYasha y sus personajes no me perteneces, son de la entera propiedad de Rumiko Takahashi. La historia a continuación no persigue ningún fin lucrativo.
Título: Los Inus del Sol
Pareja principal: [Sesshoumaru / Kagome Higurashi]
Pareja Secundaria: [Miroku / Sango]; [InuYasha / Kykyou]
Aclaraciones:
Narrador
— Diálogo de los personajes —
— "Pensamiento de los personajes" —
[...] Aclaraciones de la autora
Recuerdos
Género: Drama/Misterio/Romance/Humor -leve-
Ranting: T+
Summary Completo: Kagome no era humana. Igual a los de su alrededor y al mismo tiempo tan diferente. Su sangre esta maldita y una historia ancestral esperando llegar a oídos de nadie. Un secreto resguardado en almas que esperan el momento de presentarse; un clan que espera renacer; los recuerdos de vidas pasadas y la espera de los guerreros en busca de su Señora ¿Realmente era la reencarnación de Kikyo? ¿O solo eran azares del mundo que, inevitablemente, la llevaran a su verdadero destino? Los Inus del Sol están listos para tomar posesión de sus tierras una vez más.
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Capitulo Primero
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La noche se cernía sobre los vastos cielos del Japón feudal, ocultando entre su oscuridad criaturas místicas, peligrosas y de temer, envolviendo a sus protegidos en la sutil iluminación de la luna cuarto menguante que, alzada con orgullo en el firmamento, era único testigo de lo que ahora los seres de la tierra hacían. Las aldeas humanas, ocultas de los ojos peligrosos, se mantenían serenas, resguardando a sus pobladores en un mundo en donde tenían el pleno control. Demonios que transitaban de un lado a otro, en busca de algo que ni ellos sabían. Peleas, sueños, tranquilidad, amor y desesperación; una noche más en aquellas tierras de nadie.
"Su respiración agitada, el sudor recorriendo su cuerpo producto de la carrera que era obligada a realizar, las telas de su vestimenta no eran más que un obstáculo al que ya estaba acostumbrada pero no podía evitar maldecir. Los gritos y llantos se escuchaban a lo lejos, no lo suficiente para permitirle seguir adelante sin sentir su corazón estrujarse en su pecho; la agonía de aquellos a quien quería proteger y que ahora la protegían, casi obligándola a huir.
El olor a sangre inundó sus fosas nasales mientras doblaba en uno de los pasillos; huyendo de la agonía y el fuego que consumió todo a su alrededor.
Sus pasos ágiles y certeros, sabiendo donde ir y que esquivar, buscando llegar al centro de aquella construcción que ahora caía a pedazos. Los gritos cesaron y las espadas blandiendo se hacían aun más cercanas. La adrenalina corriendo por su cuerpo, su cuerpo tenso dispuesto a atacar, debía esperar el momento o todo sería en vano.
Una gran puerta de madera, aún intacta, se mostró en su camino; sin restricciones la abrió de un manotazo para ingresar a la única habitación que no era presa del fuego. El fuego abrasador a es espalda no le permitía disfrutar de la decoración del lugar, tampoco pretende hacerlo, avanzando hasta el arma que en el centro del lugar se mantiene con orgullo.
Había prometido no usarla. Prometió renunciar a la lucha… Lo prometieron.
El grito de su enemigo la alertó, volviendo la mirada para observar al causante de su situación, de la destrucción de sus tierras, de la muerte de sus protegidos. Aquel repugnante demonio al que, estaba dispuesta, destruir con sus propias manos.
Con la espada en mano, una reliquia, espero el ataque que nunca llegó…"
Soltó un jadeo abriendo los ojos en sorpresa, estirando la mano como si ansiara llegar a algo o alguien, su vista nublada y desorientada. Busco el fuego que parecía sumir su cuerpo en una agonía constante, tan abrumadora como sofocante, encontrándose sólo la cabaña donde sus amigos y ella habían decidido descansar aquella noche de otoño. La penumbra, la calma y el silencio parecían la contraparte de lo que hace instantes había hundido su cuerpo en la desesperación y agitación, sobre su piel aún latente el abrazo del fuego que buscaba llegar a su cuerpo para consumirlo. Un sueño…
...una pesadilla.
Con la respiración normalizada y la vista enfocada, se sentó sobre el saco de dormir que había estado empleando, observando su alrededor para terminar de cerciorarse que solo había sido un sueño. Algo producto de su imaginación. Tal vez algo escabroso para su gusto pero no por eso real. Un suspiro inaudible escapó de sus finos labios mientras observaba su entorno con detenimiento, sintiendo el sueño alejarse lentamente de su cuerpo para dar lugar a una nueva noche de insomnio, algo que lentamente se volvía demasiado natural.
Sango dormida en uno de los futones que Kaede-Okasan les había facilitado, permitiendo tener mayor comodidad y abrigo en aquella noche algo fría; el monje Miroku recostado contra una de las paredes, cabeceando con lentitud, su respiración acompasada delataba su estado de inconsciencia, dejando de lado su turno de guardia; Shippo y Kirara acurrucado el uno contra el otro, dándose el calor necesario para pasar la noche. Su vista continuó hacia el puesto vacío que cierto hanyou platinado había dejado en un muy poco sutil escape.
Su mirada se oscureció por breves instantes, desviando su mirada aguamarina de aquella sección de la cabaña, hundiéndose entre sentimientos y pesares. Ya no sentía nada por el medio demonio, un año soportando ser dejada de lado, su indiferencia y gritos habían destruido lentamente el amor que algún día le había profesado, dejando sólo las cáscaras de un cariño que perdía fuerza al paso del tiempo.
Batalla tras batalla, Kagome con lentitud iba obteniendo una madurez algo brusca, sabiéndose que —sin importar que— no ocuparía el lugar del que Kikyo era dueña. Al final, producto del dolor y la agonía a la que su corazón estaba sumido, todo se fue perdiendo como una sola ilusión de un niña ya a un paso en adulta. Ya no podía ser la niña de 15 años que, enamorada del hanyou, iba detrás de él a pesar de saber que su corazón se rompería en mil pedazos al verlo en brazos de ella. Ahora era una joven, a solo unos pasos de sus 18 años, que ya no estaba dispuesta a sufrir por un amor al que no sería correspondida.
Le dolía. Le molestaba saber que lo hacía a escondidas de ella, como si temiera hacerle daño con aquellas visitas nocturnas tan frecuentes, como si temiera lastimarla más de lo que alguna vez lo hizo. Pero no podía recriminar, menos culparle, solo esperar con la misma sonrisa que mantenía durante tanto tiempo, fingiendo que no le molesta, que no lo sabe. Continuando aquel viaje una vez más.
Aunque, sólo por una vez, le gustaría pensar que las cosas fueran diferentes… solo una vez.
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—¡Pervertido! —el fuerte sonido de una cachetada se hizo escuchar entre la espesura de los arboles, ahuyentando las aves que en ellos descansaban.
—Nunca aprendes, Miroku —el pequeño zorrito observó al monje desde el hombro de la joven azabache, quien observaba la escena con una sonrisa algo nerviosa.
—Mi querida Sanguito, sabes que no puedo controlar mi mano—
—¡Mentiroso! Es un monje pervertido, Excelencia —la exterminadora lanzó una mirada fulminante al morocho, continuando su camino con un aura de peligro alrededor de su delicada figura.
—¡Feh! ¡Ya déjense de idioteces, no tenemos tiempo! —el hanyou, que había observado desde una distancia prudente, mostró una mueca antes de continuar el camino previo.
—No es para tanto Inu...—
La frase de la miko quedó inconclusa, producto de la extensión que se había envuelto en su cuerpo en solo unos instantes, arrastrándola al interior del bosque a una velocidad vertiginosa sin dar tiempo a sus compañeros de reaccionar, que solo pudieron vociferar el nombre de la joven antes de salir en su búsqueda. Siendo, finalmente, conscientes de la presencia de su mayor enemigo a una distancia peligrosamente cercana, suficiente para entregarle la posibilidad de un ataque sorpresa.
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La miko observó a sus amigos desaparecer su mirada, siendo sustituidos por los borrones del bosque por el que estaba siendo arrastrada, difícilmente pudiendo enfocar la vista en algo que no sean masas marrones y verdes a sus costados. El agarre en su cuerpo, limitando sus movimientos, no evitaron que su carcaj y arco cayeran en algún punto de su trayecto. La posibilidad de reaccionar adecuadamente, debido a sus pobres sentidos humanos, le impidieron poder darse cuenta el instante en que el paisaje cambio.
Un claro.
Aquella extensión de Naraku, quien ahora la mirada con una siniestra sonrisa cubierto por su campo de energía, le mantuvo en el aire apretando su figura eliminando lentamente los resquicios de oxígeno que había logrado mantener en sus pulmones. Un jadeo de dolor se escapó de sus labios, con lo único que le quedaba de oxígeno, imposibilitada de hacer algo más que observar a su alrededor en busca de una salida que no tenía.
—Tanto tiempo, Inuyasha —la escalofriante voz de Naraku se escuchó al fin en el claro, en el instante preciso en que un borrón rojo se hacía paso entre los arbustos, seguido de una gata de dos colas.
—¡Naraku! ¡Maldito!—
—¡Jajajaja! ¡Justo a tiempo para el show! —el engendrado hanyou dejó ver al fin a la joven miko futurista, con apenas la suficiente consciencia para ver a su alrededor, en una de sus extensión, mostrando también a su antecesora en un estado aún más deplorable, con una gran abertura en su cuerpo de barro, dificultando su movilidad.
—¡Kagome! —Sango, dispuesta a salvar a su amiga, preparó su Hiraikotsu para lanzarlo contra el demonio siendo interceptada por Kagura, quien no dudó en atacar primero.
—¡Sueltalas, Naraku! —Inuyasha, ajeno a los ataques de las extensiones de Naraku. Sin ver las luchas de Sango contra Kagura o Miroku contra Kanna; sus ojos ámbar se mantenían fijos en las dos mujeres presas de su enemigo.
—Por supuesto… pero solo a una —una tétrica sonrisa se extendió por el fino rostro del híbrido, congelando la sangre de los presentes, observando con horror los planes que aquel ser tenía.—. Es hora de elegir, Inuyasha. Tu amada Kikyo o la pequeña Kagome —un peligroso brillo invadió los ojos del enemigo, observando al platinado frente a él, apretando aún más los cuerpos de las jóvenes haciéndolas gritar.
—¡Desgraciado! —Inuyasha observó con rencor a su enemigo, empuñando Colmillo de Acero, sin ser capaz de sacarla de su funda por temor a herir a alguna de las dos mujeres.
Los gritos no se hicieron esperar, llegando a las sensibles orejas del medio demonio, sabiendo que sus amigos le exigian que rescatara a Kagome, quien era la que perdería su vida, en cambio Kikyo ya no era más parte de aquel mundo. Pero no se veía capaz de decidir por algo como quien pierde mas, era la decisión entre su primer amor y la joven que lo acompañó en todas esas aventuras. Era decidir entre perder su primer amor una vez más o enfrentarse a una nueva pérdida de un ser querido ¡No podía hacerlo tan sencillo! ¡No estaba preparado! La culpa de haber provocado la muerte de Kikyo hacía tantos años llegó a su cuerpo, observando a la susodicha que, al devolverle la mirada, expresó el dolor y la agonía que antaño condenó su alma.
—Kikyo…—
El susurro trascendió en todo el claro, movido por el viento y la tensión del ambiente, llegó a los oídos de todos los presentes que observaron con horror las acciones de aquel desgraciado ser.
Naraku sonrió ante la respuesta de su enemigo, lanzando el cadáver de huesos y barro contra su cuerpo para concentrar su atención en la miko futurista que, con dolor, daba por sentada su muerte. Sonrió aun mas mientras lanzaba a la azabache contra el aire, atravesando su pecho con una de sus extensiones, esquivando de forma consciente su corazón, arrancando a la joven un fuerte grito de agonía que quebró el corazón de todos los presentes.
Lo último que el grupo pudo observar fue a su preciada amiga cayendo envuelta en su propia sangre, con la vista perdida y la respiración forzada, rondando entre la vida y la muerte.
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Lo admito, esto lo termine más rápido de lo que tenia pensado pero… cuando hice el prólogo —volverlo a leer— simplemente no pude dejarlo así, ¡demasiado corto!
Así que me puse a escribir el primer capítulo. Apenas el inicio para dar paso a lo verdaderamente interesante.
Aunque no se si fui capaz de entregar la emoción necesaria a la ultima parte, espero que si.
Bueno, espero les guste… ¡Oh! y algo más ¡Muchísimas gracias a los que dejaron reviews y agregaron a alertas! Me hace ilusión ver que la gente le gusta esta loca idea de mi cabeza jajaja
Bueno, los dejo ya.
¡Reginae fuera!
