¡Hola! Aquí estoy, con el nuevo capítulo de Cambiado. Gracias por los reviews que dejaron.

El fic no me pertence; es de Sablesilverrain en AO3. Sólo la traducción en español es mía.

Los personajes son de J. K. Rowling, si fueran míos, las cosas hubieran sido algo —muy— diferentes.

Respecto a las advertencias de Rape/Non-con elements (en AO3); es una discusión acerca de las leyes de los Omegas y la violación. Este es un Semi-AU con temática de Omegaverse: Alfas, betas y omegas (si no sabes de esto, hay un link en mi perfil para información).

Este fanfic forma parte de la serire Omega!verse del autor. El fic está completo; actualizaré cada semana.

P. D. Si aún no es obvio, esto es Slash —que significa ChicoxChico—, si no te gusta, ¡adiosito!


Capítulo II: El Padrino

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—Dame las bolsas de ropa y puedes volar un rato en el campo de Quidditch. Voy a quemar esos trapos que tienes en tu baúl —avisó Severus, tendiéndole una mano.

Los ojos de Harry se agrandaron. —Oh, ¿no puedo ayudarle a quemar la ropa de Dudley? ¡Realmente quiero hacerlo! —preguntó con seriedad.

Severus, burlón, respondió—: Bueno, si eso significa mucho para ti, supongo que puedes ayudar, si aceptas volar después.

Harry asintió. —¡Por supuesto! Me encanta volar, pero realmente me gustaría ver la ropa de Dudley en llamas —le dijo a Severus.

—Ya lo veo —Severus arrastró las palabras—. Bueno, vámonos, entonces —dijo, dirigiéndose hacia las mazmorras.

Llegaron a la habitación de Severus, el hombre una vez más susurró la contraseña antes de dejar entrar a Harry, y Harry corrió a abrir su baúl, sacó las horribles ropas con impaciencia. En poco tiempo, había una pila de ropa en el suelo, y el baúl estaba mucho más vacío de lo que había estado. Harry lo llenó con su nueva ropa, felizmente.

Severus levitó la pila de ropa que no le quedaba bien justo frente al fuego, y Harry se sentó en el lado opuesto a Severus.

—Comienza con la quema —Severus le dijo al niño, quien sonrió y agarró una camisa, la enrolló y la arrojó al fuego. Severus movió su varita, y un par de pantalones cortos se unieron también.

Harry y Severus se turnaron arrojando ropa al fuego, observando con satisfacción cómo la ropa fea, rasgada y manchada se convertía en ceniza. Harry estaba especialmente feliz de ver a los bóxers manchados y sobredimensionados ardiendo; sabiendo que ahora tenía bóxers y calzoncillos(1) que le quedarían bien, y que nadie más los habría usado antes.

En poco tiempo, toda la ropa estaba en la chimenea, ardiendo hasta quedar en nada.

—Ahora —dijo Severus, levantándose y caminando hacia su estantería—, deberías ir a volar. Te veré en la cena —aclaró—. Después de eso, Albus nos dirá qué planes ha hecho para el resto de tu verano.

Harry asintió. —Gracias, por todo, señor. A nadie le ha importado conseguirme ropa nueva antes —dijo, y algo en el pecho de Snape se comprimió dolorosamente ante la admisión. Golpeó demasiado cerca de su realidad para el hombre mayor. Sabía exactamente cómo se sentía el chico acerca de tener cosas nuevas, porque también había sentido lo maravilloso de eso—. Realmente lo aprecio. ¡Nos vemos en la cena! —Harry gritó exuberantemente, luego salió de la habitación, con la escoba en la mano.

Severus dejó escapar un suave sonido de despedida, apartando los incómodos recordatorios de su infancia; agarró un libro para distraerse y se sentó en el sofá.


Harry y Severus se sentaron en las sillas frente a la de Dumbledore.

Dumbledore sonrió. —¿Caramelo de limón? —ofreció.

Severus negó, pero Harry aceptó el caramelo, se metió uno en la boca y lo chupó.

»Entonces, Harry necesita un lugar para pasar el verano, así como todos los veranos por venir —comenzó Dumbledore—. He hablado con Sirius-

—¡Black solo le enseñaría como ser —más— un irreprimible violador de reglas, el chico no necesita ese tipo de influencia! —Severus se burló.

—¿Quién es Sirius? —preguntó Harry.

Dumbledore sonrió. —Sirius Black es tu padrino —le informó al chico—. Estuvo a punto de ir a Azkaban cuando eras más joven, pero abogué por él y cuando se usó Veritaserum en su juicio, se descubrió que él no era la razón por la que mataron a tus padres. —Su atención se desvió al profesor—: Y Severus, estoy seguro de que todo saldrá bien. Después de todo, Sirius es un Auror; ahora, él sigue las reglas —señaló el hombre.

Severus lo fulminó con la mirada. —Apenas.

—Si tengo un padrino, ¿por qué no estaba viviendo con él desde antes? —preguntó Harry, claramente confundido—. ¿Por qué estaba viviendo con los Dursley?

—Hay un tipo de protección, Barreras de Sangre, que son extremadamente fuertes —explicó Dumbledore—. El hecho de que compartas sangre con Petunia Dursley permitió que esas barreras se colocaran alrededor de su propiedad siempre y cuando siguieras llamando al lugar tu hogar. Esas protecciones te protegieron de los seguidores de Lord Voldemort, manteniéndote oculto de aquellos que te harían daño.

»Por desgracia, ahora que ya no eres bienvenido ahí, vamos a tener que poner otras medidas para protegerte, y hay algunas opciones, aunque no me fío de ellas tanto como confiaba en las Barreras de Sangre protegiéndote.

Harry asintió. —Pero todavía hay opciones que pueden mantenerme a salvo, ¿verdad? —preguntó.

¡Por supuesto , mi muchacho! —le aseguró Dumbledore—. Voy a colocar en la residencia de Sirius el encantamiento «Fidelio» cuando vayas a vivir con él, y si Severus prepara una poción de Adopción de Sangre para que Sirius te adopte, podré colocar Barreras de Sangre alrededor de la casa; a pesar de que no van a ser tan fuertes como las que fueron alimentadas por la fuerza del sacrificio de Lily por ti, por supuesto.

»Sin embargo, estarás a salvo allí, te lo aseguro. —Dumbledore volvió su mirada hacia Severus—. Desafortunadamente, la casa de Sirius no estará lista para Harry por al menos un mes, tal vez un poco más —terminó.

Severus se tensó. —Albus… —su voz tenía una clara advertencia.

Dumbledore extendió sus manos. —Severus, es solo por un corto tiempo, seguramente puedes convivir con el chico por un mes . Piensa en esto como una oportunidad para conocerlo. Él es, después de todo, el hijo de Lily, tanto como lo es de James —Dumbledore le recordó.

Severus apretó los dientes. —Por error pensé que tal vez podría tener un verano que fuera realmente agradable. Supongo que no fue así —respondió con fuerza.

Dumbledore suspiró. —Mi muchacho-

¡No «mi muchacho» Albus! ¿No he hecho todo lo que me pediste en los últimos doce años? ¿Cuándo será suficiente para ganarme un respiro? —preguntó Severus.

—Un mes, Severus. Eso es todo lo que te pido —dijo Dumbledore, sonando resignado.

Severus lo miró por un momento, luego dejó escapar un largo suspiro. —Muy bien. Un mes —aceptó.

Dumbledore sonrió. —Gracias, Severus. Haré que los elfos domésticos agreguen una recámara a tus habitaciones para Harry —dijo ligeramente.

—Perfecto —Severus se burló.

—Vamos, no será tan malo, Severus. Y, como mencioné antes, me gustaría que prepararas la poción de Adopción de Sangre para Sirius, para proteger aún más a Harry. Estoy seguro de que está dentro de tus capacidades, ¿no es así? —alagó Dumbledore, con los ojos brillantes.

Severus curvó su labio. —La haré, aunque creo que esto es una mala idea —declaró de nuevo.

Dumbledore asintió. —He tomado en cuenta tu opinión, Severus. Sin embargo, siento que todo saldrá lo mejor posible —aseguró—. Ahora, ustedes dos deberían irse a la cama pronto. Harry, tienes tareas que hacer, ¿no? Será mejor que comiences. Tengo la sensación de que este será un verano lleno de acontecimientos —dijo con una sonrisa.

Harry sonrió. —Sí señor.

—Supongo que será mejor que deje que se vayan. Ambos tienen trabajo que hacer —dijo Dumbledore.

Severus se levantó y se volvió para salir de la habitación.

Harry lo imitó. —Adiós, señor —le dijo al director.

Dumbledore sonrió. —Que tengas una buena noche, muchacho —mumuró mientras los dos lo dejaban solo otra vez—. Afortunadamente Severus aprenderá en el transcurso de este mes, que el pasado puede quedar atrás y que todo esto es una segunda oportunidad para conocer al único hijo de Lily —reflexionó.

Fawkes trinó desde su posición, aparentemente de acuerdo.


Severus salió del baño y vio que la puerta de Harry todavía estaba cerrada. Golpeó la puerta y oyó un débil gemido procedente del otro lado.

—Por el amor de Merlín, ¿y ahora qué? —Abrió la puerta y vio a Harry acurrucado en medio de la cama, temblando. Sacó su varita mágica y le lanzó un «Encantamiento de Diagnóstico» al niño, y Harry se sobresaltó, inclinándose sobre el borde de la cama para vomitar violentamente.

El labio de Severus se curvó y miró el pergamino en su mano solo para confirmar su pensamiento inmediato: tenía razón, el chico tenía la gripe del mago.

—Encantador, uno de esos cretinos que nos cruzamos en la calle ayer lo enfermó —murmuró Severus, sosteniendo a Harry en sus brazos; cogió una manta y lo llevó a la sala de estar, regresando de inmediato a la habitación para deshacerse del desastre que había quedado.

Hasta que mejorara, Severus no sería capaz de usar la magia demasiado cerca de él, ya que el uso de la magia causaba náuseas a alguien con la gripe del mago, y muchas veces los hacía vomitar, como lo había hecho su «Encantamiento de Diagnóstico».

Severus revisó el pergamino de nuevo, preguntándose por qué era tan largo, y vio rojo. El niño había sufrido múltiples huesos rotos, ninguno de los cuales había sanado adecuadamente, además de su desnutrición. «Entonces», pensó enojado, «también abusaron de él».

Apretó los dientes, enrolló el pergamino, lo dejó sobre la mesa de la sala de estar y se fue al baño. Conjuró un tazón grande y lo llenó con agua fría, tomando un trapo y colocándolo en este.

Llevó el cuenco a la sala de estar, lo colocó sobre la mesa y con cuidado quitó la manta del niño. Su piel estaba demasiado caliente, y Severus suspiró. —Las necesidades llaman. El chico podrá sentirse avergonzado cuando recupere la cordura, pero al menos no se habrá freído el cerebro con la fiebre.

Severus desabotonó el pijama al chico, lo hizo una bola de ropa arrugada y lo levitó, enviándolo al cesto en el baño; agarró la tela del cuenco, pasándola por la cara del chico antes de sumergirla en el agua otra vez y pasarla por encima su pecho, enfriándolo.

Los ojos de Harry se abrieron y enfocaron aturdidamente, con bastante dificultad, en Severus. —¿Señor? —preguntó confundido.

—Potter —Severus respondió fríamente—. Tienes la gripe del mago. Te cambié a la sala de estar para cuidarte mejor. No te preocupes, sé lo que estoy haciendo. ¿Crees que podrías sentarte? —preguntó en tono casual, colocando la tela en el cuenco.

Harry asintió y se movió, luego se miró a sí mismo, sus ojos se abrieron de par en par mientras levantaba la manta con un grito ahogado. —Señor, ¡¿dónde están mis pijamas?! —cuestionó con leve alarma, luego gimió, cerrando los ojos, mientras obviamente luchaba contra una oleada de vértigo.

Severus lo miró impasible. —Los quité. Solo obstaculizarán mis esfuerzos por mantener la temperatura baja, y no tienes nada que no haya visto antes. De hecho, si lo tienes, probablemente deberías ser revisado por un profesional médico capacitado —espondió divertido.

Harry se sonrojó. —Correcto. Es solo... Es mi maestro y-

—También soy una de las dos únicas personas en esta escuela con entrenamiento de Sanador. Por supuesto, no tengo tanto como Poppy, pero puedo tratar la gripe del mago con la suficiente facilidad, y tuve la sensación de que preferirías que un hombre te atendiera, ya que debes ser tratado por medios Muggles. Las pociones para reducir la temperatura solo causarán reacciones adversas, al igual que cualquier magia que se use a tu alrededor durante tu enfermedad, excepto la de un elfo doméstico —explicó Severus.

Harry finalmente logró acomodarse en una posición sentada, con la manta sobre su regazo. —Oh. Lamento haber causado problemas, señor. No quise enfermarme.

Severus entró en el baño, hablando por encima del hombro—: Eso es apenas tu culpa, no veo ninguna razón para culparte. Uno de los niños que pasamos ayer, junto con la falta de vacunas mágicas, es lo que indudablemente causó nuestra situación actual —dijo, volviendo a salir con una taza de agua, que le entregó a Harry—. Bebe lentamente, no quiero que vomites de nuevo —ordenó.

Harry dio un sorbo al agua y dejó la taza cuando terminó la mitad. —No me siento tan bien —confesó.

—Recuéstate, es probable que todavía estés demasiado caliente. Haré lo que pueda para mantenerte fresco —murmuró Severus con calma.

Harry se recostó, y Severus recogió el trapo otra vez, haciendo lo que podía para refrescar el cuerpo de Harry. —Potter, tienes varios huesos que se han roto y no se han curado correctamente. La mejor opción sería volver a romperlos y hacer que Poppy los sane. Hay un hechizo que los curará limpiamente, dejándolos como si nunca los hubieran roto, y solo toma un momento. La parte más difícil será volver a romper, pero puedo darte una poción para el dolor o mantenerte dormido con un hechizo para que no duela —le ofreció—. Si no hacemos esto, podría causar problemas más adelante.

Harry se mordió el labio. —Sé qué los huesos no sanaron bien, los Dursley nunca me llevaron al médico —le contó a Severus en voz baja—. ¿Cuántos huesos necesitan ser reparados? —preguntó.

Severus sacó el pergamino enlistando los huesos rotos y rápidamente contó. —Doce —informó a Harry.

Harry hizo una mueca. —Bueno, supongo que no tengo muchas opciones, ¿verdad?

Severus se guardó el pergamino en el bolsillo y continuó limpiando al niño con el agua fría. —Siempre hay una opción, Potter —dijo firmemente—. Es solo cuestión de elegir entre el camino tonto y el sano, desde un punto de vista médico.

Harry asintió, sus párpados empezando a caer. —Correcto. Supongo que los arreglaré. Necesito estar en mi mejor momento, para el Quidditch —apenas murmuró arrastrando los pies, quedándose de inmediato dormido.

Severus rodó los ojos. —De todas las razones estúpidas posibles para hacer esto... ¿eliges Quidditch? —reflexionó, con una pequeña sonrisa en su rostro—. El chico realmente necesita ordenar sus prioridades.


Severus estaba sentado, leyendo, en el sillón al lado de la chimenea, cuando de repente el fuego se encendió en verde y la cabeza de Dumbledore apareció en él.

—Severus, mi muchacho, ¿está todo bien? Tú y Harry no han ido al Gran Comedor hoy, y el almuerzo ha llegado y se ha ido —preguntó Dumbledore.

Los grandes ojos de Severus miraron a Harry, quien se estaba despertando y gimiendo suavemente. —¡Por el amor de Merlín, Albus! ¡O pasas o terminas la llamada! —espetó.

La cabeza de Dumbledore retrocedió y el hombre atravesó la red.

Harry gimió ruidosamente, vomitando. Afortunadamente, no salió nada.

Severus suspiró. —Esa es la razón por la que no he salido de mis habitaciones hoy, Albus. Harry ha despertado con la gripe del mago —le informó al director.

—Ah, ¡eso lo explica todo! Bueno, supongo que realmente no hay razón para que me quede si tienes todo en orden aquí —exclamó Dumbledore alegremente.

Severus se burló. —En efecto. Informé a Poppy que una vez que esté bien, nos dirigiremos a la enfermería por varias razones. Lo primero y más importante es que necesita sus vacunas, para no empeorar algo más adelante, así como la serie estándar de pruebas que se ejecutan en todos los niños mágicos para conocer sus posibles Herencias Mágicas. También necesita que varios huesos se le rompan y se sanen apropiadamente. Ha tenido fracturas que nunca fueron curadas correctamente, y necesitan ser reparadas.

Los ojos de Dumbledore se agrandaron. —¿Cuántos? —preguntó.

Severus lo fulminó con la mirada. —Doce —espetó—. Y usted es quien lo envió a vivir con esos horribles Muggles así que ¡no espero que esté orgulloso de si mismo!

Dumbledore palideció. —¿Lo golpearon? —preguntó débilmente.

—Obviamente —Severus arrastró las palabras.

—Pensé que favorecerían a su propio hijo, sin duda, pero nunca se me pasó por la mente que hubieran lastimado a Harry. Si lo hubiera sabido, todo esto podría haberse evitado. Debería haberlo enviado a vivir con Sirius desde el principio, como Lily y James querían —murmuró Dumbledore pesadamente.

Severus negó. —Es muy tarde ahora. Déjame cuidar al niño por el momento. Él necesita ayuda, y yo soy capaz de dársela. —Su varita comenzó a sonar—. Y ahora, es tiempo de que lo enfríe de nuevo. Puedes guiarte a la salida, pero tendrás que usar la puerta. No quiero que nada lo vuelva a molestar —dijo secamente, levantándose y caminando hacia donde estaba el cuenco de agua.

Dumbledore asintió, luego salió de la habitación, pensando en lo que se había enterado.

Severus limpió a Harry con la tela, mirando como sus párpados se agitaban. Se abrieron, y Severus esperó hasta que se enfocaron en él. —Hola otra vez, Potter. ¿Puedes sentarte? Deberías intentar beber un poco más de agua.

Harry asintió, sentándose y aceptando la taza de agua cuando le fue entregada. —¿Cuánto dormí? —preguntó.

—En total, unas siete horas, aunque casi te despertaste varias veces en ese tiempo —respondió Severus.

Harry asintió y terminó la taza de agua. —Tengo hambre —dijo en voz baja.

—Eso no me sorprende —dijo Severus—. ¡Pippy!

El elfo doméstico apareció, mirando a Severus con calma.

—Un poco de caldo para Harry, tibio —ordenó.

Pippy asintió y desapareció.

—¿Cómo es que no reaccioné cuando ella apareció? —interrogó Harry con curiosidad.

Severus negó. —Nadie sabe cómo difieren la magia de los elfos domésticos y de los magos, pero los elfos domésticos son capaces de usar su magia alrededor de aquellos con la gripe del mago sin efectos nocivos —explicó.

—Oh. —Harry aceptó eso y se relajó en el sofá.

Pippy apareció con un tazón de caldo y una taza de té.

Severus tomó el té, lo olfateó, y luego asintió. —Muy bien, gracias, Pippy —dijo, dejando el té de menta a un lado para después de que Harry terminara su caldo.

Harry tomó el tazón de caldo y bebió un sorbo, lentamente. Pippy desapareció.

—Cuando termines el caldo, deja que se asiente un poco, entonces puedes tomar el té de menta que trajo para ti. Debería ayudar a calmar aún más tu estómago —Severus instruyó.

Harry asintió, aún sorbiendo el caldo.

Severus se levantó y se acomodó en su silla con el libro en manos. Pasarían unos largos días antes de que Harry volviera a estar saludable nuevamente.


(1) Aquí hace referencia a los calzoncillos que en México llamamos trusas. ss285 . liverpool . com . mx / xl / 20027410 . jpg copien y peguen para saciar su curiosidad c:

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Besos y amor, ELODTC