Capítulo 2

Aclaraciones: Inuyasha y sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi.

Capítulo 2

— Hija, ¿Recordaste invitar a Inuyasha a cenar esta noche? — ¿Rin? — Sango, la madre de la joven, al no recibir respuesta asomó la cabeza por la puerta que daba a la cocina, allí pudo ver a su hija, sentada en una de las sillas del desayunador, con una manzana a medio comer entre sus manos, y una sonrisa boba adornando sus labios.

La mayor la miró entrecerrando los ojos, y se acercó a ella con pasos silenciosos — ¿Porque tan feliz? — Preguntó colocándose detrás de su espalda.

Rin dio un respingo y soltó un grito de sorpresa, la manzana fue a dar al piso y terminó debajo de la mesa, estaba tan sumida en sus pensamientos, que no se dio cuenta de la cercanía de su madre, se giró para mirarla a la cara y rió nerviosa — Yo..bueno — Tomó una gran bocanada de aire — Ayer en la casa de Inuyasha, me pasó algo increíble mamá — Chilló emocionada — Sango la miró con un brillo especial en los ojos, y una amplia sonrisa, imaginando que por fin el joven se le había declarado a su hija — Sesshomaru me saludó, por primera vez me dirigió la palabra, ahora no me parece tan imposible el que me corresponda.

La mayor borró su sonrisa de golpe, reemplazandola por una mueca de preocupación, sabía que Rin había estado enamorada del ambarino mayor desde que era una niña, y también que este ni se inmutaba en su existencia, y la verdad es que eso la tranquilizaba un poco, no conocía al Taisho en persona, pero por la forma en que Inuyasha se refería a él, no lo tenía en muy buen concepto, y ese repentino acercamiento a su hija le provocaba mucha inquietud.

Rin miró a su madre extrañada de su silencio, y su repentina seriedad — ¿Sucede algo malo? — La cuestionó.

— Bueno, es que me parece muy extraña su actitud, ¿A ti no?.

La joven cambió su expresión a una pensativa — Tal vez, bueno pero él no es muy comunicativo, quizás hasta ahora se animó a hablarme porque le intereso, no sé mamá no quiero pensar en sus motivos, solo en el hecho de que nos acercamos — Inconscientemente tocó la mejilla que él había acariciado, sonrojándose por el recuerdo de su tibio tacto.

Sango posó las manos sobre los hombros de su hija, y la miró fijamente a los ojos — Rin, no quiero que te adelantes a los hechos, tal vez ese joven solo estaba siendo amable.

La menor negó con suavidad — Él no es así, te lo puedo asegurar.

— ¿Cómo lo sabes si apenas hoy cruzaron palabras por primera vez? — Frunció el ceño, su hija podía llegar a ser tan inocente.

— Bueno..porque yo..lo conozco bien, he estado vigilándolo desde que lo conozco — Confesó apenada, había sonado como una loca acosadora.

Sango enarco una ceja — Mi niña sabes que te amo, y no quiero que te hagan daño, prometeme que no te vas a ilusionar antes de tiempo, tal vez Sesshomaru solo quiere ser tu amigo — Le pidió con dulzura.

Rin suspiró sonoramente — Te lo prometo — Esbozó una pequeña sonrisa.

Su madre la abrazó en respuesta y depositó un beso en su frente, la inquietud no desapareció con la promesa de la joven, tenía el presentimiento de que Sesshomaru Taisho le rompería el corazón a su niña.

— Casi lo olvido, ¿Invitaste a Inuyasha a cenar hoy?

— Sí mamá — Se separó de su abrazo —¿Quieres que te ayude a cocinar? — Preguntó con una sonrisa radiante.

La mayor asintió — Haré un rico postre de chocolates — Sonrió. — Princesa, creo que lo mejor será que no le cuentes nada sobre tu "amistad", con su hermano mayor.

— ¿Por qué? — La miró sin comprender.

Sango suspiró, lo dicho,su hija era demasiado inocente — Porque ellos no tienen una buena relación, y tal vez le moleste tu cercanía con Sesshomaru — Una verdad a medias pensó la mayor.

— Sí, creo que tienes toda la razón mamá, por ahora no le diré nada.

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— Espero que todo haya sido de tu agrado Inuyasha — Sango le sonrió al joven, que se encontraba de pie junto a la puerta de salida de la casa de los Yamamoto, en compañía de Rin.

— Sí, señora Sango, en especial el postre — Sonrió.

— Me alegra mucho saberlo, vuelve pronto.

La joven abrió la puerta y salió, seguida por Inuyasha, lo acompañaría hasta el auto, su chofer ya había pasado a recogerlo.

Sango dejó escapar una gran bocanada de aire — ¿Qué sucede cariño? — La cuestionó Miroku, desde el sofá, en donde leía su periódico.

Ella negó con la cabeza — Me gustaría tanto que Rin e Inuyasha fueran novios, él es perfecto para ella.

Miroku sonrió — Estoy de acuerdo, pero nuestra hija es tan despistada, que no se da cuenta de que él babea por ella, y él es tan tonto que no se anima a declararsele, si sigue así otro se le adelantará — Aseguró.

— Me temo que ya alguien lo hizo .

Miroku despegó la vista de su lectura, y miró a su mujer con el ceño fruncido — ¿A que te refieres?

— A que hay un jovencito que está pretendiendo a nuestra hija, o eso me dio a entender ella, aunque deseo que no sea así.

— ¿Por qué? — Preguntó más confundido que enojado.

— Porque se trata de Sesshomaru Taisho, el hermano mayor de Inuyasha.


— Detesto los lunes — Masculló Kanna, mientras se frotaba los ojos y bostezaba con pereza.

— Eso es porque tú eres una floja — La acusó Rin, mientras soltaba una risita.

— Y tú una cerebrito — Bufó.

— Infantiles — Intervino Kagura, negando con la cabeza.

Las tres amigas se encontraban en su salón de clases, esperando a que llegara el profesor Myoga, y hablando animadamente, cuando la vista de Rin se dirigió a la ventana, y sus ojos quedaron prendados de los dorados que le devolvían la mirada, tan altivos como hermosos, su rostro se sonrojó al instante, y lo que pasó a continuación la dejó sin aliento, el ambarino mayor se acercó hasta la puerta, y clavó su mirada en ella de una forma más intensa, como en una petición muda de que se acercara hasta él y así ella lo hizo.

Más roja que un tomate, con las manos sudorosas y el corazón latiéndole a mil, avanzó los pocos metros que los separaban, al llegar frente a él le sonrió, como una niña boba, enamorada, y Sesshomaru le correspondió, esbozando una minúscula y arrogante.

— Hola, ¿Cómo estás? — Se sorprendió al escuchar su propia voz tan firme, imaginaba que no podía pronunciar palabra ante la cercanía del ambarino.

— Rin — Demonios, debería ser un delito que él usara ese tono tan malditamente seductor al pronunciar su nombre. — Acompáñame — Le extendió la mano derecha, y ella la tomó sin vacilar, dejándose guiar por él, estaba segura que lo seguiría al mismísimo infierno, si así él se lo pidiese.

Salieron del salón ante la mirada incrédula de Kanna y Kagura, quienes se miraron entre sí, sin comprender absolutamente nada, ¿Desde cuando Sesshomaru Taisho se llevaba así con Rin?, mejor dicho ¿Desde cuando era consciente de su existencia?. Agradecían internamente que Inuyasha estuviese en el baño, o se hubiese armado un gran lío.


Sesshomaru la condujo hasta el patio trasero del instituto, a esa hora estaba totalmente desierto, no habían hablado durante todo el camino, pero Rin lo observaba de vez en cuando por el rabillo del ojo.

Estaba nerviosa, no lo podía negar, pero más que nada intrigada, las palabras de su madre resonaron en su cabeza, era muy extraño que de la noche a la mañana, Sesshomaru se comportara así con ella.

— Disculpa, — Pronunció en casi un susurro, sonrojándose al instante — El ambarino no pronunció palabra alguna, pero se giró en su dirección, y la miró fijamente, ella tragó con dificultad, pero si no se lo preguntaba en ese instante, su cabeza explotaría de tanto pensar. — Es que quiero saber..bueno..nos conocemos desde hace tiempo y..

Sesshomaru frunció el ceño, detestaba escuchar a alguien , lo consideraba patético. La expresión en el rostro masculino solo hizo que la joven aumentara su nerviosismo, tomó una gran bocanada de aire, y ordenó sus pensamientos, pero el carmín siguió cubriéndole las mejillas — Te decía que nos conocemos desde hace años, pero tú nunca me habías hablado, es más parecía que ni siquiera me vieras, y me preguntaba porque ahora cambiaste conmigo.

Él la miró durante un par de minutos, su semblante no cambió ni un ápice, parecía una estatua de mármol, inconscientemente Rin se mordía su labio inferior, creyó que lo haría sangrar por la presión que ejercía en él.

— Quiero que seas mi novia — Soltó sin más, ella abrió los ojos desmesuradamente a causa de la enorme sorpresa.

— ¿Qué has dicho? — Preguntó en un hilillo de voz.

— Me escuchaste — Contestó impasible.

— Sí, pero es que me tomaste por sorpresa, es todo — Rin podía escuchar perfectamente como su corazón retumbaba en sus oídos, y un vacío nada desagradable en su estómago.

— ¿Entonces cuál es tu respuesta? — Ella creyó escuchar un tinte de impaciencia en su voz.

— Claro que acepto — Contestó sin vacilar, al tiempo en que sonreía ampliamente, sin pensarlo lo abrazó, rodeándolo por la cintura con sus frágiles brazos, el contacto solo duró un par de segundos, ya que al darse cuenta de lo que estaba haciendo se

apartó lentamente de él, totalmente avergonzada.

Sesshomaru rodeó la pequeña cintura femenina, evitando la separación de sus cuerpos, ella se sorprendió durante un momento, pero lo que el ambarino hizo a continuación la dejó sin palabras.

La mano que tenía libre acarició su mejilla lentamente, aumentando el sonrojo y el calor en el rostro de ella, la misma mano viajó por su nuca, y bajó hasta su espalda, acariciándola con una lentitud tortuosa, las orbes chocolates no se apartaron ni un segundo de la doradas, parecía que estas últimas tenían a la joven en una especie de trance hipnótico.

Lentamente Sesshomaru acortó la distancia entre sus rostros, hasta hacerla desaparecer, rozó sus labios y Rin cerró los ojos, abandonandose a las mil sensaciones que le provocaba, aquella dulce caricia, él profundizó el beso, la mano que hasta ese momento se encontraba en la espalda de Rin, subió hasta su nuca, para ayudar a profundizar el beso.

Ella sintió como sus piernas perdían fuerzas, y agradecía internamente que el ambarino la sostuviera, o estaba segura de que caería, su cara ardía, y sentía como si en su estómago y su pecho explotaban miles de fuegos artificiales.

Los labios de Sesshomaru eran tan suaves y cálidos, que podría quedarse así, acariciandolos con los suyos por siempre.

Él se alejó de ella, y estuvo a punto de protestar, no quería perder su cercanía, pero las palabras que pronunció la hicieron despertar a la realidad — Es tarde, ya debemos regresar a clases.

Ella lo miró sorprendida, y se llevó una mano hasta su boca para cubrirla, y ahogar la expresión de asombro. — Es cierto, el profesor Myoga me castigará — Murmuró.

Él le hizo un movimiento con la cabeza indicándole que se marcharan, ella lo siguió en silencio, aún sin poder creerse lo ocurrido minutos antes, era la novia de Sesshomaru Taisho, casi podía reír y gritar de la emoción, pero se negó a hacerlo, no podía permitir que el pensara que ella era una niñita inmadura, y se arrepintiera de su decisión, se despidieron con un pequeño beso antes de llegar al salón de ella, Sesshomaru ansiaba que su hermano se enterara de que la mujer de la que estaba enamorado, ahora era su novia, ya se podía imaginar la cara que pondría, es que la primera parte de su venganza, la había realizado con una facilidad insultante, Bankotsu y Hakudoshi tenían razón, Rin estaba tan enamorada de él, que no se daba cuenta de que la utilizaba para lastimar a Inuyasha, esbozó una minúscula sonrisa macabra, ahora comenzaría el verdadero sufrimiento de su querido hermano.


¿Que fue todo eso Rin? — Kanna no podía aguantar la curiosidad, y apenas tuvo oportunidad, bombardeó a su amiga con preguntas.

La aludida se sonrojó a más no poder — Me pidió que fuéramos novios — Contestó tímidamente.

— ¿QUÉ? — Kagura tuvo que cubrirse la boca a Kanna, para que el profesor no escuchara sus gritos de sorpresa.

— Y ¿Tú qué le respondiste? — Esta vez fue Kagura la que preguntó.

Rin la miró incrédula, como si la respuesta fuera la más obvia del mundo — Que sí, por supuesto.

Kanna y Kagura la miraron enarcando una ceja —¿Qué? — Preguntó ahora ella — Llevo diez años enamorada de él, soñando que me brinda un poquito de su atención, y ahora que logró mucho más que eso, ¿Pretenden que lo rechace así sin más?.

— Ese es el tema — Señaló Kagura, que mientras tú lo amaste durante diez años, él te ignoró todo ese tiempo — ¿Que nos e te hace extraño ese cambio tan repentino?

— Claro que sí, y me he hecho la misma pregunta desde que me habló por primera vez el viernes, pero luego él me aclarará esa duda, estoy segura.

Sus amigas le enviaron una mirada incrédula, Kagura bufó — Solo espero que ese sujeto no te haga daño, sabes que la fama de desalmado que tiene en este instituto no es de gratis.

La joven frunció el ceño — Ya verás que conmigo será distinto — Aseguró.

— Si tu lo dices.

— ¿Qué piensas hacer con Inuyasha? — Preguntó Kanna, con un tono de preocupación, que a Rin la confundió.

— ¿A qué te refieres?

La albina suspiró con cansancio — Sesshomaru odia a Inuyasha, y a él le afecta, aunque se niegue a reconocerlo, y enterarse de que su mejor amiga es ahora la novia de él, pues no creo que le agrade mucho.

Rin desvío la mirada, enfocando al ambarino, sentado unos lugares después de ella, entre Naraku y Koga, sus mejores amigos, tenía el ceño fruncido y la mandíbula tensa, sintió una punzada dolorosa en su pecho, estaba tan feliz por lo ocurrido, que no había pensado en lo que sentiría su mejor amigo. — Sé que tienes razón, pero él lo entenderá, estoy segura — Lo dijo más para convencerse a sí misma, que a sus amigas.

Kagura tuvo que morderse la lengua para no decirle lo contrario, que Inuyasha no lo entendería, simple y sencillamente porque estaba enamorado de ella.

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— ¿Qué hacer? — Se preguntaba Rin una y otra vez, durante el almuerzo Inuyasha la ignoró por completo, no podía ser que su mejor amigo supiera la verdad de su relación con Sesshomaru, ella no le había comentado nada acerca del incidente en su casa, hacía solo dos días atrás.

Soltó una gran bocanada de aire, sintiéndose más confundida a cada paso que daba hacia la salida del instituto. Vio al ambarino menor esperando al chofer como todos los días, y quiso llegar hasta él, pero el recuerdo de la conversación con su madre, la hizo parar en seco. Ella le había recomendado no contarle nada a Inuyasha, hasta no estar segura de las intenciones del mayor, pero ya eran novios, entonces sus intenciones románticas estaban más que claras, así que ya estaba decidido, se lo contaría todo, dio un par de pasos en dirección del joven, quien hablaba con Koga y Naraku. — Inuyasha — Lo llamó con el acostumbrado tono dulce que usaba para dirigirse a él — Necesito hablar contigo.

El joven la miró por encima del hombro, y le dedicó una mirada indescifrable — No puedo en este momento, será mañana — Contestó secamente, y se adentró en el auto negro, que acababa de estacionarse frente a él.

Rin sintió un vacío en su pecho, la mirada del ambarino y el tono de voz en el que le contestó, le dolió, estaba enojado con ella, no había duda, avanzó hasta el lugar en que minutos antes se encontraba su amigo, esperando a que su padre la fuese a recoger como todos los días.

Unos ojos dorados, contemplaban la escena desde un balcón cercano, con un tinte de diversión brillando en ellos.


El resto de la tarde se la pasó debatiéndose en si ir o no a buscar a Inuyasha, y explicarle lo ocurrido con su hermano, de un salto se levantó de su cama, y emprendió el camino hacia la puerta de salida de su casa.

— ¿A dónde vas? — La voz de Sango la detuvo justo frente a la puerta, cuando se disponía a abrirla.

— A casa de Inuyasha — Respondió algo temerosa.

Sango frunció el ceño — ¿Vas a ver a Sesshomaru? — Cuestionó.

— No — Respondió en casi un susurro — Iré a hablar con Inuyasha, es algo sobre una lección de física que no entendió — No le gustaba mentirle a su madre, pero aún se sentía insegura de contarle que ya era novia del ambarino mayor.

— Bien — Relajó su semblante, y esbozó una pequeña sonrisa — Saludalo de mi parte, y no te tardes mucho, sí quieres puedo pedirle a tu padre que te vaya a buscar.

— No es necesario, tomaré un taxi, nos vemos — Salió prácticamente corriendo, antes de que su madre agregara algo más.


— Buenas tardes señorita Rin — Yumiko la saludó con su acostumbrada sonrisa.

— Buenas tardes — correspondió a su sonrisa — ¿Se encuentra Inuyasha?

— Sí, el joven está en su habitación.

— ¿Crees que puedo pasar a verlo? — Preguntó con timidez, una parte suya deseaba verlo, pero la otra se sentía muy nerviosa, por la confesión que le haría.

— Por supuesto, adelante, ya sabe donde queda su habitación — Se hizo a un lado para darle paso a la joven.

— Te lo agradezco — Apuró el paso, para llegar, cuanto antes a su destino, antes de arrepentirse, o de encontrarse a Sesshomaru.

Tocó dos veces la puerta — Adelante — Escuchó la voz de su amigo, y agradeció internamente que no preguntara de quién se trataba, porque de seguro a ella no le permitiría pasar en ese momento.

La abrió con lentitud y vio al ambarino menor acostado en su cama, leyendo desinteresado una revista.

— Hola — Dijo en casi un susurro.

Inuyasha se incorporó de golpe, lanzando la revista lejos de sí mismo. — Hola — Respondió algo sorprendido — ¿Qué haces aquí?, Si vienes a buscar a Sesshomaru él no está.

Rin se apresuró a negar con la cabeza — No es a él a quien busco — Aclaró, mordió su labio inferior, indecisa aún en como iniciar esa conversación, ese acto le pareció más que encantador al muchacho frente a ella, quién no podía apartar la mirada de su boca — Bueno, es que quería contarte algo, y también preguntarte por qué actuaste tan distante conmigo durante todo el día.

Inuyasha se sentó en el borde de su cama, y Rin lo imitó, se rascó la cabeza visiblemente incómodo con la situación — Cuentame tu primero — Resolvió después de unos minutos de silencio.

— Se trata de tu hermano — Rin vio como su amigo se tensaba, y casi se retracta de sus palabras, pero la lealtad y el cariño que sentía por el joven, no le permitía seguir callando. — Hoy… nos hicimos novios —Soltó atropelladamente sin atreverse a mirarle a la cara.

— ¿Qué? — Abrió los ojos como platos, y deseo con todas sus fuerzas haber escuchado mal.

— Que Sesshomaru y yo somos novios.

— Debes estar bromeando — Espetó, volviendo a ponerse de pie y mirándola desafiante — Pero si ustedes ni siquiera se hablan, o al menos eso es lo que tu… ¿Me mentiste?

— Claro que no —Negó ella rápidamente, sintiéndose ofendida, por la acusación — El viernes nos hablamos por primera vez, aquí en tu casa, y luego hoy…

— ¿El viernes? — La miró incrédulo — ¿Te estás escuchando? — O sea, que solo te saluda ese día y ya es suficiente para que aceptes ser su novia — Negó con la cabeza — No creí que estuvieras tan desesperada por el amor de ese maldito — Escupió con veneno, producto de los celos y la tristeza.

Las palabras de Inuyasha le dolieron y ofendieron en partes iguales — Sabes que lo amo desde que era una niña, y siempre he anhelado que él me corresponda, perdoname si te parezco una patética desesperada por eso.

Él no respondió, solo se giró dándole la espalda — Vete — Pidió en un susurro, apretando las manos, ahora hechas puños, y la mandíbula, hasta el punto en que le resultaba doloroso, pero nada se comparaba al dolor y la ira que sentía en su pecho, era como si le estuvieran aplastando el corazón.

— No, Inuyasha por favor, sabes que te quiero mucho y que eres muy importante para mí — Las lágrimas comenzaron a mojar sus mejillas, no deseaba perder a su mejor amigo, al que casi veía como a un hermano.

Él se mantuvo en completo silencio unos instantes, luchando con las enormes ganas de llorar que sentía, y con el nudo que destrozaba su garganta. — Sabes que él me odia, lo más probable es que te pida que no te vuelvas a acercar a mí.

— Hablaré con él, ya verás que no habrá ningún problema — Lo abrazó por la espalda, provocándole escalofríos al joven — No quiero perderte Inuyasha.

El joven deseó con todas sus fuerzas que esas palabras tuviesen otro significado, casi se ríe de sí mismo por lo estúpido que era. — Bien, si es lo que deseas — Se giró para poder abrazarla, y así lo hizo, ella depositó un suave beso en su mejilla.

— Gracias, ahora debo irme, nos vemos mañana en el instituto — Le sonrió, de esa forma tan especial que solo ella podía hacerlo y que a él lo dejaban casi babeando.


— ¿Qué has dicho Rin?

— Cálmate mi amor — Miroku, sujetó delicadamente a su esposa por los hombros.

— Pero es que ¿Las has escuchado?, se ha vuelto completamente loca, no puedo creer que te hicieras novia de Sesshomaru de un día para otro — Se desplomó en su asiento — No lo conoces verdaderamente.

— Mamá ya habíamos hablado de eso — Se defendió Rin, con el ceño ligeramente fruncido.

— Sango creo que debemos darle una oportunidad, estás juzgando sin conocerlo.

La aludida bufó molesta — De acuerdo, quiero que lo invites a cenar, y no acepto ninguna excusa — Agregó al ver que su hija pensaba replicar.

— Lo haré — Aceptó a regañadientes, no era que le molestara la idea de que su novio y sus padres se conocieran formalmente, pero intuía que la cena sería algo tensa, tomando en cuenta la poca aceptación de su madre y el carácter de Sesshomaru.

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— Rin, sabes que te amo, y deseo q seas muy feliz, es solo que la forma de ser tan fría e indiferente de Sesshomaru, no termina de agradarme del todo — Le dijo Sango a su hija después de la cena con su "yerno".

No se podría decir que el joven se comportó grosero, o descortés, todo lo contrario, realizó un esfuerzo sobrehumano por mantener una conversación normal, con los padres de la joven, es más él mismo creía que había hablado más en esa noche, que en toda una semana normal en su vida, el resultado fue una Rin feliz y más enamorada, una Sango resignada, y un Miroku satisfecho por ver l felicidad de su princesa.


— Jajaja, no lo puedo creer — Bankotsu se sostenía el estómago, mientras reía ruidosamente, mofándose de la cena, a la que se había visto obligado a asistir el ambarino — Sí que estás enamorado Sesshomaru, creo que con los papás de Sara apenas y cruzaste palabras.

— Deja de decir estupideces — El aludido lo fulminó con la mirada — Era necesario para que creyera que estoy interesado en ella.

— Pero si Sara es una zorra, y sus padres unos interesados, con solo saber que su hijita era la novia de un Taisho, se daban por bien servidos — Intervino Hakudoshi — En cambio Rin, es tan virginal — Roló los ojos — Que hacer eso era necesario para el plan de Sesshomaru — Apuntó con obviedad.

— ¿En serio crees que es virgen? — Pregunto el moreno incrédulo.

Hakudoshi bufó — Claro, esa chiquilla, transpira inocencia, y aquí mi querido amigo — Señaló con la cabeza al ambarino — Será el encargado de corromperla — Sonrió burlón.


Tres meses después.

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La relación de Sesshomaru y Rin, transcurría con normalidad, él no cambiaba su típica indiferencia por el mundo que lo rodeaba, y ella vivía en una burbuja, todo era un maravilloso sueño hecho realidad, aunque claro había sus excepciones, como cuando Sara se enteró de que ahora era la novia del ambarino, y la acosó durante días, llamándola perra, zorra y todos los adjetivos ofensivos que se le ocurrían, en compañía de Kikyo la encerró en un depositó durante horas, cuando un grupo de muchachos la encontró por casualidad, Rin estaba casi ronca de gritar, sudorosa, llena de lágrimas y con el miedo recorriendo cada fibra de su ser.

Entonces Sesshomaru decidió intervenir, harto de las estupideces de su exnovia, le "pidió" de forma nada amable que se alejara de Rin, y que si se le ocurría a ella o a su amiga volver a molestarla, lo iba a conocer realmente enojado, y que ella sabía de sobra que eso no le agradaría en lo absoluto.

Sara no tuvo que pensar mucho el significado de esas palabras, estaba bien claro el mensaje "vuelve a meterte con ella, y te aplastaré como a un insecto", así que en contra de su voluntad, tuvo que dejar de molestar a la "zorrita".

Inuyasha por su parte intentaba a toda costa disimular el enorme dolor que le causaba ver a Rin con su hermano, a veces preferiría cambiarse de instituto pero su orgullo no se lo permitía, recordándole que precisamente eso era lo que Sesshomaru desearía,que huyera como el cobarde que no era, y que solo estaba utilizando a Rin para hacerle daño porque había descubierto su amor por ella, la joven por su parte ajena a todos esos pensamientos, le había preguntado al ambarino mayor que si a él le molestaba que ella siguiera siendo amiga de su hermano, cuando él le dijo que no, le sorprendió la respuesta, por supuesto que le daba igual ,en ese momento él no sentía nada por Rin, y sabía que si alejaba a la joven de inuyasha, esta no le podría contar "accidentalmente" la felicidad que sentía al ser novia de él, tampoco podría dejarlo plantado por verlo, entre otras cosas, así que sonrió para sus adentros, cuando ella lo besó y abrazó, agradeciéndole el que no pusiera obstáculos para continuar la relación, con el que ella consideraba su hermano.

Las clases estaban por llegar a su fin, y la tristeza de Rin aumentaba, con cada día que transcurría, ese año, sería la graduación de Sesshomaru, y eso solo significaba que él se iría a estudiar a Inglaterra, quería ser arquitecto, y cuando mencionaba aquello, los ojos le brillaban de una forma tan especial, que por unos instantes ella creía poder ver a través de esa gruesa capa de hielo, que los cubría casi todo el tiempo, así que se teagaba las lágrimas y el dolor de saberle lejos, por cuatro largos años, que para ella serían siglos, y le sonreía animándolo a alcanzar su sueño.

Claro que no todo era malo, al graduarse significaba que habría un baile, al que él no pensaba asistir, pero por la insistencia de Rin, y también un poco por la de Hakudoshi y Bankotsu, terminó aceptando, otro evento muy esperado, era su cumpleaños número 18, por fin sería libre de tomar sus propias decisiones, sin que sus padres interfirieran, ese sería un día especial, concretaría la venganza en contra de Inuyasha.

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— Te ves tan hermosa hija — A Sango se le humedecieron los ojos al ver bajar a Rin por las escaleras de su casa, luciendo un hermoso vestido negro.

La joven se sonrojó y sonrió en respuesta.

— Mi niña será la más hermosa del baile — Miroku infló el pecho con orgullo.

— Gracias papá — Rin besó la mejilla de sus padres, y se encaminó a la sala, en donde la esperaba Sesshomaru.

Él no pudo evitar abrir ligeramente los ojos, a causa de la sorpresa al ver a la joven que lucía más hermosa, esa noche.

Ella se sonrojo al notar la mirada tan intensa que le dedicaba, y también por lo guapo que lucía, si todo el tiempo parecía un monumento a la belleza, esa noche se asemejaba a un dios griego.

Le dedicó una radiante sonrisa al verlo, y sintió el impulso de lanzarse a sus brazos, y comérselo a besos, pero sus padres estaban a escasos metros, así que prefirió controlarse y esperar a estar a solas.

Salieron tomados del brazo, hasta llegar al auto del ambarino, al cerrar las puertas, Sesshomaru acortó el espacio que los separaba, dándole un apasionado beso, las mariposas revoloteaban sin parar en el estómago femenino, Rin sentía que se derretía en los brazos de su novio.

El baile según Rin, estuvo algo aburrido, a ella le tocó quedarse sentada casi todo el tiempo, ya que Sesshomaru se rehusó a bailar, y se la pasó bebiendo con Bankotsu y Hakudoshi, y para colmo tenía que soportar las miradas y sonrisas de burla que le lanzaban Sara, Kikyo, y dos más de sus amigas, que se encontraban en una mesa cercana, ella solo deseaba que Sesshomaru la llevara a su casa, entonces como caído del cielo apareció Inuyasha, y se acercó a ella, la miró, primero sorprendido por lo bella que lucía, y luego molesto al darse cuenta que el maldito de su hermano, la había dejado sola, tirada en esa mesa.

— Que sorpresa verte aquí? — Ella fue la primera en hablar, al tiempo en que Inuyasha se sentaba a su lado.

— Soy la pareja de Kaguya, ella me pidió acompañarla, porque su novio tuvo que viajar ayer a otra ciudad — Inuyasha tomó un sorbo de su bebida, y la contempló un instante, debatiéndose en si invitarla a bailar o no, desde hace un rato había visto a su hermano, bebiendo con sus amigos, así que decidió acercarse a la joven, no se le hacía justo que el maldito la tuviese allí sentada, como una tonta, aunque viniendo de él no le sorprendía para nada. — ¿Quieres bailar? — Preguntó algo sonrojado.

— Contigo, lo dudo — La voz grave de Sesshomaru, interrumpió la respuesta afirmativa, que daría Rin. — Ven — Le tendió una de sus grandes manos, la que ella tomó algo vacilante.

Inuyasha se levantó al mismo tiempo que Rin, y le dedicó una mirada envenenada al mayor, él se la respondió, por unos segundos que se volvieron minutos, Rin se encontró en medio de un duelo de miradas. — Así que aquí estabas — Kaguya apareció, cortando el desafío de los Taisho, y Rin le estuvo infinitamente agradecida.

— Disculpame, vine a saludar a Rin — Explicó el menor, ya un poco más relajado.

— Tranquilo — Sonrió — Hola Rin, te ves muy linda, hola Sesshomaru, no tengo ninguna palabra que te defina — Soltó una pequeña carcajada, su compañero de clases respondió con un bufido.

— Hola Kaguya, te lo agradezco, tú te ves simplemente hermosa — Sonrió.

— Hola — Fue todo lo que respondió Sesshomaru.

— Bueno Inuyasha, creo que es hora de comenzar a bailar — Le guiñó un ojo, y él le sonrió en respuesta.

Al saberse lejos de Rin y Sesshomaru, Kaguya volvió a hablar — No debes ser tan obvio, no le demuestres a Sesshomaru que te afecta.

— ¿Qué? — El joven la miró sorprendido.

Kaguya rió — Sabes bien de lo que te hablo, me parece tan raro que Rin aún no se haya dado cuenta.

Inuyasha enrojeció más que un tomate — No…no sé de qué… hablas.

Ella rió aún más — Te ves adorable cuando te sonrojas, si no fueras menor que yo, y no amara tanto a Kinta.

Inuyasha enrojeció aún más, si eso era posible — ¿Soy muy obvio? — Preguntó resignado.

— Sí, y tú hermano disfruta haciéndote daño con eso — Posó una mano sobre su hombro.

El ambarino frunció el ceño — Lo sé, el muy desgraciado me odia.

— No entiendo porqué, a mi me pareces adorable, pero bueno Sesshomaru parece estar peleado con todo ser vivo de este planeta — Roló los ojos — No sé como Rin lo aguanta.

Inuyasha sonrió — Yo tampoco lo entiendo.


— ¿Qué tal la pasaste en el baile? — Preguntó Kanna emocionada, el día siguiente del baile de graduación, había llamado a Rin, para que le contara todos los detalles.

— Bien, supongo — Contestó sin muchos ánimos.

— No suenas muy convencida — La cuestionó.

Rin suspiró desganada — Es que pasaron algunas cosas, pero mejor te lo cuento personalmente, ¿Que te parece si mañana vamos a pasear al centro comercial?, tengo que comprarle su regalo de cumpleaños, el sábado será la fiesta.

— De acuerdo.

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— ¿Qué te parece este reloj? ¿Crees que le gustará? — Rin tenía en sus manos un costoso reloj, al que examinaba con ojo crítico.

— Está precioso, ¿Pero no te parece muy costoso? — La cuestionó Kanna.

— Es el cumpleaños de mi novio, y bueno él ya sabes usa cosas geniales.

Kanna asintió — ¿Segura que podrás pagarlo?

— Claro que sí — Sonrió.

— Si yo fuese tú estaría muy enojada por lo que sucedió en el baile — Kanna tomó un sorbo de su jugo, mientras caminaban por el centro comercial.

— Bueno, pero ya te conté que luego se reivindicó, y bailamos el resto de la noche — Le dio un mordisco a su paleta de frutas.

— No sé cómo te hace tan feliz ser novia de un sujeto tan frío, yo no lo hubiese soportado ni una semana.

— Rin sonrió — Eso es porque lo amo muchísimo.


El día del cumpleaños llegó, Rin tenía sentimientos encontrados, estaba feliz porque su novio cumplía años, pero triste, porque al día siguiente se iría para Inglaterra.

Su padre la dejó frente a la mansión Taisho, ya eran las ocho de la noche, y cada vez se llenaba más y más el lugar, tal parecía que el ambarino había invitado a todo el instituto.

Al entrar lo buscó con la mirada, y lo divisó sentado en un amplio sofá, en compañía de sus inseparables amigos, él al verla se levantó y caminó unos pasos en su dirección.

— Feliz cumpleaños Sesshomaru — Depositó un suave beso en sus labios, el que él se encargó de intensificar. — Aquí está tu regalo — Le tendió una bolsita que contenía la cajita con el reloj.

Él no la tomó, en cambio se le acercó al oído para susurrarle — Sígueme, el regalo me lo darás en mi habitación.

Rin se sonrojó ante la petición, y el tono sugerente que usó, pero de igual forma asintió con la cabeza, y se dejó guiar por él. Había estado dos o tres veces en esa estancia, y le parecía espectacular, la habitación de Sesshomaru era tres veces más grande que la suya.

— Siéntate — Le ofreció, señalándole la cama.

La joven volvió a asentir, apenas se hubo sentado, él la imitó — Aquí tienes. — Volvió a ofrecerle el regalo, esta vez Sesshomaru lo tomó y lo abrió, contemplándolo por un momento.

— Gracias. — Se quitó el que usaba en ese momento, y se colocó el nuevo.

— ¿Te gustó? — Le preguntó ansiosa de la respuesta.

Él asintió con la cabeza — Pero ahora deseo que me des un regalo, que de seguro me gustara mucho más — Esbozó una pequeña sonrisa divertida, y Rin sintió sus mejillas arder, no se referiría a eso, o ¿Sí?.

— Yo.. Bu..bueno.

Él la silenció con sus labios, en un beso demandante, que ella apenas y podía responder, sintió el peso del cuerpo masculino sobre el suyo, empujándola hacia la cama.

Se sentía realmente nerviosa, y aunque siempre había deseado que su primera vez fuese con él, no sabía si era el momento adecuado para eso, — Pero mañana se irá para Inglaterra, y no lo veré hasta dentro de seis meses. — Su mente era un completo lío.

Sesshomaru continuaba besándola con deseo, pero se detuvo de golpe, se separó lo suficiente para poder mirarse a la cara. — ¿Qué te sucede? — Frunció el ceño.

— No es nada, bueno sí, estoy nerviosa, esta es la primera vez que yo..ya sabes — Desvío la mirada avergonzada.

El ambarino tuvo que controlar el enorme impulso de reír, el idiota de Hakudoshi tenía razón, Rin era virgen.

— Solo relájate — Le susurró al oído, luego mordió con suavidad el lóbulo de su oreja, enviando millones de descargas eléctricas por todo el cuerpo femenino, ella solo atinó a asentir débilmente.

Repartió besos por sus mejillas, frente, mentón, bajó por su cuello, al tiempo que deslizaba una de sus manos por su muslo derecho, Rin dejaba escapar pequeños gemidos de placer, tenía los ojos cerrados y la cabeza inclinada hacia atrás, creía que su cuerpo explotaría en cualquier momento ante todas las maravillosas sensaciones, que las caricias de Sesshomaru le provocaban.

No se dio cuenta cuando él se deshizo de su camisa, pero pudo apreciar su bien formado torso en todo su esplendor, al abrir los ojos, en el momento en que él le retiraba el vestido, se sintió pequeña y expuesta. Él la recorrió con la vista, y ella enrojeció más aún, tuvo el fuerte impulso de cubrirse, pero no lo hizo, Sesshomaru le retiró el sostén, mientras besaba sus labios, la contempló una vez más y esta vez sí se cubrió los senos, ahora totalmente expuestos, Sesshomaru los retiró con suavidad, y se inclinó para besarlos, Rin sintió un escalofrío en toda su columna, y apretó las piernas por instinto, para calmar la incomodidad que sentía entre ellas. El ambarino llevó uno de sus senos a su boca, mientras masajeaba el otro con una mano, Rin gimió sonoramente y arqueó la espalda en respuesta, bajó los besos a su vientre, y retiró la última prenda que cubría su cuerpo, dejándola completamente desnuda frente a sí.

Ella cerró los ojos nuevamente, ahora por vergüenza.

Sesshomaru se acercó a su oído para susurrarle — Mirarme — Y así lo hizo, abrió los ojos vacilante, hasta posarlos en los dorados, y perderse en ellos, el ambarino aprovechó el momento y se despojó del resto de sus prendas, quedando en igualdad de condiciones.

Rin ahogó una exclamación de sorpresa, al ver la enorme erección de Sesshomaru, esto no pasó desapercibido para él, quién sonrió malicioso.

La besó nuevamente, para distraerla de sus dudas, logrando que el cuerpo femenino se relajara, le separó lentamente las piernas, y se acomodo entre ellas, rozó la entrada de la vagina, con la punta de su miembro, comprobando que estaba realmente húmeda, Rin gimió, y se aferró a su espalda, rasguñandolo levemente. Se deslizó un poco en su interior, para después entrar por completo de una sola embestida, Rin profirió un grito de dolor, y Sesshomaru gruñó al sentirse por fin dentro de la estrecha cavidad, se quedó quieto mientras la joven se acostumbraba a él, ella lo abrazó y acomodó la cabeza en el hueco de su cuello, estaba hecho, por fin había culminado su venganza entonces ¿Por qué no se sentía feliz?.

Llegó al orgasmo un rato después, luego de hacer llegar a Rin, se veía tan hermosa e indefensa, así ruborizada, perlada por el sudor y con los labios ligeramente separados, intentando regular la respiración, la besó, pero esta vez de una forma dulce, como cuando ella lo besaba a él, y eso lo intranquilizó, no podía estarse enamorando de Rin, se negaba a creer eso.


Inuyasha volvió a la mañana siguiente a su casa, la noche anterior había dormido en la de Koga, cada año para la fiesta de cumpleaños de su hermano, hacía lo mismo, no soportaba a montón de idiotas que invitaban Bankotsu y Hakudoshi, los encargados de organizarlas, y los responsables de invitar a más de medio instituto, Sesshomaru no protestaba, realmente le daba igual, sus padres como casi todos los años, estaban de viaje, y le dejaban la mansión a su completa disposición.

Aunque para Inuyasha este año era distinto, aparte de querer evitar a los idiotas compañeros de su hermano, quería evitarla a ella, o mejor dicho verla a ella con el maldito.

Entró a su casa deseando que no hubiese ni uno solo de esos perdedores, pero al ver a Hakudoshi y Bankotsu en la sala, supo que sus deseos no habían sido escuchados.

Él pasó de largo ignorándolos como siempre, los jóvenes se miraron maliciosos, y esbozaron una sonrisa socarrona.

— ¿Crees que deberíamos despedirnos de Sesshomaru? — Le preguntó Bankotsu a su amigo.

— No creo, aún debe estar profundamente dormido, seguramente anoche no durmió nada, disfrutando del regalo que le dio su noviecita — Ambos soltaron una sonora carcajada.

Inuyasha apretó los puños, y subió la escalera prácticamente corriendo, la ira nublaba su mente, y solo pensaba en romperle la cara al maldito de Sesshomaru. Abrió la puerta, sin antes llamar, encontrándolo de pie, frente a la cama, guardando algunas cosas en una maleta pequeña, a penas vio de quién se trataba frunció el ceño, y le dedicó una mirada que era capaz de congelar al más caluroso de los desiertos.

— ¿ Qué haces aquí? — Escupió con veneno.

— Eres un maldito — Siseó — No sé cómo le pudiste hacer eso a Rin, pensé que no eras tan cobarde, ella es una persona pura y tú — Lo señaló con un dedo — Te aprovechaste de eso para acostarte con ella, y todo por vengarte de mí, porque sabes que la amo.

Sesshomaru apartó la mano del menor con un manotazo — No tengo porqué darte explicaciones — Se giró dándole la espalda, y continuando en su labor de arreglar la maleta, se maldijo internamente, estaba perdiendo la oportunidad de humillar a Inuyasha, de restregarle en la cara que él era mejor en todo, que se había acostado con la mujer que amaba, pero por alguna extraña razón no podía hacerlo.

— ¿Por qué demonios me odias tanto? ¿Qué fue lo que te hice, para que toda la vida me hayas tratado como basura?

— Existir, eso me has hecho — Dijo con tanta frialdad, que su rostro no cambió ni un ápice.

Inuyasha abrió los ojos como platos, realmente la respuesta de Sesshomaru lo descolocó — ¿Qué quieres decir? — Preguntó más impresionado que molesto.

— Querías saberlo, pues bien te contaré toda la verdad, tu llegada a esta casa arruinó mi vida, pero principalmente la de mi madre, tú eres un maldito bastardo, hijo de mi padre con una zorra, que fue su secretaria hace años, ellos mantuvieron una relación durante algún tiempo, mientras mi madre esperaba a mi hermano, un día nuestro padre llegó contigo recién nacido, le contó todo a mamá, le pidió que te aceptara aquí, por qué esa mujer había muerto en el parto, ella se negó al principio, entró en una gran depresión, tenía cuatro meses de embarazo, mi hermano no lo resistió, tuvo un aborto espontáneo, al regresar del hospital y verte se aferró a ti, eras el reemplazo del bebé que nunca nació, eso eres tú, solo un reemplazo de su hijo, de mi hermano.

— No,, tú estás mintiendo — Negó repetidamente con la cabeza, mientras las lágrimas luchaban por salir de sus ojos — Tú eras muy pequeño, no puedes recordarlo.

— Escuché a mis padres discutir en una ocasión, yo tenía 5 años, mi madre le reclamaba que por su culpa y la de esa mujer, ella no podría volver a quedar embarazada, todo gracias a ti, y a esa perra que te trajo al mundo.

— Callate — Inuyasha le lanzó un golpe a la cara, pero Sesshomaru lo esquivó, asestándole uno en la mandíbula, haciéndolo sangrar al instante. — Mientes — Murmuró más para sí mismo.

— Si no me crees, puedes preguntarle a nuestro padre — Tomó la maleta y avanzó hasta la puerta para marcharse, miró por el rabillo del ojo, y lo encontró perdido en sus pensamientos, con las lágrimas y la sangre manchando su rostro, sintió una punzada en su corazón, ¿En verdad era eso lo que deseaba? Verlo tan triste, tan destruido como se sintió su madre al enterarse de la verdad, ya no lo sabía, pero estaba hecho, no podía retroceder el tiempo.

Durante la conversación que sostuvieron no cambió su semblante estoico, era como si estuviese contando una historia de alguien más, pero debía salir pronto de esa habitación, antes de que su rostro lo traicionara y dejara ver el estado de confusión en el que se encontraba.

Tomó el pomo de la puerta y lo giró para abrirlo, pero la voz de Inuyasha lo detuvo.

— Espero que con lo que le hiciste a Rin, y con la forma en que me has tratado durante toda mi vida, sea suficiente para pagar el dolor que sin querer le causé a mamá — La voz se le quebró al pronunciar la última palabra.

Él no dijo nada, solo se limitó a abrir la puerta, y entonces allí la vio, de pie con la cabeza agachada, una mano aferrada a su pecho, y la otra cubriendo su boca, para evitar que se pudieran escuchar sus sollozos — Rin — Inuyasha se sorprendió al verla, y caminó unos pasos en su dirección.

Sesshomaru sin embargo, continuó avanzando como si nada, pasó por su lado y siguió hasta perderse por las escaleras, sin imaginar que en ese preciso momento, comenzaría su infierno personal. Agradecía internamente que ella tuviese la cabeza agachada, o hubiese podido ver la mirada de culpa que le dedicó al verla, sintió más fuerte esa punzada, su pecho y su garganta dolieron, pero se negó a detener sus pasos, se iría hacia el aeropuerto, estudiaría en Inglaterra, todo lo demás tenía que dejar de importarle.


Agradecimiento especiales a: MeridaHime , Milly Taisho , Indominus Dea , mary11 , Serenity usagi , Guest (no entendí tu mensaje).

También quiero agradecer a las hermosas personas que agragaron la historia a sus favoritos y alertas.

Hola a todas mis bellísimas lectoras, volví con otro capi, mil disculpas por haberme tardado tanto, ustedes saben que por lo regular actualizo mis historias cada semana, pero ahora creo ya no podré continuar ese ritmo, el tiempo libre que tengo es más reducido, por eso he decidido escribir capis largos, esta historia no tendrá más de 4 capítulos.

Bien entrando en materia, han sucedido muchas cosas, de las cuáles no expliqué a fondo, sobre la relación SesshRin, pero en los próximos capis lo haré a través de flashback.

¿Sesshomaru se habrá enamorado de Rin? Lo más probable es que ni él mismo lo sepa, pero se siente culpable por lo que hizo, sí por más imposible que eso suene.

Les confieso que este Sesshomaru es el que más me ha costado, nunca había escrito sobre él siendo adolescente, influenciado por las hormonas y esas cosas ^_^, espero no haberlo sacado tanto de su personalidad, decidí que el odio de él hacia su hermano tuviese fundamento, uno muy equivocado por cierto, pero esa es su perspectiva.

Se arrepintió enseguida de lo que les hizo a Rin y a Inu, quise hacerlo así, para que no fuese lo clásico de que lo invaden los remordimientos cuando está lejos y esas cosas, aunque claro que cuando esté en Inglaterra estos serán peor.

Como siempre deseo que les guste, y me lo hagan saber a través de un comentario.

Hasta la próxima.

Besitos.