-¿Lo recuerdas bebe?

-Por supuesto, ¿Cómo podría olvidarlo?

-No lo sé, ha pasado ya un año.

-El mejor año de mi vida.

El Glee club en Mckinley High se reunía siempre después de clases en la sala de coro en el segundo piso para cantar y exhibir lo mejor de sus voces, en solos, en duetos o en presentaciones en conjuntos. Sin embargo había dos chicos que hoy habían decidido saltarse la última clase y reunirse en dicho salón para aprovechar un tiempo a solas. Y es que hoy era un día especial. Hoy se hacía ya un año desde el primer beso de Kurt Hummel y su adorable novio Blaine Anderson.

-Eres hermoso bebé- le dijo el moreno, ubicado entre las piernas del más alto que a su vez estaba sentado en el piano del salón- Juro que nunca me arrepentiré de haberte besado aquel día en el baño del tercer piso.

-¿Ni siquiera por perder a Quinn Fabray, la capitanía del equipo de football y ganar en cambio un sinfín de granizados al día?-le preguntó mientras acariciaba con sus manos sus mejillas y depositaba suaves besitos en su cuello grueso y suave.

-Nunca nada de eso me hizo verdaderamente feliz. Y los granizados, pues a decir verdad, me encantan, porque así tengo una excusa para poder besar y lamer toda tu cara y tu cuello.

Ambos rieron y volvieron a besarse con amor y alegría.

Hacía un año que Blaine Anderson y Kurt Hummel se habían convertido en novios. Los primeros alumnos que los vieron salir del baño de niñas del tercer piso de la mano y mirándose con tanta dulzura que provocaba caries a quien estuviera demasiado cerca, no lo podía creer. ¿El capitán del equipo de football y el chico gay con voz de niña del Club Glee de la mano? Debía ser una broma. Pero cuando Quinn Fabray fue botada en medio del pasillo, aunque por palabras amables, y los simios del equipo fueron desafiados por medio de palabras demasiado complicadas para ellos entenderlas comprendieron que esto parecía ir más allá de una simple broma. Y todo quedo confirmado en el momento en que ambos, aún tomados de la mano, acercaron sus rostros e hicieron promesas de amor que luego sellaron con un beso.

El besa más dulce que ningún estudiante de Mckinley hubiera presenciado jamás. A pesar de ser hombres, parecía haber una armonía perfecta entre ellos, un aura mágica, un brillo especial que resplandecía y que envolví a todos en una especia de envidia colectiva por no tener a nadie con quien compartir algo así.

El resto es historia. Todos en la escuela se enteraron que Blaine era en realidad gay, que había sido acosado en su anterior escuela y que por eso había fingido durante tanto tiempo algo que no era y que además estaba profundamente enamorado del que ahora era su novio. Pero claro, no todo era color de rosas y menos en una escuela pública. Pronto los saludos amistosos y las miradas de admiración se convirtieron algunas en miradas de asco y granizados, palabras insultantes y uno que otro empujón contra los casilleros.

Pero no importaba.

No si ese bello ángel de ojos azules como el cielo estaba a su lado sosteniendo su mano y amándolo a pesar de todos sus defectos y sus miedos.

No si aquel chico de piel tostada tan perfecto lo besaba y le cantaba canciones de cuna antes de dormir con aquella voz grave que pocos o nadie sabía que escondía hasta que audicionó para estar en el Glee club.

Juntos habían construido un año entero de recuerdos felices, caricias y besos. Habían entregado su amor y su corazón en manos del otro con la promesa de cuidarlo. Habían compartido su primera vez juntos, aprendiendo a tocarse y amarse con respeto pero a la vez con fuego, con pasión, disfrutando del goce que involucraba no solo juntar sus cuerpos físicamente sino también sus corazones y sus almas en un espiral de gemidos, sudor y respiraciones agitadas.

Y era hoy, cuando cumplían un año de estar juntos, y quince meses de estar enamorados en secreto, que no podían evitar sentir que todo lo que habían esperado por poder cumplir su sueño de estar juntos, de poder probar los labios de otro y luego con tiempo y esfuerzo todo lo que había vivido valía la pena. Porque su amor era tan grande e incondicional que nadie ni nada podía cuestionarles.

-¿Me amas?

-Te amo. ¿Y tú a mí?

-Más que a nada en el mundo.

-Estaremos siempre juntos ¿verdad, Blainy?- su voz sonaba temblorosa

-Hasta que la tierra deje de girar, hasta que el sol ya no abrigue y la luna deje de brillar. Eres mi todo Kurt Hummel.

La sonrisa que se forma en su rostro fue enorme, nunca se había sentido tan feliz.

Se besaron con amor y dulzura para luego hacerlo con pasión contenida.

-Vamos a mi casa, mis padres están de viaje, otra vez.

-¿Estás proponiéndome lo que creo que estas proponiéndome Anderson?

-Exactamente Hummel-le siguió el juego-Quiero tenerte entre mis brazos, desnudo, temblando y gimiendo por más. Quiero hundirme en tu cuerpo bebé.

-A veces no puedo creerlo como siendo tan increíblemente dulce puedes hablar tan sucio- pero no le molestaba en absoluto. Le encantaba cuando le hablaba así, sentía su cuerpo arder desde la punta de sus pies hasta la punta de su cabello- Vamos antes de que lleguen los simios del equipo de Football o peor, Rachel y nos obligue a quedarnos a escuchar su solo. No puedo esperar por sentirte.

Blaine solo río y lo tomo de la cintura saliendo rápidamente hasta el estacionamiento. Iban a celebrar el mejor año de sus vidas de la mejor manera que conocían. Uniéndose en cuerpo y alma, disfrutando de sus caricias y de sus promesas de amor.

Porque Kurt Hummel y Blaine Anderson habían nacido para estar juntos, por siempre.


Y como lo prometido es deuda aquí esta la segunda parte y final! Espero les haya gustado! Al final quise poner algo un poquito más sucio para evitar matarlos de un exceso de azúcar jajaj Siempre que pienso en estos dos surge todo la dulzura de mi ser !

Los reviews son siempre bien recibidos! Gracias a todas/os los que han comentado y los que lo harán! Un beso y nos leemos pronto, tengo muchas ideas y espero ir mejorando cada vez más!