¡Sálvame! "Quiero Libertad, date por vencido, tú también lo deseas, desconectarte una vez más, quemar todas esas ansias, saciar tus impulsos, calmar tu sed, ser de nuevo tu"
-Buenos días Mike Schmidt - saludaba el becario entrando de nuevo aquella habitación tan blanca y pulcra que la luz que se colaba por la ventaba brillaba aun mas cuando rebotaba en esas paredes
-Buenos días- saludo él sentándose en su cama mientras veía sus manos
-Veo que ahora si planeas hablarme- le dijo el joven mientras se sentaba esta vez en una silla que había traído de la estación de vigilancia
-Creo que es hora de que acepte la ayuda- le respondió Mike Schmidt mientras doblaba sus piernas y se mordía los labios un poco, dando una vista un poco seductora
-Bueno entonces empecemos- le dijo el becario mientras veía sus papeles con sus diferentes anotaciones –Como te sientes por lo actos de los que se te acusan-
-Primero me sentía bien y lo dije frente a la corte que no me arrepentía de nada, que ese maldito se merecía eso y más, pero ahora con todo el tiempo que he pasado aquí he recapacitado y creo que me empiezo a sentir mal- le respondió mientras lo veía
-En tu expediente dice que habías tenido otros doctores pero no habías querido abrirte con ellos ¿Por qué?- le interrogo mientras subía una de sus piernas sobre la otra y sacaba unos lentes de armazón negro de su bolsillo
-Todos ellos solo venían a acusarme, trataban de que admitiera toda la culpa, pero doctor yo no tengo porque cargar con todo ese dolor, el chico del teléfono era mi mejor amigo, me ayudaba en mi trabajo en la pizzería, me alegraba las noches con sus llamadas, lo tenía que proteger… pero... falle- le respondió con una pasión inusual, para que al final sus ojos azules se llenaran de lágrimas y una que otra se resbalara por su mejillas, mientras trataba de controlarse para no caer en llanto
-Así que tu solo reaccionaste de esa forma por la pérdida de tu compañero- le dijo el joven mientras anotaba algo en sus hojas
-Si- le respondió mientras mantenía su cabeza agachada
-Cuéntame ¿cómo te sentiste cuando descubriste el cuerpo de tu amigo?- le volvió a preguntar mientras alzaba su cabeza y lo veía con esos ojos cafés a través del cristal de sus lentes
-Aterrado, no podía creer lo que mis ojos veían, vomite en la entrada del cuarto, mis manos temblaron y el enojo me inundo, perdí toda noción del tiempo y de lo que hacía- le respondió mientras se tocaba la cabeza y soltaba más lagrimas
-Olvidaste casi todo ¿verdad?- le decía el doctor con cierta ternura en su voz que no pasó desapercibida para Mike Schmidt
-Sí, todo fue tan rápido que no recuerdo casi nada, solo se quedó conmigo un sentimiento de dolor- le respondía mientras ponía sus manos sobre su pecho
El doctor lo veía sufrir y sin más se disculpó para después retirarse de la habitación.
… No querido, yo no olvide nada… todo sigue tan latente como antes… el olor a sangre aun me inunda… las palabras que te dije ¿Cómo pudiste olvidarlas?, si te declare mi amor… si bese tus labios mientras cortaba tu cuerpo… ¿me has olvidado?... si es así entonces tendré que portarme mejor para que pueda salir y hacerte recordar todo el amor que nos teníamos…
¡No! "Hipócrita, Déjame Salir, Has que este sentimiento que te carcome fluya de nuevo, Sabes que quieres Libertad y Yo solo te la puedo Dar, Zafarte de tus Ataduras, Desconectarte de tu racionalidad" ¡Ayúdenme!
-Ya han pasado más de 6 meses y Mike Schmidt, ha sufrido un cambio drástico, todas las medicinas que se le han recetado las ha tomado, eso es un gran avance- le decía el director del hospital al becario mientras leía todo el informe que se le había entregado –Bueno creo que tiene su puesto permanentemente aquí- sentenciaba mientras dejaba los papeles sobre el gran escritorio para después poder estrechar las mano del joven
-Gracias- le decía mientras respondía el saludo con gran felicidad
-Bueno creo que debería decirle a su paciente que dentro de unos meses saldrá- le decía el director mientras lo invitaba a salir de su oficina
-Por supuesto, se alegrara yo sé que lo hará- le respondía con una sonrisa aún más grande
- Mike- lo llamaba el becario mientras entraba a su habitación
-Si doctor- le respondía él con una tierna sonrisa mientras se sentaba en su cama
-Te tengo una buena noticia- le decía mientras se acercaba y tomaba sus manos
-Si- le respondía mientras veía sus manos siendo tomadas por aquel joven y sus mejillas adquirían cierto rubor
-En unos días saldrás de aquí, además la corte dictamino tu absolución lo que significa que estas en completa libertad- le dijo mientras apretaba más sus manos y las juntaba
-En serio- le dijo mientras sonreía más
-Si y cuando salgas podrás venir a mi casa a cenar- respondió alegremente el becario
-Eso me encantaría- Mike Schmidt sentía que de nuevo recuperaba lo que hace tiempo había perdido, a su gran amor el chico del teléfono, a aquel hombre que un tiempo atrás tomo todo de él en la pizzería donde trabajaban.
-Sí y podrás conocer a mi prometida- le dijo de repente haciendo que Mike cambiara completamente su expresión
-¿Tu prometida?- le pregunto un poco dudoso
-Si ella fue la que me motivo a aceptar el empleo aquí, sin ella no te había podido ayudar Mike quisiera que la conocieras- le respondió con la misma alegría mientras el joven agachaba su cabeza -¿Qué te sucede?- le pregunto el becario con desconcierto
-Nada, es solo la emoción- le respondió rápidamente
-Lo entiendo Mike Schmidt, entonces te dejo para que digieras todo mejor- le dijo el becario mientras salía de su habitación con aun más alegría que con la que entro.
-No… tu no… entiendes… nada- su voz sonaba entrecortada por el enojo mientras apretaba sus manos hasta el punto de que esta sangraban por clavarse sus uñas en las palmas, su cara ahora totalmente desfigurada mostraba una sonrisa macabra mientras que de sus ojos brotaban lagrimas –Creo que después de todo tendré que hacerte comprender que no existe nadie mejor que yo para complacerte- decía mientras sus rasgos volvían hacer los mismos que antes y su cuerpo entraba en total reposo. Sus ojos perdían su brillo, sus pupilas se dilataban, quedando rígido como un muerto, cayendo sobre la incómoda cama para que después su mente pensara en las mil maneras en que podría enseñarle al SU chico del teléfono como ser feliz de nuevo con ÉL.
