¡Gracias por la acogida! *-* Jo, que me emociono. Pensaba que con lo de la doble pareja no iba a tener muy buena recepción, pero parece que me equivocaba ^^ Gracias por los reviews, en serio :D
Actualizo los sábados, y desde hace unos minutos aquí es sábado, así que aquí está el capítulo ^^
Capítulo 2: Joker
Cuando abrió la puerta de la mansión de Donquixote Doflamingo, Trafalgar Law estaba que casi ni se sostenía en pie del cansancio. Subir las escaleras hasta el piso de arriba e ir a la habitación del dueño de la casa supuso un esfuerzo prácticamente sobrehumano, y para cuando abrió la puerta del dormitorio Law ya ni trataba de esforzarse por no hacer ruido.
Se fue quitando la ropa a medida que avanzaba, y cuando llegó a la cama se sentó, se quitó los zapatos en dos patadas y justo después el pantalón.
Escuchó movimiento a sus espaldas y supo que había despertado al ocupante de la cama.
-¿Law? –Preguntó Doflamingo en voz soñolienta-. ¿Qué haces aquí?
-Estaban empezando un botellón en mi calle cuando me he ido, y quiero dormir- respondió Law tumbándose en la cama.
En seguida un brazo rodeó su cintura, y la espalda de Law estuvo contra el pecho del enorme hombre.
-Ya que estás aquí… -murmuró Doflamingo contra su oído, lamiendo su cuello.
Law llevó una mano al antebrazo del hombre.
-Estoy cansado, Donquixote-ya, en serio.
-¿Un día duro?
-Bastante –respondió Law, bostezando.
-Oh, vale –dijo Doflamingo y, aunque no se separó de él, tampoco trató de hacer nada más.
Law se acomodó contra el brazo que lo rodeaba y pronto se quedó dormido.
Cuando Law despertó, el reloj de la mesita de noche marcaba que eran las tres de la tarde, y el joven estaba solo en la cama. Sentándose y estirándose perezosamente, Law miró a su alrededor y vio que su ropa de la noche anterior estaba doblada sobre la mesa y había un pequeño montoncito de ropa limpia esperándolo en la silla.
Decidiendo que lo primero que quería era una ducha, Law se puso en pie e hizo una mueca de dolor por la punzada que eso mandó a su zona baja. Cierto, la noche anterior había sido movidita.
Cojeando hasta el baño, Law abrió uno de los cajones del mueble del lavamanos y sacó una pomada que tenía guardada ahí para situaciones como aquella, la dejó en el estante de la ducha y abrió la llave del agua, metiéndose bajo el chorro y relajándose por largos minutos allí antes de comenzar a enjabonarse.
Cuando finamente cogió la pomada, esta desapareció de sus manos y Law, sin sorprenderse lo más mínimo, se giró para encontrarse con Doflamingo desnudo frente a él.
-¿No te han dicho que es de mala educación meterse en duchas ajenas?
-Técnicamente, esta ducha es mía –lo rebatió el hombre, y Law se encogió de hombros, sonriendo.
-Cierto.
Doflamingo miró la pomada que le había quitado.
-¿Va todo bien? No sueles necesitar esto -quiso saber, y no necesitó hacer la otra pregunta para que Law identificara la en mensaje implícito en sus palabras.
-Sí, sí, es solo que anoche tuve a un tío demasiado borracho para saber lo que hacía, y después aún vino otro cliente, así que... –respondió Law, encogiéndose de hombros-. Además, si me hubiesen atacado me habría cargado a quien fuera, no necesito que me protejan.
Doflamingo se rio.
-Supongo que no.
Cogiendo a Law por detrás de la cabeza, se agachó y lo besó.
El chorro de agua se detuvo y poco después un dedo cubierto de pomada estaba abriéndose paso en la dolorida entrada de Law. El joven gimió contra los labios del hombre y se pegó a él, profundizando más el beso y comenzando a recorrer su pecho con las manos.
Con el dedo cubriendo su entrada de pomada, la otra mano de Doflamingo fue al ahora despierto miembro de Law y comenzó a moverse sobre él, el hombre riéndose cuando Law se separó lo justo para gemir.
-Me encanta esa cara que pones –murmuró, sonriendo, contra el cuello de Law.
Doflamingo comenzó a golpear repetidamente la próstata del joven con su dedo cubierto de pomada al tiempo en que aceleraba los movimientos de su otra mano, y sostuvo a Law cuando este se corrió, temblando, en sus brazos.
-Anda, vamos a la cama –dijo el hombre, lamiéndole la oreja, juguetón.
Law se separó de él y, asegurándose de que podía mantenerse bien en pie, preguntó:
-¿Está Monet?
Doflamingo lo miró, parpadeando desconcertado por la repentina pregunta, y respondió:
-Sí, está abajo.
-Tengo que hablar con ella –anunció Law, y echó a andar hacia la puerta del baño.
Doflamingo lo siguió.
-¡¿Estás de coña?! –Exclamó, señalando su prominente erección con un gesto incrédulo.
Law alcanzó la silla y comenzó a ponerse el pantalón limpio que ahí había, dedicándole una pícara sonrisa al hombre.
-Tengo que hablar con Monet, pero solo será un momento. Si te puedes esperar, me quedo toda la noche –ofreció, y Doflamingo sonrió ampliamente.
-¿Toda? –Law asintió-. ¿Y no empezarás con que te encuentras mal ni gilipolleces de esas?
Law negó con la cabeza.
-Podrás hacerme lo que quieras, aunque yo a ti también.
Riéndose, Doflamingo hizo un gesto hacia la puerta.
-Pues venga, ¿a qué esperas?
Law encontró a Monet junto a la piscina, tumbada en una de las numerosas hamacas del jardín, tomando el sol.
Monet era una atractiva y alta joven de generosas curvas con el pelo largo y ondulado de un tono verde claro que resultaba curiosamente favorecedor a su figura, y solía estar rodeada por un aire confiado y un tanto juguetón.
La chica, al igual que Law ahora, había hecho las calles durante varios años mientras estudiaba, y desde que terminó era la secretaria personal de Doflamingo y una de las investigadoras más capaces que tenían.
-Hola, Law, ¿qué tal el verano? –Lo saludó ella.
El chico se encogió de hombros y se detuvo a su lado.
-Bien, supongo. Necesito que me hagas un favor.
-Directo al grano, como siempre –dijo ella, sonriendo coqueta aunque ambos sabían que ninguno era el tipo del otro-. ¿En qué puedo ayudarte?
-Tengo un número de matrícula y quiero que averigües a quién pertenece.
-¿Hay algún problema? –Preguntó ella, mucho más seria.
-No, es solo un cliente nuevo.
Investigar quienes eran sus clientes, incluso aunque muchos de ellos trataban de mantener el anonimato, era algo que todos allí hacían para tratar de evitar a sujetos peligrosos en medida de lo posible, pues su trabajo ya era bastante peligroso de por sí.
Law siempre se lo pedía a Monet porque sus habilidades eran de las mejores entre toda la gente que conocía, y la chica aceptaba porque sabía que el hecho de que Trafalgar Law le debiera algún favor podría serle útil en un futuro.
Nunca sabías lo que podrías necesitar en este mundo.
Cuando Law entró de nuevo en la habitación se encontró con el dueño de esta sentado en la cama, con la espalda recostada contra la cabecera, y aún completamente desnudo.
-Has tardado –le reprochó Doflamingo nada más Law cerró la puerta.
El chico sonrió y comenzó a quitarse el pantalón.
-Perdona –dijo, dejando la prenda en el respaldo de la silla.
-¿Qué necesitabas de Monet? –Preguntó Doflamingo mientras Law se acercaba.
-Lo de siempre: que me investigue a un cliente nuevo –dijo Law, subiéndose a la cama y gateando por ella hasta colocarse entre las piernas abiertas de Doflamingo. Sonriendo con picardía, envolvió con una mano el todavía erecto miembro del hombre y lo apretó-. ¿Me echabas de menos?
Doflamingo lo agarró de ambos lados de la cabeza y volvió a besarlo como en la ducha, su lengua peleando ávidamente contra la de Law.
-Métetela –ordenó al separarse.
Law levantó una ceja.
-Te recuerdo que no me gusta que me den órdenes, Donquixote-ya.
Una de las manos de Doflamingo bajó a su trasero y lo apretó con fuerza.
-Has dicho que podía hacer lo que quisiera contigo, ¿no?
-Mmhh cierto… ¿Lubricante?
El rubio levantó una ceja, sonriendo lascivamente.
-¿Lo necesitas?
Law le dirigió su mirada despectiva más intensa.
-Tal como tengo el culo, sí, o no voy a poder caminar en un par de semanas, y mucho menos trabajar. Hablando de eso, no te he dado tu parte –recordó el joven, moviéndose para bajar de la cama.
Doflamingo lo sujetó del brazo, deteniéndolo.
-Deja eso par luego. –Estiró el brazo libre y abrió uno de los cajones de la mesita de noche, tendiéndole un tubo a Law-. Aquí tienes.
-¿Me preparas? –Ofreció Law, sonriendo.
-Hazlo tú –dijo Doflamingo, apretándole de nuevo el trasero antes de soltarlo.
Sin alejarse, aún arrodillado entre las piernas del hombre, Law abrió el bote y cubrió generosamente tres de sus dedos, sin apartar en ningún momento la mirada de Doflamingo, quien no le quitaba los ojos de encima tampoco. Law se metió el primer dedo, comenzando a moverlo de inmediato y tratando de encontrarse la próstata. El segundo se le unió enseguida y gimió cuando por fin encontró lo que estaba buscando.
Al tiempo en que metía el tercer dedo, llevó la otra mano a su polla con intención de comenzar a masturbarse, pero Doflamingo se la detuvo.
-De eso nada –dijo el hombre, sonriendo, y llevándose la mano de Law a la boca, donde comenzó a lamerle los dedos.
Gimiendo de nuevo y consciente de que se había ruborizado, Law siguió moviendo los dedos en su interior un poco más antes de retirarlos finalmente. Liberando también la otra mano del agarre de Doflamingo, cogió el bote de lubricante del colchón y se echó un poco en una mano, cubriendo con él el enorme miembro del rubio antes de sentarse a horcajadas sobre él.
Apoyando una mano en el hombro de Doflamingo y sosteniendo su polla con la otra, Law comenzó a bajar, despacio, empalándose en él.
Una vez lo tuvo tan dentro como pudo, dejó escapar el gemido de dolor que había estado conteniendo y Doflamingo lo envolvió con un brazo por la cintura, acariciándole la cabeza con la otra mano.
-¿Te duele? –Preguntó el hombre.
-Bastante –reconoció Law, algo abochornado.
Doflamingo comenzó a acariciarle la espalda y su otra mano bajó, despacio, por el rostro de Law, acariciándole el labio inferior con el dedo pulgar.
-¿Por qué no me dices cómo se llama ese borracho? Podría matarlo por ti… -le ofreció, sonriendo risueño.
Law se rio y Doflamingo gimió roncamente al sentir las contracciones del cuerpo del moreno alrededor de su polla por aquel movimiento.
-Si quisiera matarlo, ya lo habría hecho, y a muchos clientes me los cargaría por algo así, pero ese tío se gasta demasiada pasta como para sacrificarlo.
-¿En serio? ¿Tienes que aguantarlo muy a menudo? –Preguntó Doflamingo, la mano en la espalda de Law pasando a su pecho y apretándole uno de sus pezones.
Law gimió.
-Gajes del oficio.
Apoyando ambas manos en el pecho de Doflamingo, comenzó a moverse, despacio, sobre su miembro, alzándose hasta que este quedaba casi por completo fuera de él para entonces volver a bajar, haciendo que entrase de nuevo tanto como su cuerpo le permitía.
Doflamingo volvió a besarlo, y lo sujetó de las caderas, levantando a Law en alto y haciendo que liberara su polla. Entonces separó sus labios y le dio la vuelta, colocándolo de rodillas frente a él, y el rubio se colocó detrás del joven.
Law gimió con fuerza cuando Doflamingo volvió a entrar en él de golpe, y el hombre se rio, inclinándose sobre su espalda, lamiendo y mordisqueando de nuevo la oreja de Law al tiempo en que embestía una y otra vez dentro de su cuerpo, arrancándole más gemidos.
-¿Te gusta? –Preguntó el hombre, bajando por su cuello.
-S-sí –respondió Law entre gemidos, moviendo las caderas al ritmo de las embestidas de Doflamingo.
-¿Oh? –Los besos en su cuello pararon y los movimientos del hombre se volvieron más lentos-. Parece que alguien se ha emocionado –comentó, y Law sintió el aliento de Doflamingo contra el sitio donde lo había mordido el pelirrojo esa madrugada.
Law giró la cabeza y le dedicó una sonrisa socarrona.
-¿Celoso?
Doflamingo se rio.
-Si lo estuviera, no te dejaría trabajar –dijo, sujetándolo de la barbilla y volviendo a besarlo, acelerando de nuevo el ritmo de sus embestidas.
Continuará
