No hay cielo

Capítulo 2

Al día siguiente todos se encontraron cerca del mediodía, las mujeres lucían hermosas y los caballeros como príncipes idealizados, Candy y Terry caminaban a una distancia prudente, llegaron a un hermoso restaurant ubicado en la parte comercial del Springfield, Charlie distribuyo los lugares a manera de los padrinos quedaran uno frente al otro de nuevo.

Terry se veía taciturno, tal vez era el cansancio de un viaje tan largo, tenía unas pequeñas sombras debajo de los ojos que denotaban una noche de insomnio, la rubia también las tenía, pero el maquillaje ayuda, la ayudaba mucho, generalmente no usaba, pero en esta ocasión se vio obligada a hacerlo, no podía dejar ver su trasnocho.

Charlie al ver el estado de ambos padrinos y al saber exactamente a que atribuirlo, busco la manera de sacarlos del mutismo.

- Terry ¿Siempre regresas mañana a Nueva York? – Preguntó sorprendiendo al actor.

Los ojos de Candy se clavaron en el joven, a la espera de una respuesta, Terry titubeo un poco y al fin logró responder.

- Si, debo cumplir con unos asuntos pendientes, la temporada termina en un par de semanas – Apartó la mirada de la chica y esta segundos después hizo lo mismo.

- Entiendo, las damas aquí presente también regresan a Chicago mañana ¿No es así señoritas? – Mencionó señalando a Candy y sus amigas.

- De hecho, así es, mi esposo regresa de viaje en un par de días y deseo estar presente para recibirlo. – Respondió Annie más dueña del momento.

Terry observo a Candy, ella tenía la mirada perdida en algún punto imaginario y sintió un dolor en el pecho, ella aún estaba frente a él y ya la extrañaba.

El intento de Charlie por integrar a los dos jóvenes fue en vano, en más de una ocasión les hizo preguntas o comentarios, pero estos respondían de manera escueta, casi con monosílabos.

Las chicas decidieron pasear con Lucy y ver algunas cosas para los preparativos de la boda, mientras Terry se ofreció en acompañar a Charlie a su oficina, era casi increíble como el chico había pasado de ser un vago a un hombre de negocios, siempre decía que si había sobrevivido en las calles, también lo haría en el mundo financiero. Para asombro de muchos no se equivocó, ahora era una de los ejecutivos más reconocidos de la ciudad, en tan solo cinco años se había formado un lugar y cada día se afianzaba más su buena reputación.

- Terry ¿Estas bien? – Le preguntó de pronto sacándolo de sus pensamientos.

- Eh? Si Charlie, por supuesto ¿Sucede algo? – Respondió el chico mirándolo.

- No, nada, pero lo parece, estas… estas distraído ¿Seguro está todo bien? – Preguntó de nuevo.

- Son solo idea tuyas, Charlie, todo está bien, no puede estar mejor. – Respondió el chico tratando de sonreír.

- Está bien ¿Y Candy? – Inquirió de nuevo, mirándolo esta vez directamente a los ojos.

- ¿Qué hay con ella? – Contestó con otra pregunta esquivando la mirada.

- ¿Eso pregunto yo? – Insistió.

- No entiendo a dónde quieres llegar Charlie ¿Por qué no me dijiste que ella era la madrina? – Preguntó sin poder evitarlo.

- Porque no lo sabía. – Ahora Charlie esquivó la mirada.

- Por favor Charlie, tu prometida tiene una amiga enfermera llamada Candy y tú no lo asocias.

- Bueno si lo sospeche Terry, pero ha pasado mucho tiempo, apenas hace una semana lo confirme. – Mencionó el chico excusándose.

- ¿Y por qué no me lo dijiste? – Preguntó de nuevo Terry sin poder ocultar la molestia.

- ¿Por qué no estas con ella? – Inquirió Charlie sorprendiendo al actor.

- Ya te he contado esa historia.

- Si lo sé, por lo del sacrificio de Susana, por tu deber, tu compromiso, pero eso acabo hace un año, Terry ni siquiera Susana con todo lo enamorada que estaba logro soportar lo vacía que era su relación, de los tres, creo que ella ha sido la única que ha tomado conciencia del error que cometieron todos. – Charlie soltó todo de una vez.

Terry se quedó en silencio y volvió la mirada al enorme ventanal, que llenaba de luz la oficina de su amigo.

- Solo queríamos hacer lo mejor para todos, en realidad para Susana, aunque me costó entenderlo en principio Candy tuvo razón, no había otra salida, éramos unos chicos pero debíamos tomar una decisión, teníamos que hacer lo correcto. – Respondió Terry minutos después sin apartar la mirada del ventanal.

- Eso lo comprendo perfectamente Terry, te sentiste presionado, todos lo estaban, pero ¿Y ahora? ¿Qué piensas hacer ahora? Ya no tienes 18 años, ahora eres un hombre de 25 años, capaz de asumir sus decisiones, y de tomar las justas cuando las crea necesarias también. – Charlie atacaba al joven sin piedad, pero era necesario, realmente lo era, si seguía así iba a terminar perdiendo a Candy de nuevo.

Terry se quedó en silencio unos minutos, después se volvió para ver a su amigo.

- Ahora nada es igual Charlie, ha pasado mucho tiempo, nosotros hemos cambiado, Candy no es la misma. – Habló y el dolor era palpable en cada una de sus palabras.

- Estas haciendo conjeturas antes de tiempo Terry, no puedes hablar por Candy, así como ella no puede saber lo que tú sientes, todo esto es tan complicado para ambos, que no creo que ninguno de los dos sepa a ciencia cierta qué es lo que quiere, te lo has preguntado ¿Te has preguntado qué es lo que quieres Terry? – Charlie lo miraba directamente a los ojos.

- La quiero a ella. – Respondió después de un minuto que pareció un siglo, las imágenes de él y la rubia llegaron a su mente, como entro en su vida, derribando los muros, llenando de luz cada rincón de su existencia, alejo todas las sombras y sin darse cuenta le fue curando las heridas.

- ¿Por qué no la buscas? Díselo, dile que la quieres, que la necesitas – Mencionó Charlie.

- No es tan fácil, no puedo solo llegar y decirle "Hola Candy, sabes qué te quiero" Eso es ridículo. – Mencionó con sorna y dolor al mismo tiempo.

- La verdad no creo que sea tan difícil, ridículo es que te quedes sin hacer nada, parado viendo como la pierdes de nuevo. – El chico era cruel, pero ya estaba cansado de la actitud de Terry, este no era su amigo, no era el joven que se enfrentaba todas las noches a un teatro repleto de fans, críticos y algún que otro envidioso - ¿A que le tienes miedo Terry? – Le preguntó a quema ropa, al ver que este no respondía.

- No sé de lo que hablas Charlie. – Contestó sin más.

- Si lo sabes, lo sabes perfectamente, pero te niegas a aceptarlo ¿Qué es lo que no te deja avanzar?

- Ya sufrí mucho Charlie, toda mi vida – Terry se colocó de pie y camino hasta el gran ventanal, dándole la espalda a su amigo. – Mi vida tal cual esta es lo mejor que he tenido, estoy tranquilo, satisfecho, soy exitoso, no puedo pedir más a la vida Charlie.

- ¿Qué tal, felicidad, compañía? El amor de la mujer que amas, que justo ahora tienes al alcance de tu mano.

- No puedes asegurar eso, recuerda que no debes hablar por Candy, ninguno de los dos sabe que es lo que ella quiere, tal vez ella este conforme con su vida, a lo mejor lo de ella fue una ilusión de la adolescencia y ya termino. – Respondió.

- A eso es a lo que le temes, a que te rechace ¿No es así? – Esto más que una pregunta era una afirmación.

Terry se quedó en silencio, observando a través de la ventana, sin poder evitarlo una lágrima acudió a sus ojos y el chico la dejo salir. Charlie había tocado justo en la herida, el actor había vivido una niñez dura, siempre fue rechazado, su madrasta le hacía hincapié hasta el cansancio en que él era un bastardo, un error, su padre no hacía nada para defenderlo, muchas veces hasta el mismo le rehuía, lo abandono por años en un internado sumiéndolo en un profundo resentimiento, hasta su madre una vez lo había rechazado, si, ese era el gran temor de Terruce Grandchester, el rechazo, ser rechazado de nuevo y esta vez por la mujer de su vida, no, no quería arriesgarse a ello, no quería, no lo soportaría.

Charlie no quiso seguir con el tema y dejo a su amigo vagar solo a través de sus recuerdos, él sabía que Terry a pesar de ser hijo de un noble inglés, no tuvo una niñez más afortunada que la suya, tal vez él con todo lo precaria y difícil que fue su infancia, conto con el cariño y el amor de su madre, cosa que el actor no tuvo, pero era absurdo que se negara una oportunidad por temor a ser lastimado, es verdad el amor duele, puede herir en lo más profundo de la esencia del ser humano, dejar huella imborrables, pero también puede sanar todas las heridas hasta aquella que han durado años en cicatrizar, el amor cuando es de verdad puede salvar un alma, si lo sabrá él que encontró a su propia salvación en la chica que menos pensó y a la que dentro de poco convertiría en su esposa, la madre de sus hijos y su compañera para el resto de su existencia.

En cuanto llegaron al hotel las chicas subieron a sus respectivas habitaciones, estaban cansadas y saldrían temprano para Chicago, Lucy las despidió prometiendo verlas al día siguiente para llevarlas a la estación. Candy entro a su habitación y dejo salir las lágrimas que había contenido durante todo el día, no sabía por qué, pero sentía un enorme peso en su pecho, quería salir corriendo de ese lugar, la presencia de Terry la había perturbado por completo, mientras que a él por el contrario se le veía tan tranquilo, hermoso, ¡Dios, estaba realmente hermoso! Tan hermoso como inalcanzable y esto le dolía, le dolía en cada parte de su cuerpo, solo basto con un roce de su piel para deshacer todo el trabajo que ella había hecho en años, solo basto con que la mirara para derrumbar la muralla. Camino hasta el baño de su habitación y se encerró en él, quería llorar, dejar salir todo, gritar.

Terry se encontraba en el bar del hotel, estaba seguro que esta noche tampoco lograría conseguir dormir, por lo cual pensó que era inútil subir a su habitación, le daba vueltas a su vaso, mientras observaba como las tenues luces del lugar se reflejaban en el líquido ámbar sacando algunas luces, la conversación con Charlie lo había desequilibrado, había tocado sus cimientos y ahora no sabía cómo actuar, no sabía que haría cuando viera a Candy de nuevo.

Ella se levantó, no podía dormir, por más que lo intentara era inútil, dentro de ella un huracán se producía, dejando sin armas, no podía ordenar sus pensamientos, no lo medito mucho, se metió al baño, abrió la ducha y se metió debajo de ella, el agua estaba helada, pero no le importo, así era mejor, salió y camino hasta el armario, saco un hermoso vestido verde agua, ni muy elegante ni muy casual, con una caída libre que la liberaba del modesto corsé, fue hasta el tocador y se maquillo un poco, no sabía a ciencia cierta que hacía, pero de lo que estaba totalmente segura es que no se quedaría en su habitación alimentando sueños absurdos alrededor de Terry.

Bajo y al parecer Springfield no dormía, en el Lobby del hotel habían algunas parejas, ella dudo un poco antes de bajar del ascensor, se armó de valor y salió, tal vez hubiese sido mejor haberle pedido a Patty o Annie que la acompañaran, pero no quería hablar, solo quería dejar de pensar, distraerse, camino con paso decidido y escucho una música que venía desde el restaurant del hotel, se intimido pues no se vería bien que una dama entrase sola a un lugar así y menos a estas horas de la noche. ¡Por Dios Candy! Eres una mujer adulta, puedes ir a donde te plazca a la hora que desees, acaso este mundo es nada mas de los hombres, con tesón entro al lugar, un camarero la observo y se le acerco.

- Buenas noches señorita ¿Le puedo ayudar? – Preguntó con una sonrisa.

- Si… deseo… cenar – Dijo sin encontrar nada mejor.

El hombre la miro un poco extrañado, la verdad no era común ver llegar a una mujer solo a este lugar y menos a cenar pasada las nueve de la noche.

- Por supuesto señorita ¿Tiene reservación? – Preguntó de nuevo el hombre.

Ella puso los ojos en blanco y cuando iba a hablar escucho una voz detrás que la hizo marearse.

- Ella está conmigo. – Menciono Terry en tono posesivo, quería marcar distancia entre la rubia y el mesonero, quien se veía muy cautivado por la belleza de la rubia.

- Por supuesto señor Grandchester. ¿Tiene mesa asignada señor? – Preguntó un tanto nervioso.

- No, pero no creo que usted tenga inconveniente en conseguir una. – Le dijo extendiéndole una propina al hombre.

- Por supuesto señor sígame por favor. – Mencionó al tiempo que caminaba en dirección a la zona vip del lugar.

Terry tomó a Candy del brazo, ella lo miro a los ojos e inmediatamente esquivó la mirada del joven, algo en los ojos de mar, le decían que estaba molesto. Terry no podía creer lo que sus ojos veían, se había levantado de su silla para marcharse cuando la vio entrar, su cabello suelto, cayendo en hermoso bucles sobre sus hombros y espalda, vestida en un hermoso vestido verde agua, que aunque mucho más discreto que el de la noche anterior, marcaba muy bien su hermosa figura. ¿Qué hacía Candy allí, solo y a estas horas? Se preguntó sin salir de su asombro, vio como la chica fue abordada por el mesonero y algo dentro de él se despertó de inmediato, sin explicarse como camino hasta ella y alejo al extraño.

El hombre llamo la atención de Terry haciéndolo volver de sus pensamientos.

- ¿Le parece bien esta señor Grandchester? – Sugirió señalando una mesa en un pequeño cubículo iluminado por apenas una luz tenue, con butacas forradas en terciopelo negro y una mesa de caoba redonda, este tipo de estilo estaba de moda en todo el país y Springfield no escapaba de ello.

- Es perfecta, gracias – Mencionó mirando a Candy, quien ya había tomado asiento y miraba al escenario donde una agrupación de Jazz tocaba.

- ¿Qué desea de tomar? – Le preguntó el mesonero, tratando de fijar la mirada en el actor y no en la rubia.

- ¿Qué deseas tomar Candy? – Le preguntó a la chica captando su atención.

- Lo que tú pidas está bien. – Contestó ella observándolo por un segundo.

- Champagne por favor. – Pidió, no supo porque, tal vez era más adecuado tomar una copa de vino, pero el solo hecho de tener a Candy cerca, era algo que se debía celebrar.

El hombre se retiró dejando a los jóvenes solos, Terry observaba cada detalle de la figura de la chica, ella se sentía observada por él y deseo salir corriendo de ese lugar ¿Cómo se le había ocurrido salir de su habitación a estas horas y llegar a este lugar? Definitivamente Candy White Andley, te estas volviendo loca.

- ¿Estas bien Candy? – Preguntó sacándola de sus cavilaciones.

- Si claro ¿Por qué la pregunta? – Mencionó ella tratando de parecer tranquila, pero sin volverse a mirarlo.

- ¿Qué haces aquí? – Inquirió de nuevo, no pudo evitarlo.

- No podía dormir y decidí bajar un momento. – Respondió ella con la verdad.

- ¿Y te viste como para una fiesta y bajas sola a un bar? – Terry no pudo ocultar la molestia en si voz.

- No veo que eso tenga nada de malo, además no estoy vestida para una fiesta y esto es un restaurant – Señaló ella herida en su orgullo femenino.

Él la miro fijamente, cuanto había extrañado esa fuerza y ese ímpetu del espíritu de la chica, esa manera de desafiar las concepciones e imponer su punto de vista. En ese momento llego el mesero con el pedido, ella se volvió de nuevo para mirar a la banda y se sirvió las dos copas.

- Candy – La llamo extendiéndole la bebida. Ella lo observo por unos segundos y la tomó, para volver a posar la vista en los músicos.

- Me gustaría brindar. – Dijo el joven para atraer la atención de la chica. Ella cerró los ojos sin volverse a él y con la mayor calmar posible se giró - Por nosotros – Mencionó al tiempo que extendía su copa, ella fue tomada por sorpresa y dudo un segundo, Terry le dedico una sonrisa y ella hizo lo mismo. Llevo la copa hasta chocarla con la del chico.

- Por nosotros – Dijo y su corazón se aceleró de inmediato, algo dentro de sí dio un vuelco y bajo la mirada, pues sentía que se había sonrojado, tomo todo el contenido de la copa de un trago para tratar de calmarse.

- Hey! Tómalo con calma. – Le dijo Terry al tiempo que colocaba una mano sobre la de ella. La chica se sonrojo aún más.

- Disculpa. – Menciono con voz apenas audible.

- No tengo nada que disculparte, claro no por ahora, pero si sigue tomando así me tocara llevarte cargada a tu habitación. – Respondió con malicia.

- Por favor Terry, tampoco soy una niña, se controlarme. – Mencionó ella ofendida.

- Si eso lo sé muy bien, aunque no sería la primera vez que te vería tomada. – Menciono y un extraño destello ilumino su mirada.

- No mientas, tú nunca… - Él la detuvo.

- Si mal no recuerdo el día que nos conocimos habías tomado en la fiesta del capitán. – Dijo con su media sonrisa que tanto ella había extrañado.

- Solo fueron un par de copas… y me afectaron porque era una niña, pero ya no lo soy. – Respondió ella sin prever el alcance de sus palabras.

- Eso lo sé muy bien, ya no eres una niña Candy, ahora eres una mujer, una hermosa mujer. – Menciono sin poder evitarlo, mirándola directamente a los ojos. Ella esquivo la mirada de él.

La banda comenzó a tocar una melodía más suave, varias parejas se levantaron y comenzaron a bailar, Terry se llenó de valor.

- ¿Bailarías conmigo Candy? – Le pregunto con voz firme, pero sus ojos reflejaban su nerviosismo. Ella no supo que decir, la verdad si intentaba abrir la boca para decir algo dudaba que su voz lograra salir, solo acepto la mano del chico y camino con este hasta la pista de baile.

Las sensaciones de la noche anterior quedaron completamente opacadas ante la nueva ola que los cubría a ambos en estos momentos, sus rostros se encontraban peligrosamente cerca, Candy podía sentir la respiración de Terry en su rostro, podía sentir las manos de él en su espalda, apretándola, acercándola cada vez más a él, su mirada clavada en ella. Él podía sentir cuan nerviosa estaba la chica, sentir un pequeño temblor recorriéndola por completo, como una diminuta hoja en otoño, que se aferrar al tallo mientras las tempestivas brisas intentan arrancarla, buscaba sus ojos, pero esta le huía, su manos sudaban, las de ella también, aunque en el lugar el ambiente era agradable, ambos desbordaban un calor que los hacía sentirse como en un desierto.

- Creo que me quedo con los valses del Colegio. – Le dijo intentando aligerar la situación, ella sonrió, por fin lo había hecho, y esta vez no era fingida ni ceremonial, era una sonrisa de verdad, en ese momento, las notas cambiaron a una melodía más suave y Terry ya más relajado la comenzó a guiar magistralmente, ella se dejaba llevar, cerró los ojos y se dejó envolver por el aroma y el calor del cuerpo del actor.

Regresaron a la mesa y Terry sirvió un par de copas más, ella lo miro con recelo cuando él se la ofreció.

- Pretende emborracharme señor Grandchester. – Mencionó con un brillo especial en sus ojos.

Él le dedico una sonrisa de esas capaces de matar a cualquier mujer, de esas que hacen que el corazón se dispare a mil.

- Nada más lejos de mis intenciones señorita Andley. – Respondió arrastrando las palabras.

Ella recibió la copa le dio un pequeño sorbo y se acomodó en su asiento mirándolo.

- ¿Cómo has estado Candy? – Le pregunto de pronto. Ella entendió cuál era el verdadero significando de esa pregunta, no era la protocolar que se le hace a los amigos a quienes no vez desde hace mucho, esta pregunta era mucho más personal, guardaba dentro de ella mucho más interés.

- Yo… he estado bien Terry, haciendo lo que me gusta, rodeada de buenos amigos… ¿Tú cómo has estado? – Esta vez fue ella la que pregunto.

Él se quedó callado mirándola, observando los hermosos rasgos de la chica, tomó de su copa sin dejar de mirarla, el silencio era abrumador, extendió la mano sobre la mesa para tomar la de la rubia.

Continuara…