Enigma

El ruido de las aves lo hizo abrir los ojos de pronto, su cuerpo se sentía lastimado desde dentro, su estómago parecía enfadado por la poca contemplación que tuvo al beber alcohol de esa manera, los recuerdos de la noche anterior vinieron a su mente, aunque algunos fueron por completo olvidados, lagunas mentales en las que no se interesó, después de todo, es un romano, un centurión. Se sentó aun en la cama, sintiendo el giro del mundo a su alrededor acompañado de un dolor de cabeza que le hizo quejarse y apretarse con sus propias manos, como si quisiera detener todos los síntomas de la resaca.

Justo en ese momento la puerta se abrió y a través de ella entró su esclavo, Esca le traía un buen remedio para sus malestares, eso fue obvio al ver el plato hondo y tosco tallado de madera que traía entre sus manos, es normal que un esclavo se preocupe por su amo, sobre todo si es alguien a quien le debe la vida. Sus pasos fueron rápidos y normales, sin mostrar vacilación alguna, simplemente cumpliendo con su deber.

-Toma esto, te servirá. –le habló con autoridad, una a la que Marcus ya se ha acostumbrado y a la que no arremete, un suceso nada natural entre amo y esclavo. Obedeció, recibiendo el plato sin dudar y bebiendo el líquido con premura.

-¡Argh! –escupió parte del líquido que aun se encontraba en su boca, aunque tragándose el que ya había entrado en su garganta. -¿Qué es esto? –preguntó con el rostro contorsionado en una mueca de asco y tratando de entregarle el plato.

-¿Quieres salud o dulzura? –cuestionó sin tapujos, siendo más insolente que de costumbre, como si quisiera vengarse de algo, que claro, razones tiene, pero como esclavo no posee ninguna clase de beneficio para atreverse a cuestionar las acciones de su señor. El centurión lo miró con recelo, no que dudara de Esca, pero le preocupó la manera en que le habló, rara vez se mostraba tan hostil. Bebió el liquido con dificultad y haciendo caras, pero se lo acabó y luego le entregó el traste provocando una sonrisa extraña en el esclavo.

-¿Mi tío, como está? –preguntó sin más, no sintiéndose mejor, pero esperanzado en que así lo fuera dentro de poco. –Solo recuerdo haber brindado con ellos y después… nada. –Esca le dedicó una mirada de desconcierto.

-Está mejor que tú si eso preguntas, es un anciano muy inteligente. –y con la inteligencia se refería, esta vez, exclusivamente a su habilidad para saber controlar la bebida, el anciano romano se levantó casi con la misma energía de un joven como Marcus, que demostró su inexperiencia a la hora de tragarse los tarros de vino.

-Ya lo creo, mi padre y él sabían cómo festejar. –recordó un momento de niño, cuando su padre hizo una gran fiesta luego de convertirse en el comandante de la novena legión, un hecho que le valió poder y prestigio a los Aquila. Ese recuerdo le hizo soltar un bufido de melancolía, pues esos fueron tiempos en que nada importaba, más que el orgullo de su padre y la felicidad de ser un niño con un futuro prometedor.

-¿Porqué lo haces? –preguntó de pronto el esclavo, mirándolo con intriga y reproche a la vez, luego intentó continuar pero el centurión levantó su mano y se lo evitó, decidió ponerse de una vez de pie y empezó a quitarse algunas de su ropas, demostrando su intención de darse un baño y evitando por completo cualquier conversación que lo llevara a enfadarse de nuevo con el britano. Fue así como el esclavo entendió y de inmediato fue a traer el agua necesaria, no fue sorprendente para el romano que el tiempo en hacerlo fuera el menor que un esclavo pudiera realizar, en cuestión de minutos tenía la tina de baño a su disposición, no siempre lo hace así, pero esta vez no tenía ganas de salir de su habitación hasta que no se encuentre limpio en su totalidad.

-¿El senador sigue aquí? –preguntó, desnudándose por completo frente a Esca y acercándose a él sin tapujos, casi como si quisiera incitarlo a que lo tocara, pero el menor clavó su ojos en los del otro con fiereza, como demostrándole que no cedería tan fácilmente.

-Así es, de hecho, tu tío te quiere cuando antes en el comedor. –no causó verdadero revuelo que se lo dijera hasta ese momento, pues en realidad todo ha sido tan rápido como se lo ha permitido. Marcus entró a la tina y se sentó dentro de ella, demostrando absoluto placer por el contacto con el líquido, ante ello, Esca tuvo que reprimir cualquier comentario y ponerse a su labor de limpiarle.

-Los senadores son unos idiotas, ninguno de ellos conoce la realidad de las legiones que han viajado fuera de Roma, se limitan a ordenanzas mediocres que sólo legitiman su poder sobre el resto de las naciones. –sus palabras, aunque sorprendentes para Esca, fueron su sentir sobre los hombres del Senado. –El romano perfecto debe ser tan buen político como estratega en la guerra. –cerró los ojos y dejó que Esca empezara a pasarle una fibra vegetal por los hombros.

-Yo solo veo simples hombres avaros. –habló, provocando un resoplido burlón por parte de su señor; siguió entonces hasta el pecho de Marcus, pasando con rapidez pero logrando hacerle sentir a gusto con sus movimientos.

-Lo son, ellos no saben nada de la guerra y su temor por perder su poder los ha llevado a conquistar los pueblos vecinos, entre ellos a ustedes. –esa conversación no es algo que se pueda llevar con tanta tranquilidad, pero Marcus no tuvo la intención de ofender. -¿Podría ser que mejor hiciéramos la paz? –la pregunta llegó tan ilógica como lo que empezó a decir.

-¿Te burlas? ¿No nos han conquistado ya? –cuestionó el britano, dejando caer un poco de su peso sobre la espada de Marcus, para que reconociera su enfado, sin embargo, no causó verdadera conmoción en él, que se limitó a resistir.

-Hay algunos que siguen siendo hostiles, duros, incapaces de aceptarnos. –abrió los ojos luego de algunos momentos, observando como su esclavo seguía tallándole el cuerpo, aunque esta vez en la piernas. Sin temer rechazo alguno, dejó caer su cabeza en el regazo de Esca, que sólo ignoró y siguió con su labor, ese tipo de provocaciones no son suficientes para doblegar su arrogancia, mucho menos sus palabras.

-La codicia, la desfachatez, el asesinato, la vejación, la violación… nada de eso es algo que se pueda aceptar. –para Esca empezó a ser dolorosa aquella conversación, pues le recordó el día en que su pueblo fue atacado, conquistado, masacrado y esclavizado. Intentó irse de ahí, pero Marcus, previniendo lo que haría, lo detuvo de un brazo y lo hizo mirarle, se encontraron tan cerca como nunca antes. Por suerte Esca no se opuso, solo correspondió a la mirada, esperando algún argumento que le hiciera pensar de otra forma, algo difícil desde su perspectiva.

-No todos somos iguales, algunos tenemos la capacidad de respetar, de admirar y hasta de amar. –la noche anterior reconocieron sus sentimientos, ahora solo necesitan dar un paso para dejarse llevar como lo desean en su interior, Esca miró los labios de Marcus y sus ojos una y otra vez; la distancia se fue acortando según el atrevimiento del romano, aunque de manera inteligente lo hizo con lentitud, como si esperara que el propio britano terminara con la distancia.

-¡Marcus! –justo en ese momento entró el tío del centurión, no esperándose a que le abrieran la puerta y encontrándose con la escena, misma que de inmediato trataron de disimular, con un Esca saltando como siervo hacia atrás y un Marcus tratando de comportarse con toda la normalidad que le fue posible. –Ha llegado el sobrino del senador, será mejor que te des prisa. –el anciano sólo los miró con detenimiento y aparente decepción, luego regresó sobre sus pasos, cerrando la puerta antes de alejarse.

-Mis ropas. –habló, pero no como orden, sino como súplica, pues ahora ya no tiene las ganas de hablarle mal a Esca, todo lo contrario, su necesidad por saber qué es exactamente lo que siente por él le está llevando a ser todavía más condescendiente de lo normal. Sin decirse más terminaron su labor, dejando al romano presentable para desayunar con los políticos. –Me alcanzas. –le dijo al esclavo, mirándole con comprensión para luego salir de la habitación. Esca entendió aquello como una orden para limpiarse y presentarse a su lado en cualquier momento, pero seguramente lo más pronto posible.

Cuando Marcus entró al comedor se encontró con su tío y los demás siendo atendidos por los esclavos, la comida recién llegó, así que no fue ninguna ofensa para los políticos que llegara justo a tiempo. –Acércate Marcus, quiero presentarte al sobrino del senador, Maro Tullius Sulla, político como su tío aquí presente. –el joven se levantó de su asiento y se adelantó para saludar al centurión. Marcus pudo imaginar con facilidad el tipo de actitud que tiene, su aspecto limpio, su rostro arrogante, sus facciones delicadas y su mirada despectiva, le dejó clara la clase de persona con la que está por tratar.

-Es un placer conocerte Marcus, se conoce tu gran hazaña hasta Roma. –el hombre sonrió con aparente respeto, aunque el guerrero pudo imaginar sus pensamientos burlones por la tragedia que se cierne sobre su familia desde hace muchos años, sabe perfectamente lo que piensa la mayoría de los senadores luego de que se perdiera la novena legión, aun no comprende cómo su tío acepta la visita de algunos de ellos, aunque diga que no todos son iguales.

-Servir a Roma es una obligación, yo sólo he hecho lo que me corresponde. –saludó con respeto al político y luego volvieron a sus asientos, aunque pudo ver una mirada muy descarada por parte del muchacho, claramente se siente atraído.

-Es un joven muy inteligente para su edad, ha demostrado sagacidad y audacia, poco comunes hoy en día entre los miembros del Senado. –empezó a decir Aquila, llamando la atención de todos, aunque Tullius miraba de reojo a Marcus, que sencillamente lo ignoró. –Eso me preocupa un poco amigo, nuestros descendientes han demostrado ser muy capaces, dentro de poco prescindirán de nosotros. –se hizo una risa en la mesa, una que se apagó con el pronto movimiento de cucharas, al tiempo que se inició una plática muy común, los políticos siempre tienen temas de qué hablar, aunque la mayoría de ellos no son tan interesantes como Marcus desearía.

Unos minutos después llegó Esca por una de las puertas, su entrada llamó la atención de Aquila y el sobrino del senador, sobre todo cuando se colocó al lado de Marcus, quien al mirarlo le dio una ligera sonrisa, para nadie es normal una reacción de ese tipo, por lo que el joven Tullius empezó a mostrarse un poco más hostil que al principio, ordenando con fiereza a sus esclavos, todo lo contrario a Marcus, que siempre pareció respetar al britano.

La conversación siguió siendo trivial entre todos, pero la mirada recelosa del joven político no dejó de ser la misma en todo ese tiempo, mucho más cuando observó que Esca atendía exclusivamente a Marcus, ni siquiera Aquila se atrevía a ordenarle algo, incluso ignoró cualquier movimiento y mirada que fuera de más en aquel par. Para un romano es indignante que otro de ellos tenga quereres con algún esclavo o bárbaro, se consideraba deleznable y juzgable hasta cierto punto.

-Tú, sírveme más vino. –la repentina orden de Tullius llamó la atención de Marcus, que miró de reojo como sus tíos seguían hablando encarnadamente sobre la política en Roma. Esca miró al romano con sorpresa y aunque se movió para obedecerle, Marcus lo detuvo de una mano.

-Ocupa a tus esclavos. –las palabras de Marcus fueron claras y contundentes, provocando una mueca de asco en Tullius. Por fortuna fue un ligero conflicto que se dio entre ellos tres, la mirada de Esca sobre Tullius fue por completo de desagrado, a Marcus le debe fidelidad absoluta por salvarle la vida, respeta a su tío por serlo, pero muy diferente es con cualquier otro romano y no está dispuesto a soportarle ninguna humillación.

-Tranquilo centurión, no robaré ninguna de tus pertenencias. –de la nada el joven político mostró una sonrisa cínica y aparentemente normal, pero ninguno de los otros dos se tragó su hipocresía.- Mejor brindemos. –levantó su copa y se la presentó al guerrero, que sencillamente hizo lo mismo, pero sin dejar de mirarle con escepticismo. –Que sea por los valientes guerreros que dan su vida por Roma, por aquellos que han enorgullecido al pueblo y no por los que lo han deshonrado. –entonces todo volvió a ser complicado, Marcus se levantó de su asiento con fuerza y con la mirada furibunda.

-¿Me ofendes en mi propia casa? –preguntó, con la mandíbula apretada y el rostro más serio que nunca, los ancianos tíos se dieron cuenta de lo sucedido y pronto se pudieron de pie, Aquila escuchó todo, de hecho observó cada detalle de su discusión, a pesar de que su viejo amigo senador parecía muy ensimismado en su plática privada.

-Marcus, tranquilo, ¿es que no reconoces la desvergüenza de los políticos? –ante ello su amigo senador se echó a reír sonoramente, provocando que se desconcentraran de la repentina hostilidad y la calma volviera poco a poco.

-¡Eh Aquila, tú siempre tan irreverente! –habló el senador, golpeando la mesa. –Eres el único que conozco que se atreve a hablar mal de un político y en su propia cara, si no tuvieras los honores del César, te aseguro estarías muerto. –los ancianos rieron como si nada, levantando sus copas y brindando por el sin sentido de sus palabras. –Sigue los consejos de tu tío muchacho, que seguro aprenderás más de lo que puedas imaginar. –agregó, pero a Marcus, que sin duda supo entenderlo como un halago. –Y Tullius, un buen político sabe cuando mantener la boca cerrada. –sin duda fue un regaño severo para su sobrino, quien se limitó a sonreír y mal mirar a Marcus.

El resto de la comida fue menos estrepitosa y no hubo más altercados como ese, aunque la hostilidad entre Tullius y Marcus fue palpable, sin embargo, en ese momento no hubo mayores provocaciones, ambos saben las consecuencias de una mala palabra, sus tíos, aunque ancianos, tienen autoridad sobre ellos, las leyes romanas son algo que no se rompe con facilidad. Horas más tarde se despidieron de los políticos, esa visita fue corta, pero sustancial según palabras del senador, pues de hecho su objetivo fue buscar el apoyo de Aquila en cuestiones de gobernanza, al parecer muchos empiezan a creer que la figura del príncipe es demasiado poderosa para un solo hombre. Aunque Tullius y Marcus se despidieron con cortesía, se dejó ver claramente la hostilidad, mucho más cuando dedicó una mirada despreciativa a su esclavo.

El centurión decidió ir directo a sus aposentos una vez que estuvo en libertad de hacerlo, al llegar se quitó sus buenas ropas con ayuda de Esca, que hasta ese momento no sabía si decir algo, aunque de hecho su silencio fue muy festejado por Marcus pero dentro de su cabeza; fueron minutos en que se dedicaron a acciones cotidianas. –Tengo que encontrarla… -hablo de pronto el romano, provocando que el britano frunciera el entrecejo, entonces se giró a su esclavo y lo miró a los ojos. –Encontraré el águila de la novena legión y devolveré el honor a mi familia. –sus palabras fueron claras. -¿Vendrás conmigo? –Esa pregunta llevó un tono de súplica muy bien manejado, aunque Esca no respondió, sólo lo miró.

Continurá…

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Debo decir que no tenía una clara idea de hacia dónde llevar la historia, pero cabe destacar que tendrá muchas ideas del filme, para que sientan que haré muchas cosas diferentes, aun así espero que sea de su agrado. Agradecimientos a quienes han agregado la historia a sus alertas, favoritos o a seguirla simplemente; especialmente a quienes han dejado un review: Les Folles Rieuses, Cocoliso-Ull de gat, Segreta, Ikiluk, Aribeth19, Israphel, debó decir que son más seguidores de lo que esperaba y eso me animó a continuar, espero cumplir con sus expectativas y que me digan si les agrada el rumbo que le voy dando. Saludos a todos.