El rumor de que el heredero Malfoy buscaba una persona con quien compartir apartamento se esparció en las siguientes semanas de manera exagerada. Las clases acababan de comenzar por lo que, al parecer, todos ya tenían un lugar donde vivir. Aun así, las personas comentaban sobre la noticia.

Blaise escuchó a una chica decir que estaba tentada a salirse de las residencias estudiantiles con tal de apreciar a Draco recién despierto. Sea como sea, cientos de personas aplicaron para la posición. El rubio, aunque con el ego inflado, estaba de mal humor porque nadie realmente iría a vivir con él.

- Nadie acepta semejante precio, no importa si eres algo así como un príncipe. – le comentó Blaise una tarde mientras veían al equipo de futbol femenino entrenar.

Les gustaba pasar el tiempo en aquel lugar. Las chicas deportistas no tenían tanto interés en ellos, dado que ninguno era realmente musculoso o mostraba interés en mantener su cuerpo. Por otra parte, a ellos sí les gustaba el cuerpo de las chicas deportistas.

- Mis ahorros no son suficientes para pagar más del 35% y lo sabes – repuso Draco, siguiendo con la mirada el balón. – Y mucho menos para pagar la mensualidad yo solo.

- ¿Has pensado en cambiarte de casa?

Draco lo miró, un tanto molesto. Ya habían pasado dos semanas desde que había colocado el anuncio en todos los tablones de información de la universidad y, a pesar de recibir muchas llamadas, no lograba encontrar a alguien digno de compartir casa con él. No es que fuese muy estricto o que estuviese poniendo muchas reglas, pero las personas simplemente perdían interés. Grupos de chicas iban a su apartamento, a investigar la habitación desocupada, y ahí perdían interés.

Blaise le había comentado que la habitación era estándar para el precio que estaba pidiendo. Draco sabía que tenía razón, pero era la única opción accesible que no involucrara la idea de rebajarse a ser empleado de alguien. Por amor a Dios y todos los santos, él era Draco Malfoy y estudiaba Política. Toda su vida indicaba que él sería alguien grande en la vida.

- ¿Qué pretendes? ¿Qué viva en una pocilga?

- Te lo digo, amigo, nadie en su sano juicio pagaría por esa habitación.

Cuando la práctica terminó, todas las chicas se reunieron por la entrada, murmurando y de vez en cuando mirando en dirección a los dos chicos. Estos ya sabían lo que sucedía: a todos los equipos de deportes se les asignaba un terapeuta físico, así como un combo de estudiantes de primer ingreso. Además del cuerpo de las chicas, Blaise y Draco disfrutaban presenciar lo nerviosos que solían ser estos estudiantes. Las personas recién ingresadas a la universidad solían lucir perdidas y un poco torpes.

Un chico de cabello rubio se tropezó y cayó en los pies de una de las futbolistas. Draco y Blaise rieron estruendosamente. Algunas chicas del equipo de futbol disimularon una sonrisa. Al chico lo ayudó a levantarse una pelirroja de cuerpo delgado pero musculoso. El chico se disculpó con la futbolista y las otras participantes del equipo. Tenía la cara roja y el uniforme sucio.

Estaban tan ocupados observando esto que no se dieron cuenta que la pelirroja se acercó a ellos, molesta.

- ¿Disfrutando la tarde?

- Sí, gracias por preguntar. – respondió Blaise. Draco sonrió burlonamente.

- ¿No están muy grandecitos como para burlarse de los de primer ingreso?

- Tan solo estamos en tercero… - murmuró Draco, sin quitar la sonrisa de su rostro.

- Para el caso, ¿no estás muy… - Blaise miró de abajo hacia arriba a la chica – pequeñita para gritarnos?

La chica se volvió tan roja como su cabello. Ambos chicos sonrieron con satisfacción. Ella abrió la boca para responder, pero Blaise se le adelantó al ponerse de pie. Draco lo imitó.

- Qué disfrutes la tarde, pequeña Weasley.

Ambos comenzaron a descender por las escaleras. Mantenían una pequeña sonrisa en el rostro, apenas visible desde lejos. Solían burlarse de otros con sarcasmo e ironía, por lo que no tenían intención de ser obvios.

- ¿Hermana de Ronald? – preguntó Draco. Blaise asintió y echó una mirada rápida a la pelirroja que no se había movido ni un centímetro. – Con razón es tan explosiva.

Blaise decidió invitar a su amigo a comer, por lo que pronto se encontraron en un restaurante cerca del campus. Era italiano y famoso por su fetuccini al pesto. Ellos eran clientes regulares, dado que almorzar o cenar en el comedor de la universidad era un poco del pueblo (según Draco). La mesera se acercó y tomó su orden. Era una chica rubia, bastante delgada y con el cabello en una larga trenza; sus ojos eran casi celestes y mucho más grandes para su cara.

El moreno le sonrió coquetamente, como era usual, pero, para sorpresa de ambos, ella no se sonrojó ni dio señas de sentirse nerviosa o cohibida. Ella sonreía amablemente, como una buena mesera. Draco ordenó por ambos y la chica posó la mirada en él por primera vez.

- Tu eres Draco Malfoy. – exclamó ella. Ambos chicos hicieron una mueca dado que no fue una pregunta. El rubio asintió, incómodo. – Ahora no puedo hablar, pero yo estoy buscando un cuarto para rentar.

La chica se marchó. Blaise la siguió con la mirada, sin poder disimular el disgusto. Para su sorpresa, Draco también la miraba, pero con una media sonrisa.

- Oh no, Draco, no me digas que lo estás considerando… - el rubio ensanchó su sonrisa, complacido. – He oído de ella. Laura o algo, va a Hogwarts, en la carrera de diseño gráfico… Dicen que está loca.

- Su uniforme decía Luna – informó casualmente.

- Draco, yo sé que estás desesperado, pero…

- Tu lo dijiste, Blaise, nadie en su sano juicio pagaría por la habitación.