-Y bien, aquí está mi cuarto- presentó el moreno, bajo la incrédula mirada de los otros dos.

Sucrette no sabía bien qué decir. Y es que, en realidad, ese cuarto no era nada de lo que ella esperaba. De alguna forma esperaba una habitación con ropa sucia cubriendo cada rincón, con paquetes de golosinas, posters de videojuegos cubriendo las paredes y videojuegos en el suelo. Pero no. Frente a ella, una habitación absolutamente normal y ordenada. Incluso más que la suya, lo cual la avergonzó ligeramente.

-Bonito- murmuró ella, sabiendo que el comparar a Armin con estereotipos frikis lo molestaba.

-¡Gracias! El recorrido continuará en dirección a la azotea, sígame señorita- Y, diciendo esto, la tomó suavemente de la mano, guiándola fuera del lugar.

Alexy, en cambio, prefirió quedarse en la habitación. Comenzó a pasear su vista, escudriñando cada rincón, cuando una idea pasó por su mente. Se dirigió rápidamente al armario y, de un tirón lo abrió, cayendo sobre él una montaña de ropas y chucherías de todo tipo. Bien, al fin había encontrado el cuarto de Armin.