Hola gente, prometí que aparecería a mediados de mes, así que cumpliré mi promesa. Estamos a 13 y es sábado, pero da igual eso.
Me gustó recibir tantas buenas apreciaciones de la historia, así que haré todo lo posible por escribir y subir dos veces al mes (si es que los estudios y la preparación para entrar a la Universidad me lo permiten).
He aquí el segundo capítulo.

Disclaimers: Hetalia no me pertenece, es una creación de Hidekaz Himaruya, la canción de los Beatles que se menciona tampoco es mía, claramente.


Un largo suspiro se disparó desde los labios finos del asiático, caminó hacia la larga fila donde podía retirar su comida y se quedó allí, hasta que por fin llegó al frente y pudo retirar su bandeja llena de alguna que otra cosa, miró a su alrededor y divisó la mesa donde se encontraba Anya junto a Marianne, justo en ese instante llegó Arthur a la mesa con su bandeja… Y se sentó al lado de la castaña de ojos azules. Yao suspiró nuevamente y se acercó, para sentarse al lado de la rusa, ella sonrió y sus ojos violetas brillaron con violencia, Yao pensó que se veía aún más bonita que de costumbre y un pequeño rubor invadió sus mejillas. Llevó su vista al plato de comida y empezó a comerse el arroz, le había costado acostumbrarse a los tenedores, cucharas y demás cosas, pero no lo hacía tan mal. Todos comían y conversaban, peor el chino seguía turbado, esa noche debía contarle, definitivamente, y era ahora mismo que debían ponerse de acuerdo para intercambiarse de habitación. Él iría a la de las chicas, y Marianne a la de ellos. Sí, eso debía decir… En el momento que iba a levantar la voz, apareció junto a ellos el albino de ojos rubí, Gilbert, con una sonrisa socarrona, acercándose precisamente a donde estaba Anya. El alemán se sentó en la mesa, con una bandeja con una gran salchicha y un poco de arroz. El chino se mordió la lengua e intentó no parecer molesto.

─Querida Anya, meine liebe… ¿Cómo te encuentras? ¿Estás disfrutando tu comida? He venido a hacerte una asombrosa compañía… No me gusta verte tan silenciosa en momentos donde lo mejor en conversar largo y tendido ─sonrió el alemán, para todos y Yao se incluía, no era más que un donjuán, aunque el chino tenía el miedo de que realmente estuviera enamorado de Anya… Y claro, en su cabeza él no concebía la idea de que alguien no pudiese enamorarse de ella.─

─Qué dulce eres, Gil… Me encuentro bastante bien, anoche no pude dormir casi nada, y hoy finalmente podré hacerlo… ¡Oh, cuánto deseo poder descansar! Aunque antes podría leer un poco o algo… Y si me preguntas por la comida, sabe bastante bien, extrañaba las sopas tipo crema, en Rusia las comía mucho ─la rusa siguió comiendo, mientras el alemán le hablaba mucho… Y… Realmente mucho.─

Luego de la comida, todos se fueron a sus habitaciones, Yao no consiguió hablar con la rusa porque el albino no le dejó, con tanta palabrería… ¡Cuánta rabia le daba todo eso! Pero no podía ser tan evidente. Arthur notó que no había pasado nada, y se puso de pie, saliendo de la habitación, dejando inclusive su guitarra en el suelo. El chino no le dio importancia porque tenía los ojos cerrados, y a ratos miraba únicamente el techo. Rato después apareció el inglés con Marianne a su lado.

─Yao, Anya te está esperando, quiere que conversen… Y Marianne se quedará conmigo esta noche, para que no te preocupes ─dijo el rubio de ojos verdes mientras la francesa entraba en la habitación. El chino se puso de pie y salió, Arthur cerró la puerta y comenzaron a conversar con la castaña de ojos color mar.─

El castaño de ojos marrón, entró en la habitación, como solía hacerlo, la pálida rusa de cabello ceniza se encontraba sentada en su cama, con un libro en la mano y un aspecto tranquilo, tanto así que no se percató de que Yao ya se encontraba dentro. Miró al lado y lo vio, regalándole una sonrisa animada. Puso el marcador en el libro y lo dejó en su mesa de noche, se incorporó y fue a abrazar directamente al chino, quien, estático, no supo qué hacer, pero finalmente correspondió al abrazo.

─Debes estar molesto… Y no puedo disculparme, es que Gilbert habló toda la cena y yo quería conversar contigo… No pudimos ponernos de acuerdo, Arthur me habló sobre eso… Lo siento mucho. ¿No quieres tomar un café conmigo? Prometí que dormiría toda la noche, pero… Ahora quiero que conversemos, como siempre lo hacemos cuando logramos cambiarnos de habitación… ¿Está bien?

Las piernas de Yao temblaban, su rostro ardía… Y quería seguir teniendo a la rusa en sus brazos, asintió tímidamente y ésta le sonrió. Yao se recostó en la cama de Anya, ella se recostó encima de él y comenzaron a hablar… Era una tortura en todos sus aspectos, le acariciaba el cabello, pero no podía hacer nada más. Se había prometido contarle todo esa noche, pero no podía hacerlo… No podía.

Pero como ustedes entenderán, donde reina hormona no manda neurona, y el chino, de un momento a otro quedó mirando fijamente a Anya, quien no entendía bien lo que estaba sucediendo, pero tampoco lo evitó. Cuando ya sus narices se estaban rozando, la rusa intentó detenerlo… Pero no pudo, sus labios ya se habían encontrado, y ya no era posible parar. Se dieron un tímido beso, se notaba que ambos no habían dado muchos en su vida ─por no decir ninguno─, y, ¿qué más se podía hacer? Ella claramente no comprendía, intentó explicarse eso con excusas muy torpes… Él sólo quería saber qué se sentía estar así con alguien… Y ella era lo más cercano. Ilusa, no comprendía los sentimientos que despertaba en el chico. Luego de un par de besos, ambos se separaron y el asiático se puso de pie… Caminó, y se sentó en la cama de Marianne, la que estaba perfectamente hecha.

─Yao, ¿qué es lo que te pasa?

Él no habló.

No se sentía en condiciones de hacerlo, ni mucho menos.

─¡Te estoy hablando, hombre! ─ella empezaba a molestarse, hasta que se le acercó y le quedó mirando… Pero él no dijo nada─: ¡Te he dicho…! ─pero no pudo continuar, la había tomado de nuevo y se había dirigido a su boca, la sentó sobre sus piernas y no la soltó en demasiado tiempo… Tocó su cuerpo mientras la besaba, como quien hace algo que se había estado aguantando hace tiempo.─

A Anya no le molestaba.

Ella igual lo quería.

Pero siempre lo pensó como un imposible, y para quien está en una situación así con alguien que consideraba inalcanzable, no es muy fácil decir que no. Antes de que la situación cruzara otros límites, la rusa reaccionó, y empujó a Yao un poco, comenzó a analizar la situación en la que se encontraba y no la entendió.

─¿Qué significa esto? ─preguntó de manera golpeada─, no lo comprendo… Tú me dijiste… O sea… ¿Me has mentido todo este tiempo, o es que ahora te diste cuenta de que te gusto?

No podía seguir mintiendo.

─No ─dijo aseverando─. Siempre me gustaste.

Anya quedó estática, un aura oscura la invadió, y sintió fuertes ganas de llorar.

─¡Quién te crees para haber jugado así conmigo! ─apretó los puños, quería matarlo en ese momento.─

Él se puso de pie y la miró a los ojos.

La tomó y volvió a besarla.

Ella lo golpeó un poco, pero finalmente se dejó llevar por el beso.

Se tocaron, se sintieron… Y además, durante todo esto, se escuchaba la música de la pieza contigua. Arthur le estaba tocando a Marianne, canciones tan bellas que ella deliraba, y ambientaban de cierta forma la situación en la que se encontraban el chino y la rusa. Yao besó el cuello de Anya, quien se encogía de cierta manera… Su respiración se acortaba, y nada parecía importar ya. Seguían escuchando la música, que no hacía más que poner aún más tenso el ambiente… The Beatles y Queen, quién lo diría… Under Pressure sonaba, y ellos en la cama de la rusa, ya no sabían dónde estaban, Yao era casto, no tenía la menor idea de lo que tenía que hacer, y fue todo nacido del corazón, de la pasión acumulada. Anya, ella, estaba donde quería estar y con quien quería estar… No podía sentirse mal, tal vez por el pequeño dolor en su corazón estaba haciéndolo aún mejor de lo que se imaginaba. Tenía rabia, pero ese era su lado racional, el lado sentimental estaba completamente entregado, y se dejaba querer.

Wait sonaba desde la guitarra de Arthur, y Anya gritaba desde debajo del asiático.

But if your heart breaks
Don't wait, turn me away
And if your heart's strong
Hold on, I won't delay
Wait till I come back to your side
We'll forget the tears we've cried

Luego de un rato, todo parecía calmado, excepto Anya, ella estaba enfurecida. Se sentó en la cama y se recogió el cabello, mientras Yao se colocaba la ropa.

─Espero que esto te haya gustado, porque nunca más volveremos a vernos ─dijo la rusa con una expresión fría y triste─, de todas formas, estamos a punto de salir de aquí, con que no nos hablemos en un tiempo no importará. Nunca más volveremos a vernos… ¿Está bien? Supongo que le contarás todo a Arthur, y, en lo personal no me importa demasiado si lo haces. Mejor así, de hecho, para que él entienda que ya no podrás dirigirme la palabra.

─Está bien, acepto. Y si quieres saberlo. Sí, me gustó lo que acaba de pasar, y no quiero que sufras más por mi culpa, razón por la cual no volveremos a vernos.

Yao se puso de pie y salió de la habitación, en cuanto la puerta se cerró Anya explotó en llanto, estuvo así mucho tiempo, Marianne entró a la habitación y rápidamente se ubicó a su lado, abrazándola y acariciando su cabeza… "¿Qué ocurre?", preguntaba, pero la rusa no podía emitir palabra. Su rabia y desesperación era demasiada, y se sentía confundida, no sabía si había estado bien entregarse de esa forma, ni tampoco haber explotado así contra Yao, sin siquiera permitirle explicarse de mejor manera. Después de todo, había una razón para no decirle que si le gustaban las mujeres, y que específicamente le gustaba ella… Aún así, en ese momento, ella estaba tan dolida y no era lo suficientemente madura para comprender todo.

Se durmió en el regazo de Marianne, quien la cuidó hasta que también se quedó dormida, a la mañana siguiente la francesa le avisó a dirección y a los profesores que Anya estaba realmente muy enferma y que no podía asistir a las clases. Días después, Anya fue cambiada de habitación, y por consiguiente de grupo de trabajo.

Pero con todo esto no terminará esta historia, ni siquiera con el hecho de que se graduaron y pasaron 7 años desde todo eso. Anya estaba ensimismada en trabajar como profesora de Historia, y finalmente logró sacar dicha carrera, lo que no sabía es que Yao igual entró a la Facultad para ser profesor, aunque de una carrera mucho más distinta a la suya. Ciencias. Quería ser profesor de Ciencias. Arthur y Marianne finalmente habían establecido una relación, con el temor latente de su hermano Scott, ya que el rubio insistía en que su mayor y pelirrojo hermano pretendía a su hermosa novia. Otro personaje interesante aquí es Gilbert, que comenzó una especie de relación con Anya luego de todo, ya que ambos se encontraron luego en muchas partes donde estudiaron… Aunque no era nada realmente serio, ya que el alemán si bien estaba enamorado de la rusa, constantemente le mentía en aspectos pequeños.

La historia de lo que pasó después de todo esto no la sabrán ahora, pero tengan confianza en que lo harán pronto.


Espero que les haya gustado, y no me quieran matar... No, en serio xD
Por lo mismo no diré donde vivo xDDDDDDDD
Saludos para todos, y nos vemos en Octubre.