Nota de autora: Bien, bien, bien... Creo que esto tuvo una aceptación considerable. Deseo que todos hayan tenido una feliz navidad y un buen inicio de año, y como pueden ver decidí arrancar con una actualización. Sí: sé que debería estar actualizando con el capítulo final de Cherry Popper, pero sigo poniendo en orden mis pensamientos para el gran final, no desesperen, prometo esforzarme para no tardar tanto. Dejen muchos reviews, porque "se viene" lo bueno en el siguiente capítulo.
—… Pero entonces yo le dije: "mira, zorra, si quieres quedarte con mi basura, ¡adelante!", ¿y sabes qué hizo la muy estúpida?
Bonnie ya no se enteró de lo que hizo "la muy estúpida" –quien quiera que fuese –porque estaba ocupada buscando un escondite y terminó metiéndose al clóset, cerrando la puerta y tratando de encogerse lo mejor que podía para no delatar su presencia. Estaba consciente a plenitud de lo ridículo de su situación: llevaba días evitando a Marceline y actuando como si no existiese, incluso estando juntas en la habitación, todo desde lo que pasó, y ahora llegaba al punto de meterse a un clóset, todo para no verle de frente en vez de salir por la puerta como las personas normales.
La puerta se abrió luego de un agónico minuto en el que Bonnie se sintió sudar, y Marceline entró acompañada de Lily, una de sus amigas… Bonnie tenía una particular aversión a esta última y frunció el ceño al espiar por las rendijas y ver que Marceline le miraba fugazmente el trasero para volver a alzar la vista con expresión culpable.
—Bueno, ¿por qué te importa? Hace meses que no sales con Brad. —preguntó Marcy después de aclararse la garganta.
—Es por principios, cariño. —Lily volteó y acarició a Marceline hasta que esta tragó tan audiblemente que a Bonnie le pareció escucharlo.
—Bueno, pero tú has hecho lo mismo incontables veces, ¿no? Quiero decir, empiezas a salir con chicos que tienen novia y…
—Eso es diferente.
— ¿Diferente en qué? —la voz de Marceline temblaba y no era para menos: Lily continuaba con sus manoseos hacia ella y parecía bastante divertida.
—Porque ninguno de esos chicos sabe qué es el verdadero placer hasta que me conoce, y una vez que termino de usarlos… Bueno, quedan hechos poco más que un despojo, si entiendes lo que quiero decir. —se escuchó un tintineo metálico que Bonnie reconoció como el sonido de un cinturón siendo manipulado. —Pero contigo no tendría problemas, ¿cierto?
—Lily, por favor. —Marceline le apartó la mano con fuerza y fue a sentarse sobre la cama, suspirando.
—Ay, qué aburrida. —Lily se sentó a su lado, cuidando muy bien de restregarle los pechos en el brazo. —Sabes bien que tengo la capacidad de complacerte, ¿no? Digo, sé que lo ideal es que desvirgues a alguna chica en un ritual pero creo que yo te puedo servir bastante bien.
— ¡Ya deja de hacer eso!
— ¿Hacer qué?
La cama crujió y Bonnie escuchó jadeos y súplicas por parte de Marceline, mientras Lily seguía con su parloteo y sus intentos por desvestir a su amiga.
—Ya sé: es por tu preciosa compañerita de cuarto, ¿no? —preguntó Lily después de fracasar, sonoramente molesta.
—No, no es…
—Ay, ya: admítelo. Y ni siquiera sé por qué te gusta tanto, si ella tampoco es virgen, aunque tampoco creo que sepa hacer mucho. —Lily rio y a Bonnie se le antojó un sonido frío y carente de alegría. — ¿Sabías que me estaba tirando al noviecito ese que tenía?
¡¿QUÉ?!
Bonnie tuvo que gritarse la lengua para no gritar.
— ¿Es en serio? ¿Desde cuándo? —preguntó Marceline con curiosidad.
—Quién sabe. Todavía estaba con ella cuando pasó por primera vez y le dije que debía dejarla si quería estar conmigo. —soltó un resoplido de incredulidad. —El tipo no paraba de decir que me prefería y lo hizo… Nunca pensé que fuera tan idiota.
¡Esa zorra! Bonnibel apretaba los puños con impotencia, queriendo golpear algo, pero sabiendo que debía contenerse en ese momento.
Hubo silencio por parte de Marceline y sonaba pensativa cuando volvió a hablar.
—Lily, ¿tienes idea de cuánto hiciste a sufrir a Bonnie por esto?
— ¿Por qué te importa? Deberías agradecerme. Gracias a mí tienes un poco más de oportunidad con ella. Digo, no creo que vaya a servirte de mucho, ya que probablemente sea una de esas chicas que "se sienten sucias" por estar arriba al momento de coger.
—Lilith.
—Uy, ahora soy Lilith, ¿eh? —dijo Lily con tono burlón. —No entiendo por qué te pones así. Hay muchas chicas vírgenes y no vírgenes en nuestro aquelarre que morirían por tenerte dentro… Yo misma incluida.
Lily volvió a acariciar a Marceline, esta vez subiendo por su muslo y una pálida mano se cerró en torno a la suya.
—Se te hace tarde para tu clase, ¿no?
Lily se levantó con aire ofendido.
—Ay, por favor, Marceline. Sabes que un demonio virgen es patético, ¿no?
—No soy un demonio completo ni mucho menos soy virgen.
— ¡Pues como si lo fueras! Eres la hija de nuestra máxima deidad y actúas como si fueses impotente por gusto propio.
—Ya te puedes ir. —replicó Marceline poniéndose en pie también y Bonnie sintió la temperatura de la habitación descender un par de grados.
—Bueno, no te preocupes: al final hasta Forrest Gump consiguió metérsela a Jenny y hacerle un hijo. Puede que a ti también te pase y al final te deje rellenarla como un pavo de navidad. Por cierto… Braco no va muy sobrado que digamos. —Lily levantó el dedo meñique de su mano izquierda y Bonnie sintió una breve ola de satisfacción al ver cómo se burlaba de su ex novio. —Así que de seguro estará muy estrecha…
—Definitivamente vas a llegar tarde a tu clase.
Marcy la empujó hacia la puerta, cerró de inmediato, puso el seguro y se recargó contra esta, suspirando con los ojos cerrados. Una vez que se hubo tranquilizado fue hacia el clóset y lo abrió, para horror de Bonnie, que seguía agazapada en un rincón.
—Por Hunson, ya no sabía qué hacer para que se fuera.
Frente a ella estaba su compañera de cuarto tendiéndole una mano para ayudarla a salir. Bonnie la tomó, dubitativa y se puso en pie.
— ¿Hace cuánto que supiste que estaba ahí?
—Desde que llegué. No sabía en dónde estabas, pero cuando Lily habló acerca de Braco… —se encogió de hombros.
—Ya. No tiene importancia y hace meses ya que no estamos juntos. —la cortó Bonnibel sin sutileza. Se frotó el brazo, con la mirada gacha y se atrevió a preguntar. — ¿Tú lo sabías?
—No. —respondió Marcy mordiéndose el labio. —De verdad no sabía eso. Lily desecha tan rápido a los hombres que es difícil seguirle la pista.
—Al menos cree que lo tiene pequeño.
Marcy rio. Bonnie seguía mirándose los pies.
— ¿No me vas a preguntar qué hacía escondida en el clóset?
—No. Es bastante obvio que me evitabas como llevas haciendo las últimas semanas.
—Qué bien, así me ahorras la explicación.
Se dirigió al pequeño escritorio que tenía en un rincón y se sentó, tomando uno de los libros apilados prolijamente. Marceline arrastró una silla y se sentó a su lado.
—Y ahora vuelves a ignorarme.
—No es eso. Estoy ocupada.
Bonnie trataba de concentrarse en el texto que tenía enfrente, pero tenía la piel del brazo erizada y un escalofrío la recorrió al notar que Marceline se relamió los labios al observarla.
—Lamento que hayas escuchado todo eso.
—Descuida.
Pasaron varios segundos en silencio y al final la morena no lo pudo resistir más.
— ¿Podrías dejar de ignorarme? Sé que te sientes avergonzada por lo que pasó, pero si quieres podríamos olvidarlo y pretender que jamás sucedió. Extraño hablar contigo.
La rubia soltó el bolígrafo que sostenía en ese momento y cerró de golpe el libro que tenía ante sí.
—No te he… —Glob, pero qué vergonzoso era lo que iba a decir. —No te he evitado porque tenga vergüenza… Bueno, sí, estoy avergonzada pero esa no es la razón.
La chica mitad demonio-mitad humana parpadeó varias veces, sin comprender. Las pasadas semanas, Bonnie se apartaba del camino cada que estaba a punto de cruzarse con ella, y en las noches, cuando inevitablemente debían verse, esta se cubría de pies a cabeza, como si creyese que esto le iba a ayudar a no existir en la habitación. Marceline no había intentado leerle el pensamiento por respeto, pero cuando su compañera dormía manifestaba de forma inconsciente cosas tan primitivas que tenía que luchar por no saltarle encima. En una ocasión, lo que fuese que Bonnie estuviese soñando era tan fuerte y vívido que contempló la posibilidad de aparecérsele en sueños… Para desechar la idea de inmediato. Aparecerse en los sueños de las chicas para provocarles sueños húmedos era más el estilo de su papá, pero no el de ella. No era así como quería estar con Bonnibel, de modo que sólo se quedó ahí, tendida en su cama mientras se llenaba los sentidos con el aroma de la excitación de la otra chica, que al final le provocó una erección de la que tuvo que ocuparse antes de que se despertara.
Y ahora Bonnie le decía que no la evitaba por vergüenza. De repente todo empezó a tomar lugar en la cabeza de Marcy. Conocía lo suficientemente bien a su amiga para saber qué significaba la mirada que le estaba dando en ese momento.
—Entonces… —murmuró con vacilación.
—Sólo no quería que leyeras mis pensamientos. —Bonnie cerró los ojos y suspiró.
—Sabes que no lo hago a propósito. Sólo los escucho cuando…
—Cuando son demasiado fuertes, sí.
Se preguntó entonces si debía mencionarle que no debía preocuparse por ello porque de todas formas ella podía imaginarse bien la clase de sueños que tenía, cuando algo captó su atención.
— ¿Bonnie?
— ¿Mmm?
— ¿En qué estás pensando ahora?
La aludida se removió en su asiento, sonrojada.
—Preferiría no decirlo. —respondió con timidez.
—Pues es que me estás volviendo loca. —soltó Marceline de repente.
Y entonces cayó en la cuenta de que Marcy llevaba un rato observando su piel erizada, sus mejillas rojas y la manera nerviosa en que se acariciaba el muslo con movimientos circulares.
La mano de Marceline estaba posada sobre el escritorio y Bonnie le colocó la propia encima después de tomar aliento. La otra chica dio un respingo y tembló ligeramente, pero no se apartó.
Bonnie le guió la mano hasta su muslo, haciéndola subir hasta que estuvo en su entrepierna. La sensación estaba bastante mitigada por la ropa que le cubría y aun así sintió una ola de deseo recorrerle. Se puso en pie y Marceline le bajó los pantalones, ayudándole con los zapatos.
—Linda ropa interior.
— ¿Te vas a quedar mirándola todo el día?
Parecía que sólo estaba esperando una respuesta suya, porque al momento de quitarle la ropa interior la tendió sobre la cama y hundió la cara entre las piernas de Bonnie, quien puso la mano sobre la pared, rasguñándola. La lengua de Marceline era larga, delgada y parecía moverse en dos direcciones diferentes al mismo tiempo… Probablemente así era. No es que Braco nunca le hubiese hecho sexo oral, pero estaba bastante cerca de eso y no había sido porque él se negara, sino porque Bonnie acababa tan frustrada con los intentos tan torpes de él que terminó por decirle que estaban mejor sin esa parte del acto.
Pero ahora, con los labios de Marceline estimulando directamente esa parte que Braco no parecía encontrar —o que tal vez sí lo hizo pero fue demasiado para él— tenía que controlarse para no gritar y hacerle saber al edificio entero lo que pasaba. Para cuando Marceline se atrevió a meterle la lengua por completo, ella ya la tenía tomada del cabello y la mantuvo aferrada hasta que sintió su orgasmo.
—Bueno, eso fue injusto. —dijo Marceline con voz entrecortada, repartiendo besos a la parte interior de sus muslos y lamiendo ocasionalmente los pliegues de Bonnie. —Tú te enfadaste cuando te puse una mano en la cabeza y en cambio tú me tomas con tal fuerza que parecías querer arrancármela.
Bonnie no le respondió. Seguía en éxtasis y quería quedarse así por más tiempo. Ni siquiera le importó que Marceline viese su sonrisa cuando se recostó a su lado.
— ¿No vas a hacer algo con eso? —preguntó mirando de reojo.
—Creo que podría tomarme tiempo. —respondió mirando al techo.
— ¿No te duele?
—Algo. Lily me lo puso un poco duro pero tú terminaste de empeorarlo… ¡Ay! —Bonnie le soltó un puñetazo en el hombro. — ¿Por qué haces eso?
—Tú sí que eres idiota, ¿no? —le espetó tratando de levantarse de la cama.
—Lily me lo estaba agarrando y apenas si lo hizo reaccionar. Tú sólo te sentaste a pensar cochinadas en mi presencia y voilá!
—Y quién sabe por qué. —alzó las manos frustrada. —Después de todo soy una mojigata que sólo sabe hacerlo de misionero, ¿no?
—Bien: en primer lugar, fue Lily quien dijo eso, pero yo no opino lo mismo, ¿sí? E incluso si fuese cierto a mí no me importaría. Preferiría metértela una sola vez en posición de misionero que hacerle el kama-sutra completo a Lily. —se puso en pie también al ver que Bonnie se vestía, furibunda. —Y en segundo lugar: ¿por qué estás enojada? No te gusto y ya ni siquiera me tratas como amiga. Dejaste en claro que sólo te gusta mi pene.
—No dije eso.
—No tenías que hacerlo.
Marceline apretó los labios y se puso una mano sobre el miembro, aun oculto por su pantalón.
— ¿Podrías salir?
— ¡¿Otra vez con lo mismo?!
—Pues sí, a menos que estés dispuesta a ayudarme de nuevo.
Bonnie la lanzó una mirada de enojo, tomó sus cosas y salió.
—Sí, tal y como pensé. —murmuró Marcy una vez que estuvo sola y se desabotonó el pantalón, sentándose.
Si algo no se le daba bien a Bonnie era retractarse.
Pero estaba bastante cerca de hacerlo al ver cómo Lily se restregaba contra el frente de Marceline, sosteniendo un vaso rojo en la mano y riendo como tonta. Frente a ella, Marceline le hablaba en tono conciliador, azorada. No parecía estar pasando un buen rato y volteaba a ver a todas partes, de seguro buscando a alguien quien pudiese salvarle de esa situación.
Se preguntó por un segundo si debía acudir en su ayuda… Aunque igual y no era una buena idea. Bonnie le había terminado haciendo una escena de celos a Marceline ese día y seguía sintiéndose estúpida por eso. Apoyó el mentón sobre su mano, observando la escena. No entendía cómo alguien con sangre circulándole por las venas podría rechazar a Lily St. Pierre, con sus piernas gruesas y bien torneadas, su generoso busto y los labios carnosos que lucían como los de una actriz pornográfica. De la nada recordó la vez en que Marceline le confesó estar enamorada de ella y se enderezó en su asiento, súbitamente nerviosa. Se le vino a la mente la expresión suplicante de su amiga, con la que tantas tardes había compartido recostada sobre la cama de alguna de ellas, viendo alguna película de Netflix con un enorme bol de palomitas en el regazo y riendo sin parar. Recordaba cómo al principio le parecía extraño que su corazón no latiese y que su piel estuviera tan fría, pero esto mismo le hacía sonreír al saberse conocedora de un secreto que Marceline jamás le había revelado a una persona fuera de un aquelarre. Encontrarse a tu compañera de cuarto sorbiéndole el alma a un pobre perdedor debía ser algo traumático para muchos, pero no para ella. Las dos tenían algo perfecto, y entonces una de ellas tenía que arruinarlo enamorándose de la otra, que por supuesto no le correspondía.
De pronto algo, o más bien, alguien le bloqueó la vista. Alzó la mirada para encontrarse con la expresión nerviosa de Braco, que miraba por encima de su hombro cada tantos segundos, observando cómo Lily bailaba demasiado cerca de Marceline.
—Bonnie. No esperaba encontrarte aquí.
—Hola, Braco. —dio un trago a su bebida, sin quitar la expresión aburrida de su rostro.
— ¿Vienes sola?
—No.
Braco no la escuchó o fingió no escucharla, porque enseguida se sentó a su lado, dividiendo su atención entre mirar a Lily y Bonnie.
— ¿Cómo estás, Bonnie?
—Bien. —respondió esta después de suspirar. Bien, al parecer se iba a pasar la noche viendo cómo el objeto de su confusión era acosado por la responsable de su ruptura con Braco, con el que ahora hablaba sin muchas ganas.
—S-sí, te ves bien… ¿Has bajado de peso?
—Un poco, sí.
—Oh, ya veo… —Braco se inclinó hacia delante y entrelazó los dedos, mirándola de reojo. — ¿Sales con alguien?
—Sí. —respondió sin pensar.
— ¿En serio? —preguntó Braco, abriendo los ojos de golpe. —Vaya, no me esperaba eso. Te vi aquí sola y pensé que habías venido para…
— ¿Es en serio? —Bonnie ya había dejado de prestarle atención y ahora miraba con incredulidad cómo Lily se ponía de puntitas para tratar de morderle una oreja a Marceline. Bajo la mirada confundida de Braco se puso en pie y caminó hasta ellas. La más alta trataba de mantenerla a distancia pero Lily era bastante insistente. Cuando estuvo frente a la pareja carraspeó y hasta ese momento notó que Braco la había seguido.
Lily la miró de pies a cabeza, evaluándola. De seguro no le pareció muy competitiva con su par de Adidas clásicos y sus enormes anteojos redondos de montura dorada.
—Bonnie. —le habló Marceline sacándola de su trance.
Lily estaba a punto de abrir la boca, y a juzgar por su expresión no iba a decir algo agradable, pero Bonnie la interrumpió.
—Marcy, ¿nos vamos ya? —preguntó con una sonrisa.
—Ah… sí. —respondió bajo la mirada perpleja de Braco y Lily. —Vamos. Uhm… Adiós, Lily.
Caminaron rápidamente hacia la salida y mientras se dirigían al carro de Marceline, esta no pudo evitar preguntar:
— ¿A dónde vamos?
—Pues al dormitorio, tonta, ¿a dónde más? ¿O prefieres volver para que Lily te siga metiendo la lengua en la oreja?
—No, definitivamente no. Gracias por salvarme.
—Bueno, fue por partida doble. Braco estaba hablándome y la verdad es que no se me antojaba verlo lloriquear como un cachorro al mirar a Lily.
—Yo creo que más bien sólo quería hablar contigo.
—Pues como quiera que sea, yo no estaba interesada.
—De verdad lo has superado ya, ¿eh?
—Ni te imaginas. Me sigue enojando que se terminara por la zorra de Lily, pero ahora mismo me trae un poco sin cuidado.
Marceline encendió el motor y tamborileó sobre el volante.
—Hey, ¿recuerdas esa canción? —preguntó cuando Girls Just Wanna Have Fun comenzó a sonar por la radio.
—Sí, es de cuando fuimos al cine a ver esa horrorosa película coreana de zombies. Recuerdo que me llevaste a rastras y no dejé de tomarte el brazo durante la función.
—Oye, era bastante buena. —se defendió Marceline, sonriendo al recordar lo mucho que Bonnie la había tocado esa noche. En ese entonces todavía no se percataba de sus propios sentimientos hacia ella, pero se sentía extrañamente complacida cada vez que Bonnie la abrazaba, asustada.
—Según los estándares de un demonio, ¿no?
Esta sólo se rio.
Al llegar a la habitación, se metió a la cama después de cambiarse la ropa, cuidando que Marcy no la viese, aunque preguntándose qué pasaría si la dejara verla "por accidente". Se quedó tendida un largo rato pensando en ello hasta que se durmió.
Horas después, cuando soñaba algo agradable, se despertó. No fue algo paulatino, como cuando te despiertas por la mañana y te frotas los ojos para despabilarte… Más bien fue como si se le hubiese quitado el sueño y enseguida supo por qué: Marceline estaba de pie junto a su cama, observándole fijamente, con los ojos brillantes delatando su condición sobrenatural.
— ¿M-Marcy? —tartamudeó, sentándose deprisa y cubriéndose el pecho con la sábana.
La chica no le respondió. Sólo se sentó a su lado y Bonnie se apartó para dejarle lugar, sin saber muy bien por qué.
—Vas a tener que hacer algo con esos sueños tuyos. —murmuró tomándole la mano y colocándola sobre su pene erecto.
Bonnie no protestó. Sólo lo tomó y comenzó a frotar, poniéndose de rodillas como la primera vez y repitiendo lo que había hecho con más ahínco, si es que eso era posible. Se sentía hervir y metió una de sus manos entre la ropa interior, jugando con su humedad y justo cuando ambas estaban por llegar al clímax, alguien la llamó.
—Bonnie… Bonnie… ¡BONNIE!
Despertó… Aunque no sabía que estaba dormida, para empezar. A su lado, Marceline le sacudía el hombro y sudaba copiosamente.
— ¿Qué…?
—Estabas teniendo un… —dejó la frase sin terminar. —Y luego yo…
Volteó a mirar al techo, digiriendo lo que Marcy le había dicho sin decírselo. La miró por el rabillo del ojo, concentrándose en un punto particular. Acto seguido, se puso en pie y la empujó para que quedara tendida. La pálida muchacha parecía sorprendida, aunque no asustada como la primera vez. Bonnie se puso a horcajadas sobre ella y la besó, al tiempo que removía los pantalones cortos que usaba Marceline para dormir.
Esos fueron el segundo y tercer encuentro sexual de Bonnibel Butler con Marceline Abadeer.
