Hinata paso una noche terrible, la mitad de esta no pudo conciliar el sueño y tuviese o no la razón, culpaba a Naruto Namikaze, quien la había atormentado con extrañas emociones. "¡Olvida a naruto!", se repitió en diversas ocasiones, y aun así no conseguía borrar de la mente la forma en que el la beso. Caminó al trabajo recordó angustiada que había olvidado reiterarle a Sai, el portero de su edificio, que cambiase la chapa de la puerta. Decidió que lo llamaría en cuanto llegase a la oficina. En realidad, no creía que el hombre se atreviera a usar la llave, pues parecía demasiado orgulloso para que tratase de verla de nuevo después de lo ocurrido. No obstante, recordaba con claridad que su deseo de venganza aún permanecía intacto. Al fin pudo convencerse de que sus temores eran producto de su imaginación. Todo había terminado. Toneri estaba en su escritorio cuando ella llego, examinaba con detenimiento unos papeles. La compañía para la cual trabajaba era una pequeña empresa, todos los empleados se encontraban en una larga oficina, con excepción del director general Jiraya, que además era propietario. Este por lo regular estaba de viaje concluyendo contratos de ventas y ofreciendo los servicios de la compañía.

Desde la noticia del cambio de propietario, nadie pudo ver a Jiraya, si bien corrían algunos rumores de que los nuevos dueños le habían ofrecido trabajo al mismo nivel. Si este era el caso, ellos necesitarían dos nuevos miembros directivos, uno que reemplazara a Jiraya y otro que supliera a Kiba quien había renunciado para integrarse a una empresa en los Estados Unidos. La ausencia de Kiba no le preocupaba a Hinata, pues sabía muy bien que debajo de esa mascara de simpatía se escondía un rencor porque ella siempre rechazó sus invitaciones a salir.

—¡Hola! ¡llegas tarde! —saludo Tenten aproximándose a Hinata y con un poco de envidia agrego —Siempre usas una ropa preciosa —se quejó pues ella y su prometido ahorraban todo lo que podían para casarse, y como consecuencia tenía muy poco dinero para adquirir ropa nueva.

Hinata portaba un atuendo elegante. Este era uno de los beneficios de vivir sola, y gastar en ella lo que ganaba. Nadie se asombró tanto como la propia Hina, cuando, seis meses después de la muerte de sus padres, acaecida en una pequeña villa en Kanoha en donde disfrutaban de su segunda luna de miel, recibió una carta en la que le comunicaban ser la heredera de un tío materno. Hinata tenía un vago recuerdo de las veces que su madre le conto que ella tenía un hermano que partió a Konoha debido a una desgracia, pero nunca imagino que este hubiese creado un gran rancho ovejero en una región remota de Konoha. A la muerte de este, el socio la compro y el producto de la venta se depositó en una cuenta bancaria a nombre de Hinata. Con esa suma podría vivir rodeada de ciertos lujos por el resto de su vida, si lo invertía con sabiduría. No obstante, ella nunca se adaptaría a una existencia ociosa, así que, se mudó a Londres, compro su apartamento y se concretó a buscar un trabajo que llenase el gran hueco que en su vida había provocado la muerte de sus padres.

—¡Hey, despierta! ¿En dónde estás? ¿Recordabas la noche pasada? —bromeo Tenten -Me gustaría estar en tu lugar, era un ejemplar magnifico, cuando entro en el apartamento y te vio, pareció transformarse, fue como de película —Tenten comenzaba a hacerla sentir mal.

—No fue como dices —protesto Hinata —Observas las cosas a través de un cristal rosa. Lo único que quería era llevarme a la cama, eso es todo lo que los hombres buscan en nosotros.

—Si de verdad crees eso, entonces, la que ve las cosas a través de un cristal gris, eres tú. A veces me pareces que no eres real, los hombres más atractivos de la fiesta, te veían, y parecían como si hubiesen sido afectados de pronto por el amor a primera vista y tu deduces que lo único que desean es hacerte el amor. Si eso es lo que todos buscan, ¿por qué Naruto no se llevó a Shion? Era obvio que ella lo provocaba.

—Tal vez le gusten más las rubia aunque yo no lo soy —contesto Hina, petulante.

Tenten cometía un error de apreciación. A la gente enamorada se le notaba y la absurda de su amiga pensaba que Naruto se había enamorado de ella, esa sí que era una sandez.

—De cualquier modo, ¿quién era él? Nunca lo vi por aquí y casi todos los demás eran los de siempre.

—No tengo la menor idea —admitió Hinata —No fuimos tan lejos para contarnos la historia de nuestras vidas —no tenía la me nor intención de contarle lo sucedido después de la fiesta; pero las preguntas de Tenten despertaron su curiosidad.

Naruto llego solo a la reunión y estaba segura de que conocía a la mayoría de los invitados. Si no fuera por ese aire de comando y por el costoso Masserati rojo, podría creer que se trataba de un ex compañero universitario de Kiba o tal vez, alguien que habitaba en el mismo edificio. Pero ahora que lo pensaba había algo diferente en naruto, un aire de soledad que no concordaba con la forma de ser de los amigos de Kiba.

- ¿Intercambiaron sus números de teléfono? —Tenten la presionaba, convencida de que Hina había incitado al hombre.

—No —contesto esta a su vez, con un tono con el cual quería dar a entender que no deseaba hablar más del asunto, si bien se preguntaba qué pensaría Tenten si le confesaba que Naruto tenía las lla ves de su apartamento.

—¿Vendrás conmigo a comer?

—Tratare, tal vez tengamos exceso de trabajo pues Toneri quería quedarse tiempo extra anoche, pero tuvo que ir a casa.

Una pequeña arruga se dibujó en la frente de Hinata al observar que Toneri aun revisaba unos papeles. Parecía más nervioso que de costumbre, después de hablar con su esposa la noche previa y la chica esperaba que no fuese algún problema serio. Tayra era una persona encantadora, aunque un poco desconfiada. Ella y Toneri tenían un hijo que dirigía una pequeña escuela pública y Hina pensaba que no estaba bien que Tayra se entrometiera tanto en la vida de ellos, cuando no era su problema.

Toneri le sonrió a Hinata al levantar la cabeza y observarla en su lugar.

— Lamento haber llegado tarde, pero me quedé dormida y después estuve un momento charlando con Tenten sobre la fiesta de anoche —se excusó Hina.

—Eso fue lo que vi —apunto Toneri con una sonrisa —No te preocupes, por cierto, he oído que nuestro nuevo jefe nos va a visitar hoy. Me llamo a casa ayer por la noche, esperaba presentarse aquí desde ayer, pero tuvo un contratiempo con lo relativo al negocio Van Der Walle.

—¿Sabes mucho acerca de nuestro nuevo jefe? —inquirió ella mientras dejaba los documentos que tenía en la mano.

Toneri negó con la cabeza. Él era alto y muy atractivo, su cabello era blanco. Sus ojos despedían un destello mientras observaba a la chica que revisaba los documentos de nuevo. Su comportamiento con ella era más bien paternal y Hinata disfrutaba de su compañía sin preocuparse por que pudiese imaginar. El Toneri era un hombre feliz con su matrimonio y ella estaba convencida de que se trataba de una de las excepciones que confirmaba la regla.

La demora del nuevo jefe provoco especulaciones de diversa índole, así que Toneri le comento:

—El nuevo director de la corporación N.N.U, es un hombre misterioso y parece que no le gusta la publicidad. Creo, aunque no estoy seguro, que, si llego a Londres ayer por la noche, pues algo me comento Kiba al respecto. Sin embargo, no me dio más de talles.

—Pues consiguió un nuevo empleo con rapidez —apunto Hina con sequedad.

—Tú conoces a Kiba, o por lo menos, deberías conocerlo después de todo este tiempo. Una vida fácil y extravagante con los gastos pagados, lo convierten en un hombre feliz. Sospecho que en cuanto escucho el cambio de directiva, vio escrita su renuncia en la pared. En su campo es un excelente colaborador, pero como administrador es un tanto perezoso.

Hinata sabía que esto era verdad, la compañía tenía muy buena reputación pues funcionaba con eficiencia, pero podría ser mejor con un estricto control de gastos e ingresos. Ciertos miembros del grupo tenían salarios muy altos en proporción a sus responsabilidades.

—No tienes de que preocuparte — le aseguro Toneri como si leyese su mente —Tu eres una empleada muy capaz, y me sería imposible ser jefe sin una ayudante como tú.

El teléfono sonó y la chica se alejó mientras él decía: — ¡ Tayra! No era usual que su esposa lo llamara al trabajo, algo sucedía en su casa. Si bien en el terreno profesional no había secretos entre Toneri y Hina, este mantenía su vida privada al margen de todos. Ella se ocupó con los papeles que tenía delante. El trabajo se le acumulo durante sus vacaciones y cuando cierta agitación en la puerta principal llamo su atención, sorprendida, se dio cuenta de que la mañana se había ido. Con el rabillo del ojo vio que Toneri abandonaba el escritorio y en lugar de indagar continuo con su trabajo, aunque imagino que aquella agitación se debía al arribo del nuevo di rector. Hinata escucho la familiar voz de Toneri, mientras explicaba que aquel escritorio pertenecía al equipo de ventas. Su lugar era el siguiente, más ella no se atrevía a levantar la vista y contenía el aliento nerviosa. Toneri termino de presentar a los técnicos y después de un breve cambio de impresiones se acercaron a ella.

—Ahora déjeme presentarle a Hina, mi ayudante. Es una chica muy activa y muy eficiente.

—Ya he oído referencias muy buenas sobre Hiranta —Hinata sintió como si le dejasen caer un vaso de agua helada en la espalda.

—¿Hiranta? —inquirió Toneri, desconcertado.

—¡Ahora entiendo!, Hina es diminutivo de Hinata y no de Hiranta. Supongo que eso es un crimen siendo un nombre tan hermoso.

—¡Hinata! —no había ninguna reflexión en la voz fría del jefe mientras pronunciaba el nombre.

La chica había mirado la delgada línea gris de la corbata del señor mientras sentía un malestar en el estómago al darse cuenta de que había reconocido a la voz que exclamaba:

—¡ Hinata!

Ataviado con un inmaculado traje de lana gris pálido y con una camisa de seda, se veía muy distinto que, con pantalones de mezclilla, sin embargo, este Naruto Namikaze que Toneri le había presentado co mo el director de la corporation N.N.U., y el de la noche previa, era sin lugar a dudas la misma persona. La joven levanto la mirada con todo el valor que pudo reunir y se percató que él estaba tan asombrado como ella. Kiba sabía quién era desde la víspera, comprendió con amargura el regocijo que habría el experimentado al poner ella en peligro su empleo. Si quería, Naruto la podía despedir. De hecho, tal vez fuese mejor que lo hiciera, porque de cualquier manera no existía la posibilidad de que ella colaborara para la compañía si esto significaba que soportaría al nuevo jefe.

—¿Así que tú eres la ayudante de Toneri? —había cierta inflexión en su voz que presagiaba un futuro tenebroso y que provoco una sensación de alarma en Hinata. Levanto la mirada para tratar de inferir que era lo que él pensaba.

—Tengo la impresión de que ustedes dos ya se conocían —comento Toneri con un embarazo notorio —Hina esta mañana tú me aseguraste que no. . .

—Ignoraba que el señor Namikaze iba a ser nuestro nuevo jefe —interrumpió la joven.

El rubor le tiño sus mejillas al recordar que con deliberación lo humillo la noche anterior. La mayoría de los empleados habían estado en la fiesta, y no pasaría mucho tiempo antes que la noticia se supiese por todos lados. Sin duda sus colegas ya estarían haciendo apuestas con respecto a cuánto tiempo tardaría en despedirla. En un momento decidió que le relataría todo a Toneri en cuanto se fuese Naruto, el teléfono interrumpió sus pensamientos, quiso contestar y se encontró con la mano de Naruto que se había adelantado. Levan to el auricular con expresión de burla mientras la ignoraba.

—Para ti, he aquí uno de los inconvenientes de contratar a una mujer bella, supongo que el teléfono nunca deja de timbrar.

Hinata quiso decirle que ella nunca recibía telefonazos en el trabajo, más en lugar de eso tomo el aparato. La llamada era para avisarle que podía recoger el coche que adquiriese la semana ante rior y que se disculpaban por la inesperada demora. Mordiendo el labio inferior colgó. Naruto charlaba con Tenten, quien, desentendiéndose de su compromiso matrimonial, le coqueteaba con descaro, atrayendo también la atención de Toneri.

Con un gesto bien conocido por ambos, Hina logro que él se aproximara, al hacerlo le susurro lo más bajo que pudo:

—¿Tienes algún compromiso para esta tarde? —no contaba con que Naruto tenia oídos tan buenos como los de un murciélago. Namikaze dejo a Tenten y volvió la cabeza para comunicar:

—Lo siento Toneri, me había olvidado decirle que hice arreglos para que vayas a una comida con mi asistente personal. Él quiere discutir contigo algunas ideas que servirán para mejorar tus sistemas, y es imposible dejarlo para mañana ya que abordara temprano el avión para Aberdeen. Tratará con las compañías de petróleo con quienes podríamos conseguir un buen contrato, así que no deseo cancelar la entrevista. Lamento si tenías que hacer algo importante

—él se excusaba de todo, concluyo Hina, estaba segura de que había concertado esa cita solo para impedir que comieran juntos.

— De ningún modo —contesto Toneri con naturalidad —Lo que me querías decir puede esperar, ¿no es así Hina? ¿De seguro no era mi opinión sobre un nuevo vestido? —bromeo con ella su jefe.

—Te lo diré después —contesto esta, negando con la cabeza, disgustada ante la cercanía de Namikaze. Ella quería que Toneri la acompañase a recoger su auto nuevo, pero de cualquier modo podía esperar hasta la mañana siguiente.

—Supongo que no te molestara que yo supla a Toneri, ya que te prive de su compañía te ofrezco la mía que me parece una inmejorable recompensa, ¿ no piensas así?

—¿Lo piensa usted? —Hinata sabía que Toneri estaba desconcertado ante este inesperado comportamiento, más en aquel momento no le importo —Me tendrá que disculpar señor Namikaze, pero me parece que no existe la menor posibilidad de que usted equipare a Toneri —la chica disfrutaba de las mieles de la venganza. Y como ese momento era inmejorable para marcharse, tomo su bolso y salió antes que alguien agregase algo. De cualquier modo, era hora de salir a comer.

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Ella necesitaba estar sola para relajarse y reflexionar, pues no era fácil tomar una decisión. Quien podía imaginar que aquel hombre a quien había humillado en la fiesta seria el dueño y su nuevo jefe en el trabajo. ¡Maldito Kiba!, debió prevenirla, sin lugar a duda él se había divertido mucho. Ella sabía muy bien que a Kiba le fascinaba gastar bromas como aquella. Por otra parte, si hubiera mantenido la calma se hubiese dado cuenta de que había

algo distinto entre Naruto y los usuales amigos de Kiba. Este era muy vengativo con todas las mujeres que no aceptaban sus invitaciones y ella había sido una irresponsable por actuar de aquel modo.

No fue capaz de comer nada, compro un emparedado y se tomó media taza de café antes de regresar a la oficina. Esperaba encontrarla desierta, pero alguien la esperaba junto a su escritorio y su corazón perdió un latido mientras reconocía la atractiva figura de Naruto.

Cuando él se dio cuenta del arribo de la joven, se puso de pie, con las palmas de las manos abiertas. había algo en ellas que causaban un ligero destello.

—Pensé que sería mejor darte esto cuando nadie estuviese presente —dijo el con suavidad —Aunque tal vez le esté haciendo un favor a Toneri, pues dudo que continúe sufragando tus gastos después que se entere de que yo también tengo copia de las llaves de tu apartamento. Dime Hina, ¿cómo hace el para que le alcance el dinero? Tu no pareces una chica de gustos modestos, usas ropa buena, tienes un apartamento en un edificio de lujo y tus alhajas distan mucho de ser de fantasía. Supongo que él ha caído en todas las trampas que puede tender una joven como tú. Además, tiene un hogar que sostener, si bien es lógico que cuando alguien encuentra a una chica tan maravillosa como tú, se las ingenia para mantenerla.

Hinata estaba tan estupefacta que no podía hablar, por un mo mento pensó que había escuchado mal. Naruto no podía sugerir que ella era la amante de Toneri.

—Si planeabas negarlo no te molestes, Kiba me dijo todo con respecto a ti, pero, como él siempre se refería a ti llamándote Hina yo pensé que tu nombre era Hiranta, debí investigarlo mejor. Yo siempre he destacado por mi astucia, así es como llegue adonde ahora estoy. Supe desde el primer momento que te vi, que tu no eras una chica como todas. Ahora comprendo por qué no me permitiste que te acompañara a tu casa, eres una ambiciosa ramera, muy astuta, ¿no es verdad? ¿Por qué me alentaste en la fiesta? ¿Te doy mi opinión? Tal vez porque soy un hombre muy rico y tú eres codiciosa, si un hombre como Toneri te puede complacer, ¿te imaginas lo que te puedo dar yo? Pero eres muy desconfiada, y por eso decidiste que era mejor conservar lo que tienes que arriesgarte conmigo, después de todo nunca te garantice darte algo y tal vez perderías a Toneri. Debes tener más animo querida —agrego con suavidad —Del modo que te deseaba la noche pasada te habría dado cualquier cosa. Ahora a la luz del día, tal vez hayas recapacitado y quizá hayas tomado la decisión más acertada. ¿Sabe algo Toneri acerca de los sucesos de ayer?

—¿Qué ocurrió? —aunque su voz era calmada, un terrible sentimiento de repudio se apoderaba de ella ante la acusación.

—Nada —admitió sumiso —pero es de todos sabido que los amantes son muy celosos, y yo todavía tengo esto —movió las lla ves con sus dedos —Sería muy fácil para mi simular que las saco por descuido delante de Toneri y va a ser muy difícil convencerlo de que no sucedió nada.

En estas últimas palabras la chica apenas se pudo contener de abofetearlo. Con las mejillas arreboladas a causa de la ira, ella declaro:

—Preferiría morir antes que dejar que me toques, imagina que pienso con respecto a hacer al amor contigo.

Era típico de un hombre como el llegar a semejante conclusión, reflexiono la joven con disgusto, no cabía la menor duda de que el había sido protagonista de la clase de relaciones de las que ahora la acusaba. El debió hacerlo en incontables ocasiones, pero con ella se equivocaba, a ella nunca la comprarían, si se casaba seria por amor y jamás tendría intimidad sexual con nadie a quien no amase. Esta posición le había costado que permaneciera soltera y no ignoraba que podría quedarse sola toda su vida —al pensar en esto una mueca se dibujó en su rostro.

—¿Así que preferirías morir? —cuestiono Namikaze —¿Y qué hay de la esposa de Toneri? ¿Ella no aparece en tus fríos cálculos? —agrego Naruto con notorio disgusto —¿No te importa romper su matrimonio?

Hinata estuvo a punto de confesarle que ella se había prometido alejarse de cualquier hombre casado, ya una vez había sido herida por la infidelidad de un hombre, para hacer lo que más detestaba en los demás.

—¿No te das cuenta de que él no está bajo tu control?, de otro modo compartiría tu apartamento.

—Tal vez yo tampoco lo ame, tal vez...

—Tal vez valoras en mucho tu libertad para perderla por un hombre —interrumpió Naruto, cortante —¿Qué clase de mujer eres Hinata? Usas tu belleza como anzuelo, siempre tomas y nunca das. ¿Que ocurrirá cuando te canses de Toneri? ¿O es que eso ya sucedió y comenzaste a buscar un sustituto?

Esta vez Hinata no se controló y abofeteo a Naruto con toda su fuerza. Los dedos de la chica quedaron marcados en el rostro masculino en una mezcla de rojo y blanco. Durante esos segundos que le parecieron interminables, ni uno ni otro hablo o se movió, sin embargo, las miradas delataban lo que pasaba por su mente.

Se había comportado como una arpía, reflexionaba avergonzada. ¿Qué le había ocurrido? Ella siempre estuvo orgullosa de su poder de autocontrol. Ni siquiera Sasuke, cuyas actitudes y pa labras habían sido más hirientes que las de Naruto Namikaze que la violentaron de esa forma. Comenzó a sentir una terrible nausea mientras observaba la marca de sus dedos en la cara del hombre, sintió que sus piernas flaqueaban y busco a tientas una silla.

—Estas equivocado Naruto yo. . . —su intento de excusarse fue inoportuno.

— ¡No!, tu eres la errada, ¡no puedes tratarme de ese modo! y ahora fuera de aquí.

Mientras le parecía que alguien se hubiese llevado las escaleras en unos minutos, por primera vez visualizo a Naruto como lo que era: un hombre que creo un multimillonario consorcio, comenzando casi de la nada; un personaje sobresaliente en el mundo de las finanzas. Ella lo había humillado e insultado y él ahora la tenía en sus manos. La pobre chica camino hacia atrás unos pasos, aunque deseaba correr, se sentía como hipnotizada por aquellos ojos azules.

—¿Acaso has perdido tus agallas? —murmuro Naruto con suavidad y moviéndose

como gato montés.

El terror paralizo los miembros de la joven quien sintió hundirse en un negro vórtice.

—No Hina — continuo el en el mismo tono amenazador —no voy a tocarte ahora,

más un día lo hare, pues quiero hacerte pagar por lo que me has hecho. Me vuelves loco tan solo de verte —al decir esto sonreía con cinismo —No pretendas fingir que te soy indiferente, pues sé que no es verdad. Aquella noche tu tenías el control, pero ahora quien controla el tren soy yo y no voy a detenerme hasta que yo lo decida —estaba jugando al gato y al ratón debido a que ella era su empleada.

—Tu no pareces un hombre que dispute la posición de una mujer y tú sabes que soy la amante de otro hombre —por un momen to creyó que en la golpearía pues todo su cuerpo se tensó.

—Yo soy un hombre de negocios y no me gusta que me engañen sin obtener mi recompensa. Te deseo desde el momento en que te vi, eres una mujer atractiva y te confieso que ansío poseerte —Lo último, lo dijo muy calmado, después dio media vuelta y se alejó, dejando a la muchacha inmersa en un mar de caóticos pensamientos.

Este hombre era increíble, parecía un desquiciado que actuaba como un señor feudal que exigía su derecho de pernada. En ese instante Hinata comprendió que tenía toda la razón para estar furioso. Sin embargo, cuando estuvo frente a él se acobardo y se quedó paralizada mientras Naruto se marchaba.

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Cuando Toneri regreso del almuerzo ella le pregunto si podría acompañarla a recoger su auto nuevo y también agrego: —Y necesito con urgencia un soporte moral.

—Le hubieras pedido eso a nuestro nuevo jefe está muy afligido —intervino Tenten interrumpiendo el dialogo —¿Y tú que piensas?

—¡No seas ridícula! —exclamo Hinata, molesta —Ya te dije que ese romance esta en tu imaginación.

—Muy bien —condescendió la secretaria —hablemos de tu coche nuevo. ¿Qué marca es?

—Mercedes, es algo que había deseado por mucho tiempo y a fin me decidí. Es un modelo convertible y quiero que Toneri me acompañe a recogerlo. Me da pavor conducirlo por primera vez.

—¿Un mercedes? Tienes suerte amiguita, se sincera y dime. ¿que sucederá en invierno?

Ninguno de ellos se percató de la llegada de Naruto, y Hinata contenta de que su amiga no se mostrase envidiosa, agrego divertida: En invierno iremos por el Ferrari. ¿Qué opinas Toneri? Después de traer el Mercedes, ¿qué te parecería comprarnos un Ferra ri?

Todos reían y cuando Hinata se volvió, se dio cuenta de que Naruto los observaba con expresión de asombro. En ese momento el teléfono de Toneri sonó y Tenten regreso a su escritorio.

—Tal vez debería revisar los libros de finanzas —comento Namikaze — Es imposible que Toneri pueda sufragar tus gastos con lo que gana aquí, a menos que tenga negocios adicionales. En realidad, te cotizas muy alto, ¿no es así?.

—¿Lo que significa que no serias capaz de mantenerme?.

—Al contrario, te podría comprar el Mercedes y el Ferrari. Piénsalo, no tengo ningún inconveniente en pagar por saciar mis placeres.

—¡Que presuntuoso eres! —afirmo iracunda —Cuando quieres algo de inmediato piensas en comprarlo. ¿No has aprendido todavía que hay algunas cosas que no se pueden comprar?

Ante aquella frase, el hombre levanto las cejas con asombro, un momento después declaraba cínico:

-Pero tú no eres así, los dos lo sabemos…