Buenos días, buenas tardes, buenas noches, buenas madrugadas, depende de la hora en que me lean.

¡No abandoné el fic! Solo tuve que releer la saga para entender.

Créanme, me quedé en Ciudad del Fuego Celestial (libro 6) y quiero desde 0, así que inicié Ciudad de Hueso (Libro 1) ayer (y ya casi lo acabo, dejenme decirles) ¡Y me encontré demasiadas sorpresas! ¡Mi personaje favorito era un completo patán! Mi personaje favorito no es Jace, aclaro, tampoco Simon, es Alec. Dios, Alec es un amor para mí pero era un patán total en Ciudad de Hueso y a saber en Ciudad de Ceniza (tienen más de un año que los leí)


Yugi jadeó con tal de conseguir un poco de aire. Había corrido desde el Instituto hasta la casa de Yami, cosa que no le molestaría si no hubiera dado un entrenamiento cuerpo a cuerpo con sus compañeros nephilim antes de irse. Claro que se había dado un baño, uno un poco distinto al que estaba acostumbrado, tardando un poco más de lo que hacía usualmente.

Y es que no quería estar solo sin mal olor, quería estar limpio en verdad. Sin embargo, sus problemas comenzaron poco después, cuando decidió por alguna ropa. Su crisis infinita que casi lograba hacer que el resto del lugar se enterara. No tenía ropa. No para una cita con ese brujo extravagante.

Todo era entre negro y gris, nada que le ayudara más, además, cada una de sus camisas estaban desgastadas. Tenía zapatillas en un buen estado pero sucias. Se maldijo por su desesperación para estar con Yami. No era el primero que le gustaba, ese había sido otro cazador de sombras pero decidió ocultarlo cuando este fue expulsado al preferir a una mundana que a alguna cazadora de sombras. Si ese había sido el castigo de un heterosexual, no deseaba imaginar el de alguien como él, un repudiado desde el nacimiento.

Buscó entre todas sus cosas, encontrando una playera color morado oscuro. Más bien era un suéter de ese color, perdida entre sus ropas usuales. No había nada que expresara más lo que él era que eso. Buscó unos pantalones que le combinaran, tratando de acertar alguno de ellos debido a su falta de interés en lo que a su imagen respectaba.

Arremangó el suéter hasta dejarlo en el codo. Buscó la forma de limpiar sus zapatillas porque no iría con esas condiciones. Las ensuciaría, sí, lo sabía, no tenía dinero y no quería el mismo para ir hasta la casa de Yami muy a pesar de estar en casi lados opuestos de distancia.

—Idiota —se dijo mientras se ponía las cosas. Sacó su celular, mirando la hora y su rostro se puso más blando que el papel. Casi eran las siete de la tarde.

Con torpeza salió del lugar, corriendo lo más rápido que podía sin ser visto por alguno de sus amigos. Juraba que si salía bien la cita, tendría que pedir otra para recompensar el hecho de estar retrasado en la primera. Ya había hecho perder el tiempo a aquel hombre, no haría que se vistiera nada más para luego plantarle. Además, odiaría hacerle eso, se veía distinto a los submundos que conocía. Tal vez porque era el primero al que conocía fuera de su labor como cazador de sombras.

Y allí estaba, llegando al loft casi con una hora de retraso. No quería ni imaginarse cómo estaría el brujo, pensando que le había dejado plantado. Tocó el timbre, escuchando ese curioso sonido que Yami había colocado. Hablaron nuevamente por el comunicador antes de que le dejara pasar.

Tropezó al verle vestido. Estaba demasiado guapo. Un maldito brujo sexy. Por arte del destino cayó encima de Yami, quien le atrapó de los brazos al ver su torpeza. Demasiado cerca, se dijo. Lo suficiente como para solo dar un ligero movimiento y besarle nuevamente.

Peleó contra su cuerpo pero se terminó sonrojando. No, se dijo, no le daría la satisfacción a ese brujo.

Aunque lo quisiera dentro de sus pantalones, como casi pasaba esa misma semana en su primer beso. Se levantó con ayuda del mismo, tratando de apartar los ojos de esos orbes morados que poseía. No pudo, simplemente eran magnéticos.

—No sé por qué me está dando tanta gracia lo que ustedes, nefilim, presumen sobre su agilidad —dijo, pasando sus manos por los brazos de Yugi. Eran delgados pero firmes, fuertes. Escondían algo distinto debajo de esa ropa—. Pero lo pasaré por alto si tengo a este atractivo hijo del ángel acompañándome en mi velada.

Yugi tragó fuerte. Se estabilizó en sus pies antes de decidir que quería algo de beber antes de salir. El problema fue la lluvia que comenzó a soltarse poco después. Maldijo mentalmente su suerte, todos los planes arruinados.

Hasta cierto punto.

—Ven, acompáñame —susurró Yami, tomándole de la mano. Era distinto a lo que pensaba que sería. Siempre rechazó la imagen de verse con un subterráneo, un brujo para más, hijos mismos de los demonios y humanas. Tampoco con un cazador de sombras, si debía ser sincero consigo mismo.

Si terminaban en la cama del Gran Brujo, no sabía qué haría. Si regañarse o disfrutarlo o admitirlo públicamente. La última opción podía irse por donde no diera el sol a cualquiera, no lo admitiría hasta no tener claro algo.

Ese lugar era enorme. Podría incluso conectar con algún otro lado.

—Sí, magnífico como yo —dijo el brujo, capturando su atención nuevamente. Lo miró, regañándose mentalmente. ¿Qué significaba él en su eterna lista? Intuía que era deseable según Yami pero ¿hasta qué punto? A Yugi le gustaba y mucho y eso le aterraba, que se volviera amor y de ese amor él se aprovechara hasta romperle el corazón. Sin embargo, sus hormonas adolescentes estaban alocadas—. Pero me gustaría tener tu atención, Yugi.

Al internarse más en el lugar, descubrió una pequeña mesa acomodada para una cena. Eso provocó a su corazón comprimirse y acelerar. Dolía porque eran gestos que nunca merecería. Desde niño entrenado a matar. ¿A cuántos submundos no habría asesinado ya?

Y eso siendo infractores de la ley. El pecado de sus antepasados podría recaer en él, en aquellos momentos.

Se sentó, viendo su copa de vino servida. Nunca había probado el vino, se dijo. No tenía ese derecho, tampoco tenía la curiosidad como Anzu, Jonouichi y demás. La comida era italiana, se dijo, viendo la misma. Las luces bajaron gradualmente hasta ser una iluminación lo suficiente como para ver al otro y tener un espacio propio.

Yami se sentó frente a él y comenzó a comer, con calma, disfrutando cada bocado. Yugi le imitó, tratando de no mostrar lo complacido que estaba por todas y cada una de las molestias que se había dado.

Sin embargo, Yugi se sorprendió demasiado al probar la comida. Eso le dio un gusto a Yami, quien comenzó a narrar de dónde había aprendido a hacerla, también cuán distinta le sabía ahora de entonces.

La forma de hablar del brujo embelesó al joven cazador de sombras. Era joven y viejo a la vez, algo que sus ojos demostraban. ¿Cuánto habría vivido? Algo en su interior le decía que demasiado tiempo. La época victoriana hacía gritos y llamadas de atención en los muebles y algunas costumbres de Yami.

—¿Quieres saber de mí? —preguntó extrañado Yugi al escuchar la pregunta. Había avanzado la mitad de su comida ya, comenzaba a llenarse por la lentitud con la que comía. Además, no había bebido vino, solo agua de la otra copa que tenía al alcance de su mano—. Es extraño. No tengo nada que contar, al menos no nada interesante que puedas no saber.

—¿Cómo? —preguntó el brujo, curioso. Estiró la mano, colocándola encima de la de Yugi, sus dedos largos y blancos lucían las marcas de las cicatrices provocadas en batalla.

—Mis padres lo niegan pero tú y ellos se conocieron mientras yo estaba en el vientre de ellos —dijo, jugando contra las manos del otro. Buscó un poco más de contacto—, no en el mejor momento de su vida, aclaro, creo que por eso están nerviosos de siquiera oír tu nombre. Eso y que debes conocer la historia de mi familia por completo —sonrió, girando la mano para enganchar sus fríos dedos con los del hijo de Lilith. Era cálido—. Al menos gran parte de la misma.

—Tu familia no me importa —respondió el brujo, mirándole de manera intensa—, quiero saber de ti. ¿Quién eres Yugi Moto? Más allá de ser un cazador de sombras, debe ser alguien.


Anzu entró a la sala de entrenamientos vestida con su traje negro de batalla. Era igual al de los hombres, no estaba interesada en ser el atractivo sexual en algunos ámbitos. Tampoco tenía un verdadero interés en ello.

Su fuerte eran las espadas gemelas. El poder que podía soltar en ellas era increíble pero contra Jonouichi que usaba las espadas de Luna creciente o Yugi quien se podía ocultar y comenzar con su arco y flecha, podía llegar a ser inmune si no sabía cómo defenderse.

En aquellos momentos intuía que estaba en una cita con algún chico, tal vez el atractivo subterráneo que lo traía loco. Se le veía en la cara. Al menos creía que se trataba de Yami y no de algún otro que desconociera.

Si resultaba eso, juraba que lo torturaría antes de que le perdonara y obligara a hablar.

Todo en absoluto secreto, Jonouichi y Honda odiaban a los homosexuales. Jonouichi en especial al ver que no pasaba absolutamente nada en las desastrosas citas que le había conseguido al joven tricolor. Era demasiado adorable, se dijo la castaña, muchas cazadoras de sombras le habían puesto el ojo y habían querido intentar algo, de ellas solo las que el rubio aceptaba salían con él. Todas terminaban en un desastre que ni llegaba a los besos. Una caricia bastaba para alarmarlo.

Tampoco importaba que muchas fueran demasiado coquetas, mostrando sus senos o mucha pierna o mucha piel en general. Nada. Era incluso peor.

Y eso les preocupaba a ellos.


La comida estaba olvidada en la mesa y ambos se encontraban en el sofá. Lentos besos marcaban el ritmo. Yugi aprendía rápido, se dijo Yami. Los besos eran cada vez más atrevidos, exploradores. Deseosos, sinceros. Y eso le provocó un pequeño vértigo. ¿Preparado para amar? Siempre se dijo que sí pero solo con aquellos que eran inmortales, era mejor saber que un día solo sería un episodio más y que en algún punto reanudarían pero contra los mortales, a unos años comenzaría a ver. Cómo uno de los dos envejecía pero el otro no.

Sin embargo, estaba deseoso de romper su propia regla una vez más porque esa no era la primera vez que amaba a un mortal. No, tampoco se diría que sería la última vez. Pero algo en su corazón le decía que Yugi era el indicado.

Nunca pensó amar a un cazador de sombras, cuyas vidas eran más bien cortas, extremadamente cortas. Su pelea contra los demonios provocaba eso, de esas peleas muy pocas veces salían airosos, victoriosos. Menos al enfrentarse a los demonios mayores, como fue el caso del envío al borde de la muerte de Yugi.

Pegó más al muchacho, subiéndolo a su regazo, escuchando el gemido de sorpresa de este. Abrió un ojo solo para ver los otros cerrados, con absoluto placer el rostro. Volvió a cerrarlo, dejándose llevar por una vez en décadas, desde que su última amante muriera en un hospital.

De eso más de setenta años.


¿Alguien me ayuda? Para determinar la edad de Yami necesito saber cuándo fue la caída de los ángeles (ya saben, los príncipes del Infierno). Necesito saberlo para poder determinar más o menos la edad de este personaje que es brujo pero que no quiero hacer muy viejo porque en verdad sería terrible. ¿Se imaginan si fueran 3000 años de vivir? ¡Horror! ¡Yo no soportaría ni un mínimo lo que Magnus ha soportado! Ver vivir y morir miles de veces, quedar atrapado en la misma apariencia de 19 años, amar y que te amen y no poder hacer nada para evitar su muerte. Saber que te traicionan.

En fin, ¿qué les parece?

No subia el cap porque no me decidía si estaba bien o no, además la escuela. Pero bueno. ¡Espero que les guste!