Por fin Marian y Robin habían llegado al bosque y tras dormir a Roland y quedarse solos Robin se preparo para responder las preguntas de Marian. Y se sorprendió cuando ella no pregunto.

-Robin, es normal que hayas rehecho tu vida. Has pensado que estaba muerta durante… Mucho tiempo.-dijo haciendo una mueca. Para ella eso había sido solo hace unas horas pero para él años.- Pero no importa.-Dijo con una sonrisa compresiva- Ya estoy aquí de nuevo. Estamos juntos de nuevo.-Puso los brazos alrededor del cuello de este.- Y nada, ni siquiera una reina malvada no vas a volver a separar.

-Respecto a eso.. Ella ya no es malvada, Marian. No más.-Comenzó Robin pero su mujer lo interrumpió.

-Shh… Robin, de lo último que quiero hablar tras mi regreso junto a mi familia es de la reina malvada. O como sea que la llamen aquí.-Dijo viendo que su marido iba a contestarla.-Ahora solo quiero estar con mi marido y disfrutar de él.-Al tiempo que lo decía una sonrisa comenzaba a dibujarse en sus labios.

-Marian…-Robin intento detener lo que su mujer quería.

-Shh…-Lo mando a callar antes de besar sus labios.-Deja que yo me encargue de todo. No me prives de esto, ¿si?-Y tras creer tener convencido a su marido comenzó a darle besos por el cuello.

Y Robin aunque quería no la privo de eso. Era un hombre con honor y aunque eso no era honorable, porque mientras su mujer lo besaba él pensaba en los besos de la reina, tampoco podía rechazara a Marian porque ella era su mujer. Pero lo que nunca podría decirle es que esa noche mientras cumplia con su mujer en quien pensaba era en ella, en Regina.


Día siguiente.

Henry fue como siempre con Emma y sus abuelos a Granny's a desayunar. Él no había querido ir pues él quería ver a Regina pero Emma le tuvo que recordar que habían hablado que iría con Tinkerbell a verla así que no tuvo más remedio que ir. Se sentaron en su mesa de siempre y pidieron lo de siempre a Ruby. Emma vio a Killian llegar y se levanto no dejando entrar a este en Granny's y quedándose en la entrada de la cafetería.

-Swan quiero entrar.-Se quejo al principio el pirata enseguida cambiando su actitud y se volvió provocativo- Oh, déjame adivinar, quieres darme otro beso.-Y según lo decía se acercaba a la boca de esta.

-¡No seas idiota, Killian!- Se quejo Emma reprimiendo una risa.- Quiero que te quedes aquí para tener una escusa y detener a Tinkerbell antes de que entre y Henry la vea.

En el rostro del pirata apareció la confusión. -¿Por qué?-

La salvadora suspiro. –Quiero que ella primero compruebe el estado en el que se encuentra Regina. No quiero que Henry la vea en cualquier estado…- Y no necesito poner ningún ejemplo. Hook la entendió.

-¿En qué estado crees que la encontrare?- La voz de Tinkerbell apareciendo de repente los sorprendió.

-¡Dios mio! –Emma se llevo una mano al corazón.-No lo sé… Eso es lo más preocupante. No sabemos nada de ella. No coge el teléfono…-expreso su preocupación.

-Es normal que no te responda a ti. Te culpa de lo sucedido.-Anuncio Tinkerbell cruzándose de brazos. Como si la salvadora no supiera eso ya.

-Mi madre también la ha llamado y a ella tampoco la ha atendido. Incluso la llame desde el teléfono de Henry y tampoco contesto.

Vale. Eso último si era más preocupante. Regina si habría contestado al niño. Tinkerbell miro a la cafetería y luego a Emma. –Volveré pronto.- Anuncio antes de ir a ver a Regina.

Tras ver desaparecer a Tinkerbell, Emma y Garfio entraron y se sentaron en la mesa con los Charmings y Henry. -¿Cuándo vendrá Tink, mamá?- Pregunto Henry impaciente al verla volver.

-Seguro que no tarda, chico.- Respondió Emma mirando a Killian.

La campana de la cafetería sonó indicando que alguien entraba y Henry miro a ver si era Tinkerbell pero al ver aparecer a la familia Hood solo puso mala cara y se cruzo de brazos.


Regina despertó en el suelo de la entrada de su casa. Se había quedado dormida allí llorando. Suspiro y trago saliva ante la nueva oleada de lágrimas que querían atacarla. Se levanto lentamente. Le dolía el cuerpo de la mala postura y la incomodidad de la noche que había tenido. Con una mueca de dolor en la cara comenzó a caminar hacía la cocina cuando sonó el timbre. Regina entrecerró los ojos y miro la puerta como si así pudiera echar a quien fuera que estuviera tocando. No iba a abrir. No quería ver a nadie. Y ya se podía imaginar quien era. Seguramente Swan a pedir disculpas o la madre de esta a darle su compasión. Regina no quería la lastima de nadie. No necesitaba a nadie. Ella estaba bien como estaba. Oh por dios, ¿a quien intentaba engañar? No lo estaba. Pero tampoco iba a demostrarlo.

-¿Se puede saber por qué no me abres?-Inquirió la voz de Tinkerbell quien de repente estaba delante suya.

Regina dio un pequeño salto asustada. Miro la puerta cual seguía cerrada y luego al hada. -¿Cómo has entrado?-Pregunto sorprendida en un primer momento pero cuando la rubia iba a responder la reina hizo un gesto con la mano.- Olvídalo. No me interesa saberlo. Solo vete por donde has venido. – Dijo y se dirigió a la cocina dejando a Tink atrás.

-Regina esas no son formas de tratar a una visita.-Se quejo el hada.

Regina le dirigió una mirada mordaz.-No, esas son formas de echar a visitas molestas. Y tengo otras pero son algo más dolorosas.- Dijo haciendo el papel de reina malvada pero no. Ella nunca más sería así. La reina malvada había muerto pero eso los demás no tenían porque saberlo.

-Sí así fuera ya me habrías echado, Regina.-Dijo Tinkerbell siguiéndola a la cocina.-Tienes un aspecto horrible.-Comento observándola.

Regina la miro con una ceja alzada. -¿Has venido hasta aquí solo a opinar de mi físico?-Esto era increíble.

Tinkerbell frunció el ceño. –No. Por supuesto que no. Vine a comprobar cómo estabas antes de ir a por tu hijo y traerlo.-Al escuchar hablar de Henry Regina se detuvo y pareció querer escuchar.-Esta preocupado por ti. Quiere verte.

-No quiero que Henry me vea así…-Dijo en voz baja, casi avergonzada. Y lo estaba en cierto modo. Quería ver a Henry, por supuesto. Era su niño. Pero no quería que la viera así porque Tink tenía razón; estaba horrible.

-Eso es fácil de arreglar, Regina.-Dijo el hada con una sonrisa.-Sube a ducharte yo voy a por tu hijo. Cuando volvamos quiero que tengas mejor aspecto.

A Regina no le dio tiempo a replicar cuando escucho la puerta cerrarse. Bueno, por lo menos esta vez había salido por la puerta como las personas normales. Tras quedarse un momento dudando término por subir a darse una ducha. Estar con Henry le haría bien.


Robin y su familia estaban sentados esperando a que Ruby trajera los pedidos. Robin podía notar las miradas sobre ellos pero Marian parecía ajena. Marian sonreía encantada con conocer cosas sobre Storybrooke lo que representaba un nuevo mundo para ella.

-Ruby, por favor, trae nuestros pedidos aquí también, ¿vale?-Era la voz de Belle que caminaba con el oscuro hacía su mesa para sentarse con ellos. Claramente se podía ver como ella había obligado al oscuro, pues Rumple no tenía cara de muchos amigos.

Robin sonrío a Belle. –Gracias.-Murmuro cuando esta estuvo a su lado y esta solo le respondió con una sonrisa.

Snow desde su mesa había visto el gesto de Belle y hizo una señal a Charming antes de mirar a Emma. – Nosotras vamos a sentarnos con ellos. Le debo mi vida a esa mujer.-Intento explicarse mirando a Henry.

-No tienes que dar explicaciones.-Dijo Emma y vio como sus padres se iban a la mesa de Robin Hood. Cambio la vista al pirata y luego a su hijo el cual parecía enfadado.-Henry..

-¿Qué le dijiste a Tink, mamá?-Fue la pregunta del niño sorprendido a Emma la cual dirigió una mirada de sorpresa al pirata a su lado.

Suspiro. No debía mentir a Henry. –Le dijera que fuera a ver en que estado estaba Regina. No quería que te la encontraras en un estado bastante malo.

-¡No tenías ningún derecho a hacer eso, mamá!-Grito Henry enfadado con la rubia antes de levantarse y correr hacía la salida.

-¡Henry!-Emma intento correr detrás de él pero Killian la agarro suavemente de la muñeca impidiéndoselo.

-El chico estará bien, Swan.-Decía mientras hacía una señal hacía la puerta donde se podía ver que Tink estaba. Ella iría con Henry. Emma se dejo caer en su asiento. Regina la odiaba, y le extrañaba bastante que no la hubiera sacado el corazón ya. Pero como si fuera poco, ahora Henry también estaba enfadado con ella. Sintió la mano de Garfio apretando la suya, no dejándola derrumbarse. Emma le intento sonreír con agradecimiento cuando escucho unas risas provenientes de la mesa a la que habían ido sus padres y no pudo menos que mirar hacía allí enfadada.

-Swan…-Advirtió Garfio.

-No es justo. Regina me odia a mí. Henry se enfada conmigo. ¡Todos van contra mi cuando él es el culpable! Es él quien tendría que haberse acordado de Regina…

-Swan, debes entender su postura.-La interrumpió el pirata.-No es una decisión fácil y a la mujer que rescataste le une un hijo. Ponte en la situación de que estuvieras en la de él. Yo sería la reina y esa mujer que rescatamos sería Bae. Piénsalo.

Emma abrió la boca pero volvió a cerrarla y se mordió el labio bajando la vista. No queriendo enfrentar la verdad. Fue entonces cuando la puerta del café se abrió y entro Gruñón asustado.

Malas noticias se acercaban para los ciudadanos de Storybrooke..