Uff, es muuuuuuy tarde, pero como excusa... creí que ya lo había subido u.u
Estuve vuelta loca con las entregas finales y los exámenes -.-
Bueno respecto a este two-shot, le hice caso a la mayoría, hice un JeanxArmin :D es el primero que hago, así que no sean malas.
Sin más, ¡Disfruten!
Disclaimer: (ya se lo saben no?)
Advertencias: Riren/JeanxArmin/Lemon/Rate-M
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El peor error que pudo cometer Jean Kirschtein no fue el de espiar a su superior mientras tenía sexo con uno de sus compañeros, un bastardo suicida como le decía él. Bueno creo que él es que tiene mucho más instintos suicidas al haberlo espiado y más aún por sus acciones de los días siguientes.
Oh no, eso no era lo único que había hecho, es más, si hubiera sido sólo eso, tendría una mínima esperanza de sobrevivir a la furia de su superior, pero ahí iba como un imbécil a firmar su sentencia de muerte.
El joven ojimiel cometió el peor error de su vida al sonrojarse mientras veía fijamente a Eren Jaegar a la mañana siguiente de su encuentro sexual con el sargento. Cuando Jean lo había visto en la cocina ayudando a la pequeña Historia a preparar el almuerzo, no pudo evitar que la sangre se le acumulara en sus mejillas al recordar las candentes escenas que había presenciado.
Y para la peor de sus suertes, estaba siendo observado por un cabreado azabache recargado en la puerta de la cabaña. Él no se dio cuenta de que era observado, por lo que no pudo tener una advertencia para que lo evitara en el futuro, pero estamos hablando del joven Kirschtein, el tipo con la peor suerte dentro de las murallas.
Los días siguientes fueron una tortura para el soldado. El Sargento le ordenaba hacer doscientas repeticiones más de cada uno de los ejercicios -sentadillas, lagartijas, abdominales, etc.- y correr dos kilómetros más de lo que hacían los demás. Todos se dieron claramente del castigo que sufría el ojimiel, pero nadie sabía por qué razón y no se atrevían a preguntarle al azabache.
En la tarde de ese día, mientras todos se ocupaban de los quehaceres, le tocó lavar los vegetales que se utilizarían para preparar la cena, en compañía de Eren.
Jean evitó todo contacto visual con el ojiverde mientras hacían su trabajo. Le pasó una patata al castaño, pero a éste se resbaló de la mano y cayó al suelo, rodó y se detuvo debajo de la mesa. Ambos chicos se agacharon y Eren se metió a gatas para tomar el vegetal, mientras que Jean quedó detrás de él, con una espléndida vista de su trasero,
El rostro del ojimiel se tornó completamente rojo, igual al de los tomates que había terminado de lavar unos minutos antes. Su cuerpo reaccionó y se fue hacia atrás, cayendo sobre su trasero. Sintió una gélida mirada y levanto la suya hasta toparse con unos glaciales ojos grises que le miraban desde el otro lado de la mesa. Su cuerpo se estremeció y su rostro paso del rojo escarlata al blanco pálido en un segundo.
Se levantó como pudo, hizo el saludo militar y esperó a que el sargento no sacara mágicamente un sable de alguno de sus bolsillos. La mirada del azabache se quedó fija en su subordinado de ojos color miel y la bajó cuando divisó una cabellera castaña saliendo de debajo de la mesa. Eren se puso de pie a espaldas del azabache viendo con extrañeza a su compañero.
- ¡Jaegar! - gritó el sargento y Eren se sobresaltó, sus manos dejaron caer la patata que había rescatado y se giró rápidamente para ver a su superior.
Su cuerpo sintió un escalofrío recorerlo de la cabeza a los pies cuando vio la mirada del sargento, llena de un enfado glacial. Eren se estremeció y relajó su postura con un suspiro. "Otra vez no, por favor" dijo en sus pensamientos.
- ¿Si sargento? - respondió el ojiverde.
- Cuando terminen la comida quiero que vayas al huerto, ¿entendido?
Eren suspiró. "¿Por qué a mí?" se preguntó.
- Sí, señor - dijo al tiempo en que hacía el saludo militar.
Cuando terminaron el trabajo, Eren se dirigió al huerto, un pedazo de tierra fértil oculto entre los árboles del bosque. Eren sabía perfectamente qué era lo que el azabache le diría, o haría, pues lo había visto en esa mirada llena de enfado, un enfado totalmente sinsentido, según Eren, pues lo más probable era que el azabache se haya enojado por cualquier cosa que lo mirase o tocase, hay veces que pensaba que hasta el aire que lo rodeaba hacía enfadar al ojigris.
Cuando estaba a un metro del lugar donde plantaron las zanahorias, sintió unos brazos envolverle, se giró y vio la afilada mirada plateada se su sargento. Un estremecimiento de excitación le recorrió el cuerpo, y sintió la tela de su pantalón apretándose sobre su miembro.
Ese era el poder que tenía la mirada de Rivaille sobre Eren.
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Le habían encomendado a Armin la tarea de recolectar leña, pues ya se habían acabado la que tenían y no podían costearla para comprarla en el mercado de la ciudad.
Algunos podrían decir que era injusto que le ordenaran hacer un trabajo un poco pesado para alguien de su complexión, pero Armin se ofreció para demostrar que él también podía con aquello.
Así que ahora se encontraba caminando entre los árboles, buscando ramitas o troncos pequeños y delgados para llevarlos a la cabaña.
De pronto escuchó un extraño ruido, provenía -si su orientación no le fallaba- del huerto, se acercó silenciosamente y pudo identificar que los sonidos se convertían en jadeos.
Se asomó detrás de un arbusto y al ver la escena que se presentaba frente a sus ojos un sonrojo se hizo presente en toda la piel que tenía descubierta.
Pudo ver a Eren apoyado en el tronco de un árbol, con los pantalones enrollados en los tobillos mientras el sargento Rivaille arremetía contra él.
Armin no necesitó de su inteligencia para saber qué era lo que estaban haciendo. Ahogó un jadeo y escuchó la voz del ojiverde.
- H-heichou - sonaba sofocado - e-espere.
- Tsk, ¿y ahora que quieres? - dijo sin detener las estocadas.
- Ah... mmh... esp-ere... e-escuché un ¡Ah!... sonido.
Armin se sonrojó al escuchar a la voz de su amigo de la infancia de ése modo. No era que lo juzgara -puesto que él hacía algo similar con uno de sus compañeros-, pero nunca se había imaginado que estaría en esa clase de situación. Bajó la mirada y pudo ver que las ramitas que había recolectado estaban dispersas a sus pies, no se había dado cuenta pero las había dejado caer.
¡Seguramente eso era lo que había escuchado Eren!
Se palmeó la frente con un golpe silencioso y decidió mirar para saber si podía tratar de escapar.
Lo que vio lo dejó sin habla y anclado al suelo. No sabía cómo habían llegado a aquello, pero podía ver al moreno arrodillado frente al sargento y con el... -se estremeció- del azabache en su boca. Pero lo que más le sorprendió fue la expresión en el rostro de Eren. Es que parecía que en verdad le gustaba hacer eso.
El azabache se corrió en la boca y el rostro del ojiverde -cosa que parecía no molestarle al menor-. Armin enrojeció aún más y se giro, se alejó a gatas, después de unos metros se levantó y caminó silenciosamente para después correr hasta la cabaña, entró a ella y se topó con el joven Kirschtein.
- Wow, Armin, ¿te encuentras bien? - dijo mientras lo sostenía de los hombros.
Cuando el blondo sintió el contacto de las manos del ojimiel en su cuerpo, una extraña ola de calor lo invadió. Levantó el rostro a duras penas para ver a Jean a los ojos y cuando lo hizo pudo ver que el rostro del castaño se enrojecía levemente.
- ¿A-armin?
Sin decir una palabra, tomó al mayor de la mano y le llevó hasta la habitación que compartía con él y con Eren. Entró seguido por el confundido ojimiel y cerró la puerta con seguro. Afortunadamente todos estaban fuera de la cabaña y no regresarían hasta dentro de unas dos o tres horas, y se sorprendió al darse cuenta de que rogaba porque Eren y el Sargento siguieran con lo suyo todo ese tiempo.
Se giró y sus ojos se encontraron con la mirada confundida del ojimiel. Se acercó a él y estiró sus brazos para tomarle el rostro con las manos.
- Por favor, bésame - dijo con la voz ligeramente ronca.
- ¿Qué? - exclamó incrédulo el mayor.
Armin no soportó la espera, estiró a Jean del brazo y lo empujó contra la cama haciéndolo caer de espalda. Se subió a horcajadas sobre él y se inclinó hasta posar sus labios sobre los del castaño. Jean se sorprendió un poco pero al cabo de un segundo movió sus labios para responderle el beso.
- Armin - jadeó el nombre del rubio mientras acariciaba los muslos del mismo con sus manos.
Subió y le acarició la cintura por debajo de su camisa, subió hasta rozar los pezones del más pequeño y se deleitó con el aliento que soltó el menor sobre su boca.
Girando sus cuerpos, quedó encima del blondo y continuó besándolo mientras le desabotonaba el chaleco color crema, para después proseguir con los botones de la camisa. Cuando el pecho de Armin quedó completamente desnudo, Jean se relamió los labios, acto que hizo sonrojar de más al menor.
Jean se inclinó y rozó con la punta de su lengua el pezón izquierdo de Armin, escuchó un gemido salir de los finos labios del menor y rodeó aquel botón rosado entre sus labios, chupandolo con fuerza. Los gemidos de Armin aumentaron de volumen y Jean pasó al segundo botón repitiendo sus caricias. Armin intentó quitarle la camisa, pero Jean se incorporó y la sacó por sobre su cabeza sin desabotonarla. La tiró al suelo junto con la de Armin.
Jean besó a Armin en su estómago, justo a un lado de su ombligo, con su lengua recorrió la circunferencia del mismo y luego fue bajando. Quitó el botón del pantalón café de Armin y bajo el cierre. El rubio aguantó la respiración y la dejó salir con un gemido cuando sintió los dedos del castaño rodearle su intimidad.
Jean empezó a masturbarlo, Armin se cubrió los ojos con su antebrazo derecho y trataba de ahogar los gemidos. El ojiazul apartó su brazo y abrió mucho los ojos cuando sintió algo húmedo acariciarle, bajó la mirada y vio como el ojimiel le acariciaba con su lengua para luego meterlo por completo en su boca.
Armin gimió, colocó una mano sobre la cabeza de Jean y con el dorso de su otra mano se cubrió los ojos sin poder contener los jadeos y gemidos.
- J-jean... ah... mhn... b-basta... voy a... a...
Sin poder contenerse más, derramó su semilla en la boca del mayor. Abrió sus ojos acuosos por el reciente orgasmo. Vio a Jean casi arrancarle los pantalones junto con la ropa interior y los arrojó al suelo, se desabrochó los suyos y liberó su miembro.
Armin abrió mucho sus ojos, se relamió los labios y tragó duro. De pronto, el rostro de Eren mientras le daba placer con su boca al sargento se cruzó por su mente. ¿Él también disfrutaría si lo hiciera?
Lentamente se incorporó y quedó sentado frente a Jean.
- ¿P-puedo... hacerlo yo? - preguntó tímidamente.
- ¿De-de verdad? - preguntó sorprendido el ojimiel.
- S-sólo si tu quieres - se apresuró a decir mientras apartaba el rostro sonrojado.
Jean sonrió y le tomó del mentón para levantarle el rostro y que le viera a los ojos.
- Escucha, no quiero imponerte nada, si quieres hacerlo, estaré encantado.
Armin pasó saliva y asintió, se arrodilló frente a Jean, aún sobre la cama, y rodeó el miembro del mayor con sus labios, con la punta de su lengua hizo círculos sobre la punta del miembro y pudo escuchar a Jean soltar un gemido ronco. El sonido le dio más valor y con más confianza acarició la hombría de Jean con su lengua.
Jean posó una de sus manos sobre sus cabellos rubios al momento en que dejaba salir un jadeo. Sintió que la mano lo incitaba a ir más abajo, así que cubrió sus dientes con sus labios y empujó ese falo hasta el fondo de su garganta. Unas lágrimas se asomaron por sus ojos y humedecieron sus pestañas.
Con su lengua acarició la parte inferior de Jean y sintió como el castaño embestía su boca inconscientemente, en un movimiento muy lento y circular. No estaba tan mal, le empezaba a gustar.
Armin rozó un punto en la hombría de Jean que lo hizo estremecerse y gemir, retiró a Armin y lo depositó sobre el colchón otra vez para colocarse entre sus piernas.
- ¿L-lo hice mal? - preguntó asustado, creía que lo estaba haciendo bien.
- Dios, Armin. Estaba apunto de venirme en tu boca - confesó el ojimiel y Armin se sonrojó - pero primero... - dejó inconclusa la frase para meter un dedo dentro del rubio dando a entender el resto.
Armin arqueó su espalda y pegó su pecho al del Jean. El castaño empezó a acariciar su interior buscando dilatarlo, Armin empezó a jadear y Jean lo besó para distraerlo de la entrada del segundo dedo. El menor gimió en los labios de Jean y rápidamente se acostumbró a la intromisión. Jean trataba de asegurarse tijereteando los dedos y girándolos mientras besaba el cuello del blondo.
Al introducir el tercer dedo, Armin arqueó más su espalda y enterró sus uñas en la piel morena de la espalda de Jean mientras soltaba un sonoro gemido.
- Voy a entrar - anunció Jean después de expandirlo un poco con los tres dedos.
- E-espera...
- ¿Armin?
El rubio tenía el rostro completamente rojo, mientras se incorporaba, bajó el rostro hasta cubrir sus ojos con su flequillo. Para sorpresa de Jean, Armin se giró y quedó en cuatro frente a él.
- ¿Po-podrías hacerlo... así? - preguntó casi inaudible.
Jean sabía perfectamente que su rostro estaría completamente rojo. Se acercó y se colocó sobre él, rozó su miembro en la entrada del menor y pudo sentir que se estremecía.
- ¿Estás seguro?
Armin sólo atinó a asentir mientras se mordía el labio inferior. Jean se quitó por completo sus pantalones y volvió a posicionarse frente al trasero del blondo, posó sus manos en las nalgas de Armin y las apretó, mientras el menor se moría de vergüenza.
Colocó la punta sobre el ano de Armin y lentamente empezó a penetrarlo, Armin gemía y apretaba la funda de la almohada con sus manos. Cuando el castaño estuvo completamente dentro, trató de regular su respiración. Jean se inclinó y pegó su pecho en la espalda arqueada de Armin. Para ayudarlo a tranquilizarse empezó a acariciarle, los brazos, el pecho, los muslos. Lo hacía con una lentitud exquisita.
De pronto Armin empezó a moverse y Jean se incorporó, colocó las manos en las caderas de Armin y empezó a embestirlo. Primero lentamente, era la primera vez que lo hacían de esa forma y no quería lastimarlo. Al poco tiempo, Armin empezó a moverse más rápido, por lo que el también aumentó la velocidad de sus estocadas.
Armin cada vez se perdía más y más en el placer, sentía a Jean más profundo que nunca y le gustaba como se sentía. Empezaron a perder sus conciencias, Jean le embestía más rápido y mas fuerte en cada estocada. Y él giraba su cadera y la movía para que su trasero se encontrara con la pelvis del ojimiel, haciendo ese obsceno sonido cada vez más fuerte. Jean tocó su punto de placer y su vista se nubló mientras un gemido nacido desde su estómago salía de entre sus labios.
Gemían y jadeaban y no dejaban de moverse. Jean giró el cuerpo del menor y se colocó entre sus piernas que casi inmediatamente se enroscaron en su cintura. De una sola estocada metió todo ese miembro duro y grueso hasta casi explotar. Reanudaron sus movimientos y recuperaron la velocidad anterior.
Armin se aferraba a la espalda de Jean y éste a sus caderas.
- Je-Jean... ah... ya... c-casi ¡Ah! Mmh...
- Y-yo igual.
Se besaron y a los pocos segundos Armin gimió en la boca de Jean cuando llegó al clímax. Su interior se estrechó y Jean disfrutó de la sensación. Una. Dos. Tres estocadas rápidas y fuertes después, se corrió en el interior del menor.
Jean se dejó caer sobre Armin, ambos jadeaban pesadamente, con la vista nublada de placer. El castaño salió del interior de Armin y le habló.
- ¿Por qué de repente quisiste hacerlo?
Armin se sonrojó y se giró para evitar la mirada del ojimiel.
- S-solo porque sí.
No podía decirle que había visto a Eren y al sargento teniendo relaciones.
- Será mejor que vayamos a hacer nuestras tareas, no querrás que el sargento se enoje.
Al mencionar al azabache un escalofrío recorrió la espalda del castaño y se levantó de la cama en un salto. Se vistieron rápidamente y salieron de la habitación. La cabaña seguía vacía, cómo Jean ya había terminado, acompañó a Armin a recoger más leña en el bosque, evitando totalmente el perímetro del huerto.
Cuando regresaron, en la cabaña ya estaban Connie, Sasha y Christa que estaban preparando los pescados que atraparon en el río, y detrás de ellos llegaron Eren y el Sargento, que los veía fijamente a los dos, ambos sonrojados por sus respectivos recuerdos acerca de la pareja recién llegada.
El Sargento chasqueó la lengua y fue hasta la cocina para tomar un poco de té de una tetera que alguien había colocado en el fuego. Armin y Jean suspiraron y fueron a encontrarse con sus amigos.
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"Por la mirada del chico afeminado supongo que ahora fue él el que nos vio" pensaba Rivaille mientras se llevaba la taza a su boca con esa particular forma de agarrarla. "No aguantaría el castigo, supongo que se lo tendré que poner a su pareja, el cara de caballo mal parido."
Como había dicho al principio, Jean Kirschtein es el chico con la peor suerte dentro de las murallas.
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LOL, hice a un Armin pervertido, el que terminó realizado las técnicas del Heichou fue Armin, bueno en realidad él hacía las de Eren xD
Ahora no puse mucho Riren, me enfoqué en el JeanxArmin (no se cómo simplificar a la pareja, ya saben como riren, ereri, eruren, etc)
Lamento no haber podido cumplirles a todos los que me comentaron, lo que me lleva a agradecerles, WOW veintiocho reviews, me quedé perpleja, nunca había recibido tantos en un solo capítulo.
Bueno, espero que este Two-shot haya cumplido con las espectativas(?)
Gracias a los que leen mis locuras (*w*)/
¡Hasta Luego!
::: (_(l
*: (=' :') :* .¸¸.• Hana
•.. (,(")(")¤°.¸¸.•´¯`» Usagi
