Buenas! Al contrario de lo que me suele pasar, tenía este capítulo listo el mismo día que subí el anterior xd No quise subirlo antes para pulir algunos detalles. Espero que les guste.
A leer!
Agonía
No tardaron en conciliar el sueño, todas las partes de sus cuerpos se los pedían a gritos. Necesitaban descansar y, aunque fuera por sólo unas horas, olvidar la pena que estrangulaba sus sesos.
Los tres dormían en la misma habitación con las camas muy juntas. No hablaron demasiado antes de caer rendidos por el cansancio. Sus respiraciones lentas y acompasadas eran lo único que se oía, al fin podían dormir en paz.
El alba ya arreciaba por los jardines del castillo, el rocío matinal cubría el césped perlándolo con diminutas gotas de agua y el sol se reflejaba en ellas dando comienzo a un nuevo día. La guerra había terminado por fin. Él no se movió ni un centímetro en toda la noche. Pensaba sin cesar en Voldemort. Finalmente había sido derrotado y desaparecido de la faz de la Tierra para siempre. Todavía le parecía increíble. Más de la mitad de su vida la pasó al pendiente de él, al servicio de él. Le repugnaba recordar todas las veces en las que estuvo en su presencia teniendo que simular absoluto sometimiendo. Su única razón de vivir había sido ese motivo: Voldemort. El asesino de Lily. Nunca había odiado tanto a alguien como a ese endiablado ser. Claro que sentía miedo cada vez que se inmiscuía en las reuniones secretas que sostenían los mortífagos y el oscuro mago lo escrutaba mirándolo con sus horribles ojos de reptil. Pero el odio siempre pudo más que el miedo. Si no hubiera sido un experto en la Oclumancia lo hubieran descubierto de inmediato. No obstante él, como siempre, llevó a cabo su misión a la perfección.
Cuán agotadoras habían sido todas esas reuniones con Dumbledore. Ya había perdido la cuenta de las cosas que tuvo que hacer por él. La sorpresa al saber que el chico debía morir fue tan grande y lo tomó tan desprevenido, que no pudo reprimir su conmoción. El anciano profesor claro que se dio cuenta. Después de todo ese tiempo él seguía amando a la madre de Harry Potter, el mediocre y revoltoso muchacho que tantos problemas le había ocasionado; y claro que se había encariñado con el niño. Cómo no iba a hacerlo, si cada vez que lo veía a los ojos sentía que estaba observando los de Lily, era lo único que le quedaba de ella. También era otra de sus razones para detestar el cariño. Le dolió muchísimo saber que Potter debía morir después de todo lo que le había costado protegerlo. Pero vivió, al igual que él. Por algún extraño motivo el destino no los dejaba morir a ni uno de los dos aún estando siempre tan cerca de la muerte. "Estúpido, Potter", el chico siempre gozó de una suerte insólita. Siempre lo lograba.
Suspiró cansado, tenía los músculos agarrotados por el dolor y el cansancio. Finalmente se movió y se dirigió a las escaleras con decisión, sabía que tenía que hacerlo tarde o temprano... pero es que Albus era siempre tan irritante.
Abrió lentamente los ojos, sintió el cuerpo resentido por el esfuerzo. Apenas los abrió para percatarse que empezaba a amanecer aunque aún no aclaraba del todo. Los ronquidos a su lado le confirmaron que Ron aún dormía. Surcos de lágrimas manchaban sus mejillas. Miró la otra cama y la encontró vacía, Harry se había levantado muy temprano.
Se incorporó poco a poco, respetando el dolor que la aquejaba. Se sentó en la cama y miró largamente por la ventana los jardines de Hogwarts cubiertos por los destrozos de la batalla. Se preguntó si ya se habrían llevado los cuerpos de sus amigos y volvió a encogérsele el pecho. No pudo evitar soltar algunas lágrimas mientras se tapaba la cara. La tristeza era algo con lo que ella no podía batallar. Logró tranquilizarse luego de unos minutos y se levantó pesadamente y sin hacer ruido para no despertar a Ron, salió de la habitación al encuentro de su amigo.
Mientras caminaba por los derruidos pasillos de piedra que alguna vez la habían hecho sentir tan feliz, pudo ser consciente por primera vez de la magnitud de la guerra. Se sintió feliz... y egoísta. ¿Pero qué tenía de malo? Había logrado salir viva de eso. A su paso seguía observando la destrucción, el castillo prácticamente se había caído a pedazos, en el suelo rastros de sangre, barro y escombros la estremecían. Durante la pelea no tuvo tiempo de reparar en todo aquello, y ahora que reinaba la tranquilidad un vacío muy grande también se apoderaba de su ser. No se sintió mejor cuando bajaba los escalones hacia el Gran Salón, la verdad no quería volver ahí y encontrar a todos los heridos y muertos ni escuchar más lamentos ni llantos. "Qué egoísta..", pensaba mirando al suelo en tanto sus pies avanzaban por voluntad propia.
Al llegar al pie de la escalera levantó la vista y se sobresaltó. Snape iba hacia ella resueltamente, aunque parecía que no había notado su presencia. Se quedó petrificada en su lugar mientras el hombre se acercaba. Lo miró a los ojos pero él aún no la veía. Su presencia le causaba aún más miedo que antes sin saber por qué.
Cuando estuvieron lo suficientemente cerca, el profesor pareció darse cuenta que ella estaba ahí, le sostuvo firmemente la mirada durante escasos segundos sin dejar de caminar y se perdió de vista.
Hermione también continuó su camino, se dio cuenta que nunca más podría mirarlo como antes, como un hombre insensible y arrogante. Era el hombre más valiente que jamás creyó que iba a conocer.
Se detuvo frente a la puerta del antiguo despacho del director. No tenía ánimos de entrar pero lo haría de todas formas. Abrió la puerta y para su sorpresa se encontró a McGonagall sentada detrás del escritorio, al parecer muy ocupada escribiendo a toda velocidad sobre un pergamino. Su rostro cansado, herido y con grandes ojeras, además de la túnica echa jirones, le daban un aspecto deplorable y aún más envejecido, pero poderoso.
Rogando que no hubiera notado su presencia se dispuso a retirarse de inmediato, pero la voz de la mujer lo retuvo:
-Severus.- Él cerró fuertemente los ojos. En esos instantes todos le parecían absolutamente desagradables.- Ven un momento.- Pidió amablemente Minerva sin dejar de escribir. Snape, resignado, avanzó hacia ella manteniendo una distancia prudente para poder largarse cuanto antes de allí. La profesora parecía no tener intenciones de iniciar la conversación que ella misma había puesto sobre la mesa, por lo que él decidió apresurar el asunto:
-¿Qué?- Preguntó secamente mientras se cruzaba de brazos y miraba de soslayo el retrato del anciano profesor detrás de ella. Albus lo observaba con sus penetrantes ojos azules casi sin pestañear. Aunque sólo fuese un cuadro se sintió incómodamente inspeccionado.
McGonagall por fin dejó lo que estaba haciendo, ató la carta a la pata de una lechuza que salió volando velozmente por la ventana. Se volvió hacia Snape con los brazos entrelazados delante de su cuerpo.
-Siento mucho haber dudado de ti.- Declaró sinceramente y un tanto apesadumbrada. Lo miró a los ojos, él parecía no inmutarse.- Sé que Albus nunca lo hizo y eso nos tuvo que haber bastado a todos desde el principio.- Se acercó más a él para mirarlo frente a frente y dejar en claro cada una de sus palabras.- Te ofrezco mis más sinceras disculpas y espero que puedas perdonarme. Eres un hombre extraordinariamente valiente y de verdad lamento que tantos hayan desconfiado de ti.- Snape tan sólo le sostenía la mirada sin expresión alguna. Se mantuvieron un largo rato en silencio viéndose a los ojos. McGonagall volvió a hablar, esta vez con más seguridad.- Cualquier cosa que quieras... cualquier cosa, cuenta conmigo. Recuerda que, a pesar de todo, sigues siendo profesor... y Hogwarts siempre te recibirá.- dicho esto pasó por su lado y se esfumó por la puerta cerrándola tras ella.
Él se mantuvo en su posición hasta que se aseguró de que la bruja se había marchado. Volvió la vista al retrato del director y una extraña sensación le recorrió por la espalda. Dio unos pasos lentamente, inseguro. Cuando estuvo lo bastante cerca como para ser escuchado, la voz del retrato le habló suavemente:
-Qué bien lo has hecho, Severus. Qué fuerte has sido.- Los ojos de Dumbledore brillaban con honesta admiración. Snape continuaba cruzado de brazos deseando terminar lo más pronto posible con aquella molestia.- No te lo tomes así, después de todo estás vivo.
-Eso es evidente.- Soltó sin mucha paciencia balanceando su ligeramente su cuerpo. Estaba agotado.
-Severus... estás vivo y ya no tienes ninguna guerra por pelear, sólo una vida por vivir. Aún eres joven. Disfrútalo.- Snape lo miró frunciendo el ceño. ¿Es que acaso ni el tan astuto Albus Dumbledore era capaz de darse cuenta? Él no quería estar vivo. Su cuerpo le quemaba por dentro por seguir respirando.
-¿Es todo?- preguntó aún más ansioso por irse. El hombre del retrato le sonrió casi con lástima, y eso lo enfureció aún más. ¿Por qué siempre lo hacía?
-Eres una gran persona, Severus, aunque aún no hayas querido notarlo. No sabes lo orgulloso que estoy de ti.- Sin mediar palabra, el ex mortífago dio media vuelta dispuesto a retirarse.- No muchos tienen una segunda oportunidad y tú lo sabes mejor que nadie. Tómala, Severus. No dejes que esta vez se te escape.- Él lo miró consternado, las palabras de Albus calaron tan dentro de su ser que ni siquiera fue capaz de abrir la boca para responder. Supo de inmediato que se refería a Lily y su recuerdo le dolió más que nunca en todo ese tiempo.
Cerró dando un portazo. "Ella merecía otra oportunidad." Descendía raudamente por la escalera de caracol sin ser muy consciente de sus movimientos. "Ella la merecía, no un tipo como yo." Siguió su caminó hacia las mazmorras, su refugio, lo más rápido que pudo, como queriendo huir de los recuerdos que se abalanzaban sobre él ya sin piedad. Se encerró en lo que un día fue su despacho y se apoyó en la puerta con la espalda. No podía controlar su respiración ni sus temblores, parecía que el corazón se le iba a salir por la boca. Cerró los ojos tratando infructuosamente de calmarse. "Yo no lo merezco". Cómo le dolía cada centímetro de su ser. Irónicamente en ese momento se sentía terriblemente vivo. "No quiero."
El Gran Salón se hallaba mucho menos atestado que el día anterior, pero aún quedaban algunos rezagados que parecían no tener intenciones de moverse. Se sorprendió al encontrar unas pocas mesas organizadas estratégicamente al fondo de la enorme sala, y su sorpresa fue aún mayor al advertir que había platos con comida sobre ellas. Sonrió melancólica. Seguramente los elfos domésticos más leales y valientes habían vuelto al trabajo en las cocinas y no dejarían pasar un día a los huéspedes de Hogwarts sin alimentarse. Recordó a Dobby y cerró los ojos para aguantar otra puñalada al corazón.
Buscó con los ojos, encontró a Harry rápidamente y caminó hacia él.
-Buenos días.- Y claro que eran buenos. Podían ver un nuevo (aunque doloroso) amanecer.
-Buenos días.- respondió el chico sonriéndole tristemente con la mirada. Ginny dormía apoyada en los muslos de él.- No pude lograr que se fuera, insistía en quedarse aquí con nosotros.- Se excusó Harry casi como si fuera el culpable de un terrible crimen.
-Debe estar muy agotada.- La quedaron viendo unos segundos, abstraídos por el frío amanecer.
-Ya se los llevaron.- Hermione no necesitó de mayor explicación para entenderlo. Sintió nuevamente ese ardor quemándole la garganta, pero su amigo volvió a hablar .-Aún no lo puedo creer... todo...- Harry enmudeció sabiéndose incapaz de continuar sin que se le quebrara la voz.
-Ni yo...- El recuerdo de Snape los invadía por completo.- Al final siempre fue bueno, siempre... te protegió.
-Nos protegió a todos.- Harry miraba ahora a su adormilada novia.- Y nunca exigió nada a cambio... sólo cumplió su promesa.- La sensación de saber que el hombre al que tanto odiaron todo ese tiempo había hecho lo imposible por salvarlos les resultaba extremadamente sobrecogedora. Se sentían culpables.
-Es que... ¿te das cuenta?- Inquirió Hermione con la vista fija en el suelo, sus cuerdas vocales parecían retorcerse dolorosamente. El chico la miró buscando una respuesta.- ¿Tú hubieras podido? ¿O yo? ¿Quién más hubiera podido con esa carga?- Se le quebró la voz y sus ojos se annegaron en lágrimas, sentía una angustia muy grande al pensarlo. Después de todo ella siempre había sido bastante sensible.
-No... Nadie más que él.- respondió Harry acariciando el cabello de Ginny, su cabeza daba vueltas entre tantos nuevos acontecimientos.
-Harry...- Lo llamó pero no se miraron.- Es el hombre más valiente que hemos conocido.- un escalofrío la recorrió de pies a cabeza en cuanto lo dijo.
-El más valiente.- repitió él.- No lo puedo creer.- No sabía qué lo abatía más, si el hecho de haber estado tan entregado a los brazos de la muerte (y quizá morir por un breve instante. Aunque nunca estaría seguro de qué fue lo que sucedió realmente) o el haberse enterado que Snape siempre lo quiso y lo protegió. Ante todo.
Se restregó la cara una y otra vez para quitarse la agobiante sensación que le oprimía el pecho. Tenía que calmarse. No podía seguir así. "Está bien... Estoy vivo", se paseaba a uno y otro lado del despacho, la cicatriz que le dejó Nagini en el cuello comenzaba a resentirle. Se sentó en la butaca más próxima tomando aliento largamente. El recuerdo de Lily sin vida lo desconsolaba como nunca antes. Le hubiera gustado arrancarse el corazón y destruirlo con sus propias manos.
"No dejes que esta vez se te escape." Y además había tenido el descaro de restregarle en la cara que alguna vez lo había arruinado todo. Como si no lo tuviera lo suficientemente claro. Él conocía muy bien todos sus errores y pecados y no necesitaba que nadie, ni siquiera Albus Dumbledore, se los recordara. Le pasaba por ser tan débil. Odiaba su debilidad. Con el rostro entre las manos no pudo evitar asomar una leve sonrisa. Lily le reprocharía esa actitud, claro que sí. Porque ella era la fuerte, la valiente. No él. Y a pesar de todos sus dolores y reclamos era él quien estaba vivo en esos momentos, no ella. Quizá Albus tuviera razón. "Quizá tengo...". Revolvió su cabello desesperado y una desconocida calidez lo abrigó por un mínimo instante.
Estaba perdiendo la razón y eso era algo muy ajeno a él, siempre tan compuesto, tan rígido y correcto. Nunca antes se había sentido tan extraviado. "¿Y ahora qué hago", se cuestionó. Seguir con su vida era el único camino. No debería ser tan difícil seguir adelante ahora que no tenía ningún problema con el que lidiar más que ese. Pero ese era el problema. No tenía la más mínima idea cómo era seguir una vida normal. ¿Qué tenía que hacer? ¿Cómo rayos se vivía una vida normal? Pensó que lo más sensato sería continuar dando las clases, de todas formas era lo que sabía hacer y no estaba dispuesto a buscar otro empleo con lo agotadoramente engorroso que significaba. Sin embargo, en esos momentos, su cerebro no actuaba con normalidad y toda idea le parecía banal y sin sentido.
Ya hastiado con la situación se dirigió a la habitación contigua y se tiró en la cama. Tenía que calmarse como fuera. "Estoy fatigado, eso es todo... Necesito descansar". Sólo atinó a quitarse los zapatos y acomodar su cabeza en la almohada antes de quedarse dormido. El último pensamiento que lo acompañó fue la mirada triste y algo temerosa de su insufrible alumna sabelotodo. "Maldita niña...". Por su culpa se sentía así, ella terminó por destrozarlo al recordarle las miradas de Lily. Porque vivir mil años más no valían nada si aquella mujer fuerte de cabello como el fuego y mirada afectuosa no estaba allí... no valían nada. Porque no pudo salvarla, y eso le iba a remorder la conciencia hasta la eternidad.
Ginny despertó sobresaltada de un movimiento brusco, miró al rededor algo confundida antes de recordar que se hallaba en el castillo. Vio a sus amigos e hizo una mueca. Optaron, sin muchas ganas, por comer algo de lo que se ofrecía en las pocas mesas. Realmente estaban hambrientos pero no creían que sus estómagos fueran capaces de digerir ningún tipo de comida, era sólo por hacer algo.
Se sentaron a la mesa, Harry y Ginny juntos y Hermione frente a ellos. Los recuerdos de esas tardes felices durante las clases, cuando bromeaban y reían, les parecieron muy lejanas. Quizá demasiado. Pero eran los únicos recuerdos a los que querían aferrarse en ese instante. Charlaron de tiempos pasados intentando alejar los presentes. Ron se sumó rato después aún con semblante derrotado pero siempre ofreciendo una sonrisa y algún comentario sarcástico para sacar a Hermione de sus casillas.
Apenas comieron, sin embargo, esa sencilla forma de evocar aquellos días sentándose a la mesa todos juntos, sirvió para avivarles el ánimo. Como una llama que poco a poco volvía a hinchar sus corazones. No rieron como solían hacerlo, no bromearon. Sólo hablaron de un pasado que se les antojaba a cada minuto más hermoso. Sonreían con nostalgia.
El sol comenzó a asomarse por los resquebrajados ventanales del Gran Salón, inmiscuyéndose por entre los restos caídos del castillo y pegándoles en los ojos. Esa extraña y lejana tibieza que apenas y sentían el día anterior volvió a embargar sus cuerpos pero con mayor intensidad. Observaron atentos y en silencio a la gran estrella asomándose. Comenzaba otro día, estaban vivos. Estaban juntos.
Ojala no se les hagan muy tediosos estos caps. Aunque por alguna extraña razón nunca se me ha dado hacer capítulos largos, soy incapaz xD Es que quiero contextualizar lo mejor posible la situación. No se me hace que Hermione corra a los brazos de Snape declarando amor eterno y él la reciba así como así ¿no? xD sería raro.
Esperando que les haya gustado, les agradezco de corazón por leer y, si quieren, dejen sus comentarios o ideas. Siempre son bienvenidas!
Un beso!
