Gracias a Dark-Kuchiki17, sensitive emotions (majo, mi querida amiga!), caroline y a MilaStorm27 por dejarme sus RW, yo sé, yo sé el RukiRenji no mucho gusta... pero estoy segura que este 2º saciará toda aquella adicción fatal que tiene Rukia... También gracias a todas las que le dieron "seguir la historia", espero se animen a dejarme algún RW, eso me haría inmensamente feliz.

Nota: el idioma que está en una parte lo he tomado del traductor, es probable que esté literal, por lo que si alguna habla francés y me sugiere una mejor traducción, lo tomaré como una ayuda y no como una ofensa.

La misma advertencia del primer capítulo: es un fic categoría "M", para mayores de edad, si no lo son favor de retirarse. Además está relacionado con la temática BDSM, si necesitan traducción a ello mejor ni se metan al fic porque no es un lemon convencional.

Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Tite Kubo y nadie más que a él; yo solo los he tomado para que ejecuten mis perversiones.


Adicción fatal

IV

¡Maldita cena! ¡Maldita celebración! ¡Maldito sea el mundo y su madre que la obligan a vestirse como una mujer de sociedad!

—¡Ces Magnifiques Gukia! —alaba su propio trabajo el egocéntrico estilista personal de su madre, un francés gay odioso que siempre tiende a ser un perfecto vanidoso, y no es que ella odie a los homosexuales, no, al contrario, los apoya y los admira, pero ser un gay vanidoso y empalagoso es demasiado estereotipado.

Está a punto de reclamar que el moño que lleva es demasiado ostentoso, que el maquillaje es demasiado pesado, que el perfume es demasiado escandaloso, que... que... que todo ¡Es demasiado! Cuando su hermano mayor abre la puerta de su habitación entrando sin aprobación alguna, por supuesto que él no necesita de ninguna.

—¡Byakuya! Regardez comme c'est beau regarde ta soeur —como odia eso en él, ¿Por qué tiene que hablar en francés cuando puede hablar en el mismo idioma que ella?

—Tienes razón, está hermosa —ve por medio del espejo que tiene enfrente como el rostro de su hermano se enternece y ella se sonroja. Se da la media vuelta y se levanta lentamente de la silla en donde el estilista la embellecía—. Dijo: Mira lo hermosa que está tu hermana —le traduce porque sabe que ella odia el francés.

—Gracias nii-sama —dice casi a punto de llorar de felicidad.

—Apresúrate, la fiesta en tu honor está a punto de comenzar —luego de eso se olvida del pesado maquillaje, del ostentoso moño y del escandaloso perfume para después literalmente correr a cambiarse y bajar para ser recibida entre pompa y gritos.

Las amistades de sus padres son extremadamente sofocantes. Políticos, embajadores y gente tan ricos como ellos, aunque a decir verdad no existe nadie más rico en toda Karakura que los Kuchiki.

—Rukia —se acerca su hermano con un hombre alto, de cabello castaño y lentes—, te presento al fiscal de la ciudad: Aizen Souseke, fiscal, mi hermana Rukia es a partir de ahora la nueva capitana del escuadrón 13 de robos y homicidios —en su vida había estado tan cerca de él ya que eso siempre le correspondía a su capitán Ukitake.

—Un gusto Rukia san —saluda de lo más amable como caballero del siglo antepasado tomando su mano besándola.

—El gusto es mío Sousuke san, espero poder trabajar de manera armoniosa en un futuro con su dependencia —corresponde el saludo de la manera más respetuosa que puede.

—Quiero presentarte a mi asistente y mano derecha en la fiscalía, Ichigo Kurosaki.

¿Cómo era posible que no lo hubiese visto antes? Aquel cabello naranja sobresale de entre todos. Siente que algo da vuelta en su interior y no precisamente su corazón, sino sus entrañas que se retuercen con solo tenerlo cerca. Es una suerte para ella que Renji se encuentre fuera de la ciudad en una misión.

—Es un gusto volverte a ver Rukia —la saluda como si de un viejo conocido se tratase y logra cambiar el semblante de su hermano.

—¿Volverte a ver? —la interroga al verla de manera amenazante.

—Si nii-sama —responde intimidada y es que ella no es alguien que sea sumisa y obediente, pero su hermano siempre logra sacarle lo que no es—, conocí a Kurosaki kun esta tarde en la playa, él fue quien encontró a la nueva víctima de los Espadas. Un gusto Kurosaki kun —el peli naranja le sonríe pícaramente.

—Un brindis por tu promoción Rukia san —interrumpe el fiscal deteniendo a uno de los meseros que deambulan en la mansión de los Kuchiki con exactamente 4 copas de champagne, los demás se ven forzado a seguir el brindis levantando sus copas.

Rukia desea que todos desaparezcan porque puede captar a la perfección esa mirada en el peli naranja que la desviste y la desea, porque es justo la misma que ella tiene.

¿Desde cuándo era una adicta en busca de sexo? Si solo había tenido tres novios en toda su vida.

Kaien Shiba un chico universitario que conoció al entrar en su primer año de preparatoria y quien de hecho le introducía al mundo del BDSM, en aquel tiempo ella no sabía que podía ser una dómina nata, pero Kaien había sido un perfecto maestro invirtiendo su papel descubriendo que disfrutaba ser su sumiso, pero cuando ella terminaba la preparatoria él dejaba la ciudad por una buena oferta de trabajo.

Su segundo novio, aquel chico tan hermoso, bello y orgulloso que conocía al entrar a la academia; un adonis perfecto y casualmente alguien que también disfrutaba del BDSM siendo un sumiso altamente disciplinado y obediente; pobre chico, recordaba en más de alguna ocasión, sino hubiese sido por la ayuda que Kaien le brindaba no habría podido explicar en el hospital como el chico llegaba tan extremadamente lesionado, ¡Maldito estúpido olvidadizo! ¿A qué sumiso se le puede olvidar su palabra de seguridad? Era lo más estúpido, ilógico e imposible que le podía pasar, a esa altura le era imposible pronunciar su nombre sin sentir remordimiento.

Su tercer novio Renji, ¡Cómo le había costado empezar a salir con él! Después de su mala experiencia le tomaba más de 5 años volver a confiar en que podría estar con alguien más, pero el pelirrojo la convencía y casi un año después nuevamente podía confiar a plenitud que disfrutaba de una buena sesión de sexo, porque no había otra cosa que le disgustara más que un sexo vainilla como los que tenía casualmente en ese "período de sequía" negando lo que era en realidad.

—Tengo alguna información en mi oficina que podría servirte en tu investigación, si gustas puedes visitarme en la Universidad —le dice al oído el peli naranja al despedirse de ella justo antes de entrar a la limosina en donde el fiscal recién entra tras despedirse de su hermano mayor.

—Perfecto, iré en cuanto pueda.

¿Era su imaginación o él le apretaba la mano con tanta seguridad que lograba que sus piernas se aflojaran? Lo decide en ese instante, tiene que seguir con su caso del grupo criminal al cual denominaban "Los Espadas" y para ello la ayuda de Ichigo Kurosaki parecía ser vital.


V

—¿Alguna de ustedes conoce en dónde se encuentra la oficina de Ichigo Kurosaki? —pregunta a dos jóvenes que se pasean en la facultad de leyes de la Universidad de Karakura, duda que alguna pueda ayudarla ya que ambas tienen pinta de ser modelos cabezas huecas con senos absurdamente enormes.

—Puede encontrarla en el edificio de enfrente —le señala la dirección—, segundo piso, tercera puerta a la derecha, camina un largo pasillo y después de dos puertas a la izquierda está la oficina del profesor Kurosaki —le es difícil no dejar caer su quijada, pero se contiene ¡Las modelitos tienen retentiva!

—Gracias —agradece como es debido para empezar la búsqueda de la oficina en cuestión.

—¿Crees que sea su novia? —escucha como ambas empiezan a murmurar.

—¿Esa enana mal encarada? Por favor Mina, el profesor Kurosaki tiene mejor gusto —y tiene razón, unas cabezas huecas que no conocen el significado de "susurrar".

La gente la observa y siente que la juzgan ¿Será que su vestimenta llama la atención nuevamente? No es que ese día se vistiese diferente, su falda negra hasta las rodillas, blusa manga larga blanca y la pequeña corbata roja que solo los capitanes utilizan la cual tiene dos logos en las puntas, el de la izquierda el del Gotei y el de la derecha un número 13 en japonés lo cual indica la jerarquía en su puesto de trabajo.

—Hola Rukia —la saluda desde atrás el pelinaranja, ella se ve naturalmente tranquilamente, él... Simplemente exquisito.

—Buen día Ichigo —responde con formalidad con su voz grave.

La guía hasta su oficina que se encuentra exactamente en donde le indicaban las estu—zorras—diantes minutos anteriores.

Él bromea haciéndole burla que ahora ya no está tan formal como la noche anterior en su fiesta, por lo que indaga que tiene mucho respeto a su hermano mayor quien no se le separó en toda la noche. Rukia intenta hacerle ver que su cooperación con el caso "Espadas" será muy valiosa a lo que él le comenta que no es la gran cosa y que de hecho Ukitake —el anterior capitán a ella— ya lo analizaba, ella piensa de qué maneras podría castigarlo si la información es pura basura y la está haciendo perder el tiempo.

—Perdona el desorden, aunque si vienes más seguido siempre lo encontrarás igual.

La gran oficina de Ichigo es un desastre de carpetas, papeles, periódicos, documentales, revistas, tesis y libros por doquier. Dos libreras repletas de libros y leyes, varias torres de tesis y carpetas; todo aunado al desastre de su escritorio en el cual no se puede ver nada. Ella lo entiende a la perfección, sea ahora o mañana el desastre siempre estará allí.

—Si me ayudas a buscar tal vez entre los dos podríamos encontrarlo más rápido —ella aún está en la entrada intentando detener su propio paso y no pasar el umbral que la separa de lo profesional, pero ante dicha petición no tiene más remedio que ser condescendiente, más no obediente.

—¿Y se puede saber que ando buscando? —pregunta tras cerrar la puerta de la oficina y acercarse a una de las dos libreras.

—Una carpeta de color morado con stickers de flores y soles —¿Está hablando en serio?—. Lo sé, pero para que no pareciera sospechosa y aunque resalte demasiado, estoy seguro que nadie creería que adentro de dicha carpeta tengo algo importante.

Tiene su punto aunque no está dispuesta a aceptarlo en voz alta, solo hace una mueca en señal de aprobación y empieza a hurgar en los documentos, observa como él ejecuta la misma acción. Encuentra varios folders de color tradicional y decide no abrirlos pero de uno de ellos caen varias fotografías. Las recoge con sumo cuidado de no dañarlas pero le es imposible no verlas.

—Tienes muchas fotos con el fiscal —intenta indagar más sobre el origen de las mismas al recogerlas y verlas una por una, él hace un bufido.

—A Aizen le gustan mucho las fiestas de sociedad y siempre me pide que lo acompañe, justo como fue el caso del día de ayer, dice que es para reforzar los lazos políticos —le comenta acercándose a ella para ayudarla a recogerlas y mirarlas con detenimiento—. Había olvidado ésta —dice refiriéndose a una en especial en donde se ve que es más joven de lo que actualmente está.

Rukia puede ver un destello de nostalgia que la hace recostarse en la librera ocasionando que se mueva al depositar su peso. Ichigo de manera veloz la toma de la cintura acostándola rudamente en el suelo para colocarse encima de ella y cubrirla con su propio cuerpo, solo caen un par de periódicos viejos que estaban en la punta de la librera y un par de libros.

¿Qué era ella? ¿Una damisela en peligro que necesita ser auxiliada por un príncipe? ¿Desde hacía cuánto tiempo no se encontraba dominada en una posición igual? Algo estalló en su vientre.

—¿Te encuentras bien? —pregunta el peli naranja levantándose y dándole la mano para que ella haga la misma acción. Ella asiente.

Ichigo empieza a hablar de algo, pero ella no lo escucha, los libros cayendo sobre él, lastimándolo, solo le hace recordar el sonido del cuero azotando el cuerpo, está excitada y lo puede sentir, de ser hombre está completamente segura que su erección estaría a todo su esplendor, desea, quiere... necesita subyugar a aquel peli naranja que parece que está preocupada por ella, ¡Si, es una enferma! Pero a ese punto todo le importa un comino.

Lo empuja contra la librera logrando que otras carpetas sucumban ante la acción golpeándolos a ambos. Se sienta a horcajadas sobre él levantándose la falda que tanto le estorba para que él pueda sentirla sin problema alguno.

Los ojos de ambos brillan con ansiedad, ella ha dado el primer paso y solo quiere que él le corrobore la acción.


VI

Ichigo acaricia los duros glúteos de la pelinegra, firmes y deseosos porque alguien los posea, ella se arquea ante el contacto no quitándole la mirada, lo está retando y él lo sabe; ¿Cuánto no daría por tenerlo en su cuarto, esposarlo y ponerle un traje de cuero obligándolo a arrastrarse simulando un perro? Si, a Rukia Kuchiki le gusta el BDSM siendo ella la dómina en la relación y el solo pensar que puede doblegar a tan inteligente y guapo abogado siente que su ropa interior se humedece por completo.

Kurosaki agradece que ella sea tan pequeña y liviana, porque eso le permite meter las manos debajo de la falda de la capitana y agarrar sus glúteos con fuerza para levantarla y apoyarla en la puerta que está al lado de la librera.

No dicen nada, ambos están conscientes de lo que tiene que pasar, pero algo pasa, la imagen de cierto pelirrojo está en la mente de la Kuchiki, ¡Ella no es así! No es solo un animal en celo buscando sexo, ¡Por supuesto que no! Pero... Ese peli naranja, ¡Por los 15,000 demonios del infierno! Ese peli naranja tiene algo que la está volviendo loca de deseo.

—¿Quieres parar? —y por un momento está tentada a decirle que si, ¡A la mierda la lógica y la fidelidad! Ese peli naranja está como dios manda.

Lo abraza con fuerza enrollando sus brazos en su nuca para darle un apasionado beso el cual él corresponde. Sus lenguas forcejean excitándolos tanto como su cuerpo les permite y en ese instante Rukia piensa que su mayor excitación está en lograr la completa sumisión de él. Se separa jadeante saboreando con su propia lengua la saliva del abogado y comienza a desenrollar sus piernas para tocar el suelo con sus propios pies. ¿Se arrepintió? Piensa frustrado el chico.

—Quita todas las cosas de tu escritorio —le ordena, él no entiende a la perfección. Como buena ama sabe que tiene que tener paciencia con un primerizo, especialmente cuando ella aún no le explica la situación—. Quiero que me cojas encima del escritorio, así que retira todos los documentos.

Ichigo sonríe y hace lo que le ordena, sabe lo que quiere y lo que le gusta, piensa de manera inocente. Atiende su orden de inmediato tirando todos los documentos, luego buscará con cuidado si necesita alguno.

—Ahora súbeme —le vuelve a ordenar y la toma de inmediato por la cintura colocándola encima del limpio escritorio, quiere desvestirla y penetrarla de un solo golpe pero ella lo detiene al poner su pie en el fuerte pecho de él.

—Todavía no —indica bajando su pie hasta llegar a su erección—. Quítame los zapatos —y lo entiende a la perfección, quiere sentir la erección con su propio pie, quizás es amante de la podofilia*, piensa y la idea no le parece tan absurda.

Le quita los zapatos con rapidez tirándolos en cualquier parte de la oficina con la idea de empezar a lamer sus pequeños pies, pero ella lo detiene una vez más.

—No, aún no —le indica y con su pie desnudo llega a su erección acariciándolo por encima de su pantalón, el bulto es cada vez más grande y casi fuera de control—. Desvístete —le ordena una vez más—, pero lentamente.

El peli naranja no tarda en cumplir la orden quitando primero su corbata, luego su camisa manga larga de color celeste, sus pectorales son inclusive mejor que los de su Renji, como le gustaría tener un par de tacones para apoyarse en ellos y dejar su marca. Continúa con el pantalón negro dejando solo su bóxer el cual contiene su excitación. Una vez más lo vuelve a parar.

—Ven —le dice incitándolo a que se acerque a ella y darle el permiso para poderla besar.

Ichigo se lanza sobre ella levantando su falda para empezar a rozar la prominente erección por encima de su húmeda ropa interior. Las manos de él acarician su espalda e intentan bajar para quitarle la molesta falda que está enrollada en su cintura.

—Todavía no —dice agitada separándolo; quiere, sabe, necesita explicarle en qué clase de relación se encuentra, porque no se puede conseguir un mejor orgasmo y un buen sexo sin obtener la confianza de la pareja, pero es algo casual y no desea un simple sexo vainilla, quiere uno como a ella le gusta, por lo menos uno bastante parecido y tiene miedo que al decirle la verdad se detenga.

—Quítate el bóxer —le ordena.

El chico obedientemente y siguiendo instrucciones anteriores lo retira con lentitud. Su pene está erguido como un mástil y duro como una piedra, buena señal que le gusta que le ordenen, buen candidato, piensarelamiéndose los labios.

—Quítame mi braga con tu boca —y aquello no le puede parecer más excitante.

Lame con cuidado los pliegues del muslo para luego posicionar su lengua en el clítoris que aún está siendo resguardado en su ropa interior. Desea separarlo y castigarlo, atarlo y darle nalgadas para que entienda que él no puede hacer lo que desea, sino solo lo que su ama ordena, pero se contiene y solo su conciencia sabe cuánto le cuesta.

Kurosaki llega hasta la braga quitándola con su boca, ella abre sus piernas enseñándole toda su intimidad, puede ver que se encuentra húmeda y perfectamente rasurada, está hinchada y deseosa, es difícil para él resistirse y no eyacular en ese instante, aquella enana está mucho mejor de lo que aparenta en el exterior y ¡Por Kami sama, sabe cómo excitarlo!

—Pon tus manos en tu espalda y lámeme —le exige con voz dominante, casi por instinto se atreve a decir "Como ordene, Su Majestad", pero se detiene, piensa que a ella tal vez le parezca extraño y todo termine si lo expresa en voz alta.

Se acerca y comienza a lamer, coloca primero su lengua en el hinchado clítoris y hace círculos en el, ella se arquea y jadea, Ichigo quiere introducir un dedo en el interior de la pelinegra pero por alguna razón que no entiende sabe que sus manos deben de seguir en donde están.

—N-no permitas que me corra —intenta decir con voz cortada—, quiero hacerlo hasta que me cojas.

Y aquello es una orden que no piensa discutir, le parece perfecto que ella lo guíe de esa manera la satisfacción de ambos será perfecta. Introduce su lengua en el interior saboreando sus flujos que lo llevan hasta el cielo y lo regresan para seguir con la felación.

Rukia lo separa con su pie derecho y puede ver lo excitado que está. Si lo conociera a la perfección podría asegurar que está a punto de correrse encima de ella, por lo que decide ser un poco benevolente. Se baja un poco la falda para buscar la bolsa en donde resguarda un condón para después volvérsela a enrollar en su cintura, al principio de la acción el pelinaranja se decepciona pensando en el arrepentimiento de ella, pero después de semejante sesión entiende que solo viene lo mejor.

—Póntelo con cuidado y luego cógeme como nunca lo has hecho con nadie más —y esa es una orden que no está dispuesto a desobedecer.

La penetra con fuerza, ella siente el grosor y la dimensión parece ser irreal. Saca el excitado miembro por completo y lo vuelve a empujar hasta llegar a su útero el cual ella siente arder, duele por la extensión, nadie ha llegado tan adentro como lo hace él y consigue hacerla gemir como nadie lo ha hecho.

Kurosaki vuelve a ejecutar la acción tres veces más y le susurra al oído con voz agitada —Creo que voy a correrme—, de alguna manera ella lo siente como un previo permiso lo cual compensa al decirle —Córrete entonces— y al instante libera toda su esperma adentro de ella. Es una fortuna que aún tiene el preservativo que los ayuda.

—Eres el mejor polvo que he tenido en mi vida Rukia —y el mío también, piensa más no lo externa al sonreírle pícaramente—


Solo un detalle: *podofilia: es el fetiche sexual que se tiene con los pies.