Me alegro mucho de que haya gustado el primer capítulo :) Aquí tenéis el siguiente:
Capítulo 2:
Rachel estaba tan guapa como siempre. Llevaba una camiseta marrón, casi negra, de manga corta que le caía dejando ver su hombro izquierdo, un pantalón corto de color blanco y unas botas negras. También llevaba un bolso de color blanco.
- Vaya, ¿dónde has dejado tus jerseys de renos? - dije riéndome, aunque en el fondo estaba un poco nervioso por saber a qué había venido.
- Muy gracioso – me respondió con sarcasmo - ¿Puedo pasar?
- Claro.
Dejé que pasara y cerré la puerta detrás de nosotros.
- Wow, esto está muy cambiado desde la última vez que estuve.
- Sí, bueno, Burt ha pintado las paredes y mi madre ha comprado un sofá nuevo.
- Está precioso.
Le hice una seña con la mano para que se sentara en el sofá, y yo me senté a su lado.
- Bueno... ¿qué era eso tan importante que querías decirme?
Ella miró hacia abajo mientras empezaba a hablar, para evitar mirarme a los ojos, cosa que me hizo ponerme mucho más nervioso de lo que ya estaba.
- Esto no es fácil de explicar... - dijo sinriendo nerviosamente – Necesito que vengas a Nueva York.
Por el tono de su voz, pude notar que eso no era exactamente lo que quería decirme.
- ¿Qué? ¿Por qué? - pregunté atónito.
- Porque...
Miró hacia la chimenea y volvió a bajar la mirada, para luego mirarme por fin a los ojos.
- Estoy embarazada.
Me quedé varios segundos en shock, y cuando por fin iba a decir algo, oímos la puerta de casa abrirse. Desvié la mirada hacia la puerta aún sin poder pensar con claridad, y vi a mi madre con unas bolsas de la compra en ambas manos, intentando cerrar la puerta como podía. En cirscunstancias normales me habría levantado para ayudarla, pero ahora simplemente no podía. Al parecer Rachel tampoco podía levantarse ya que se había quedado sentada en el sofá.
- No me ayudes, hijo – la oí decir sarcásticamente.
Entonces fijó su vista en el salón.
- Oh, vaya, Rachel. ¿Qué haces aquí? ¿No estabas en Nueva York?
- Eh... sí... pero...
Parecía que no podía ni hablar, pero menos podía yo incluso.
- En realidad yo ya me iba.
Entonces se levantó, cogió el bolso que había dejado al otro lado del sofá y salió rápidamente por la puerta, cerrándola detrás suya. Mi madre me miró confundida.
- ¿Le pasa algo, Finn?
- Eh... no.
.
.
Y ahí estaba yo, exactamente igual que hace dos semanas. No, peor. Caminaba lentamente por los pasillos del institutos, con unas ojeras tan marcadas que parecía un mapache. Intentaba no parecer tan zombie pero, claro, hay cosas que son difíciles ocultar. Aquella noche había intentando localizar a Rachel pero me había sido imposible, es como si se hubiera esfumado.
- Hey, Finn, qué bien te veo – me dijo Sam sarcásticamente, poniéndome una mano en el hombro.
- Quita, anda, que no he dormido nada.
Me quitó la mano del hombro y me colocó bien la camisa.
- ¿Y eso por qué?
- Cosas mías – dije evitando el tema.
Entramos a la sala de ensayo y todos tomaron asiento. El señor Schue escribió la tarea de la semana en la pizarra y yo me limité a sentarme en unas de las sillas de los extremos. Saqué el teléfono móvil y empecé a escribir un mensaje sin prestar demasiada atención a la clase.
"Rachel, dime dónde estás por favor"
Ni siquiera me curré demasiado el mensaje porque, de algún modo, sabía que no me respondería.
"En serio, no puedes soltarme esa bomba y luego desaparecer"
"Rachel joder necesito hablar contigo"
Al ver que no me respondía, me dediqué a enterrar la cabeza en las manos lo que quedaba de clase, demasiado cansado como para prestar atención. El timbré sonó fuertemente, despertándome un poco más. Me levanté de la silla y casi me tropiezo, pero conseguí enderezarme rápido. En cuanto salí del aula, el señor Schue se acercó a mí.
- Eh, Finn, ¿estás bien? No has prestado atención en toda la clase – me dijo con cara de preocupación.
- Sí, no es nada. Por cierto... - empecé un poco nervioso - Puede que tenga que irme a Nueva York unos días.
Pareció un poco sorprendido.
- ¿A Nueva York? ¿Por qué? ¿Cuándo te vas?
- Temas personales y... aún no lo sé – me limité a responder.
- Con "temas personales" quieres decir "Rachel", ¿no? - me dijo sonriendo.
- Algo así.
Me puso una mano en el hombro.
- Tranquilo, tu puesto de co-director estará esperándote cuando vuelvas.
.
.
Cuando volví a casa, esperaba encontrarme con Burt viendo la televisión, pero como no estaba, supuse que le habría surgido algún asunto en el taller. Grité el nombre de mi madre para saber si ella estaba, pero no me respondió nadie. Estaba solo. Suspiré y dejé la cartera encima de la mesa de la cocina, y subí las escaleras hasta llegar a mi habitación, donde me tumbé en la cama mirando hacia el techo. De repente, mi móvil empezó a sonar, y lo cogí rápidamente sin ni mirar quién era.
- ¿Rachel?
- Esto... no.
- ¿Puck? - dije desganado.
- Claro tío, ¿por qué creías que era Rachel? Lo has dicho con tanto entusiasmo...
Percibí el tono pícaro en su voz.
- Por nada – respondí riendo levemente - Tú siempre pensando mal.
- Es mi trabajo.
Rodé los ojos mientras reía y le colgué. Casi al instante, recibí un par de mensajes suyos.
"Tío, ¿por qué me cuelgas?"
"Muy bonito eh. Pues que sepas que nunca voy a limpiarte la piscina"
Sonreí.
"No tengo piscina" - le respondí.
"Mejor para ti"
Me reí y volví a tumbarme en la cama mirando hacia el techo. Los problemas me habían desaparecido por un instante pero ahora habían vuelto. Embarazada... ¿De mí? Desde luego, estuvimos juntos hace no mucho tiempo, pero aún así, cabía la posibilidad de que fuese de Brody... Porque se había acostado con él, ¿no? No sabía qué pensar, pero desde luego, mi máxima preocupación en ese momento no era de quién fuese el bebé. Era Rachel. Aún no podía creerme que estuviera embarazada, ¿cómo iba a seguir adelante así? ¿Y dónde estaba ahora? Había desaparecido desde que me lo había dicho...
- Me voy a volver loco – dije llevándome las manos a la cabeza.
