Capitulo 1
El amanecer amenazaba con surgir en la aldea oculta más fuerte del continente, Konoha no sato, lugar de nacimiento de muchas leyendas del mundo ninja, conforme los rayos del sol anunciaban el inicio de un nuevo día los pobladores de dicho lugar se preparaban para el inicio de sus actividades cotidianas, los adultos al trabajo, las mujeres en su mayoría a las actividades del hogar, los niños a la escuela.
— Estúpido viejo —
Nuestro joven protagonista se levantó de su cama con cierto desgano vistiendo un pijama masculino color azul con un curioso gorro negro que parecía estar devorando su cabeza, la bufanda blanca aun enroscada en su cuello, el rubio se tallaba los ojos en un intento de alejar la pereza mientras maldecía entre dientes al Sandaime por hacerlo despertarse tan temprano para según el ir a perder el tiempo, bien podría hacer caso omiso de las órdenes del anciano importando poco o nada el dinero, siempre había métodos alternativos para conseguir eso pero aunque jamás lo admitiría en voz alta le tenía cierto nivel de respeto al anciano, respetaba a la gente fuerte física y mentalmente aunque no sabía precisamente porque, la cabeza de los Sarutobi tenía mucho de eso, sumándole el hecho de que el viejo se tomaba el tiempo para estar algo pndiente de él había hecho que aumentase su respeto hacia su persona, su forma de llevarse con él era algo ruda pero por lo menos para él era gratificante.
A pasos ligeros llego hasta el baño, se miró al espejo sin poder evitar reflexionar en cómo había sido su vida, ¿Quién era el?, ¿Por qué estaba aquí?, ¿Cuál era su propósito en la vida?, Naruto no lo sabía, admitía con cierta vergüenza que no sabía nada de sí mismo, no recordaba ni de dónde venía ni mucho menos a sus padres, solo recordaba que estaba en medio de un incendio en el bosque cuando los Samurai lo encontraron, sus padres no habían muerto en el incendio según lo que le dijo el tipo del sombrero divertido que más tarde descubriría era el Daimyo, este le dijo que mucha gente mala había muerto en el incendio pero que ninguno de ellos compartía parecido alguno con él.
Esto le provocaba cierto alivio y temor, alivio porque sus padres probablemente seguían vivos, pero a su vez temor por todas las incógnitas que reinaban su mente, ¿Quiénes eran sus padres? ¿Por qué no estaban con él? ¿No lo querían y por eso lo habían dejado?, otra pregunta que no tenía respuesta y si era honesto consigo mismo era mejor vivir en la ignorancia.
Dragneel, Naruto Dragneel, ese era su nombre, era lo poco que podía recordar de si mismo, era extraño pero cada vez que mencionaba su propio nombre un ápice de orgullo surgía en su pecho, las personas normalmente se presentaban primero con el apellido y luego con su nombre pero a él no le gustaba mucho, Dragneel Naruto no tenía la misma chispa que Naruto Dragneel, por lo menos en su opinión personal.
Luego de haber sido salvado de aquel incendio los Samurai le escoltaron personalmente hacia el palacio del Daimyo, la reunión que tuvo con aquel hombre fue interesante por decir lo menos, no entendía muy bien que había pasado, solo supo que el Feudal le agradeció por sus servicios al país porque según él fue a causa suya que no había sido derrocado, el francamente no tenía ni la menor idea de que había ocurrido, pero prefirió no averiguarlo, la vida en el palacio del Daimyo fue buena, había mucha comida, un gran patio para jugar y había muchas persona que le enseñaron las cosas básicas que debía saber para vivir una vida normal, incluso estaban los tipos con fajas cool que siempre lo derrotaban cada vez que quería pelear con ellos, todo era bueno pero aun así no se sentía en casa, no podía entenderlo pero algo dentro suyo le decía que él no pertenecía a aquel lugar.
Vivió dos meses en ese lugar cuando un día de la nada el Daimyo le propuso venir a Konoha a convertirse en un ninja, debía ser honesto consigo mismo, la vida ninja a simple vista le parecía un tanto aburrida, lo único que le había motivado a venir aquí era que según estaba enterado en esta aldea vivían muchos tipos fuertes, a él le gustaba mucho pelear con gente fuerte, no sabía porque pero siempre que estaba ante alguien fuerte sentía ese deseo irresistible de pelear con él ya sea para vencerlo o aprender de esa batalla, era un rasgo de sí mismo que no podía restringir por más que lo intentase, pero el no era inocente, conocía bien sus propias capacidades, podía decir con total seguridad que era más fuerte que el resto de los niños de su edad, sin embargo en su nivel actual dudaba seriamente poder hacer un daño significativo a un verdadero ninja, era lo único que realmente lo motivaba a ir a la dichosa escuela civil, si no asistía entonces no podría entrar a la Academia Ninja, sin eso no podría ser Ninja y por ende no podría pelear con los tipos fuertes y volverse más fuerte, era una meta muy simple pero a él no le importaba.
— No puede evitarse… — susurro con cierto desgano mientras se quitaba el pijama con la intención de darse una ducha, hizo una mueca al ver la curiosa cicatriz en forma de rayo que tenía por encima de su corazón, no sabía tampoco cómo se la hizo y tampoco quería saber.
Dejo llenando la bañera y apenas esta llego a su límite lanzo de su mano una bola de fuego que calentó en un instante el agua, tal vez esta era una de las razones por las que el Daimyo le había enviado aquí, él no sabía mucho sobre ninjas, lo poco que sabía eran cosas que le decían los Ninjas Guardianes, sin embargo, de lo que si estaba seguro es que la habilidad que el tenia no era que hayan visto antes, un control casi absoluto sobre el elemento fuego y parcialmente sobre el elemento Rayo, para comenzar la Transformación de la Naturaleza era algo que tomaba años dominarse, era algo que prácticamente no se veía hasta que se obtenía el rango de Genin o de Chunin, uno de los requisitos para ser Jounin según le habían dicho era controlar dos elementos, el sin embargo con 6 años de edad tenía un control monstruoso de dos elementos, ambos bastante peligrosos, podía encender parte de su cuerpo, era inmune al calor, incluso un par de veces había comido fuego, eso ultimo era de todo menos algo muy normal.
Dragonslayer
Esa palabra venía a su mente cada vez que usaba ese poder, cierto dejo de orgullo llenaba su ser cada vez que dejaba salir una llamarada, era un sentimiento de orgullo, pero también de nostalgia, sacudió la cabeza saliendo de sus pensamientos mientras se retiraba de la bañera para vestirse e ir a la escuela.
Tomo un rápido desayuno de huevo, pan y leche para luego salir disparado del departamento con una pequeña mochila sobre su espalda, primer día y llegaría tarde, de nuevo no podía dejar de maldecir entre dientes al Sandaime Hokage por meterlo en esta situación.
— ¡Kuso Jiji! — maldijo una vez más mientras corría por el pasillo rumbo a las escaleras ya que vivía en los últimos pisos, iba corriendo tan rápido que no noto que alguien iba saliendo de uno de los departamentos hasta que fue demasiado tarde.
¡PAM!
— ¡Itai! — chillo de dolor Naruto mientras se sobaba el chipote que recién se formaba sobre su cabeza.
— Ara ara debes tener más cuidado pequeño — ronroneo una voz melodiosa que llamo la atención del Dragneel.
Levanto la vista para encarar al dueño de aquella voz solo para encontrarse con una hermosa mujer de aproximadamente 20 años, tenía una estatura media, piel blanca, cabello naranja ondulados y ojos verdes, vestía de forma un tanto extraña a ojos del rubio, un mini vestido rojo corto que apenas cubría lo necesario, tacones alto color rojo y llevaba un bolso de mano negro, se parecía mucho a esas mujeres que las otras señoras miraban de mala manera y por las cuales los hombres adultos ponían cara de idiotas.
— ¡Tsk! Como siempre estas metido en algún tipo de problema enano — se mofo una voz masculina saliendo del apartamento.
Era un adolescente cuya edad oscilaba entre los 13 o 14 años, tenía la piel bronceada producto de horas bajo el sol, su cabello era negro semi largo de punta, tenía un físico algo musculoso tomando en cuenta su edad, ojos negros, como la noche, tenía facciones varoniles y una cicatriz en forma de garra atravesando su torso, este sujeto es Takeshi, el vecino de Naruto y un Chunin de Konoha.
— ¿A quién llamas enano Takeshi-teme? — rugió el rubio mirando con ira al adolescente mientras le señalaba de forma acusadora.
— No veo otro enano por aquí — respondió Takeshi de forma indiferente antes de enfocar su atención en la mujer. — Espero te haya dado problema Hinako-chan — gruño Takeshi enfocando ahora su atención en la mujer.
Dicha persona sonrió de forma coquetas mientras era rodeada por los brazos de Takeshi quien ante la mirada confusa de Naruto comenzó a besarla de forma demandante.
— Pareces ansioso Takeshi-kun — susurro la mujer con una voz extraña.
Todo el escenario era demasiado avanzado para el Dragneel quien con ojos inocentes observaba como esa mujer agarraba con su pequeña mano la entrepierna de su vecino.
— Hinako-chan no frente al niño — se quejó Takeshi haciendo uso de su todo su autocontrol para separarse de la mujer, después de todo no quería ser acusado por haber corrompido la mente de un niño de seis años.
— No veo el problema — se mofo la mujer mientras acariciaba la mejilla de Naruto quien aún miraba todo con confusión absoluta. — Es una pena que sea solo un niño, tiene una cara preciosa — comento Hinako mientras se alejaba contoneando sus caderas ante la mirada incrédula del Chunin.
— ¿Qué diablos dices? Es solo un niño — gruño Takeshi esta vez de forma un tanto mas seria mientras Hinako solo bufaba.
— Hablas como si eso me interesara, como sea me voy — grito la mujer antes de salir de aquel lugar.
— ¿Qué diablos fue todo eso? — pregunto finalmente el Dragneel mientras miraba a Takeshi el cual se encogió en hombros.
— Te lo explicare algún día, son cosas que un mocoso como tú no entendería — gruño Takeshi de forma burlesca, pero con un toque de seriedad.
— ¿A quién llamas mocoso? — grito el infante claramente molesto, no es que le cállese mal Takeshi, de hecho, sin el en el edificio se habría muerto de aburrimiento a estas alturas, sin embargo, el chico claramente mayor que él no malgastaba oportunidad para burlarse de él.
— Al único que veo, por cierto, ¿No deberías estar en la escuela? — dijo el chunin mirando el reloj ya eran casi las 7 de la mañana, la hora en que los niños inician sus clases.
— ¿No deberías estar en el trabajo? — le cuestiono acusadoramente ya que Takeshi si no mal recordaba se había unido a I&T (Fuerza de Interrogación y Tortura) los cuales desde las 5 de la mañana debían estar presentes en el cuartel.
— Ya renuncié a esa mierda — respondió Takeshi con cierto fastidio en su voz. — Solo me uní a ellos porque quería algo de esa mujer serpiente que trabaja en I&T, ya obtuve lo que quería así que me salí, volveré a las misiones estándar así que no tengo que ir a ningún lado hasta que ellos me llamen — explico Takeshi sin poder evitar sonreír de forma algo tonta mientras recordaba a la mano derecha de Ibiki, Mitarashi Anko, fue difícil, pero lo había logrado.
— ¿Renunciaste a I&T?, pensé que decías que era un orgullo formar parte de ellos, obtener información que serviría para proteger a Konoha, tu gente preciosa, uno de los trabajos más dignos en la aldea — dijo Naruto recordando las palabras que había dicho el pelinegro cuando solicito ser parte del equipo de interrogación.
— No hay nada de honorable en ser parte de I&T, es solo hacer sufrir a los presos para que te digan lo que quieres saber, la paga es buena, pero hasta ahí, toda esa basura que dijiste solo la use para que me aceptaran — explico Takeshi con una expresión indiferente mientras el rubio le miraba cada vez más confundido.
El joven ninja observaba las expresiones del Dragneel y no pudo evitar soltar un pesado suspiro, aunque jamas lo admitiría en voz alta desde que había conocido al niño le había simpatizado ya que no era como la mayoría de las personas en esta aldea aburrida, el chico era temerario, audaz e incluso un rufián cuando quería, de ahí que rápidamente haya hecho amistad con él y otros niños que pasan el día ocasionando problemas, le recordaba un poco a si mismo cuando tenía esa edad, huérfano de ambos padres que fueron asesinados por proteger a un Concejal Civil que ni las gracias dio, dejándolo solo contra el mundo.
Como todo niño aparentemente el Dragneel mantenía en cierto grado aquella creencia de que los ninjas eran héroes que salvaban al mundo y derrotaban a los malos, una verdadera burla y lo peor de todo es que el 90% de la población infantil mantenía esta creencia, si los niños supieran la vida que les esperaba apenas se hicieran Genin dudaba seriamente que alguno de ellos quisiese ir siquiera a la Academia, de ahí que el Yondaime hacia poco o nada para hacerle ver a los estudiantes como era el verdadero mundo ninja, el hombre no quería perder reclutas potenciales para reponer todas bajas sufridas con la Tercera Guerra Ninja y el ataque del Kyuubi hace ya 6 años.
El mismo fue testigo de todo esto cuando se graduó y tuvo su primera misión real, el mero recuerdo aun le estremecía, pero había aprendido a sobrellevarlo y de igual forma sentía que había dado forma a sus verdaderas convicciones.
— Mira Naruto me caes bien así que te daré un concejo y si valoras tener una vida genial más te vale hacerme caso — Naruto le miro dedicándole toda su atención sabiendo que Takeshi solo le llamaba por su nombre cuando la cosa era seria. — Sé que el anciano ya te ha dicho el mismo discurso desde que llegaste aquí, todo Shinobi de Konoha debe amar, creer, proteger y luchar por el bien del pueblo y de lo que cree, dime honestamente, imagina este escenario, los líderes inician una guerra mundial por cualquier motivo estúpido que no es de nuestro interés, por ese motivo te envían a pelear y morir por personas a las que apenas has visto en un par de ocasiones, imagina que tienes una esposa enferma y tres hijos pequeños, respóndeme esto, ¿Vale la pena ir a morir por los motivos estúpidos de nuestros líderes solo para que al final ellos hagan poco o nada para ayudar a la familia que dejaste atrás? — El rubio se quedó en silencio por bastantes minutos reflexionando sobre la pregunta.
Había muchas cosas que no entendió ya que jamás prestaba más atención de la necesaria a los discursos de Sarutobi sobre la voluntad de fuego pero las palabras de Takeshi lo dejaron con mucho en que pensar, el no tenía sueños aspiraciones pero esperaba algún dia tenerlos, y si Konoha era un obstáculo en esas aspiraciones entonces simplemente tendría que hacer a un lado ese obstáculo, ¿Egoísta?, sin duda alguna pero al final de cuentas cada quien es dueño de su propia vida y cada quien decide con que creencias vivir.
— No lo haría — respondió el pequeño de forma inusualmente seria ganando un asentimiento del pelinegro.
— Estamos en el mismo barco, yo fui testigo de todo lo que te he dicho antes cuando mis padres murieron y yo fui echado a la calle por el concejo civil que quería usar el terreno en el que solía estar nuestra casa, la única razón por la que soy un ninja es porque necesito dinero, fuera de eso me importa poco o nada lo que ocurra con este basurero, te aconsejo que hagas lo mismo si no quieres ser un nombre más en la piedra de los héroes que nadie visita — declaro el chunin de forma seria antes de mirar su reloj. — Enano son más de las siete, ¿No se te hace tarde? — observo con cierta diversión como el pequeño comenzaba a palidecer antes de salir corriendo.
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Al mismo tiempo en otra parte de Konoha más específicamente la mansión Namikaze Uzumaki los miembros de la llamada por muchos, Familia Real de Konoha, se preparaban para otro día más de sus labores cotidianas, en el comedor principal estaban sentados los únicos miembros de la familia que estaban en casa.
El matrimonio formado por Namikaze Minato y Uzumaki Kushina acompañados de 3 de sus 7 hijos ya que tres de ellos ya se habían ido a su primer día de escuela.
El primogénito de la familia, Namikaze Uzumaki Arashi, de 11 años de edad, es un niño de estatura media, de piel ligeramente bronceada, cara redonda y algo regordeta como la de su madre, ojos azules como su padre, y un físico delgado, su rasgo mas curioso es su cabello rojo atado en un chongo, viste un uniforme chunin de Konoha sin mangas.
Con 11 años al igual que su hermano, Namikaze Uzumaki Akane es prácticamente un calco de su madre, cabello rojo largo, piel blanca, cara redonda y ojos purpura como los de la matriarca Uzumaki, la chica viste un kimono amarillo como el que su madre vestía en su infancia.
No menos importante que los anteriores Namikaze Uzumaki Natsuki de 11 años es una niña de cabello rubio largo atado en una cola baja, tiene piel bronceada, ojos purpuras y una cara un tanto más similar a la de su padre, viste un kimono similar al de su hermana, pero de color azul.
— A comer Tebane — exclamo Kushina quien actualmente vestía un uniforme Jounin mientras servía el alimento favorito de su familia, el ramen.
— Itadakimasu — exclamaron todos antes de comenzar a comer como si no hubiera mañana.
— Ne Tou-chan… — hablo Arashi mirando a su padre el cual vestía su uniforme Jounin y su Haori de Hokage, el hombre no había cambiado mucho en los últimos años, la única gran diferencia en él era que ahora tenía el cabello corto por no decir casi pelón. — ¿No deberías estar en la oficina? — pregunto Arashi algo curioso mientras metía varios fideos a su boca.
— Se supone que debería, pero Hiruzen-sama acepto cubrirme, quería llevar a los niños a la escuela, pero Kakashi se me adelanto y vino a llevarlos — respondió el Yondaime a su vástago encogiéndose en hombros.
— No deberías aprovecharte tanto de Sarutobi-sama Minato, él ya está retirado y aun así pasa más tiempo en la oficina que tu — le reprocho Kushina mirando de forma algo molesta a su marido el cual trago un poco nervioso.
— No es como que Sarutobi se queje por ello, él sabe muy bien porque lo hago, aun cuando no es muy creyente de estas cosas trata de darme por mi lado, con eso para mi es suficiente — respondió el Yondaime de forma seria ganando un asentimiento triste de su mujer que bien sabía por qué su esposo pasaba mas tiempo en casa que en la oficina.
Las cosas no habían sido fáciles para ellos desde aquel terrible día hace ya 6 años cuando el Kyuubi ataco la aldea, la mera mención de aquel recuerdo aun le provocaba pesadillas a la pelirroja, el poderoso Bijuu fulminando a sus bebes recién nacidos, la aldea siendo consumida por el fuego y lo peor de todo aquel enmascarado riendo con locura mientras su ojos Sharingan brillaba con una mórbida satisfacción, le había tomado años de terapia con Inoichi para aprender a vivir con esa pesadilla, había renunciado a la idea de dejar de soñar con eso, el jefe de los Yamanaka había usado todas las técnicas conocidas por su clan para evitar que esa pesadilla volviera pero al final siempre resultaba inútil, aquel tortuoso día regresaba a su mundo de sueños para teñirlo de muerte y sangre.
La Profecía de los Sapos.
Solo pensar en ello hacia que su ser se llenara de un pánico que no había sentido desde ese día en que el enmascarado amenazo con un Kunai a sus bebes recién nacidos, esa profecía de la cual Jiraiya no paraba de hablar, esta dictaba que el Mundo Shinobi cambiaria en los años venideros, que el mundo Ninja entraría en una crisis como nunca antes se había visto y que el niño de la profecía aparecería como un salvador que traería una era de paz y armonía.
Para ella todo eso parecían cosas sin sentido y honestamente difíciles de creer, sin embargo, todo lo que había ocurrido era demasiado extraño como para pensar que fuese una simple coincidencia, el enmascarado con el sharingan, el Kyuubi, el hecho de que Minato haya sobrevivido esa noche luego de usar el Shiki Fujin para dividir al zorro en tres y sellarlo en sus tres hijos, Menma, Kasumi y Mito, el Shiki Fujin había estado en la familia Uzumaki desde tiempos ancestrales y hasta ahora jamás había escuchado de alguien que haya sobrevivido luego de usarlo.
Tanto Jiraiya como Minato habían llegado a lo que para ellos era la conclusión mas obvia, ese sujeto enmascarado era el catalizador de los males por venir y alguno de sus hijos seria el niño de la profecía que detendría ese mal, ninguno de ellos descartaba a Arashi, Akane o a Natsuki pero dadas las circunstancias todo apuntaba a que el niño de la profecía era muy probablemente Menma, Kasumi o Mito, como a toda madre ella estaba en total desacuerdo sobre que sus hijos deban enfrentar a personas tan peligrosas por las visiones de una rana senil con un pie en la tumba, pero si todo resultaba ser verdad entonces no podía permitir que sus pequeños enfrentaran a una amenaza tal sin estar preparados.
Desde ese día ella, Tsunade, Jiraiya y Minato habían hecho un pacto silencioso de entrenar a los pequeños en toda capacidad posible para asegurarse de que logren cumplir con su destino, Sarutobi aun hoy en dia se mostraba incrédulo sobre esto, sus hermanos a los que les habían contado sobre la profecía apoyaban esta decisión y ayudaban a los pequeños cada vez que podían, todos menos uno.
— ¡Tsk!, jamás se cansarán de esa tontería, nunca entenderé como es que los líderes de la que supuestamente es la aldea más poderosa les tienen tanta fe a los desvaríos de un pervertido y sus ranas — dijo una voz melodiosa y tranquila que hizo a la familia mirar de forma seria a la emisora de esas palabras.
Quien conoce a Uzumaki Namikaze Minami puede decir con seguridad que ella es igual y a su vez muy distinta a toda su familia, muchas personas cercanas a los Namikaze Uzumaki afirman que si bien todos los hijos guardan parecido con sus padres la hija de en medio con 10 años de edad heredo una belleza peculiar que no pertenecía a esa familia, con una estatura media y un físico en desarrollo, su piel es de color pálido carente de toda imperfección, un rostro esculpido por los mismos dioses que en el futuro sin duda provocara dolores de cabeza a sus padres, posee un cabello exótico por decir lo menos, largo hasta la media espalda de un color rubio pálido con mechas color carmesí, posee un estilo puntiagudo y rebelde que la hace ver extrañamente bella y orbes rojos que parecería que perforan el alma.
La Namikaze viste una versión negra del uniforme Jounin de Konoha y lleva la banda de dicha aldea colgando sobre su cuello, la chica actualmente observa con una mueca de fastidio como su familia devora el ramen hecho por su madre como si fuera el alimento de los dioses mismos.
— Buenos días Minami — saludo Minato con una sonrisa triste tratando de ignorar las duras palabras de su hija la cual le miraba de forma helada.
— ¿Qué es eso Minami-chan? ¿Acaso no quieres comer lo que prepare para ustedes? — Kushina trataba de no mostrarse afectada ya que la rubia llevaba una bandeja con un jugo de naranja, fruta picada y un arroz frito con mariscos, claramente se había preparado su propio desayuno negándose a comer el amado ramen que con tanto esfuerzo había preparado.
El gesto de fastidio en el rostro de la chica no pasó desapercibido por ninguno de los presentes. — No gracias — respondió de forma tranquila mientras se sentaba a comer. — Ramen todos los días, está más haya de mí el cómo diablos no han sufrido algún maldito infarto — pensó con cierta diversión Minami mientras comenzaba a degustar su desayuno claramente un tanto más nutritivo.
Un silencio incomodo se formó en el comedor mientras los presentes observaban como la rubia de mechas rojas comía tranquilamente, cada cierto tiempo limpiando su boca con una servilleta su boca, las amistades de Minato y Kushina a menudo se burlaban de este tipo de cosas ya que el matrimonio no era conocido por tener precisamente modales de alta alcurnia, por ende sus hijos tampoco tenían estas costumbres, sin embargo Minami parecía tener modales que en más de una ocasión habían sido elogiados por el Daimyo mismo.
— Esta tarde tendremos otra sesión de entrenamiento en familia, Jiraiya-sensei, Tsunade-sama e incluso Kakashi van a estar presentes, ¿Por qué no te unes a nosotros? — pregunto Minato en un tono inusualmente suplicante pero su hija solo hizo otra mueca de molestia mientras terminaba de comer.
— Tu ya sabes mi respuesta — le respondió tranquilamente la rubia mientras dejaba sus platos en el fregadero sin dedicarle una mirada a su padre.
El Hokage solo asintió con una mirada triste sabiendo que no tenía sentido insistir, ya había sido rechazado muchas veces y sabía que lo mejor era no forzar las cosas, lamentablemente kushina no comprendió este razonamiento.
— Minami-chan debes pasar más tiempo con nosotros, somos tu familia, necesitas entrenamiento, los peligros a los que se ve expuesto un Jounin son demasiados — regaño Kushina sin notar que toda su familia se tensaba sabiendo que la matriarca Uzumaki había hecho una mala elección de palabras.
— ¿Familia? — esa palabra resonó por la mente de Minami mientras apretaba sus pequeñas manos con rabia, recuerdos nada gratos de toda esa terrible soledad pasaron por su mente antes de darle a su madre una mirada que buscaba fulminarla hasta no dejar rastro alguno.
La Kunoichi se mostró claramente nerviosa ante esa mirada, sentía como si el peso del océano cayese sobre sus hombros, era inaudito, era una clase S, era ilógico sentirse tan asustada de la mirada de una niña de 10 años, el propio Minato no podía evitar sudar ligeramente sintiendo la misma presión sobre sus hombros.
— ¡Me voy! — dijo Minami casi gritando antes de caminar hacia la puerta sin escatimar mirada alguna a su familia.
— No sé por qué se desviven tanto con esa perdedora, de todas formas, no resistiría ni cinco minutos nuestro ritmo de entrenamiento — se burló Arashi algo molesto al ver que su madre trataba de resistir las ganas de llorar.
Lamentablemente su hermana menor lo escucho y desde la puerta le dedico una mirada serena, a diferencia de su madre y sus hermanas Minami no recurría a los gritos ni a la violencia más de lo necesario para expresar lo que tenía que decir, para ella era un acto indigno de una Kunoichi decente.
— Dime perdedora el dia en que tengas las habilidades para vencerme, Chunin — hizo énfasis en su rango inferior al suyo propio antes de salir de aquel lugar.
El primogénito Namikaze se quedó en silencio apretando los puños con rabia, su orgullo claramente herido por el hecho de que su hermana un año menor que el tenía un rango más alto que el suyo.
— Con ese genio y esa actitud de reina de hielo jamás encontrara un hombre — se mofo Akane mirando la puerta por la que su hermana había salido momentos antes.
— Tienes razón, aun con su cara bonita ningún idiota soportaría su actitud de perra por mas de 5 minutos — añadió Natsuki con cierta molestia en sus palabras.
El Yondaime soltó un pesado suspiro luego de ver toda esta escena, no importa cuanto lo reflexionase jamás podría dejar de culparse a sí mismo por la mala relación con su hija, después de todo él era el presunto responsable de que esta haya sido ignorada la mayor parte de su infancia por pensar que carecía de talento como Kunoichi, una ironía tomando en cuenta de que era la Jounin más joven en la historia de Konoha.
— ¿Crees que algún dia nos perdone? — pregunto Kushina suplicante a su esposo el cual no sabía que responder.
— Claro que si, esta en una edad difícil, solo hay que darle tiempo — respondió Minato tratando de calmar a su mujer aunque claramente no estaba seguro de su propia respuesta.
