2. Una Fuerza de la Naturaleza

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Tom detuvo su paso, una mano cerrada alrededor de una de los tirantes de su mochila cuando intentaba observar donde era la pelea, precavido de caminar en algo de lo que no quería formar parte.

Siguiendo los ojos de varios de los estudiantes cercanos a la entrada, Tom espió un pequeño grupo de pandilleros sentados en los escalones y en la pared baja que marca la rampa para discapacitados. No eran muchos, pero los estaban evitando, y Tom sabía por qué; no hace mucho hubiera sido él el que estuviera ahí, haraganeando y abusando verbalmente, estirando una pierna desinteresadamente para que alguien tropezara y compartiendo bromas crueles con sus compañeros. No eran muchos para que parecieran peligrosos, no tanto como mortalmente imprudentes.

Tom ya no pertenecía a eso. Ya no era poseído por eso.

Mientras todos hacían lo posible por evitar pasar por esa bolita, aparentemente el jodido de Bill Trümper no le importaba hacerlo – y dada la manera en que lucía, Tom no estaba seguro del porque no los evitaba. El muchacho al menos tenía la altura de su lado, adicionada por unas cuantas pulgadas de moja y tacones, y la presencia de un adulto más que de un adolescente, pero todo lo demás hacía al estudiante un blanco fácil; ropas ajustadas, mucha joyería, uñas largas, maquillaje ahumado, una postura elegante, y lo más condenatorio de todo: un bolso grande sobre uno de sus hombros. Pero a pesar de todo eso, se detuvo con las manos en su cadera, los hombros hacia atrás y su barbilla elevada, y al mismo tiempo que Tom se acercaba pudo darse cuenta de la sonrisa sacarina.

—Ese es el olor de que de alguna manera yo aún consigo jugar más que tú- Bill jodido Trümper respondió airadamente, batiendo las pestañas. —Ahora, si ya terminaste de olerme, tengo clases a las que asistir por primera vez. Disculpa— Sacudió su mano como despedida, obviamente con la intención de pasar a través del grupo. Tom notó los guantes sin dedos, y se preguntó si el muchacho intentaba activamente el ser lo más ridículo posible.

El estudiante fue detenido por una ruda mano en el pecho, aventándolo un paso. —Yo podría asegurarme de que fuera la última, también, Bill— El más dominante de la pandilla se puso de pie, bloqueándole el camino y colocándose muy cerca; pero su intento de victima se le quedó a la par, pulgada por pulgada, y con la sonrisa bien puesta.

-Estoy como que un 90% seguro de que si pudieras, no las estuvieras tomando por segunda vez, y muy seguro de que si me tocas de nuevo te voy a golpear tan fuerte que tus dientes saldrán por tu cuello como a un estegosaurio, — Bill se la regresó, todo su aire femenino y dulce esfumándose bajo su repentino comportamiento frio – pero no toco su sonrisa. —Disculpa— Bill hizo su camino empujando al otro, golpeándolo sonoramente.

El pandillero puso en su cara una expresión de malicia segura, y mientras Bill pasaba, atrapo con su mano el estúpidamente delgado brazo del otro. —Sólo estábamos hablando, Bill.

El estomago de Tom se apretó, y se movió antes de que pudiera pensarlo. Su cuerpo sabía antes que su mente que ese era uno de esos momentos definitivos que lo cambiarían a él y a su vida para bien. Tenía que hacer algo, proteger, defender – no había forma de que ese esbelto adolescente fuera a ser golpeado al grado de terminar en el hospital después de una escena como esa. Este era un nuevo día, un nuevo Tom, y-

Todo parecía correr como en las películas, al principio despacio y luego de repente se aceleraba justo cuando todo comenzaba a ponerse violento. Tom observó como Bill se giraba, un brazo ya hacia atrás, y confrontaba su puño contra la cara del otro estudiante con admirable fuerza; la cabeza del otro se hizo hacia atrás, y Tom incluso pudo escuchar el sonido del impacto. Llego a la escena justo a tiempo para atrapar el peso muerto del pandillero ensangrentado cuando calló hacia atrás, y alcanzó a ver de cerca lo que le pasaría si se acercaba demasiado a Bill justo en ese momento, mientras uno de los matones cercanos del grupo se las arreglaba con un codo afilado en la cara e inmediatamente se desplomaba.

Tom observó, boquiabierto, mientras Bill se deshacía de su estado de defensa solida, se paraba recto y sacudía su mano y brazo, elevando su mentón. —Quién lo hubiera pensado, — pausa, volviendo a poner su bolso en su lugar y mirando hacia su trabajo. —Duras menos que tu novia. Ruego me disculpes— Entonces se giró y caminó delicadamente por sobre el cuerpo del otro muchacho con sus botas y entró en la escuela como si estuviera recorriendo una pasarela.

Vagamente, Tom se forzó a preguntarse si la sensación en su pecho era la que Newton sintió cuando lo golpeó una manzana y descubrió por primera vez de que había algo como la gravedad.

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