NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE NICK Y SOLO ME DIVIERTO AL ESCRIBIR
¡Hola a todo el mundo!
¿Cómo han estado? ¡No puedo creer que me hayan dejado 8 comentarios! espíritus ustedes me hacen sonrojar cada vez que reviso mi perfil de FF xD Me alegra que les haya gustado este proyecto y aquí traigo el nuevo capitulo, como les había prometido. Quiero además avisarles que la trama será, a mi parecer, más fuerte que la de mis fics anteriores. Eso se irá aclarando después.
Comentarios:
Pandagirl: "ni siquiera sabe que existes" no tienes idea de cómo he vivido esa frase. En fin, este fic tenderá a ser realista. Haber si los personajes no me reclaman.
Fireeflower: oh sí, Aang tiene pensamientos de arrepentimineto en esta capítulo precisamente por su corazón que todo perdona. Aún así, las cosas no serán miel sobre hojuelas. Ya verás.
fan-avatar: Muchísimas gracias ¡actualicé rápido! ^^
klan: Je suis heureux! estoy feliz porque te gustó. Y será un intensó y muy buen Kataang ;)
Emilia-Romagna: me alegra haber respetado el sentido de la canción, esa era mi principal intención mientras iba escribiendo la escena :)
Helenil: siento que es una idea diferente a las demás que he manejado con la pareja de Aang y Katara. Gracias!
Raul: Muchas gracias, tiene razón, hay cosas que no he sacado muy bien pero ya estoy en ese proceso ;) Me alegra que le gusten tanto las historias, como tiene una idea. Ojalá este capítulo le siga deleitando, como usted dice ¡abrazos!
Nieve Taisho: los exámenes son horribles... Pero bueno, al menos aquí te traigo el segundo capítulo.
¡Disfruten!
Capitulo 2
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—¡No!—gritó Katara.
Kitty estaba dentro del elevador, parada y esperando pacientemente a que las puertas se cerraran. Katara, su compañera, tenía lágrimas en los ojos cuando entró rápidamente y oprimió tantas veces los botones que la puerta se cerró.
—¡Katara!—gritó alguien, pero quien haya sido no pudo llegar a tiempo. El elevador descendía ya al estacionamiento.
Katara miró al espejo del ascensor. Estaba pálida, un poco llorosa y con expresión de total asombro.
—¿Estás bien?—preguntó Kitty. No le tenía afecto a Katara ni nada de eso, pero la cortesía nunca sale sobrando.
—Sí—su voz sonaba contenida.—Lo estoy.—el ambiente se sintió tenso.
El elevador se abrió, revelando el amplio estacionamiento de la compañía. Los tacones de Katara resonaron cuando caminó, casi corrió, hacia su auto.
—¿Y a dónde vas tan apurada?—le preguntó con una sonrisa pícara, intentando suavizar el ambiente.
—A mí casa—Katara buscaba las llaves del auto en su bolso—Aang me dijo que tenía una noticia especial por darme. Y además es nuestro aniversario.
—¿De verdad?—los ojos de Kitty brillaron con algo de envidia—¿Cuánto tiempo?
—Cinco años—sus mejillas se sonrojaron, y al fin apareció una discreta sonrisa en sus labios—Ahora, si me disculpas—aplanó el botón de su llavero apagando la alarma, los seguros del coche se alzaron y ella pudo abrir la puerta—Algo me dice que debo llegar a una cena.
—Suertuda—le dijo, con desdén disimulado.
Katara ya no le prestó atención. Le dijo adiós con la mano. Al menos Kitty no había visto nada. Ella era demasiado chismosa. Suspiró con nuevas lágrimas en los ojos. Ya se había visto venir esto antes, pero jamás pensó lo que iba a llegar. Se sentía tan indignada y maltratada, usada y… y… ¡Ash!
Encendió coche, intentó relajarse y quitó toda tristeza de su mente. En vez de eso pensó en todo lo que su querido Aang habría hecho por ella. Le dijo que se fuera bien arreglada, por eso tenía el lindo vestido azul colgado del perchero de la puerta trasera. No se imaginaba que podrían hacer juntos en el departamento que compartían, pero dejaba que su imaginación volaba. Cuando se detuvo por el semáforo en rojo, sonó el celular.
—¿Sí?—atendió la llamada.
—Katara ¿Estarás muy ocupada?—era su hermano mayor, Sokka.
Ella suspiró. Sokka la llamaba por dos cosas: preguntarle cuándo era el aniversario de sus padres y cumpleaños, o cuando tenía problemas con su esposa Toph.
—¿Qué hiciste ahora?—fue su pregunta, sin responderle la anterior. El semáforo seguía en rojo.
—No lo sé ¡No lo sé!—gritó con frustración—De verdad que me matará un día de estos por la rabia.
—¿Dirty Chin?
—Dirty Chin—su bar favorito.
—Estaré en cinco minutos.
Colgó.
El semáforo cambió a verde.
Ella dio vuelta en la desviación y estacionó su coche a media cuadra del bar. No era ni muy grande ni tampoco tan lujoso, pero bueno, el ambiente solía ponerse interesante sin pasarse a mayores. Entró y primero que nada fue al baño para cambiarse y ponerse el lindo vestido, quería acortar el mayor tiempo posible. Se hizo un peinado sencillo y acorde al escote. Cuando salió buscó a su hermano con la mirada, que estaba sentado en la barra con una jarra de cerveza en las manos. Él nunca cambiaría al parecer.
—¿Y bien?—tomó asiento a su lado, sin siquiera saludarlo—¿Qué pasó?
—Mira, yo estaba en la sala viendo el partido, como le dije que estaría haciendo—comenzó—Ella me gritó no sé qué cosas desde la cocina y no le respondí. Después me preguntó algo sobre cenar y le dije que sí. Y de la nada estalló ¡Me gritó, me pegó! Me dijo que era un desconsiderado y que no le importaba. Luego me echó diciéndome que me largara con no sé quién y volviera cuando estuviera listo.
—¿Listo para qué?
—¡No lo sé!—se le notaba tan, pero tan desesperado, que Katara se enterneció.—Ni siquiera sé porqué se enojo.
—Porque no la escuchaste—le dijo—¿Porqué más habría de enojarse? Toph no está loca, al menos aún. Y si se molestó fue por algo que te dijo y que no le pusiste atención.
—¿Y cómo quería que la escuchara? ¡Estaba viendo el partido! El que esperaba ver desde hace una semana.
—¿Le dijiste cuán importante era para ti ese partido?
—No.
—¿¡Y cómo iba ella a saberlo!? No es una adivina ¿sabías?
Sokka refunfuño.
—Le pediré disculpas… haber si las acepta—miró su atuendo por primera vez desde que empezó la conversación—¿Y a dónde vas tan arreglada?
—A mi departamento. No sé qué cosas preparó Aang por nuestro aniversario, me dijo que fuera linda y elegante.
—¿Es el aniversario de los dos?—inquirió.
—Sí—Katara le pidió al barman un whisky—¿Porqué?
—Eso quiere decir que Toph y yo cumpliremos tres años de casados.
—Efectivamente.
—En dos semanas…
—Creo…
—¡Maldición!—Sokka se pegó en la frente—Creo que ya sé por qué se enojo conmigo.
—¿Por?
—Acordamos planear con dos semanas de anticipación la velada por nuestro aniversario.
Katara se mordió los labios.
—Eso enoja a cualquiera.
—Rayos—llamó al barman—Tequila por favor.
—¿Tequila?—Katara ensanchó los ojos—Pero…
—Sin algo fuerte no aguantaré la que me espera en casa más tarde—reclamó—Y tu vete o llegarás tarde a la cita que tienen planeada.
—Ni sé que hay planeado—usualmente a ella le gustaban las sorpresas, pero sentía que de un tiempo acá, no había tanta magia en ellas como antes—Además, puedo brindar un poquito más ¿No?
—Como quieras, pero si tienen problemas los dos no me eches la culpe ¿si?
—¿Cuándo lo he hecho?-Katara no le dijo que ella necesitaba la bebida para relajarse. De verdad necesitaba dispersar sus pensamientos. Eso que ocurrió en su trabajo, apenas unos minutos atrás, no se lo deseaba a nadie. Y a la vez, no quería decírselo a nadie. Quizá un trago le ayudara a olvidar y a estar más relajada para disfrutar su cita con Aang.
Le trajeron las bebidas a los dos. Elevaron ambas copas y brindaron por las parejas. La conversación de ahí en adelante se volvió trivial y para cuando Katara espantó a sus nuevos cortejantes, viendo el reloj, exclamó llena de pánico.
—¡Son las nueve!—se puso de pie de un brinco—¡Las nueve!
"Bueno, Aang no me matará, es bueno, pero como sea no quiero llegar tan tarde" pensó, confiándose en el carácter usualmente dulce de su novio.
—¡Adiós, saludos a Toph!—dijo, mientras luchaba contra el bolso para coger las llaves.
"Pareciera que el día no puede empeorar" pensó "Primero en el trabajo, luego los problemas de Sokka y ahora llegaré tarde… bueno, espero que Aang sepa comprenderlo"
Pero el día sí empeoró.
-o-
Era martes.
Pero el sonido de la alarma no lo despertó. Cuando débilmente se percató de la escasa luz solar en la habitación, su cuerpo estaba ya quejándose por tanto tiempo recostado. Se removió entre las sábanas buscando el reloj sobre el buró. Y al encontrarlo, las fluorescentes letras le indicaron una hora que jamás creyó posible ver al levantarse.
¡Eran las diez de la mañana!
—¡Mierda!—gritó Aang, poniéndose de pie rápidamente.
Era raro, muy raro, extremadamente extrañas las ocasiones en que Aang maldecía y decía palabras malsonantes. Aang era una persona bastante responsable y en sus cuatro años de servicio nunca llegó tarde. Adiós al récord.
No le pareció extraño que Katara no estuviera ahí. Ella seguro ya se había ido a trabajar. Recordó la noche anterior y al acuerdo al que llegaron. Todos merecían segundas oportunidades ¿cierto? Sabía que se la estaba jugando. No estaba seguro de poder resistir otro desplante de su Katara. Aunque si tomaba en cuenta que ni siquiera lo despertó para que no llegara tarde al trabajo… ya estaban empezando mal.
Su tío Gyatso siempre le decía que se pasaba de benevolente. En ésta ocasión, debía admitir que él tenía toda la razón. Quizá debió haberse ido, sin ver lo que dejaba atrás. Quizá ya no había nada por rescatar. A lo mejor…
Un momento ¿Qué era ese olor?
Olía delicioso… como… como a…¿pan? No. Pan dulce ¿verdad? Y canela, miel. Delicioso.
Se asomó a la cocina. Ahí estaba Katara. Estaba vestida de forma casual, con unos pantalones de mezclilla y una linda blusa azul que contrastaba con sus ojos. El cabello caía ondulado por su espalda. Sonrío para sí mismo. Era tan hermosa.
—¡Despertaste al fin!—dijo, dedicándole una sonrisa espléndida—No sabía que estabas tan cansado ¿Cuándo fue la última vez que te tomaste un día?—preguntó.
—Yo… no lo recuerdo—y era verdad. Como Katara no le prestaba mucha atención se concentró bastante en el trabajo, demasiado, casi un adicto a él—Pero ¿Porqué no me has despertado? ¿Y tú porqué no fuiste a trabajar?
—No iremos a trabajar en las próximas dos semanas—fue su respuesta—Ya he llamado a tu jefe y no tuvo problema. Me dijo que has adelantado tanto tu producción que era lo mínimo que podía ofrecerte.
—¿Y tu jefe?
Ella se tensó.
—Aceptó.
Qué mentira.
Colocó entonces una bandeja en la mesa. Eran unos delicioso pastelitos de canela recién glaseado con cubierta de azúcar y miel. Olían deliciosamente y sabían mejor. Esos pastelitos caseros eran receta de Kya, la mamá de Katara. Y el postre favorito de Aang desde que Katara se los presentó al iniciar su relación.
—Los hice solo para ti—le dijo ella, dándole una taza de café—Sé que te encantan.
—Encantar es quedarse poco—agarró uno de los pastelitos, que aún estaban calientes—¡Son deliciosos!
Katara se limitó a verlo mientras comía como un manjar esos pastelitos. Ella no recordaba la última vez que los había hecho. Quizá en San Valentín… del año pasado. Pero qué idiota ¿Y así le daba consejos maritales a su hermano Sokka? Quizá por eso su matrimonio se estaba yendo hacia la borda.
—¿Así que tendremos dos semanas de vacaciones?—preguntó él, viéndola con cariño.
—Completamente. Y ésta es la primera parada—ella sacó un sobre del bolso de su pantalón y se lo dio.
Aang lo abrió cuidadosamente, revelando dos boletos de avión. Con dirección a…
—¿Isla Ember?—él estaba casi en shock—¿Es en serio?
Asintió, feliz de verlo tan ilusionado.
Isla Ember era un paraíso. Una isla hermosísima de playas tropicales cuyas aguas azules formaban espléndidas olas. Fue el lugar donde los padres de Aang tuvieron su Luna de Miel, y posteriormente, el destino vacacional de la familia. Eso hasta el accidente. Cuando Aang quedó bajo la custodia de su tío a lo nueve años, no volvieron a la Isla por temor a que Aang pudiera deprimirse. Los años dejaron hermosísimos y lejanos recuerdos en aquellas arenas.
La idea de volver le causaba demasiadas emociones. Nostalgia la primera, felicidad la segunda y emoción la tercera. Quería mostrarle a Katara todo lo que fue su vida antes de conocerla y mejor lugar no podía existir. De la misma forma, Katara siempre adoró el mar, decía que ella se sentía en contacto con el agua y en varias ocasiones Aang llegó a creerlo. Estaba dispuesta a caminar a su lado viendo los lugares que frecuentó de niño.
—¿Si te gustaría ir?—preguntó la morena.
—Claro que sí—Aang se inclinó y le beso suavemente la mejilla—¿Cuándo nos vamos?
—Hoy a las siete de la tarde.
—¿Y qué estamos esperando? ¡Vámonos!
Dejó la mitad del café en la mesa cuando entró en la alcoba para hacer más maletas. Katara miró los pastelitos. Agarró uno y lo mordió, disfrutando el sabor. Le demostraría a Aang que su amor por él era tan dulce como ese pastelito. O más.
En sus pensamientos más íntimos, además de la natural felicidad por pasar tiempo con tu novio, Katara bendijo bastante ésta oportunidad de viaje. Ella necesitaba un cambio de aires. Y sobre todo, alejarse completamente del trabajo.
-o-
El aeropuerto no estaba del todo lleno. Era mayo y aunque hacía ya calor, todavía no era temporada vacacional. En martes casi todos estaban trabajando o ajetreados en sus deberes. La pareja llegó a las cinco al aeropuerto con maletas y entusiasmados. Sobre todo Aang. Estaba más que feliz, quizá ese tiempo de mimos si los uniría nuevamente. Él no se conformaría con recibir, también quería que en esas vacaciones Katara se relajara y se divirtiera.
—No me he subido en un avión desde que tenía ocho años—dijo Aang, emocionado como un niño—¿Puedes creerlo? ¡Esto será emocionante!
—Aang, cálmate un poquitín—le dijo, agarrando su mano—Que el avión venga casi vacío no significa que puedas ponerte a gritar. A las azafatas no les gustará nada.
—¿Y qué me importan ellas?—se encogió de hombros—¡No tienes idea de lo emocionado que estoy por llegar!
—Me estás dando una idea—le sonrió.
—¿Ah si?
—Sí.
—Mmm…
Entonces la mano de Aang se coló por los costados de Katara. Ella estalló en carcajadas. Le daban cosquillas tan fácilmente que con solo apretar un poquito el vientre ya estaba llorando. A Aang siempre le encantó hacerle cosquillas, porque amaba su risa y le encantaba aún más saber que él la hacía feliz.
—¡Aang para!—dijo entre carcajadas.—No….
Aang estaba también atacado de la risa, solo por verla deshacerse en sus manos.
—¡Amor basta! ¡Cariño no…!
Sus manos quedaron tiesas.
Katara abrió los ojos con sorpresa. Sus mejillas tenían un poco de lágrimas. Pero la mirada de Aang estaba tan cargada de sorpresa, de incredulidad, que a ella misma le sorprendió. Sus ojos grises brillaban de una alegría que no podía reconocer. Como si le hubieran dado el regalo que más había estado esperando desde hacia años. Katara agarró sus manos, que estaban aún en sus costados, y las levantó a la altura de su pecho.
—¿Qué pasa?—le preguntó. Él nunca dejaba de hacerle cosquillas tan abruptamente. La hacía rogar, tirarse en el piso y al final le daba un profundo beso para callarla, lo cual generalmente desencadenaba otra serie de mimos.
—No me habías dicho cariño en mucho tiempo—le dijo, tan embobado en su felicidad que su voz sonaba maravillada—Ni amor…
—¿Qué?—no podía ser cierto. Ella era cariñosa, siempre era así, estaba en su naturaleza ¿De verdad no le había hablado por ningún mote cariñoso el último año? Tenían muchos. Amor, cariño, corazón, vida mía, niño precioso, guapo, fortachón….
Aang tenía los ojos llorosos. Vale que quizá estaba exagerando, pero escuchar de sus labios aquella palabra cargada de afecto le hizo sentirse apreciado. Y como le había dicho, llevaba meses, quizá el año entero en que no le había nombrado de esa forma. Siempre le decía Aang. Y ya. Nada de por medio. Ni un poco de miel.
Las azafatas y uno que otro pasajero veían hacia la hilera donde estaban sentados Aang y Katara. Esa pareja era extraña, pero al menos la soportarían únicamente cinco horas, lo que duraba el vuelo. Las azafatas fueron las que más suspiraron, ellas deberían atenderlos. Una, la más valiente, se acercó.
—¿Puedo ofrecerles algo?—inquirió.
Los ojos azules y grises habían estado observándose todo ese tiempo, rebuscando entre el color aquel brillo que ellos reconocían como alma. Leían a su pareja intentando encontrarla… rencontrarse.
—Sí.—Aang respondió, mirando a la linda azafata—Por favor tráiganos dos sodas de dieta y unas bolsas de cacahuates.
—En seguida.
Katara se reacomodó en el asiento y Aang también. Estaban colorados y se sintieron en ese momento como dos extraños. Luchando contra esa sensación y la culpa, Katara encontró la mano de Aang la apretó con fuerza. Se acercó para besarle la mejilla.
—Cariño entonces—afirmó—Mi amor….
Aang sonrió.
—Mi corazón.
El avión empezó a volar.
Originalmente el capitulo iba a ser mucho más corto, pero decidí que para ir dando más ambiente al fic poner la escena de Katara al principio era necesario. Ahora sabemos más o menos porqué llego tarde a la cena de Aang.
¿Qué pasó en el trabajo de Katara?
Muchísimas gracias por leer.
chao!
