II: Choque
La noche siguiente había vuelto a recorrer el castillo. Se escabulló cuando la gata del celador se encontraba interesada en burlarse de un perro que le ladraba desde una pintura, como retándola a un duelo imposible por su condición de animal encarcelado a un lienzo por la eternidad. Antes de poner un pie fuera, se giró para cerciorarse que nadie le estaba siguiendo. Se sintió extrañamente decepcionado y atravesó el enorme umbral de las puertas de roble.
Recorrió el borde del lago tantas veces que perdió la cuenta. Hubiera sido una imagen muy romántica la de tener la luz de la luna reflejada sobre la superficie del agua, bailando por las pequeñas olas que producía el calamar gigante habitando en el fondo. Sin embargo, el cielo estaba nublado, como era normal a finales de otoño. Todos en la escuela habían esperado lluvia, incluso muchos recitaban el encantamiento para convertir la varita en un paraguas; pero las caprichosas nubes todavía no vertían su contenido sobre la tierra. Realmente a él le daba lo mismo si llovía o no. Sus amigos lo consideraban raro, pero no tenía ninguna inclinación por algún tipo de condición climática preferida: todas tenían su lado positivo y negativo. Por lo mismo tampoco tenía estación del año favorita.
Volvió al castillo cuando se fijó en que inconcientemente el camino invisible que seguía se estaba desviando al mismísimo lago. Los cordones de los zapatos amenazaban con mojarse.
Tal vez por eso lo que tuvo con Lily no estaba destinado a funcionar: ella adoraba el invierno; el simple hecho de sentarse a ver la lluvia desde una ventana acompañada de una taza de chocolate caliente ya la hacía feliz. Cuando él le decía que no le gustaba particularmente la lluvia ni el sol ni la nieve ni los días nublados; ella rodaba los ojos y replicaba que eso no podía ser cierto, que nadie podía ser tan indiferente a detalles que hablaban de la personalidad de una persona. "Me gustaría que también te gustara el invierno, la lluvia y la nieve. O que me dijeras que te gustan los días soleados. Preferiría discutir contigo, así tendríamos algo para hablar" solía decir, antes de ocultar su mentón en la bufanda que usaba en invierno y bebía con más rapidez el chocolate caliente.
Soy un idiota, pensó. No hacía nada por detener los recuerdos de todo lo relacionado a ella y lo que vivieron juntos. Últimamente solía acabar en lo mismo: deprimido y repensando qué fue lo que ocurrió para que todo se fuera al carajo. Quizás si pudiera adelantar el tiempo y llegar al segundo exacto donde se sintiera lo suficientemente fuerte como para querer superar a Lily, no se sentiría tan perdido en su propia existencia. Sin embargo, todavía no llegaba a ese momento exacto y deseaba que se demorara en llegar. O no llegara nunca, ya que tenía la posibilidad de ser feliz de nuevo por un lapso de tiempo que en su mente podría llegar a ser eterno. Lo fue hacía algunas horas atrás, y tenía la certeza que volvería a ocurrir. Él estaba dispuesto a tomar esta opción y a aplazar el segundo en que decidiera enterrar en el rincón de los recuerdos a Lily Potter.
Su destino aquella noche iba a ser la Torre de Astronomía. Desde que se había quedado solo en aquel lugar la noche anterior, supo que sus pasos al final del día lo llevarían al mismo lugar donde todo comenzó.
Iba a doblar por un pasillo, cuando unas sombras alargadas aparecieron en la intersección de caminos. Al no ver ninguna estatua cerca, se escondió en el espacio que había entre la puerta de un aula de clases y la pared del pasillo. Su respiración se hizo más rápida por el instintivo miedo a ser descubierto, pero los latidos de su corazón seguían perfectamente calmados: hacía tantos días que salía en la noche a recorrer el castillo, que ya no temía a los perfectos porque la mayoría estaban tan cansados que hacían rondas rápidas para ir a la cama lo más temprano posible.
-Bien, eso sería todo –dijo una voz que reconoció como uno de los Premios Anuales-. Weasley, ¿podrías reemplazar a Smith mañana?
¿Cómo se le había podido olvidar que Rose Weasley era la prefecta de Ravenclaw?
-Sí, claro –la escuchó contestar con voz neutral.
-No sabía que seguía internado en la enfermería –era McDonald, el otro prefecto de la casa de las águilas.
-Según la enfermera la próxima semana lo dan de alta –informó el Premio Anual. No conseguía recordar su nombre y la verdad no le importaba hacerlo-. En fin. Buenas noches, Weasley, McDonald.
Se escucharon unos pasos que se perdieron rápidamente.
-¿Me disculpas, Zach? –habló Rose, esta vez usando un tono mucho más vivo y alegre-. Debo ir al despacho del profesor Flitwick.
Scorpius frunció el ceño. ¿Acaso planeaba ir a la Torre de Astronomía también? ¿O de verdad debía ir al despacho del profesor de Encantamientos?
Luego que el chico preguntara por qué iría a hablar con él tan tarde, ella respondió:
-Necesito un libro de la Sección Prohibida. Como un permiso para ingresar demora más de una semana en conseguir, el profesor dijo que podría acompañarme hoy luego de la ronda para buscarlo –no había ninguna nota de duda en su voz-. Así que regresa a la torre sin mí. No te preocupes.
-Vale. Con razón eres una de las mejores estudiantes de nuestra generación. Pidiendo libros de la Sección Prohibida para estudiar… -la sombra más alta comenzó a alargarse cada vez más hasta casi desaparecer-. Hasta la mañana, Rose.
-Buenas noches.
La sombra de la chica se hizo menos borrosa y más pequeña, hasta que se hizo completamente nítida al mismo tiempo que la propietaria de ésta apareció. Scorpius estiró un poco más el cuello y notó que ella se encontraba de pie, en medio de la intersección de dos pasillos. Miraba hacia adelante y luego hacia ambos lados, como tratando de averiguar qué camino seguir.
Scorpius salió de su escondite entonces y esperó un par de segundos antes de preguntar con interés:
-¿Qué buscas, Weasley?
Rose se giró, evidentemente asustada por su repentina aparición. Scorpius no pudo evitar lanzar una risita por su reacción.
-A ti –dijo luego de calmar su agitada respiración. Sus ojos se dirigieron hacia el lugar donde antes se había separado de sus compañeros de ronda, y casi inmediatamente empezó a caminar hacia él-. Te vi en los jardines cuando estaba haciendo ronda.
La mayoría de personas dirían esto con un dejo de reproche, seguido de un "¿en qué estabas pensando?" por lo peligroso que es salir de noche, ya sea por la posibilidad de lluvia que le regalaría un gran resfriado, o un severo castigo y la resta de puntos para su casa si los prefectos o el celador lo llegaran a atrapar. Pero ella no. Las palabras salieron de su boca como una mera frase informativa, sin ninguna nota de preocupación o advertencia.
Él simplemente asintió, sabiendo que con ello era suficiente para estar seguro que Rose sabría que seguramente él transitaría por este lugar para ir a su lugar silenciosamente acordado de encuentro y que al ver a los prefectos, se escondería hasta que el camino estuviera libre de testigos.
Rose fue quien primero se movió, y él rápidamente la siguió. Estaban tomando un camino más intrincado de lo usual para llegar a la Torre de Astronomía, pero Scorpius estaba seguro que por su posición, la chica no quería que el celador o el otro prefecto de su casa los encontraran. Si eso llegara a suceder, ciertamente ella sería la menos beneficiada.
Como única compañía tenían sus tímidas sombras engendradas del fuego de las antorchas y sus pasos tratando de ser inaudibles. Caminaron en completo silencio, ninguno demostrando el deseo de crear conversación.
A pesar de estar infringiendo decenas de reglas y rozar un castigo infernal por parte del celador, Scorpius se sentía feliz. Podría abandonar todos los pensamientos y sentimientos negativos para sumergirse nuevamente en el placer de disfrutar a Lily. Por un instante, todo sería igual que hacía unas semanas, cuando repartía besos desde la clavícula de su novia y sonreía cuando ésta temblaba mientras sus labios descendían hasta su vientre. La sentiría con él, aferrándose a su cuerpo y con su nombre entre suspiros. Todo su mundo volvería a su eje natural y rotaría como debería ser; ella y él, juntos.
Cuando por fin llegaron, Rose subió hacia el segundo nivel de la torre, donde usualmente se disponían los telescopios para las clases. Scorpius observó por unos segundos su espalda y sacó su varita para colocar un encantamiento a la puerta para impedir que pudiera ser abierta.
No todo se trataba de él, ¿cierto? Ayer había sido un día completamente distinto, y mientras el presente se convertía en pasado, la vergüenza y arrepentimiento podrían nacer con facilidad. Después de todo, ella estaba borracha y en un estado emocional muy frágil, por lo que con la mente sobria y el tiempo tras su espalda, los eventos sucedidos podrían cobrar un nuevo significado.
Subió lentamente y se encontró con Rose esperándolo casi en el último escalón, con la espalda apoyada en la irregular pared. Al darse cuenta de su presencia, su cabeza subió y dos enormes ojos azules se posaron sobre él.
Llegando hasta ella, Scorpius se mordió el interior de la boca, pensativo. La mirada de la chica era un enigma: llena de emociones intensas imposibles de descifrar. Algo que siempre le había gustado de Lily era que con tan sólo mirar sus ojos, sabía cómo se sentía o qué era lo que pensaba. Realmente sus ojos eran una ventana a su persona, por lo que se le hacía difícil mentir. Y ahora se sentía inquieto. ¿Qué era lo que pensaba Rose? ¿Acaso se sentía arrepentida por lo sucedido?
-¿Estás segura? –inquirió, entrecerrando los ojos, tratando de captar hasta el mínimo detalle de su reacción.
La vez anterior había accedido, pero estaba borracha. De algún modo se habían encontrado en el momento y lugar perfectos para que ella quisiera acostarse con él. Quería dejar esto en sus manos, no deseaba cargar con la responsabilidad de arruinarle la vida. Si ella misma tomaba la decisión, entonces todo estaba bien. Porque realmente le inquietaba el hecho que no se sintiera culpable por lo sucedido. Él quería que esto siguiera repitiéndose, sin importar las consecuencias. Y de este modo, si llegara algún día el momento de desear olvidar a Lily y seguir adelante con su vida, entonces podría tener la conciencia tranquila que él no había forzado nada para su propio beneficio.
Rose, quien hasta ese momento había estado jugando con uno de los rizos de su cabello, respiró profundamente y bajó la mirada.
Realmente no estaba bien. Para no superarla y volver a los días felices, deseaba tener sexo con la prima, con quien compartía algunos rasgos físicos que lo ayudaban a borrar la línea entre Lily y Rose. Esto simplemente es una mierda y no me importa en lo más mínimo, pensó abatido.
Parpadeó cuando sintió la nariz de Rose rozar con la suya. Ambos intercambiaron una larga mirada mientras sus labios chocaban. Por un segundo, Scorpius tuvo la sensación de sentirse retado a volver a preguntar si ella estaba segura de querer continuar con esto, como si la hubiera ofendido. La lengua de ella exigía partir sus labios y fue cuando él cedió, que los irises de un azul intenso quedaron ocultos por las largas pestañas cobrizas de los párpados.
Ésa fue la única repuesta que necesitó para aprisionarla entre su cuerpo y la pared, y empezar a desabrochar los botones de su blusa.
-Has estado de mejor humor últimamente.
Scorpius levantó la mirada hacia su amigo, perplejo por sus palabras.
El único con el que seguía hablando después del desastre con Lily era con Bulstrode. Era de cierto modo irónico que la persona más honesta y respetuosa con él se trataba del último al que había considerado como parte de su reducido círculo de amigos.
Había sido amigo de Tom Zabini desde que tenía uso de razón; sus familias tenían fuertes lazos de amistad, por lo que Scorpius desde siempre recordaba visitar la mansión de los Zabini y viceversa. A pesar de ser ambos de un temperamento calmado, eran muy distintos: Tom tenía mucha facilidad de hacer amistades, mientras que él prefería conformarse con las relaciones que ya tenía. Después de la guerra, el apellido Malfoy no era el estandarte de respeto que imponía años atrás, sino que se había ganado el resentimiento de la mayoría de la comunidad mágica. Scorpius estuvo consciente de ello cuando llegó a Hogwarts, porque al recibir miradas cargadas de aprehensión y odio engendrado por los recuerdos de sus padres, supo que tendría que aprender a luchar para poder tener una estadía tranquila. Sin embargo, Tom ya tenía tres amigos al segundo día de clases y obligó a Scorpius a abrirse a esta nueva gente. Con reticencia, lo hizo. Durante un buen tiempo no pudo considerarlos como amigos ni personas de confianza, especialmente al callado de Nathaniel Bulstrode que no mostraba ni un ápice de interés por todo lo que no fueran sus calificaciones.
El asqueroso día en que Lily le había dicho que quería terminar con él, fue cuando Scorpius se dio cuenta que su mejor amigo no era más que un hijo de puta traidor. La buscó por todo el castillo, exigiéndole saber por qué sus sentimientos habían cambiado, cuando la encontró besando a Tom en un aula vacía del sector norte, el olvidado de Hogwarts. Luego de unos minutos entre gritos, lágrimas de la pelirroja, y un amago de puñetazos; Scorpius se alejó de ellos y de los supuestos amigos que querían hacerlo entrar en razón para que se dejara de pendejadas puesto que Lily y él ya no eran novios.
Con sus amigos dándole la espalda (fueron de Tom más que de él, pero aún así se sentía traicionado), decidió sentarse en clases con el más desconocido del grupo con el que había compartido desde primer año. Desde entonces había elegido pasar el tiempo con Bulstrode. El chico ciertamente hacía valer su fama de hombre de pocas palabras; y justamente eso le gustaba de él. No lo ponía en situaciones incómodas. Cuando hablaba, sólo lo hacía para conversar asuntos triviales sin mayor interés. Scorpius había notado en los últimos días que cuando se sentía mal, Bulstrode permanecía a su lado en completo silencio, como si estuviera esperando un acontecimiento importante. Entonces el rubio empezaba a divagar sobre su patética vida, sobre odiar al que había considerado a su hermano, y a lamentarse de todo. Bulstrode escuchaba hasta que las palabras se agotaban y volvían a caer en el silencio.
-¿Por qué lo dices? –preguntó, observándolo fijamente.
-A pesar de no dormir mucho, -los ojos cafés del chico le devolvieron la mirada. Scorpius imaginó verlo sonreír-, ya no te la pasas dándome lata con el drama más comentado del año.
Si alguna vez pensó que Bulstrode no le importaba un pimiento lo que ocurría con él, ahora podía decir que estaba completamente equivocado. Esta era la primera vez en que el chico reconocía que sí lo escuchaba. Es extraño, pensó el rubio mientras se movía incómodo en su asiento. Las palabras de Bulstrode casi sonaban como si se sintiera aliviado por su nuevo estado de ánimo.
Varias asignaturas electivas tenían exámenes, por lo que era un acontecimiento raro ver la biblioteca prácticamente vacía. Aún así, Scorpius miró hacia ambos lados antes de inclinarse hacia adelante, y cuando su pecho ya empezaba a doler contra el borde de la mesa, preguntó un poco nervioso:
-¿Quién más ha notado que no regreso hasta tarde a los dormitorios?
Nuevamente imaginó verlo sonreír, y aunque no pudiera afirmarlo del todo, sí percibió un brillo de diversión bailando en sus ojos. Bulstrode enarcó las cejas, y negó con la cabeza:
-Nunca mencioné que llegabas tarde a los dormitorios. ¿De qué estás hablando? –dijo con tono desentendido, y volvió a concentrarse en el libro que tenía delante a él.
Desistiendo a clavarle sus ojos porque la conversación había llegado a su fin, Scorpius siguió pasando en limpio sus apuntes con un sabor áspero y extraño en la boca; como el pleno conocimiento que alguien sabía más de lo que se atrevía a decir.
Su cabello contrastaba con el blanco de las sábanas. Era algo retorcidamente hermoso de ver, puesto que eso mismo había notado la primera vez que había hecho el amor con Lily: el rojo furioso chocando contra las sábanas blancas, moviéndose como si con grandes olas quisiera teñir la nieve con sangre y dejar toda la cama bañada con su esencia; así como él era el primero en entrar dentro de ella y acaparar su cuerpo, vertiendo todos sus deseos y amor en ella.
Empezó a acelerar el movimiento, casi sin sentir las uñas de la chica clavándose en sus hombros.
El orgasmo llegó antes que el de ella. Cuando sus brazos comenzaban a temblar, sintiéndose repentinamente más pesado, sintió a la pelirroja ahogar un gemido y apretar sus muslos exigiéndole mantener su erección tal como estaba por unos segundos más.
Rodó una vez que el cuerpo de ella se relajó. No pudo contenerse de sonreír. Se quedó con los ojos cerrados, boca arriba sobre la cama, disfrutando de los últimos estallidos de excitación borbotear en su pecho.
En los últimos días él salía de noche como de costumbre, y silenciosamente aguardaba escuchar su voz retumbando en algún pasillo. Cuando sucedía, entonces se quedaba apoyado contra una pared, esperándola. Y ella llegaba, como si de algún modo supiera exactamente el lugar de encuentro, a pesar que lo único acordado con besos y gemidos era que seguirían perpetuando este círculo.
-Vamos a la Sala de los Requerimientos –dijo ella, observándolo sin ninguna emoción visible.
Con Lily solían venir a esta habitación tan peculiar. Ella era quien la abría, mostrando camas con doseles en medio de habitaciones sacadas de ilustraciones de cuentos. Scorpius lo encontraba tierno de su parte, aunque no le gustaban los detalles tan rimbombantes de la decoración.
Abrió los ojos, y ayudándose con los codos, buscó la almohada para apoyar la cabeza en ella.
La habitación que apareció cuando Rose abrió la puerta de la Sala de los Requerimientos era muy distinta: seguía la arquitectura y estética del castillo. Las ventanas enmarcadas en formas góticas mostraban la noche más despejada que la actual. La cama no tenía doseles, sino que era una gran cama de sábanas blancas, sin nada especial que la hiciera destacar. Lo que había llamado su atención era las esferas luminosas flotando al ras del techo. Se parecían a lo que usaban los muggles para iluminar en vez de usar fuego, pero luego de observarlas mejor, se asemejaban a linternas hechas de una luz parecida al Lumus de las varitas. Cuando él había comenzado a desvestir a la pelirroja, la luz de las esferas empezó a temblar hasta que finalmente dejaron la habitación precariamente iluminada, aunque lejos de las penumbras. Ahora volvían lentamente a la normalidad, como si conjugaran un Lumus Maximus.
El otro lado de la cama se movió y él miró, encontrándose con Rose sentada, dándole la espalda y doblada, con las manos en el suelo. De seguro buscaba su ropa.
De repente, una parte de su cerebro que se había encontrado en un sueño profundo despertó: la razón. Se habían encontrado cinco veces en dos semanas y nunca usaron protección. No había que ser un genio para comprender el posible peligro de la situación. ¿Cuán complicado sería embarazar a la prima de su ex?
-Weasley –dijo, sintiéndose repentinamente nervioso. Hablar del tema implantaba realidad en estos encuentros, algo que se contraponía con su deseo de olvidarla y sumergirse en los recuerdos del pasado. Aún así clavó su mirada en su espalda, dándose cuenta que ambos estaban desnudos-, tengo una pregunta –ella se enderezó y dobló el cuello para mirarlo. Parecía extrañada que le hablara. Usualmente ella se iba inmediatamente después, con un calmado "Buenas noches, Malfoy"-. No estamos usando protección –con sus palabras señalando lo evidente continuó:-, así que estoy preocupado por… Bueno, ya sabes. ¿Empezaste a usar anticonceptivos, verdad?
Le respondió con una sonora carcajada. Él la miró confundido. De un modo extraño le recordaba a la risa que los Ravenclaw soltaban cuando alguien decía algo que dejaba en evidencia su falta de intelecto. Aquella petulancia siempre le había molestado.
-Oh, ¿estás preocupado engendrar un pequeño Malfoy? –inquirió, arqueando una ceja. Giró un poco el cuerpo, para poder verlo mejor-. Te había tomado como un espíritu libre y despreocupado.
-Tendría que ser imbécil para no importarme el dejarte embarazada.
-Bueno, después de cinco veces haciéndolo, recién has dejado el territorio de la imbecilidad –esbozó una sonrisa.
Nunca habían conversado. No realmente, ya que la única vez que lo hicieron la noche en que todo esto empezó. Sin penas ahogadas en alcohol, no tenía idea cómo era Rose Weasley. Sabía los hechos: hija de héroes de la guerra, estudiante brillante de Ravenclaw, y prefecta. Después de eso, sólo quedaba el conocimiento de cómo eran sus cuerpos; pero no podía afirmar con exactitud cuál era su punto sensible ni el sabor de su vagina húmeda, a pesar que había introducido la punta de su lengua allí tres veces. Por lo mismo le sorprendió encontrarse con la ironía de sus respuestas, ofreciéndole por primera vez un vistazo a quién era. Esto lo hizo sentirse inusualmente incómodo.
Suspirando, la pelirroja ladeó la cabeza y chasqueó la lengua antes de abrir la boca.
-Hice una poción anticonceptiva después de la primera vez. Preparé una dosis fuerte porque supuestamente se debería tomar una semana antes de tener sexo y luego de manera regular. Ahora tomo una dosis normal todas las mañanas –explicó, con voz un poco monótona, pero sin tener tedio en ella. La ola de pánico pareció mitigarse al instante, y Scorpius no pudo evitar soltar el aliento contenido-. No quiero arruinar mi vida –dijo como si fuera algo obvio-, y aunque no puedo asegurarlo, creo que tampoco quieres arruinar la tuya.
Intercambiaron miradas por un largo momento, y sopesando sus palabras, él dijo involuntariamente, pensado en voz alta:
-Antes lo hubiera hecho –se maldijo mentalmente por dar inicio a una charla fuera de lo estrictamente necesario. Ella entrecerró los ojos-. Me hubiera preocupado de usar protección, y… -la garganta se le secó-, y de todo lo que conlleva esto –levantó la mano derecha, y la movió levemente señalándose. La evasión había terminado y chocó con la realidad: no estaba con Lily. Sonrió, pensando en la contraposición de la larga espera por llegar a tener a Rose en sus brazos, y la rápida muerte del placer de tener a Lily en el estado más honesto de todo ser humano, donde ella aún lo deseaba y lo dejaba recorrer su cuerpo con la excitación de quien comienza a relatar a otra persona las alegrías y miedos más grandes de su vida-. Solía ser el típico chico correcto, sano y que se preocupaba por las consecuencias de mis actos y cuando alguien llegaba a mostrarme que valía la pena quererla, ponía atención a los sentimientos de los demás. Supongo que luego que terminamos, ya no doy un bledo por las cosas que deberían importarme.
-Tal vez está bien –Rose se giró un poco más, doblando una de sus piernas sobre la cama y la otra colgando, como formando el número cuatro-. No siempre tenemos que hacer lo que es supuestamente correcto. Muchas veces debemos afrontar lo peor de nosotros mismos y dar rienda suelta a nuestras emociones, sin pensar en las consecuencias.
-¿Por qué? ¿Para luego darnos cuenta de lo realmente importante en la vida y volver a creer que la vida no está llena de mierda? –preguntó, enojándose.
-Porque en algún momento de la caída a lo más básico de ti mismo, vas a volver a dar un bledo por lo que debería importante. Eso o las consecuencias de tus actos te harán reaccionar –hizo una pausa. Scorpius pensó que se trataba de una eternidad-. Tienes que encontrar el deseo de preocuparte por alguien, por algo, y por ti mismo. El punto es hacerlo porque quieres creer que es lo correcto para poder vivir tranquilo, no porque se trata de un deber.
Entre latidos erráticos haciendo eco en sus tímpanos, él se encontró observándola. No simplemente mirándola, sino que por primera vez la observaba de verdad: no quedaba ningún rastro de la ironía y gracia en su rostro, sino que ahora había una intensidad muy parecida a la única vez que él le preguntó si de verdad estaba segura de seguir con esto, aprovechándose de su sobriedad; pero ahora podía captar una nota melancólica en su mirada.
La verdad es que Rose Weasley era hermosa. No calzaba con el resto de las chicas, y eso era precisamente algo que la hacia tan atractiva para la vista: era alta y sus rizos pelirrojos le añadían dos centímetros de altura, y tenía pantorrillas gruesas, que quedaban bien con las curvas de todo su cuerpo. Muchos la consideraban muy guapa, especialmente porque era de las pocas chicas que tenía pechos más bien grandes en comparación con el promedio y se notaba la falda ocultaba un trasero firme. Era casi demasiado perfecta para ser real. Una lástima que sea Ravenclaw y un poco empollona, comentaban algunos chicos. Aquellos atributos que apenas eran una insinuación para ellos, él los había visto y no podía negar que Rose estaba buenísima. Sería la envidia de muchos.
Sin embargo, eso no bastaba a sus ojos. Su piel era de una palidez lisa. No tenía las enormes pecas que desfilaban por los hombros de Lily. Y tenía lunares en los lugares equivocados. De esta manera una larga lista de comparaciones comenzaba a escribirse en su mente, volviéndole a recordarle que su hábito era encontrar hermoso otro cuerpo.
Como siempre, ella fue quien se fue primero. Dando por finalizada este inusual intercambio de palabras, se puso de pie y se vistió.
-No podré hasta el sábado –anunció, sacándolo de sus cavilaciones. Leyendo la confusión en su expresión, explicó:-. Tengo examen de Aritmancia el viernes, y debo terminar la redacción de Estudios Muggles. Como te dije –empezó a hacer el nudo de su corbata-, no quiero arruinar mi vida. –se giró, dándole la espalda, y Scorpius podría jurar que la escuchó decir luego en voz baja "no del todo".
Podría preocuparse por su ausencia, pero estaba consciente de la carga académica de la semana (especialmente porque compartían casi las mismas asignaturas) y ella era una de las mejores de la generación. A pesar de ser magos, esos brillantes Extraordinarios no aparecerían por arte de magia si no dedicaba horas de trabajo y estudio a la escuela.
Asintió, tratando de no pensar en lo tortuosa que sería la espera. Tendría una semana completa para sentir el fantasma de Lily rondando su cabeza y metiéndose con la poca lógica que quedaba en su vida.
La pelirroja caminó hasta la puerta, pero no la abrió.
-No le eches toda la culpa a Lily –dijo, volteando el rostro. Scorpius se sintió extrañado y en la misma cantidad alarmado, como si hubiera mencionado un nombre innombrable-. Fijarte en la hija del mismísimo Harry Potter, no era algo fácil. No para alguien cargando el pasado del apellido Malfoy. A pesar de la opinión pública y las negativas de ambas familias, saliste con ella y llevaste adelante una relación. Para una persona que antes solía preocuparse mucho, esa decisión no era la jugada más segura –sus palabras hicieron eco en la habitación, aunque Scorpius no estaba seguro. Parecían que retumbaban dentro de su cuerpo, asemejándose a las ondas de una piedra lanzada al agua, que se extendían por toda la superficie del líquido-. Buenas noches, Malfoy.
¿A qué venía eso? ¿Acaso él había elegido culpar de su situación actual a una sola persona? ¿Y qué con eso? Tenía varias opciones luego de saber que Tom había estado viendo a Lily durante meses antes que ella tuviera la maldita decencia de terminar con él: podría haber tomado la de la comprensión, y ahogar las penas en su propio corazón hasta que se convenciera que todo estaba bien. También estaba la de tomar distancia, o la de convertirse en un imbécil que amenazara con matar a Tom si ella no volvía con él. Él tan sólo había elegido la más natural: hundirse en el dolor. Una cosa era soportar la mierda del pasado de su familia y tener que vivir con ello por obligación, pero muy distinto era saber que las personas a las que les habías dedicado tiempo y sentimientos, las que compartían contigo preciados recuerdos, que no estaban contigo por deber sino por opción, no habían dudado dos veces en seguir sus acciones sin pensar en él y en el espacio que les había dado en su vida.
Al carajo, pensó, doblando los brazos para apoyar la nuca entre sus manos entrelazadas.
El placer de los sentimientos del pasado no era más que un chispazo efímero, que se apagaba dejándolo en oscuras, como compañía sus penosos pensamientos.
Scorpius se quedó observando una de las esferas luminosas, con la mirada perdida en el infinito.
Cuando llegó el primer bostezo, se levantó con pereza y se vistió. No había traído consigo el reloj de pulsera, el cual su padre le había regalado al cumplir diez años, pero estaba seguro que debía ser pasado las tres de la madrugada.
Antes de salir, miró por última vez la habitación. No había notado hasta ahora cuánto odiaba la habitación que imaginaba Lily cuando venían aquí. La simpleza, con el pequeño toque de las esferas que debía ser de gusto personal de Rose era mucho más de su agrado. Cerró la puerta tras de sí y tembló por el frío casi glacial del corredor.
De camino a las mazmorras, Scorpius se sentía inquieto por haber encontrado algo en que Rose le ganara a Lily en la interminable lista de comparaciones.
N/A: Sinceramente sus reviews me han dejado anodada. No sólo por la gran respuesta, sino por el contenido. Hay personas muy intuitivas y que perciben a los personajes de un modo muy interesante. Ha sido realmente genial leer sus reviews. Y quisiera agradecerles de nuevo por darle una oportunidad al fic. Podría decir que como éste es mi proyecto más ambicioso sus comentarios me enorgullecieron (lo cual es cierto), pero va más por el cariño y el entusiasmo por el pairing, la historia y el viaje de los personajes. Es algo muy lindo de ver :).
En este capítulo hemos salido un poco de la interacción Scorpius/Rose para ver el día a día del rubio. No es mucho lo que hemos visto ni tampoco es que tenga una gran gama de personas. Scorpius no es particularmente alguien muy sociable. A pesar de no tener ninguna fama de problemático ni pesado; sí es frío y siempre ha preferido mantener las distancias. Excepto con Bulstrode. Tal vez sea al único que puede considerar como un amigo. Y además, Scorpius comienza a observar a Rose, aunque sin demasiado interés. Ella es sólo la mentira para estar con Lily.
Básicamente, ésta sería una segunda parte directa del primer capítulo, porque Scorpius no ha tenido ninguna evolución o cambio considerable. Pero si se dan cuenta, los capítulo llevan nombres de etapas o elementos de una reacción química; así que como ya ha iniciado el choque de las partículas, la reacción comenzará a avanzar y así comenzará el viaje emocional de Scorpius en el fic.
Agradecimiento a Alicia, sara_f_black, por ser la mejor beta del mundo. He dicho.
Desde ya, les deseo una muy feliz pascua.
¡Saludos!
