Soccer Days
II
(El Balón es mi mejor Amigo)
Aunque les dieron celulares, el equipo no cambió en lo absoluto. La que sí estaba enajenada era Sanae por enviar repetidos mensajes a Tsubasa dándole aliento. El problema era que esos ánimos ya no eran del todo normales, porque eran demasiado frecuentes.
- Vaya vaya – le decía Ryo a Tsubasa – Esa Sanae esta loca por ti.
- Vamos – le decía Tsubasa – No exageres… sólo da ánimos o tiene algún problema con el celular.
- Eso quisiera creer Tsubasa – respondió Ryo – Pero, de ser así ¿Por qué sólo pasa con su celular y no con los nuestros?
Tsubasa se quedó callado. No sabía que contestar a eso. Justo entonces un sonido interrumpió su pensamiento. Había llegado otro mensaje de texto:
"Tsubasa,
Avísale a los demás que Roberto nos espera en el campo.
Arthur"
(Nota del Autor: No conozco todos los nombres japoneses de los jugadores. Usaré los nombres latinos cuando no tenga esa información.)
- Vaya, tenemos que irnos – dijo Tsubasa.
Y fueron al campo donde Roberto los esperaba para entrenar.
- Escuchen todos – dijo Roberto – Ahora que tienen celulares deben tener más ahínco en sus entrenamientos, porque los celulares afectan a los deportistas.
- ¿Qué está diciendo? – se preguntó Arthur.
- Por si no me entienden… - continuó Roberto – Los celulares pueden provocar algún daño en su organismo debido a la radiación que emiten. Para contrarrestar los daños se ha de entrenar más duro.
(Nota del Autor: La Correlación entre cáncer y celulares no se ha probado hasta hoy. La OMS y la FCC establecen rangos específicos para la radiación de los celulares que no suele pasar 1 Watt de potencia, incluso en los modelos más modernos)
- ¿Quién es su mejor amigo? – preguntó Roberto - ¿El balón o el celular?
- ¡El balón! – contestaron todos.
- Me alegro que lo entiendan – contestó Roberto – Ahora… ¡A entrenar!
Mientras los demás jugadores reafirmaban su amistad al balón, Roberto pensaba para sí:
- No quiero imaginar el efecto que podrá tener lo que les dije… ¡Rayos! Si todavía eso ni se ha probado…
Justo entonces, como contestando sus pensamientos, Tsubasa dejó su celular a un lado del campo. Sus compañeros lo imitaron.
- ¡Animo chicos! – dijo Tsubasa – No dejaremos que nos cambien a nuestro mejor amigo.
Por otro lado, Sanae estaba tumbada en su cama, atontada por lo que le habían dicho en la calle. Pero no lo entenderemos, si no explicamos esa escena.
Sanae había hecho una nueva banderola en la que se leía "Tsubasa-kun" y la llevaba alegre a depositar en los almacenes del Instituto para poderla sacar siempre que Tsubasa tuviera un partido. Justo entonces…
- ¡Eso que llevas es demasiado obvio! – le gritó un chico de su Instituto
- ¿Y qué con eso? ¡Es para Tsubasa-kun… por el equipo está donde está!
- ¿Eres la porrista o te pasa algo más? Tú sabes… otra clase de sentimientos…
- ¡¿Qué rayos estás diciendo?!
- Acéptalo. ¿Porqué no le haz hecho una banderola al equipo en general o a Bruce? Después de todo… es el capitán actual.
- Ah… ¡Tengo otra en mi casa! – dijo Sanae mintiendo – Sólo llevaba esta a guardar.
- No mientas… algo sientes por Tsubasa – dijo el chico antes de alejarse.
Sanae después de recordar lo que había pasado estaba confundida. Se levantó y le escribió un SMS a Tsubasa:
"Tsubasa, tenemos que hablar"
Pero como Tsubasa había escogido que el balón era su mejor amigo… el celular estaba a un lado del campo dando timbrazos. No lo atendería hasta la noche. Sanae que no sabía de estas cosas siguió intentando y conforme seguía… su obsesión por Tsubasa aumentaba. No lo quería aceptar, pero esos ánimos demasiado exagerados a ese jugador significaban otra cosa. ¿Eso sería amor?
- Tsubasa-kun… contéstame pronto – decía Sanae en su cama – Quiero verte…
El celular seguía timbrando a un lado de un campo. Lo que sentía Sanae no era amor… era obsesión.
